miércoles, 29 de julio de 2026

Thielemann al rescate

 Bayreuth experimenta con la IA para un 'Anillo' sin alma escénica





Un momento de la ópera 'El oro del Rin', con las imágenes elaboradas con IA de fondo, en el Festival de Bayreuth. / Enrico Nawrath / Bayreuth

 Gemma Casadevall     Bayreuth (Alemania)29 JUL 2026 

La pregunta de "warum?" -"¿por qué?"- recorrió Bayreuth con el estreno de 'El Oro del Rin', la primera pieza del 'Anillo del Nibelungo', y se amplificó con 'La Valkiria', la siguiente. Por qué recurrir a la Inteligencia Artificial para substituir a la dirección escénica y a la dramaturgia; por qué el juego de imágenes generadas por la "máquina" de Marcus Lobbes, el responsable de ese concepto técnico, opaca a los solistas, y por qué se optó por ahorrar en el 150 aniversario del Festival de Ópera Richard Wagner. Aparentemente, el imperativo del ahorro es una de las razones que decidió a Katharina Wagner, la biznieta del compositor y directora del festival, a optar por la IA. De algún modo debía compensar el enorme coste que ha acarreado la producción de 'Rienzi', sugiere el portal 'BR Klassik', de la radiotelevisión pública de Baviera.

De "imágenes burbujeantes de un potaje de verduras" califica ese portal lo visto de la tetralogía de Wagner. Otros medios de referencia, como el muniqués diario 'Süddeutsche Zeitung' sintetiza en el término "warum" el desconcierto creado por la producción. Y hay coincidencia general en que Christian Thielemann salvó en lo musical, y con creces, el estreno de ese 'Anillo' en que los solistas como Michael Volle, Klaus Florian Vogt, Elza van der Heever o Camilla Nylund fueron aclamados, pese a que más de uno tuvo dificultados en distinguirlos desde su butaca.

Un momento de la ópera 'El oro del Rin', con las imágenes elaboradas con IA de fondo, en el Festival de Bayreuth. / Enrico Nawrath / Bayreuth

Las imágenes aleatorias generadas por IA surgen en cascada y se diluyen sobre sus figuras o incluso las tapas parcialmente. El vestuario diseñado por Pia Maria Mackert les unifica a modo de aves con plumajes cenicientos. Puestos a prescindir de dramaturgia, también se suprimen los acercamientos entre ellos, salvo alguna ténue excepción. En lugar de ver a las poderosas valquirias encaramándose por las estructuras que suele brindar Bayreuth, se asiste al canto de estos y demás personajes convertidos en seres estáticos.

La batuta salvadora

Thielemann brilló, como no podía ser de otra forma en el 'maestro' wagneriano por excelencia. A los solistas se les aclamó con esas ovaciones de compensación que en Bayreuth se brinda cuando se espera con las uñas fuera al equipo escénico. Hasta ahora, no han aparecido a saludar sus responsables, algo que en Bayreuth no sorprende. Se les espera tras la pieza final del ciclo, 'El crepúsculo de los dioses', que se estrena el próximo sábado.



Un momento de la ópera 'La Valkiria', con las imágenes elaboradas con IA de fondo, en el Festival de Bayreuth. / Enrico Nawrath / Bayreuth

El concepto de Lobbes era más interesante que su resultado. Se trataba de desnudar el escenario para proyectar en su lugar imágenes programadas en tiempo real y rescatadas de producciones estrenadas en los 150 años de historia del festival. Es decir, desde el primer ‘Anillo’ dirigido por Richard Wagner en 1876 a la actualidad. Incluyen desde partituras a imágenes de archivos, grabaciones recientes y otros documentos. Pero también surgen imágenes inconexas de anillos olímpicos o símbolos nazis. Teniendo en cuenta que la IA 'aprende' mientras trabaja, no es descartable su éxito en el futuro, pero no en el presente.

La incorporación de nuevas tecnologías es una seña de identidad de Katharina Wagner desde que en 2008 le transfirió la dirección Wolfgang Wagner, su padre y artífice de la revitalización de Bayreuth en la posguerra. El anterior experimento fueron unas gafas de realidad virtual incorporadas en el 'Parsifal' estrenado en 2023, con Pablo Heras-Casado en la dirección musical. Resultaron un elemento más bien engorroso, pero de uso opcional. Y también ahí correspondió al maestro compensar en lo musical el malestar provocado por ese complemento. El 'Parsifal' se repone esta temporada con Heras-Casado consolidado como wagneriano incuestionable.

Con o sin IA, que una producción no convenza en su estreno no es extraño en Bayreuth. Ni siquiera el legendario ‘Anillo del siglo’, la estrenado por Patrice Chérau en 1976, se libró de las iras iniciales. Al de Frank Castorf le persiguieron los abucheos en sus cuatro temporadas, de 2013 a 2017. Y el estrenado por Valentin Schwarz en 2022 desató atronadoras broncas. En todos esos casos, las voces y la dirección salvaron la papeleta.

El contrapunto histórico en 15 minutos

El experimento de la IA tiene otro ingenio visual mucho más exitoso sin salir de Bayreuth. En la Casa Wahnfried, la antigua residencia de los Wagner, se proyecta todas las noches, en tres turnos, una videoinstalación que recorre en 15 minutos la tortuosa historia del festival. Es un complemento visual del museo que ahora es la Casa Wahnfried, donde se documenta los años en que señoreó por el festival Adolf Hitler y su rehabilitación posterior.

Detenerse ante el museo por la noche, tras asistir a alguna de las óperas, es un ritual o invitación a la reflexión sobre el pasado, el presente y el futuro de Bayreuth. La técnica del video aplicada a Wagner tiene ya mucho más rodaje que la IA. La máquina de Lobbes simplemente está aprendiendo.

martes, 28 de julio de 2026

Ni Hitler ni el Anillo son lo que eran


El triomf de ‘Rienzi’ i l’ensopegada amb la IA




Gemma C. Serra
Bayreuth (Alemanya)

No tot el que es rela­ci­ona amb la inno­vació porta a l’èxit. Kat­ha­rina Wag­ner, bes­neta de Ric­hard Wag­ner, ho ha pogut com­pro­var en només dos dies del Fes­ti­val d’Òpera de Bay­reuth, el tem­ple més wag­nerià del món. Tren­car el cànon esta­blert pel besavi i estre­nar Rienzi a Bay­reuth, el fes­ti­val que Kat­ha­rina diri­geix des del 2008, va ser un encert rodó. La batuta de Nat­ha­lie Stutz­mann i un con­cepte que cap­gira l’òpera pre­fe­rida d’Adolf Hit­ler per mos­trar l’enfon­sa­ment d’un tirà, van tenir una aco­llida apoteòsica.

L’estrena de Rienzi va tren­car esque­mes en posi­tiu. La creu de la moneda va venir l’endemà, amb un L’or del Rin que tre­pit­java el ter­reny perillós de la intel·ligència arti­fi­cial (IA). Com s’acos­tuma a dir, la IA aporta avan­tat­ges inqüesti­o­na­bles. Però abu­sar-ne és perillós i, a més, des­tru­eix llocs de feina. Això és el que va pas­sar amb aquesta pri­mera peça de l’Anell del Nibe­lung. Caldrà espe­rar a La Valquíria, Sig­frid i el Cre­pus­cle dels déus per extreure’n un balanç fia­ble. Per a la pri­mera etapa es pot par­lar d’enso­pe­gada, tot i que musi­cal­ment Chris­tian Thi­e­le­mann va sal­var la nit amb una de les seves lliçons de domini sobre les par­ti­tu­res de Wag­ner.

El Rienzi d’Ale­xan­dra Sze­me­redy i Mag­dolna Par­dikta, dues joves escenògra­fes, i el dra­ma­turg Markus Kie­sel, va convéncer tant l’ortodòxia wag­ne­ri­ana com els reno­va­dors. Bay­reuth espe­rava la incor­po­ració d’aquesta òpera en el 150è ani­ver­sari del fes­ti­val. Era arris­cat fer-ho perquè l’obra està con­ta­mi­nada per l’ombra de Hit­ler. El resul­tat és exac­ta­ment el con­trari dels “valors” que hi va veure el dic­ta­dor nazi. Es tras­llada l’ascens del líder que sedu­eix les mas­ses al món actual, on un trum­pista pot apro­piar-se i des­truir la democràcia. 

La lluita pel poder del segle XVI de Wag­ner se situa en la soci­e­tat d’avui, entre ciu­ta­dans hip­no­tit­zats pel telèfon mòbil i Par­la­ments con­ver­tits en apa­ra­dors de la fri­vo­li­tat política. Una estrena excel·lent, que Kat­ha­rina Wag­ner va acom­pa­nyar de dues gales prèvies, dis­cur­sos i refle­xi­ons sobre els vin­cles del fes­ti­val amb el nazisme i l’anti­se­mi­tisme vis­ce­ral de Ric­hard Wag­ner. Bay­reuth va ento­nar un “no a l’anti­se­mi­tisme” amb el can­ce­ller Fri­e­drich Merz i una figura des­ta­cada de la comu­ni­tat jueva, Mic­hel Fri­ed­mann. El fes­ti­val bavarès no s’amaga de la seva història, sinó que hi refle­xi­ona i adver­teix sobre la ultra­dreta emer­gent d’avui.

Thi­e­le­mann va sal­var la pri­mera etapa de l’Anell. Però la incor­po­ració d’imat­ges gene­ra­des amb IA va impe­dir veure el que pas­sava sobre l’esce­nari. Els solis­tes sem­bla­ven esta­qui­rots que des­a­pa­rei­xien enmig de l’ús abu­siu d’imat­ges incon­ne­xes. El res­pon­sa­ble escènic, Mar­cus Lob­bes, ha pres­cin­dit de dra­matúrgies o de fer interac­tuar els seus solis­tes. Des de la butaca resul­tava difícil dis­tin­gir les filles del Rin del Wotan que inter­preta Mic­hael Volle o l’Albe­rich de Joc­hen Sch­mecken­ber­ger. Segu­ra­ment surt més barata la IA que les tra­mo­ies con­ven­ci­o­nals. Pot­ser és la raó que va fer deci­dir a Bay­reuth incor­po­rar l’expe­ri­ment, després de tirar la casa per la fines­tra per Rienzi.

lunes, 27 de julio de 2026

El desafío de Katharina

Bayreuth roza la perfección con un 'Rienzi' que derrumba el trumpismo



El Festival de Bayreuth estrenó este domingo una nueva puesta en escena de 'Rienzi', ópera temprana de Richard Wagner. / ENRICO NAWRATH
 Gemma Casadevall    Bayreuth (Alemania)27 JUL 2026 

El Festival Richard Wagner de Bayreuth apostó fuerte en su 150 aniversario: se estrenaba 'Rienzi', una ópera nunca representada en el templo wagneriano y la preferida de Adolf Hitler. Podía derivar el experimento en abucheos por su desafío a la ortodoxia o a la política. En lugar de eso, Bayreuth vivió una de esas noches de estreno de éxtasis, ovaciones y pataletas de satisfacción –como se expresa en ese teatro el agrado-, con un 'Rienzi' provocador. En lugar de ensalzar al poderoso, el mensaje que Hitler quiso verle a la obra, traslada la historia del tribuno italiano del siglo XVI al mundo actual para asistir al derrumbe de un usurpador de la democracia.

El 'Rienzi' diseñado por dos jóvenes escenógrafas, Alexandra Szemeredy y Magdolna Pardikta, con el dramaturgo Markus Kiesel en el equipo, es un ultra o un trumpista que llega al poder aupado por las urnas. Trasgrede la democracia y usurpa el parlamentarismo para imponer su propia tiranía. Los prodigios técnicos técnicos de Bayreuth hacen deslizar ante el espectador a seguidores, funcionarios o ciudadanos corrientes pendientes o intoxicados por su teléfono móvil, mientras el entorno frívolo del moderno tribuno desmonta la democracia.

La impecable batuta de Stutzmann

La batuta de Nathalie Stutzmann, firmemente aposentada en la nómina de directores de Bayreuth, rozó la perfección. Lo mismo ocurrió con las voces de Andreas Schager y Gabriela Scherer y Jennifer Holloway. Que 'Rienzi' no se hubiera representado hasta ahora en ese festival no tiene nada que ver con una presunta estigmatización –sí se pone en escena, cuando corresponde, su otra pieza favorita, 'Los Maestros Cantores de Núremberg'-. La explicación es que el propio Wagner no lo incluyó en su canon de nueve piezas –entre ellas, la tetralogía del 'Anillo del Nibelungo'- establecido para el "teatro perfecto" que mandó construir en esa ciudad de provincias bávara.

Su biznieta, Katharina Wagner, directora del festival desde 2008, se liberó del canon para este aniversario. Su opción ha sido tan bien recibida que cuesta creer que no vaya a representarse, como se ha dicho, en futuras temporadas.

La historia del tirano obsesionado en desmantelar la democracia podía ser la de Hitler y el Tercer Reich. O la del mundo actual. En su derrumbe hay un mensaje de nuevo comienzo. Esa probablemente es la lectura que necesita el espectador del presente, a no ser que sea devoto de la ultraderecha en sus múltiples variantes, en América o en Europa.

Redención frente al antisemitismo

Había gran espectación ante 'Rienzi', el primer estreno de la temporada al que seguirá a lo largo de la semana el nuevo 'Anillo' con imágenes generadas por Inteligencia Artificial. Tuvo dos étapas prólogo destinadas a reflexionar sobre el antisemitismo que profesó Richard Wagner y que convirtió Bayreuth en espacio ideal para la propaganda nazi. La primera etapa fue la gala inaugural del sábado, que no se consagró a Wagner, sino a la Novena Sinfonía de Beethoven, en alternancia con discursos de rechazo al antisemitismo tanto de Katharina Wagner como del canciller alemán, Friedrich Merz, o del primer ministro de Baviera, Markus Söder. Todo llevaba el sello de excepcional, desde Beethoven a los discursos de líderes sobre el escenario. El mensaje de la elite política no es únicamente de rechazo al régimen nazi, sino la alerta ante efervescencia de la ultraderecha actual en las urnas.

Ya el domingo por la mañana, horas antes del estreno de 'Rienzi', hubo un homenaje a los músicos judíos víctimas del nazismo. Le siguió una gala cuyo protagonista fue el destacado miembro de la comunidad judía alemana Michel Friedmann. En un discurso de más de una hora, recorrió Friedmann su historia familiar y la del antisemitismo. Recordó que no es un fenómeno estrictamente alemán, sino global. Pero también la responsabilidad de Alemania para impedir que se produzca un nuevo Auschwitz. "Wagner no fue un nazi. Murió demasiado pronto para serlo. Pero sus familiares sentaron las bases para que su música fuera instrumentalizada por los nazis", recordó. "Katharina Wagner ha cambiado la cultura del recuerdo. Estamos ante un nuevo Bayreuth", dijo. Selló así su reconciliación con la biznieta del compositor, quien primero canceló su sesión, alegando motivos de seguridad, pero luego rectificó y le brindó su teatro para una sesión que, en lo musical, aportó la batuta de Semyon Bychkov.

sábado, 25 de julio de 2026

La Crònica, con ò

 El temple wagnerià amb sobrepés històric



Magdolna Parditka i Alexandra Szemerédy, codirectores de ‘Rienzi’, amb Markus Kiesel, que s’ha encarregat de la dramatúrgia BAYREUTH FESTIVAL.


La pri­mera des­fi­lada de la tem­po­rada cap al “turó verd”, com s’ano­mena la mun­ta­nyeta de Bay­reuth on va plan­tar el seu tea­tre Ric­hard Wag­ner, serà aquest cop un pas­seig per pre­su­mir, veure i ser vist. Contrària­ment a la tra­dició, la tem­po­rada del Fes­ti­val Ric­hard Wag­ner no s’obre aquest 25 de juliol amb música d’aquest com­po­si­tor, sinó amb la Novena de Beet­ho­ven.

L’elit política ale­ma­nya i els wag­ne­ri­ans d’arreu del món tin­dran així una ober­tura musi­cal­ment més lleu­ge­reta, en con­trast amb el que els espera després. Diu­menge s’hi estrena Rienzi, diri­gida per Mag­dolna Par­ditka i Ale­xan­dra Sze­merédy en la part escènica i Susanne Stutz­mann en la musi­cal, una òpera que fins ara no s’havia repre­sen­tat al fes­ti­val i que va ser la pre­fe­rida d’Adolf Hit­ler. A par­tir del dilluns es des­ple­garà el secret més ben guar­dat d’aquest fes­ti­val, que cele­bra el seu 150 ani­ver­sari: un Anell del Nibe­lung amb imat­ges gene­ra­des amb intel·ligència arti­fi­cial, sota la direcció escènica de Mar­cus Lob­bes i diri­gida per Chris­tian Thi­e­le­mann, la màxima batuta de l’uni­vers wag­nerià actual.

L’ortodòxia ja tre­mola i recorda el dar­rer expe­ri­ment quant a inno­va­ci­ons tècni­ques: el Par­si­fal estre­nat el 2023 de Jay Sheib i amb Pablo Heras-Casado a la direcció. S’hi incor­po­ra­ven unes ulle­res de rea­li­tat vir­tual que, per sort, no eren d’ús pre­cep­tiu, sinó opci­o­nal. L’ocurrència de Sheib va ser aco­llida amb més quei­xes que entu­si­asme. Els anys següents es van lli­mar asprors. Heras-Casado s’ha con­so­li­dat dins l’eli­tista nòmina de la casa. Ara hi torna, tant per a la repo­sició de Par­si­fal com per als dos con­certs gratuïts a l’aire lliure.

jueves, 23 de julio de 2026

Y van 150


Bayreuth cumple 150 años entre un hitleriano 'Rienzi' y el perdón judío



El Bayreuther Festspiele, el principal teatro de la localidad bávara. / Enrico Nawrath
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 Gemma Casadevall    Bayreuth23 JUL 2026 15:55

Apostar por lo fácil nunca fue una opción para Katharina Wagner. En su concepto de perpetuar en Bayreuth el culto a su bisabuelo, Richard Wagner, confluyen ciertas dosis de provocación con el ansia renovadora y, por qué no, el 'morbo' de la sombra de Adolf Hitler sobre el templo que atrea a wagnerianos de todo el mundo.

Para el 150 aniversario del Festival de Ópera fundado en esa ciudad de provincias bávara por el compositor, apoyado en el mecenazgo de Luis II de Baviera, el Rey Loco, Katharina optó por transgredir varias normas de la casa. La apertura oficial de la temporada será, como todos los años, el 25 de julio, pero no con Wagner, sino con la Novena Sinfonía de Beethoven. La primera ópera wagneriana que surgirá de su mítico foso para la orquesta, el día 26, no será ninguna de las piezas estipuladas por el bisabuelo para ser representadas ahí. Será 'Rienzi', la preferida por Adolf Hitler para los congresos de su partido nazi en Núremberg.

Katharina Wagner, bisnieta del compositor y directora del Festival de Bayreuth. / EPC

"Es, sin duda, una obra contaminada. Hay muchos elementos en 'Rienzi' que la vinculan con el nacionalsocialismo. Pero hay muchos otros significados a examinar. Volvemos sobre la obra para analizarlos de nuevo", explicaba al diario Merkur Alexandra Szemerédy, directora escénica de la producción junto con Magdolna Parditka, dos debutantes en Bayreuth.

domingo, 27 de julio de 2025

Joana, de nuevo en Bayreuth


Bayreuth convierte en un musical ‘light’ a los ‘Cantores’

Joana Serra

‘Los Maestros Cantores de Núrenberg’ es, en el conjunto de óperas de Richard Wagner, un raro ejemplo de pieza en que no se cruzan muertes crueles, dioses y héroes confrontados o dramáticos amores incentuosos. Es una pieza popular, poblada de personajes de carne y hueso, incluso un sencillo zapatero, Hans Sachs, además de dos músicos en disputa por ser reconocidos en el círculo de los ‘maestros’.
Tal vez esa sencillez fue lo que llevó a Adolf Hitler a verla como ópera perfecta para instrumentalizarla a favor de sus intereses -mostrar la maldad del judaísmo o la nobleza de su pueblo-. La convirtió en la pieza perfecta para esos años del Tercer Reich en que señoreó por la colina de Bayreuth, la ciudad de provincias bávara donde cada verano, el 25 de julio, abre el Festival Richard Wagner entre procesiones de wagnerianos de todo el mundo y desfile de la clase política alemana.

A punto de cumplirse los 150 años de la fundación del festival por el propio Wagner, en 1876, son muchas las versiones de los ‘Cantores’ que se han representado sobre la llamada Verde Colina. Épicas, irónicas o simplemente fieles reproductoras del original. Este año correspondió a un alemán, Matthias Davids, darle otra vuelta de tuerca a la pieza preferida por Hitler. Contaba con el italiano Daniele Fatti a la batuta. Y las voces de Georg Zeppenfeld, como el zapatero, Michael Nagy, el villano Beckmesser, Michael Spyres, su Walther von Stolzing, y Christina Nilsson, su Eva.
Pero probablemente para la historia del festival la imagen que primará para la posteridad es la de la enorme vaca inflable y voladora, con la que Davids corona su traca final: la competición entre el dogma o la innovación aplicada al canto, lo que adopta aires de festival de la canción o concurso televisivo en busca de la mejor voz. Es una explosión de color y personajes, desde duendes forestales a reinas de la belleza bávaras, además de un despliegue del siempre extraordinario coro de Bayreuth. El duelo por el trofeo acaba siendo lo de menos. Se imponen los colores, la vaca y la búsqueda de lo cómico.

viernes, 25 de julio de 2025

Merz, Weidel y otros postureos


Es ley de vida. Tenía que ocurrir. Pero ello no evitó cierta sacudida en el corazón. Friedrich Merz, el rival histórico de Angela Merkel, no solo había alcanzado la cancillería, sino también ese palco donde, según parece, se sentaron Luis II de Baviera, el Rey Loco, Adolf Hitler y también la ya ex canciller. A su sucesor directo en Berlín, el socialdemócrata Olaf Scholz, ni se le pasó seguramente por la cabeza tratar de ocupar su puesto. Por un lado, porque no se le conocían intereses wagnerianos. Por el otro, porque probablemente sabía que nunca sería nada más que un canciller de transición.
A Scholz le derribó del poder el socio traidor llamado Christian Lindner, el mal aliado liberal. A Merz no le costó demasiado colocarse en el puesto por el que llevaba esperando más de 20 años, desde que Merkel lo había arrinconado para poder convertirse en la líder alemana, europea, global, etc. que fue durante 16 años.
Merz ganó las elecciones anticipadas un 23 de febrero. En mayo asumía el puesto de canciller con los socialdemócratas como socios plenamente domesticados o resignados a la exigua supervivencia. El susto, por supuesto, lo dio Alternativa para Alemania (AfD), segunda fuerza a escala nacional.

Bayreuth o como pasar la crónica a la luz del laptop, sin Iphone ni Wlan

 Bayreuth se ríe con los 'Cantores' de Wagner, la ópera idolatrada de Hitler




El Festival de Bayreuth con el estreno de Los Maestros Cantores de Núremberg, con dirección musical de Daniele Gatti. EFE/ Bayreuther Festspiele / Enrico / EFE

Gemma Casadevall, Bayreuth (Alemania) 25 JUL 2025

Unos ‘Maestros Cantores de Nuremberg’ que convierten en fiesta cómica, con aires de 'botellón' y festival de Eurovisión, la ópera de Richard Wagner en la que Adolf Hitler vio la victoria del ‘pueblo noble’ -el suyo- frente a usurpación ajena -la que atribuía a los judíos-: este es el concepto del alemán Matthias Davids, para una puesta en escena que se ríe de lo consabido. Fue el estreno que abrió la temporada del templo wagneriano de Bayreuth, con la sólida batuta del italiano Daniele Gatti y las voces de Georg Zeppenfeld, como el buen zapatero Hans Sachs, Michael Spyres, como Walther von Stolzing, y Michael Nagy, el del villano Beckmesser.
Su puesta en escena presenta a un héroe humilde, al que todo le viene cuesta arriba, confrontado un rival que, en realidad, es un patético cantante que ahuyenta con sus berridos al vecindario. Bayreuth agradeció con ovaciones la irreverencia de Davids, empeñado en convertir en ligera la ópera que instrumentalizó el Tercer Reich. El festín final fue un despliegue que incluía desde una inmensa vaca inflable de feria y clichés bávaros a concursos de belleza, personajes del bosque y hasta una réplica de la excanciller Angela Merkel, la más fiel visitante de Baureuth. Recibió una de esas ovaciones frenéticas que Bayreuth destina a sus héroes musicales, con algún abucheo a los responsables de la puesta en escena que trata de ser un musical pop, pero no acaba de lograrlo.

domingo, 20 de julio de 2025

De la Loveparade a Bayreuth, más el inexplorado Wacken

 Alemania, templo veraniego del tecno, Wagner y el 'heavy'




Festival tecno en Berlín, el pasado sábado. / Gemma Casadevall
 Gemma Casadevall, Berlín 20 JUL 2025 

¿Qué es más ‘cien por cien alemán’: la música tecno, la ópera de Wagner o el heavy metal? El calendario veraniego alemán da ocasión para buscar una respuesta a esa pregunta con pocas semanas de diferencia entre Berlín, Baviera y una aldea nórdica. El pasado sábado día 12, decenas de miles de acólitos bailaron de nuevo alrededor, delante, detrás o encaramados en alguno de los 35 potentes camiones difusores de música electrónica en la ‘Rave the Planet’, la sucesora de la ‘Loveparade’. El próximo día 25 se inaugura en Bayreuth, como ocurre desde hace casi siglo y medio, el Festival Richard Wagner, máximo exponente del culto al compositor. Y el primer fin de semana de agosto, una tranquila población llamada Wacken recibirá a la mayor concentración mundial de fanáticos del ‘heavy metal’. Son citas inexcusables para tres formas aparentemente opuestas de sumergirse en la ‘alemanidad’ pura, que atraen a casi tanto público internacional como anfitrión.
A la ‘Loveparade’, como a su fundador, el Dr. Motte, se les reconoce como señal de identidad del tecno surgido en Berlín, liberado del traumático corsé que fue el Muro. De esos orígenes hace ya suficientes años como para haber atravesado varias crisis. La exhibición de cuerpos danzantes y preferentemente semidesnudos, entre la Puerta de Brandeburgo y la Columna de la Victoria, se ha perpetuado incluso en ediciones lluviosas, como la de este año. En la lluvia se buscan explicaciones piadosas al bajón de afluencia: unos 100.000 asistentes, según la policía. Lejos de los 300.000 del año anterior y a distancia estratosférica del millón y medio de su año récord, 1999. De la pura evaluación visual se concluye que había muchos coetáneos de Matthias Roeingh, el nombre civil de Dr. Motte, de 65 años. Parte del personal más fiel al tecno rondaba esa edad, mientras que los más jóvenes simplemente ‘se movían’ a impactos de su música en un desfile gratuito y sin los habituales registros de bolsas y mochilas en sus accesos.

martes, 18 de marzo de 2025

Para cuándo el VAR aplicado a Wagner



Nadie con dos dedos de frente le disputará a Barcelona, y concretamente al Liceu, su espíritu wagneriano. En caso de duda, se recurre al artículo colgado por Jordi Maddaleno en su cuenta en X o en Bluesky ante la première del 'Lohengrin' de Katharina Wagner, Ahí queda constancia de que es la ópera romántica por excelencia de Richard Wagner. También de que fue la primera del compositor que se vio en Barcelona, en 1882. Desde entonces ha habido 242 funciones de la obra en el teatro de la Rambla.

De los vínculos entre el compositor y Barcelona da cuenta la existencia de un 'Club Wagner', con sede en el Eixample. Y la expectación ante el estreno quedó reflejada en la abultada presencia en la gala de un selecto grupo de críticos alemanes asiduos a Bayreuth, así como de un notable cómputo de compatriotas reconocibles como 'público corriente'. 

Había expectación porque el 'Lohengrin' de Katharina, la biznieta, como se la suele llamar, llegó a la Rambla con cinco años de retraso. La pandemia obligó a aparcar el proyecto. 

Todo estaba ahí. La ópera romántica por excelencia, la biznieta y un culebrón para animar los comentarios en los entreactos: la hostilidad entre Katharina y la soprano sueca Iréne Theorin, a la que la directora de Bayreuth no ha perdonado la peineta con que reaccionó a los abucheos del público del templo wagneriano, hace un par de años. La historia animó las previas al estreno. Theorin quedó proscrita del estreno por orden de Katharina; en su lugar  se fichó a la finlandesa Miina-Liisa Värelä. Todo, incluido el culebrón, respondía a los esquemas de Bayreuth.

sábado, 30 de noviembre de 2024

Bayreuth 2024: la desmemoria de Merkel y otras tristesses



De pronto ese 25 de julio no teníamos a quién fotografiar en el palco de todos los años. A Markus Söder no, desde luego, aunque luego nos invite a la recepción de siempre, tras el estreno. Ahí donde uno podía comer, beber y hasta bailar como en ningún otro ‘land’ alemán. Baviera invita. El menú es los de todos los años. Pero todo el mundo acude. 

O casi todo el mundo. Angela Merkel faltó a la prácticamente única cita donde se la había visto mientras fue jefa de la oposición, luego como canciller neófita, a continuación como imbatible líder alemana y europea o finalmente incluso jubilada del poder. No se había perdido Bayreuth en 2022, su primera temporada como excanciller; ni tampoco al siguiente año. Faltaba una pieza en ese Bayreuth al que uno va simplemente para demostrarse que en algún lugar del mundo todo sigue igual. O a hacerse la selfie de todos los años entre colegas.

Unos atribuían su ausencia a que estaba escribiendo esas memorias que, en realidad, se encargaba de ordenar y probablemente escribir Beate Baumann, la persona a quien Merkel había confiado durante décadas tanto lo de llevar del brazo a su ancianísima madre por el Bundestag a los detalles de cualquier visita de Estado. Otros lo atribuían a un cáncer de Joachim Sauer, la quintaesencia de la devoción wagneriana y probablemente el responsable de que Merkel asumiera como propio ese otro dogma.

El palco había dejado de tener el menor interés. Merkel seguramente escribía, co-escribía o delegaba en Baumann lo de sus memorias. La presentación del libro más esperado del año se anunciaba para noviembre. Por entonces se había hundido ya la coalición entre su perfecto sucesor, Olaf Scholz, los dóciles verdes y un aliado traidor, Christian Lindner. Es decir, el mismo líder liberal que en 2017 había dejado a Merkel en la estacada. La entonces reina de todos los consensos había creído atada la que habría sido su última coalición, una alianza inexplorada con verdes y liberales con la que escribir una nueva página en la historia de las constelaciones políticas alemana. Hasta que Lindner se levantó de la mesa y salió a explicar a los medios en plena noche, con ojos vidriosos, que mejor no gobernar que gobernar mal. A Merkel no le quedó otro remedio que recuperar la fórmula de la gran coalición.

A Merkel la dejó Lindner en la estacada antes de empezar. Con Scholz escaló el siguiente escaló: le había hecho creer que sería su aliado, para acabar reventando la coalición desde dentro. Scholz se hundía. En su lugar emergía de nuevo el derechista al que Merkel creyó haber arrinconado veinte años atrás. Friedrich Merz no se iba a conformar con llevar  de las riendas del partido. Iba a por todas.

viernes, 29 de noviembre de 2024

Vía El Periódico, El Punt/Avui: El libro del año, el derrumbe de Scholz

 

Puro Deutsches Theater

Més memòria que crítica


L’excancellera alemanya Angela Merkel durant la presentació del seu llibre de memòries a Berlín MICHAEL KAPPELER / EFE.



Gemma C. Serra - Berlín, 27 novembre

Quan el 8 de desem­bre del 2021 va dei­xar la can­ce­lle­ria ale­ma­nya, després de 5.860 dies com a cap de govern del país més poderós de la Unió Euro­pea (UE), Angela Merkel ja havia dei­xat clar que no volia cap altre càrrec polític. La seva única aspi­ració era escriure les seves memòries, tant la part cor­res­po­nent a la seva infància i joven­tut a l’Ale­ma­nya comu­nista com tot allò que va envol­tar la seva car­rera política. Recorre des de la seva vida a Tem­plin, la ciu­tat de províncies on va viure, fins a Berlín, el cen­tre del poder ale­many, a més de totes les cime­res bila­te­rals i mul­ti­la­te­rals que va com­par­tir amb els líders, prin­ci­pal­ment mas­cu­lins, d’arreu del món.

La llista dels bons i dels dolents era clara: Barack Obama era el gran pre­fe­rit pel que fa al càsting de les figu­res posi­ti­ves; a Vladímir Putin i Donald Trump els cor­res­po­nia l’altre cantó de la meda­lla. Per escriure el seu lli­bre, ha dis­po­sat no només de la seva memòria, sinó també de la per­sona que l’ha acom­pa­nyada des del 1992, quan va esde­ve­nir per pri­mer cop minis­tra del patri­arca Hel­mut Kohl. Beate Bau­mann és aquesta per­sona de con­fiança, asses­sora i pot­ser millor amiga de Merkel.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

Un Tristán todo tristesse

 „Tristán“ abre entre ovaciones y abucheos un Bayreuth escindido entre tradicionalismo y renovación

Joana Serra. Bayreuth (Alemania), 26.07.2024
La temporada del Festival Richard Wagner de Bayreuth se abrió el jueves con un „Tristán e Isolda“ que cosechó ovaciones para sus voces y su batuta, pero que repartió abucheos sin comtemplaciones para el concepto escénico del islandés Thorleifur Örn Arnarsson. El público wagneriano se rindió sin escisiones al duo protagonista, formado por el austríaco Andreas Schager y la finlandesa Camilla Nylund. Más vigorosos aún fueron los aplausos al maestro Semyon Bychkov, originario de Rusia pero con nacionalidad estadounidense, que llevó al éxtasis a los presentes con una interpretación fiel y precisa de la música del genio alemán.


Las iras, en forma de abucheos casi unánimes, se dirigieron al concepto escénico desarrollado por el director islandés, apoyado en el dramaturgo suizo Andri Hardmeier. El público de Bayreuth está acostumbrado a apuestas ambiciosas, incluso controvertidas, como el „Anillo del Nibelungo“ en formato de serial „Netflix“ que se repondrá en los próximos días, obra de Valentin Schwarz. O, más aún, el creativo y divertido „Tannhäuser“ de Tobias Kratzer, que se exhibe esta temporada por última vez en el festival bávaro, y que da la vuelta al mito para trastocarlo en un irónico desfile entre „drags queen“. En lugar de eso, el „Tristán“ estrenado este jueves es un espectáculo estático y sin brillo, donde el amot trágico entre Tristán e Isolda con alguna „licencia“ argumental. Salen ganando las voces, que pueden concentrarse en lo suyo; pero no hay tensión dramático, sino inmovilismo.

martes, 5 de noviembre de 2024

Un ruso entre tanta batuta femenina

 Bychkov brilla en Bayreuth para un 'Tristán' plano




Representación de 'Tristán e Isolda' en el Festival de Bayreuth / Enrico Nawrath / Bayreuther Festspiele
Gemma Casadevall, Bayreuth (Alemania), 26.07.2024

El maestro ruso-estadounidense Semyon Bychkov rescató al 'Tristán e Isolda' algo a la deriva que inauguró el Festival Richard Wagner de Bayreuth. El exigente público wagneriano repartió sus ovaciones entre la batuta y el dúo de voces formado por Andreas Schager y Camilla Nylund, mientras castigaba con abucheos a la producción. La recreación del drama del amor eterno, pero proscrito, obra del islandés Thorleifur Örn Arnarsson, con el dramaturgo suizo Andri Hardmeier formando tándem, resultó escenográficamente nula y estática, impropia de un festival más acostumbrado a sorprender que a aburrir.

Arnarsson presenta a su Tristán como un individuo deprimido y lastrado por el pasado, como el propio director explicó ante el estreno. El austríaco Schager parecía casi al borde de sus capacidades en su canto ante la muerte, lo mismo que la soprano finlandesa Nylund. Al dúo se le reconoció el esfuerzo por compensar con sus voces el minimalismo de la pieza de Arnarsson. Christa Mayer, en el papel de Brandane, y Olafur Sigurdarson, en el de Kurwenal, se ganaron asimismo las ovaciones del templo operístico que es Bayreuth, consagrado en exclusiva a ese compositor desde su fundación, hace casi siglo y medio.

lunes, 4 de noviembre de 2024

Picnic wagneriano

 El wagneriano festival de Bayreuth se renueva con un „Tristán“ y tres batutas femeninas

Joana Serra. Bayreuth (Alemania), 25.07.2024
El festival de ópera de Bayreuth, la ciudad de Baviera donde Richard Wagner instaló el teatro considerado ideal para sus óperas, abre su temporada este jueves con el estreno de un nuevo „Tristán e Isolda“, al que sucederán en los días siguientes tres batutas femeninas: la de la ucraniana Oksana Lyniv, al frente de la reposición de „El holandés errante“, la de la francesa Nathalie Stutzmann, con la del „Tannhäuser“ y la de la australiana Simone Young, la primera mujer que dirigirá en el tempo wagneriano la trabajosa tetralogía de „El anillo del Nibelungo“.
El „Tristán“ inaugural, único estreno de esta temporada, estará dirigido por el ruso Semyon Byschkov, con dirección escénica del islandés Örn Arnarsson. Recreará así el drama romántico, con el experimentado Andreas Schager, una de las voces consagradas del festival wagneriano, y la finlandesa Camilla Nylund en los papeles protagonistas.
Completa el programa de la temporada el „Parsifal“ que estrenó el año anterior el maestro Pablo Heras-Casado, a quien se espera en cuatro años de nuevo en esa ciudad bávara para colocarse al frente del siguiente „Anillo“.
Los cinco directores mencionados pertenecen a la generación más actual de batutas reconocidas como „wagnerianas“, que se han ido incorporando temporada tras temporada a la nómina de la casa bajo la gestión de la directora del elitista festival, Katharina Wagner.

Claudia Roth y sus ocurrencias

 Bayreuth o el inquebrantable culto a Wagner: la polémica por si el festival se debe abrir a otros compositores marca la cita





La excanciller alemana, Angela Merkel, y su marido, Joachim Sauer, que por primera vez en décadas no estarán en Bayreuth, a su llegada al festival en 2022. / CLEMENS BILAN / EFE

Gemma Casadevall
Bayreuth 24 JUL 2024 

"En Berlín no han entendido que a Bayreuth se viene a escuchar a Wagner y solo a Wagner", es la respuesta que desde el gobierno de Baviera se da a la "ocurrencia" de la ministra de Cultura del Ejecutivo de Olaf Scholz, la verde Claudia Roth, para "abrir" su festival de ópera a "otros compositores". El encargado de responder a la ministra es su colega bávaro, Markus Blume, de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), ante cita más imprescindible del calendario wagneriano europeo: la apertura este jueves del Festival Richard Wagner sobre la Verde Colina de Bayreuth, la ciudad de provincias donde el genio ordenó construir su teatro. El mejor lugar del mundo para representar desde el 'Tristán' al 'Anillo del Nibelungo', 'Parsifal', 'Tannhäuser' o 'El holandés errante'.

Así viene siendo desde 1876, su primera temporada. El esquema es rígido: se abre el 25 de julio y se cierra el 28 de agosto, con un total de 30 galas y, en general, un solo estreno. En este año, el honor de la apertura corresponde al nuevo 'Tristán e Isolda', con la batuta del ruso Semyon Byschkov y dirección escénica del islandés Örn Arnarsson.

Que Roth levantara polémica ante la inauguración no es, en realidad, tan extraño en Bayreuth. Las controversias o líos sucesorios suelen alimentar los corrillos en los entreactos. Roth, nacida en Baviera y asidua al certamen desde mucho antes de convertirse en ministra, en 2021, debía ser consciente de ello al proponer saltarse el veto histórico a cualquier compositor que no sea el fundador. Fue una semana antes de la inauguración y mencionó como ejemplo innovador a 'Hansel y Gretel', la ópera de Engelbert Humperdinck sobre el cuento infantil de los hermanos Grimm.

jueves, 23 de noviembre de 2023

Bayreuth 2023: Merkel pervive, von der Leyen asciende, la cronista se multiplica


Segunda visita a Bayreuth ya como ex mujer más poderosa del mundo. Bajo un diluvio y, encima, con Ursula von der Leyen como nueva líder europea o incluso del mundo libre compartiendo escena. La temporada 2023 parecía un nuevo para Angela Merkel y su tradicional subida a la Verde Colina, esta vez empapada. El público con entrada se arremolinaba en el interior del teatro para ver la llegada de los ilustres; había obviamente poco pueblo llano esperando fuera y la prensa gráfica cumplía como podía, atrincherada entre plásticos, con su cometido.

Merkel entró, como siempre, soberana. Saludaba bajo el paraguas transparente ideado supongo por el festival para hacer al menos mínimamente viable el trabajo de fotógrafos y cámaras. Lo mismo hizo von der Leyen. Ya en el interior, los medios acreditados teníamos de pronto la sensación de qué, por fin, Merkel nos miraba. Estábamos, como siempre, unas hileras por debajo del palco que en su día ocuparon Luis II de Baviera y Adolf Hitler, desde la refundación del festival destinado a la elite política del presente. La excanciller tenía ahí asegurado un puesto destacado, como su esposo Joachim Sauer. Pero en lugar de aparentar no vernos como otras veces, se asomaba ligeramente, sonreía y parecía ajena a las conversaciones del resto. Entre ellos, la presidenta de la Comisión Europea, la mujer que fue su ministra de Defensa y de la que se llegó a decir que la sucedería al frente de la familia conservadora alemana.

Merkel parecía disfrutar de su retiro. Imposible saber si eso era una mera percepción benévola o si, por contra, se sentía destronada por su exministra y ahora líder europea. Sauer seguía, como siempre, en lo suyo. Como no había pueblo suficiente para aplaudir las llegadas era también imposible saber a quién de los dos grandes mujeres habrían aclamado más.

La atracción de la gala inaugural eran unas gafas de realidad aumentada -AR- teóricamente habilitadas para asistir al prodigioso "Parsifal" concebido por Jay Scheid. Dirigía Pablo Heras-Casado, el primer español en el mítico foso de Bayreuth desde que Plácido Domingo tomara la batuta para la 'Valquiria", en 2018.

Había cierto runrún malhumorado entre los asistentes. Solo uno de cada cinco tenía una de esas gafas, lo que en realidad no estaba claro si era un privilegio o acabaría siendo un engorro. Se esperaba, al menos, que Heras-Casado haría honor a su buena reputación como maestro wagneriano, tras el fiasco en que derivó su antecesor Domingo.

Via Efe: Pablo Heras-Casado, las malditas gafas AR y el Tannhäuser LGTBI

Butacas vacías: Bayreuth y primeros síntomas de agotamiento


Probablemente Bayreuth sea, junto a Wacken, “lo más alemán” que ofrece en cuanto a festival el verano europeo. A Bayreuth, en Baviera, acude todos los años la elite wagneriana desde casi siglo y medio, del 25 de julio a finales de agosto. A Wacken, un idílico pueblecito del norte, se viaja en la primera semana de agosto a por el heavy metal puro. Son dos festivales de rituales diamentralmente opuestos -cierta etiqueta en el operístico; tatuajes, chalecos de cuero y demás estética heavy, en Wacken-. Pero son de algún modo identificables como representantes de la “alemanidad pura”, base del atractivo que les convierte en lugar de peregrinación anual para wagnerianos o heavys de todo el mundo.



Ambos festivales, el de ópera como el metálico, se vieron sacudidos este 2023 por tormentas torrenciales. En Wacken, una cuarta parte de sus 85.000 fieles se quedaron sin poder acceder al recinto, convertido en un barrizal. Los que lo lograron se pusieron de barro hasta las cejas. Pese a las dificultades, las entradas para 2024 se agotaron a las dos horas de abrirse su venta.

Butacas vacías

Al de Bayreuth llegó todo el mundo a su butaca… pero alguno se encontró con la sorpresa de que la de al lado estaba vacía. Que siguieran a la venta las entradas online para las sesiones del “Anillo del Nibelungo” llenó los comentarios de sus entreactos –de una hora de reloj, otra tradición de la casa-. Que esa siguiera siendo la situación hasta el cierre de la temporada, este 28 de agosto, causaba ya algo más que extrañeza. Hasta hace una década, Bayreuth presumía de unas listas de espera de hasta 15 años cada una de las casi 2.000 butacas del viejo teatro construido en 1872. Su temporada es corta y absolutamente codiciada. Con el paso a la venta online se aligeró un poco el suplicio de la espera. Pero seguían agotándose todos los contingentes.

La gerencia aumentó el precio de las entradas cerca de un 6 % --el nivel de la inflación media de 2022, explicó el festival-. Sigue siendo, sin embargo, más asequible que otros equivalentes –como Salzburg--, con localidades que van de los 350 a 210 euros, según categorías y piezas.

Wagner en 'formato Netflix'


Katharina Wagner, biznieta del compositor y directora del festival desde 2008 –primero en dirección colegiada con su hermanastra Eva Wagner-Pasquier y desde 2015 en solitario--, diseñó la temporada que ahora termina bajo el signo de la renovación. La abrió el “Parsifal” dirigido por Pablo Heras-Casado, el primer español que dirigía en el mítico foso de Bayreuth, después de que Plácido Domingo lo hiciera para la “Valquiria” en 2018.

Domingo escuchó algunos abucheos, mientras que Heras-Casado triunfó pese a que el concepto escénico de “Parsifal” fue todo lo contrario a exitoso. La ocurrencia de su artífice, Jay Scheid, de colocar a parte del público gafas de realidad aumentada –AR-- no gustó ni a los que las llevaban –uno de cada cinco-- ni a los que se quedaron sin ellas. Los primeros, porque la realidad virtual se convirtió en un estorbo; los segundos, por la sospecha de que tal vez se perdían algo. Al final no estaba claro si el privilegio consistía en disponer de las gafas AR o lo contrario.

Vía Efe, Correo, Periódico: Ucrania manda, los ultras pujan y la austeridad impone

El campo alemán se levanta contra la austeridad de Scholz




Tractores frente a la puerta de Brandenburgo, este lunes en Berlín. /FILIP SINGER / EFE

Gemma Casadevall, El Periódico, 18.12.2023

Miles de tractores llegados de toda Alemania colapsaron este lunes el centro de Berlín, en una primera protesta masiva contra los recortes aprobados por la coalición de Olaf Scholz para resolver su crisis presupuestaria. Las protestas del campo alemán se concentran en la eliminación de los subsidios al diésel agrícola, uno de los puntos acordados por el tripartito ante el bloqueo de 60.000 millones de euros derivado de una sentencia del Tribunal Constitucional (TC).

Los tractoristas desfilaron en distintas columnas por todo el centro urbano, incluido el distrito gubernamental y las inmediaciones de la emblemática Puerta de Brandeburgo. Llevaban pancartas con lemas como "Estamos hartos", "No juguéis con nuestra existencia" y "Estáis matando el campo".

La medida adoptada por el tripartito integrado por socialdemócratas, verdes y liberales atenta contra la existencia de grandes y pequeñas explotaciones, según los concentrados. Ante la concentración de los tractoristas habló el ministro de Agricultura, el ecologista Cem Özdemir, quien ha expresado su propio rechazo a la eliminación de esos subsidios.

El ministro tuvo que hacer frente a fuertes abucheos, pero también algunos aplausos en reconocimiento a su coraje por, al menos, salir a dar la cara ante el gremio afectado. "Ni estoy ni estuve nunca de acuerdo con estos recortes. El Gobierno conoce mi opinión y trabajaré para que sus efectos en el sector sean mínimos", afirmó.


Protesta de tractores en la calle 17 Junio de Berlín, este lunes. /FILIP SINGER / EFE

Sentencia del Constitucional

Tras cuatro semanas de fuertes tensiones, la coalición de Scholz anunció la semana pasada un acuerdo para resolver la crisis presupuestaria precipitada por la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) sin generar nueva deuda. El canciller advirtió que serían precisos algunos recortes, pero garantizó que no afectarían los grandes proyectos medioambientales y que se limitarían a subvenciones a "climáticamente dañinas".

El origen del problema es la sentencia del TC, que declaró anticonstitucional el desvío de un fondo inicialmente creado para paliar los efectos de la pandemia a otros destinos. Esta operación vulneraba los principios del freno a la deuda, un instrumento que limita el endeudamiento a un 0,35% del PIB, salvo en situaciones excepcionales, como fue la pandemia. El propósito del Gobierno de Scholz era destinar 60.000 millones de euros en créditos no utilizados en su momento para el Fondo de Renovación Tecnológica y Climática, lo que el TC estimó que vulneraba ese principio.

miércoles, 23 de noviembre de 2022

2022 Merkel, la de rojo y un legado con goteras

 


Lo de subirse a la Verde Colina cada 25 de julio, fecha inaugural del festival por mandato de Richard Wagner, es algo más que un ritual. Conlleva la esperanza de que todo siga igual. La primera impresión poco después de llegar a la estación de provincias y dejar la maleta en el hotel es que efectivamente todo está en su lugar, como siempre. El paseo hasta el teatro, el público engalanado haciéndose la foto con el teatro al fondo, la socorrida selfie cuando las ‚fanfare‘ anuncian el fin del entreacto o los grupos de ciudadanos que simplemente subieron a ver y aplaudir, como cada año, a Angela Merkel, Katharina Wagner y el primer ministro bávaro, en esta caso Markus Söder.

Todo estaba ahí. No importaba que la cancillería de Berlín no la ocupara ya una mujer crecida en el este comunista, conservadora y líder del partido de Konrad Adenauer y Helmut Kohl, sino un hamburgués algo robotizado y socialdemócrata, como Willy Brandt, Helmut Schmidt o Gerhard Schröder. Merkel seguía siendo la Señora de la Colina. También como casi siempre en Bayreuth, la acompañada su esposo, Joachim Sauer. Este año vestía uno de esos trajes de gala que alguno identificaba como „repetición“ del que lució en otra inauguración de temporada. Todo bien. Si algo se le valora a Merkel fue la falta de presunción. No verse obligada a estrenar un vestido cada año formaba es parte de su perfil; nadie lo interpretaría como un menosprecio al anfitrión.

Todo estaba ahí, inalterable. Pero ajustando un poco más la vista se apreciaba alguna diferencia. A Merkel y a Sauer se les veía algo más sueltos. El catedrático esposo de pronto se permitía posar incluso con una esbelta mujer enfundada en un vestido rojo. Se habían desprendido del grupo formado por otras dos o tres personas más, Merkel incluida. Y se dejaban fotografiar por acompañantes o curiosos. Con Merkel en cancillería, eso habría generado comentarios entre la órbita mediática sensacionalista sobre el fin prematuro e inminente del matrimonio. Este tipo de rumores y los teóricos galanteos del marido a saber con quién llevaban tantos años circulando por los medios. Eran los equivalentes de la prensa del corazón a las sesudas columnas sobre de la famosa ‚Dämmerung‘, ocaso, con lo que convivió Merkel varias legislaturas, hasta que consideró llegado el momento de retirarse.

Fuera de la nueva ligereza con que Merkel afrontaba su condición de líder retirada, estaba claro que ese 2022 no era un año más. Scholz, el socialdemócrata robotizado de Hamburgo había abierto su primer año en el poder con una larga lista de desafíos para su recién formado tripartito con verdes y liberales como socios. La coalición ‚Ampel‘ o semáforo nació entre dudas sobre la capacidad de convivencia entre el aliado verde -el partido de la ministra de Exteriores, Annalena Baerbock, y el de Economía, Robert Habeck- y el liberal Christian Lindner, en Finanzas. A Scholz no se le reconocían los dotes de consenso que tuvo Merkel. Le correspondería conciliar las ambiciones medioambientales ecologistas con el afán de recortar gasto liberal.

„Hoy hemos despertado en otro mundo“, reconocía Baerbock el 22 de febrero. Ese día se cumplieron todas esas amenazas rusas de las que EEUU, Ucrania, los países bálticos o Polonia llevaban años alertando, pero que la Alemania de Merkel creyó se podían manejar. La invasión a gran escala de Ucrania había empezado. Imposible seguir pensando que Vladímir Putin era un líder ‚manejable“. La amistad de intereses entre Putin y el socialdemócrata Schröder había generado una Alemania energéticamente dependiente de Moscú. Tras su derrota ante Merkel, en 2005, Schröder protagonizó un episodio de puertas giratorias que le colocó en los consejos de empresas controladas por el Kremlin. El gasoducto Nord Stream era una de esas piezas. Merkel no solo había mantenido en pie el primero de los gasoductos heredados de la amistad entre Putin y Schröder, sino que selló la construcción del Nord Stream 2. Ni la anexión de la península de Crimea, en 2014, le hizo replantearse esa relación de dependencia

martes, 22 de noviembre de 2022

Vía Efe: sin piedad para el "Anillo" serial de Schwarz


lunes, 21 de noviembre de 2022

Via Efe y Avui: Un legado con goteras

De Merkel a Scholz: un año sin la jefa 

Gemma Casadevall

Berlín, 7 dic (EFE).- El 8 de diciembre de 2021, Angela Merkel se despidió del poder tras 16 años al frente de la potencia europea; al aparentemente armonioso relevo de entonces ha seguido un año en que Alemania ha expuesto unas debilidades heredadas, que contrastan con la teórica solidez pasada.

       El socialdemócrata Olaf Scholz, vicecanciller y ministro de Finanzas en la última gran coalición de la conservadora Merkel, asumió ese día el cargo en lo que parecía un ascenso de signo continuista entre dos líderes moderados aunque procedentes de familias políticas rivales.

Scholz había ganado las elecciones dos meses y medio atrás, había logrado armar sin grandes problemas un tripartito inédito a escala federal -entre socialdemócratas, verdes y liberales- y su relevo se ceñía a la lógica de la alternancia en el poder.

Antes de despedirse del cargo, Merkel había mantenido una última conversación telefónica con los líderes de EE.UU., Francia, Reino Unido e Italia -Joe Biden, Emmanuel Macron, Boris Johnson y Mario Draghi.

Los aliados occidentales expresaban, una vez más, su preocupación por los movimientos rusos junto a Ucrania, informó el portavoz de la aún canciller. Washington llevaba semanas alertando de los planes del presidente Vladímir Putin.

Scholz estaba dispuesto a dinamizar la llamada transición verde de la mano de un vicecanciller y ministro de Economía ecologista, Robert Habeck. El tercer socio, con el liberal Christian Lindner en Finanzas, vinculaba esa opción con impulsos para la industria del país.

UN EJÉRCITO DESFASADO 

La guerra de Ucrania desbarató todos estos planes. Scholz mantuvo el 24 de febrero la línea tibia hacia Moscú, tal como había hecho Merkel incluso tras la anexión de Crimea, en 2014. 

Tres días después, ante el Bundestag, anunciaba Scholz un paquete de inversiones de 100.000 euros para poner al día al Ejército alemán, tras décadas de recortes presupuestarios. Y rompía asimismo la norma de no suministrar armas a Ucrania para pasar a expresar el total apoyo al país agredido.

Los Verdes no solo respaldaban este cambio. Tanto Habeck como su correligionaria y ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, secundaban las reclamaciones de Kiev de un mayor apoyo, incluido con armamento pesado.

sábado, 20 de noviembre de 2021

2021 Wagner bajo la mascarilla


Foto @gemmacasa


Regreso al templo

+ Pelea de gallos, armonía verde y Scholz como vía continuista

+ Templin


El mismo palco de todos los veranos, los mismos protagonistas. Angela Merkel y Joachim Sauer, en la apertura de temporada de Bayreuth. Nosotros fotografiando con el Iphone. Pero nada era como siempre. Lo de menos era la ausencia de la alfombra roja, el aplazamiento a la temporada 2022 del siguiente "Anillo" o el uso obligatorio de la mascarilla. En el aire -político- se respiraba un nerviosismo inusual en Baviera. Merkel no se encaminaba a su siguiente reelección, porque como llevaba diciendo desde 2018 tras las generales de septiembre y en cuanto se formase el siguiente gobierno dejaba el cargo. Al bloque conservador no le quedaba otra que emanciparse de su máquina de ganar elecciones. No había fecha clara para el adiós definitivo, lo de formar gobierno puede demorar meses. En 2017 Merkel tardó hasta seis meses hasta lograr su última "groko". Pero el pánico se había apoderado de sus filas. Se vislumbraba la posibilidad de quedar apeados.

Bayreuth había superado el año de sequía absoluta o cierre por la covid. Reabría para vacunados, pacientes recuperados y todo aquel que presentara un test negativo -las 3G, por Geimpfte, Genesene y Getestet-. Cada uno, detrás de su mascarilla. Abolidos los servicios de guardarropía y la toilette del teatro, con gastronomía exterior y a de pie, para los entreactos y con el popular chiringuito vecino convertido en centro de test y registro previo donde presentar los correspondientes certificados de vacunación.

Habríamos aceptado cualquier condición a cambio de estar de nuevo ahí. Habíamos tenido un año largo para acostumbrarnos a respirar bajo la mascarilla. Y meses de cierre total de tiendas, bares, restaurantes, ocio, teatros, cines y todo aquello que hasta la llegada de la covid a Europa parecía esencial.

Bayreuth reabría con un "Holandés errante" dirigido por Oksana Lyniv, la primera mujer que tomaba la batuta en el templo. Katharina Wagner se había restablecido de la enfermedad cuyo nombre seguía sin revelarse, pero que había añadido incertidumbre sobre del futuro del festival, Merkel y Sauer estaban de nuevo en el palco, cada uno bajo su mascarilla. Y, por qué no admitirlo, la nueva normalidad derivada de la covid tenía un par de ventajas: aforo reducido significa menos público robándote el aire y la visibilidad, sobre todo a los que menos abultamos.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Vía Efe Laschet-Baerbock-Scholz, emergencia climática y Abgang

 Y Merkel pasó a excanciller

Gemma Casadevall




Berlín, 16 dic (EFE).- Alemania, pero también Europa, se despidieron este 2021 del liderazgo de Angela Merkel, una etapa de 16 años marcada por un estilo atípico de ejercer el poder, sacudida en su última etapa por la lucha contra la pandemia y que deja como asignatura pendiente de modernizar su país.
Merkel cumplió su compromiso de seguir en su puesto hasta la investidura de un sucesor. El 8 de diciembre la relevó el socialdemócrata Olaf Scholz, 5.860 días después de haberse convertido en la primera mujer que accedía a la Cancillería alemana. Era también la primera persona crecida en territorio comunista que lo lograba y la más joven entre sus antecesores, con 51 años.
Unas horas antes de la investidura de Scholz, Cancillería hacía público un comunicado sobre una última conversación entre Merkel con los líderes de EE.UU., Francia, Italia y el Reino Unido -Joe Biden, Emmanuel Macron, Mario Draghi y Boris Johnson- a propósito de los movimientos rusos junto a Ucrania.
El ucraniano es uno de los conflictos que no ha podido zanjar la líder que marcó la pauta en la crisis de la zona euro o ante la emergencia migratoria de 2015. A la primera de esas crisis respondió con la tenaza de la austeridad; a la segunda, manteniendo abiertas las fronteras a los refugiados cuando otros las cerraban.
La primera ola de la covid-19 la revalorizó como líder de referencia. La mostró como una política de formación científica y capacidad de análisis, mientras otros mandatarios daban bandazos. Pero ello no evitó a Alemania la furia de la segunda y la tercera olas; la cuarta sorprendió al país con cierto vacío de poder, entre una canciller en funciones y un sucesor que aún no funcionaba.
Su legado está por escribir, puesto que es la historia la que coloca a un político en su lugar. Pero parece indiscutible que esta líder, a la que tanto se criticó por lenta como por imparable, marcó un estilo de ejercer el poder, basado en el consenso y no en la confrontación.

LA LÍDER GLOBAL

Merkel no superó por diez días el récord de permanencia en el poder de Helmut Kohl (1982-1998). Dejó el cargo como la más longeva entre los líderes occidentales y a la que solo superó, en veteranía, uno de sus "ogros" internacionales, el ruso Vladímir Putin.
Representó al eje transtatlántico con cuatro líderes estadounidenses -George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump y Biden- y al franco-alemán con cuatro franceses -Jacques Chirac, Nicolas Sarzoky, François Hollande y Macron-; cuidó las relaciones con cinco británicos -Tony Blair, Gordon Brown, David Cameron, Theresa May y Johnson- y con tres españoles -José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez-.
La lista se eternizaría con Italia -ocho primeros ministros-. En su ronda de despedidas, a escala internacional o nacional, habrá acumulado más reconocimientos, títulos "honoris causa", premios o regalos de los que caben en ninguna estantería.

LA AGENDA ALEMANA

A la investidura de Scholz asistió desde la tribuna de visitantes del Bundestag, ya que tampoco optó al escaño de diputada que, desde 1990, tuvo por Stralsund, la ciudad del este alemán donde arrancó su carrera tras la caída del muro de Berlín.
Desde esa tribuna recibió la ovación de los diputados, con excepción de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), el partido al que el espectro parlamentario mantiene aislado.
Su último año como canciller ha sido duro. No solo por la pandemia, sino también por las devastadoras inundaciones con más de 180 muertos en el oeste del país. La catástrofe hizo patente los estragos de la emergencia climática y recordó el incumplimiento alemán de los objetivos de reducción de emisiones.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

2020 Perdidos en la pandemie


Foto @gemmacasa

Silencio en la verde colina


+ Merkel, revalorizada y con la sucesión aparcada


De pronto, el silencio. La pandemia nos cambió la vida a muchos. A otros se la arrancó. En Bayreuth se renunció a tratar de llevar adelante un programa alternativo, al aire libre, como sí hicieron otros. De pronto se impuso el silencio sobre un festival incuestionable en tiempos de paz, al que se acudía aunque diluviase o bajo olas de calor irrespirables. Los únicos visitantes de la verde colina en este verano bávaro fueron un puñado de "amigos", la Gesellschaft der Freunde von Bayreuth, la sociedad en que se juntan mecenas interesados o wagnerianos de todo el mundo. El teórico sostén de un festival al que a lo largo de su historia no faltaron ni los subsidios públicos ni los patrocinadores privados. 
Un grupito de esos Freunde, obviamente locales, se reunían por la mañana ante el teatro vacío, ocupaban un par de butacas, leían para los cuatro turistas que sabían del evento algún texto de las cartas de Richard o cualquier otro documento; se interpretaba alguna pieza o escuchaba algo grabado. Nada más. 
Éramos pocos los que nos habíamos animado, pese a todo, a acercanos a Bayreuth. Ni Angela Merkel ni su wagneriano esposo ni nadie de la plana mayor bávara estaba ahí. Habría sido una grave irresponsabilidad, en una clase política seguidora -pese a algún disenso- de la máxima de Merkel: precaución, no viajéis si no es imprescindible, menos aún hagáis turismo. Todo eso, pese a que Alemania había superado con más o menos buena nota la  primera oleada de la covid.  Italia y España confinaban a su población, en Nueva York se acumulaban los féretros, pero Alemania parecía algo menos vulnerable que otros países comparables. Mientras nuestras familias, en nuestro país de oriegen, relataban de sus "escapadas" a la calle para tirar la basura o pasear el perro, nosotros, los alemanes, no nos privábamos del paseo por el parque, incluso de a dos y copa de vino "to go" incorporada. 

La canciller había abierto el año con un cisma interno por el voto cómplice de su partido con la ultraderecha en Turingia, la región del este donde Alternativa para Alemania (AfD) seguía al líder de un ala más radicalizada, Björn Höcke. La bestia negra también para los llamados moderados del partido, capaz de escenificar una toma de poder (regional) con reminiscencias hitlerianas y al que sólo la Izquierda se atrevía a no estrechar la mano.

El cisma se llevó por delante a AKK, Annegret Kramp Karrenbauer, la leal pero débil sucesora a la que Merkel había querido colocar dirección a la Cancillería. Se reabría el pulso sucesorio por el legado de la líder global. Pero ni siquiera eso era ya tan imperativo como la lucha contra la covid-19.

Cualquier otra crisis parecía de pronto un asunto nimio. Aparcable. Merkel se revalorizaba ante los ciudadanos. Ya no se hablaba de su "Dämmerung", el ocaso, sino de líder de referencia que sabía explicar a sus ciudadanos qué era eso del aumento exponencial de infecciones, mientras el resto de líderes daba bandazos. Las redes sociales se llenaban de minutos de gloria de Merkel explicando, sin perder la calma, pero con toda claridad, la que se nos avecinaba.

Junio fue benigno aún. Alemania abrió alguna ventanita al turismo; tras meses de paseos en bici por el bosque reabrieron las piscinas. Pero Bayreuth no escenificó absolutamente nada. Katharina Wagner estaba de baja, enferma, sin que se supiera qué mal la aquejaba. Imposible preguntar. Pensar en voz alta, especular sobre un asunto privado era de mal tono. Viajar por Baviera no estaba vetado. Tampoco Bayreuth. Pero a qué acercarse a un templo wagneriano en silencio?