+ Los lobos nunca descansan
Se la veía bien este año? Sí, se la veía bien este año. De rojo “tango”, como lo definió la prensa especializada -“Brigitte”-, combinado con el negro. De nuevo, escote y brazos al aire, con un estratégico chal igualmente tanguero. Una prenda que ayuda a sentirse segura a una mujer que acababa de cumplir 50 años. Estaba guapa, como puede estarlo alguien que sabe que no lo es, pero tiene la inteligencia suficiente para no pretender serlo.
El estreno de la temporada era el “Parsifal” de Christof Schlingensief, un eterno peter pan revoltoso. Uno de esos nombres a los que se invita a estrenar en Bayreuth tras varias provocadoras performances para reivindicarse como festival tan devoto del riesgo como del culto a Richard Wagner, su razón de ser.
Schlingensief debutaba al frente de una ópera, encima de Wagner, encima en Bayreuth. Se colocaba el siguiente sello tras haberse labrado ya una buena reputación de chico malo, azote de la CDU en tiempos de la era Helmut Kohl. Había llamado la atención en la documenta de Kassel, un sitio donde casi todo el mundo acude a provocar y hay una férrea competencia por ser el más peor. Fue en 1997. Consistió en plantar unos monigotes alusivos a Kohl, al que se invitaba a “asesinar”. En otra ocasión convocó chapuzones colectivos en el lago de Contanza, con intención de que el oleaje llegara hasta la villa de veraneo de los Kohl. Y llevó a escena en Berlín un “Hamlet” interpretado por neonazis arrepentidos.
Bayreuth le esperaba con ganas de pataleta. La líder de la CDU acudía en traje tanguero.
Se la veía bien este año? Sí, se la veía bien este año. De rojo “tango”, como lo definió la prensa especializada -“Brigitte”-, combinado con el negro. De nuevo, escote y brazos al aire, con un estratégico chal igualmente tanguero. Una prenda que ayuda a sentirse segura a una mujer que acababa de cumplir 50 años. Estaba guapa, como puede estarlo alguien que sabe que no lo es, pero tiene la inteligencia suficiente para no pretender serlo.
El estreno de la temporada era el “Parsifal” de Christof Schlingensief, un eterno peter pan revoltoso. Uno de esos nombres a los que se invita a estrenar en Bayreuth tras varias provocadoras performances para reivindicarse como festival tan devoto del riesgo como del culto a Richard Wagner, su razón de ser.
Schlingensief debutaba al frente de una ópera, encima de Wagner, encima en Bayreuth. Se colocaba el siguiente sello tras haberse labrado ya una buena reputación de chico malo, azote de la CDU en tiempos de la era Helmut Kohl. Había llamado la atención en la documenta de Kassel, un sitio donde casi todo el mundo acude a provocar y hay una férrea competencia por ser el más peor. Fue en 1997. Consistió en plantar unos monigotes alusivos a Kohl, al que se invitaba a “asesinar”. En otra ocasión convocó chapuzones colectivos en el lago de Contanza, con intención de que el oleaje llegara hasta la villa de veraneo de los Kohl. Y llevó a escena en Berlín un “Hamlet” interpretado por neonazis arrepentidos.
Bayreuth le esperaba con ganas de pataleta. La líder de la CDU acudía en traje tanguero.
