jueves, 23 de noviembre de 2023

Via Efe: Pablo Heras-Casado, las malditas gafas AR y el Tannhäuser LGTBI

Butacas vacías: Bayreuth y primeros síntomas de agotamiento


Probablemente Bayreuth sea, junto a Wacken, “lo más alemán” que ofrece en cuanto a festival el verano europeo. A Bayreuth, en Baviera, acude todos los años la elite wagneriana desde casi siglo y medio, del 25 de julio a finales de agosto. A Wacken, un idílico pueblecito del norte, se viaja en la primera semana de agosto a por el heavy metal puro. Son dos festivales de rituales diamentralmente opuestos -cierta etiqueta en el operístico; tatuajes, chalecos de cuero y demás estética heavy, en Wacken-. Pero son de algún modo identificables como representantes de la “alemanidad pura”, base del atractivo que les convierte en lugar de peregrinación anual para wagnerianos o heavys de todo el mundo.



Ambos festivales, el de ópera como el metálico, se vieron sacudidos este 2023 por tormentas torrenciales. En Wacken, una cuarta parte de sus 85.000 fieles se quedaron sin poder acceder al recinto, convertido en un barrizal. Los que lo lograron se pusieron de barro hasta las cejas. Pese a las dificultades, las entradas para 2024 se agotaron a las dos horas de abrirse su venta.

Butacas vacías

Al de Bayreuth llegó todo el mundo a su butaca… pero alguno se encontró con la sorpresa de que la de al lado estaba vacía. Que siguieran a la venta las entradas online para las sesiones del “Anillo del Nibelungo” llenó los comentarios de sus entreactos –de una hora de reloj, otra tradición de la casa-. Que esa siguiera siendo la situación hasta el cierre de la temporada, este 28 de agosto, causaba ya algo más que extrañeza. Hasta hace una década, Bayreuth presumía de unas listas de espera de hasta 15 años cada una de las casi 2.000 butacas del viejo teatro construido en 1872. Su temporada es corta y absolutamente codiciada. Con el paso a la venta online se aligeró un poco el suplicio de la espera. Pero seguían agotándose todos los contingentes.

La gerencia aumentó el precio de las entradas cerca de un 6 % --el nivel de la inflación media de 2022, explicó el festival-. Sigue siendo, sin embargo, más asequible que otros equivalentes –como Salzburg--, con localidades que van de los 350 a 210 euros, según categorías y piezas.

Wagner en 'formato Netflix'


Katharina Wagner, biznieta del compositor y directora del festival desde 2008 –primero en dirección colegiada con su hermanastra Eva Wagner-Pasquier y desde 2015 en solitario--, diseñó la temporada que ahora termina bajo el signo de la renovación. La abrió el “Parsifal” dirigido por Pablo Heras-Casado, el primer español que dirigía en el mítico foso de Bayreuth, después de que Plácido Domingo lo hiciera para la “Valquiria” en 2018.

Domingo escuchó algunos abucheos, mientras que Heras-Casado triunfó pese a que el concepto escénico de “Parsifal” fue todo lo contrario a exitoso. La ocurrencia de su artífice, Jay Scheid, de colocar a parte del público gafas de realidad aumentada –AR-- no gustó ni a los que las llevaban –uno de cada cinco-- ni a los que se quedaron sin ellas. Los primeros, porque la realidad virtual se convirtió en un estorbo; los segundos, por la sospecha de que tal vez se perdían algo. Al final no estaba claro si el privilegio consistía en disponer de las gafas AR o lo contrario.



Renovadores versus ortodoxos


Heras-Casado fue uno de los cinco maestros al frente de la orquesta de Bayreuth en esta temporada, todos ellos representantes de una generación de renovadores wagnerianos. Por primera vez en un cuarto de siglo no dirigía en la casa Christian Thielemann. La francesa Nathalie Stutzmann debutaba como el español en Bayreuth y se llevó una ovación de las que hacen historia al frente de “Tannhäuser”; el finlandés Pietari Inkinen brilló con el “Anillo”; la ucraniana Oksana Lyniv lo hizo con el “Holandés errante” y el alemán Markus Porschner con “Tristán e Isolda”.

La elección de los cinco maestros, entre ellos dos mujeres, fue un acierto. Katharina cumplió con el desafío de la renovación sin sacrificar la señal de identidad de festival, que es el culto en exclusiva a Wagner. Como viene siendo desde que el compositor levantó en esa ciudad de provincias bávara el teatro para sus óperas, financiado por el Rey Loco, Luis II de Baviera
.


¿Por qué entonces esas butacas vacías? Los huecos aquejaron sobre todo al “Anillo”, la producción en 'formato Netflix' de Valentin Schwarz que en su estreno en 2022 pasado desató atronadores abucheos. Este año las reacciones, aunque adversas, fueron menos virulentas. Las entradas online se ofrecían incluso por separado para cada una de las piezas de la tetralogía, sin necesidad de adquirir el paquete de cuatro, una blasfemia para la ortodoxia wagneriana.

El presupuesto se tambalea

Sobre Bayreuth planea la pregunta de si se agotó la fórmula de insistir únicamente en el repertorio de siempre. Katharina Wagner tiene pendiente la renovación de su contrato, que expira en 2025. Un año después se conmemorarán los 150 años de existencia del festival. Todo apuntaría a la continuidad. Pero las estructuras financieras cambiaron. Y también las sumisiones. Hasta ahora, el 'Land' de Baviera, junto con el Estado federal y la Sociedad de los Amigos de Bayreuth –que agrupa a mecenas-- tenía cada uno un 29 % de participación en el festival, lo que suponía una aportación de 3 millones de euros cada uno. El resto era competencia de la ciudad de Bayreuth.

A finales del año pasado, los mecenas anunciaron que reducían su parte. Baviera respondió subiendo la suya al 37 %, lo mismo que el Estado federal. Mientras que para el gobierno bávaro no hay dudas debe seguir a cargo “de un Wagner”, para la ministra de Cultura, la verde Claudia Roth, es el momento de cuestionarse esa sumisión. “Hay que mostrar valor e introducir cambios en las estructuras históricas de Bayreuth”, afirmó recientemente.

Que una ministra del gobierno federal trate de dictar las normas al tradicionalista festival sería una afrenta en otros tiempos. Pero Roth es tan bávara como Bayreuth. Los orígenes musicales de la ministra ecologista están más cerca del heavy que de la ópera -fue manager y novia de un miembro de una iconoclasta banda rock llamada Ton Steine Scherben-. Pero es asidua a Bayreuth desde mucho antes de entrar en el tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales de Olaf Scholz. Se puede permitir incidir en el debate. No es la más ilustre wagneriana del ámbito político alemán. Esta categoría está reservada a Angela Merkel, quien acudió al festival siendo la jefa de la oposición conservadora, en sus 16 años como canciller y tras retirarse del poder. Pero a Roth se la considera parte de la familia.

Su frase se interpretaba como el pre-anuncio de otra guerra de sucesión. Bayreuth ha estado siempre dirigido por algún descendiente de Wagner o cónyuge de éstos –como Winifred Wagner, esposa de Siegfried Wagner, británica y adoradora de Adolf Hitler--. Katharina protagonizó un duro pulso con sucesivos parientes por la sucesión de Wolfgang Wagner, su padre. Tiene ahora por delante la pugna por renovar, o no, su contrato.




 Katharina Wagner revitaliza la nómina de Bayreuth, de Heras-Casado a Stutzmann

Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 29 jul (EFE).- El Festival Richard Wagner ha revitalizado su nómina de maestros con dos debutantes en Bayreuth, Pablo Heras-Casado y Nathalie Stutzmann, exponente de la renovación imprimida a la empresa familiar bajo la directora y biznieta del compositor, Katharina Wagner.

La presente temporada era la primera en un cuarto de siglo sin la batuta de Christian Thielemann, quien ascendió a director titular de Bayreuth tras colocarse al frente del festival la heredera de los Wagner, en 2008.

Thielemann dejó el puesto la pasada temporada y en la "verde colina" se temía cierto vacío ante la apuesta de Katharina por directores más jóvenes, con experiencia wagneriana probada, pero sin el sello de "consagrados" en Bayreuth.

No se cumplieron esos pronósticos. El español Heras-Casado escuchó bravos el pasado martes con "Parsifal", la última ópera que compuso Wagner. Era el primer español que dirigía una gala inaugural en los casi 150 años de historia del festival.

El "Tannhäuser" dirigido por la francesa Stutzmann escuchó este viernes 20 minutos de frenéticas ovaciones, en una de esas raras ocasiones en Bayreuth en que todo fueron aplausos. Para la batuta, para las voces -Klaus Florian Vogt, Elisabeth Teige y Ekaterina Gubanova- ni la producción. 

Stutzmann es la segunda mujer que dirige en Bayreuth, tras la incorporación en 2021 de la ucraniana Oksaka Lyniv, quien esta temporada vuelve con su "Holandés Errante".

El "Tannhäuser" creado por Tobias Kratzer y estrenado en 2019 es una de las mejores producciones que se han visto en Bayreuth en años, plagada de genialidades escénicas, divertida, intensa y hasta oportuna, con inclusión de drones y tributo al colectivo LGTBI.

A Heras-Casado le tocó lidiar en su "Parsifal" con la puesta en escena concebida por el estadounidense Jay Scheid. La incorporación de lo virtual a través de las gafas de Realidad Ampliada -AR- fue recibida más como un estorbo que como una aportación, además del enojo previo surgido del hecho de que solo había ejemplares para 330 butacas, del total de cerca de 2.000 asistentes.

En Bayreuth, lo que en una temporada no encaja tiene su segunda oportunidad a la siguiente. Este es el caso del "Anillo del Nibelungo" estrenado en 2022 por Valentin Schwarz, con Cornelius Meister a la batuta, que entonces desató tempestades de abucheos.

Las dos primeras piezas de la tetralogía representadas hasta este sábado marcaron la reconciliación con Bayreuth. Tanto "El Oro del Rin" como "La Valquíria", fueron recibidos con aplausos, a la espera de lo que ocurra en las siguientes funciones con "Sigfrido" y "El crepúsculo de los dioses". 

Schwarz ha ajustado unas cuantas tuercas a la versión de la tetralogía, planteada como un serial tipo "Netflix". La batuta la lleva ahora el finlandés Pietari Inkinen.


La media de edad entre los cinco maestros de la temporada -a Heras-Casado, Stutzmann, Lyniv y Inkinen se le suma el alemán Markus Porschner con el "Tristán e Isolda"- está sobre los 48 años. Todos ellos representan la revitalización del universo wagneriano, con permiso de los consagrados.

Algo de renovación se percibió también en el desfile de visitantes para la apertura de la temporada en esta ciudad de provincias bávara donde Wagner construyó el teatro ideal para sus óperas. 

La ex-canciller Angela Merkel y su esposo, el catedrático Joachim Sauer, siguen teniendo rango de amigos de la casa. Ambos acudían a Bayreuth antes incluso del acceso al poder de la política, que siguió visitándolo en sus 16 años en la Cancillería y continúa haciéndolo tras su retirada.

Pero ahora la atención mediática -y el palco junto al primer ministro bávaro, Markus Söder- fue para la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. No era su primer año en Bayreuth, ya que estuvo ahí en 2018, siendo ministra de Defensa de Merkel y cuando aún se barajaba como posible sucesora de la líder alemana. EFE

gc

(foto)





Heras-Casado triunfa en Bayreuth con un "Parsifal" acosado por lo virtual

 Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- El director español Pablo Heras-Casado triunfó este martes en el Festival de Ópera de Bayreuth con un "Parsifal" que introdujo en el templo wagneriano la realidad virtual, elemento que dejó sensación de acoso, hasta que finalmente se impuso la música sobre lo discordante. 

El maestro granadino, primer director español invitado que se coloca ante la orquesta para la apertura del festival, escuchó bravos del estricto público de la "verde colina"; las voces de Andreas Schager -Parsifal-, Elina Garanca -Kundry- y Derek Welton -Amfortas- cosecharon las más cerradas ovaciones. 

Menos fortuna tuvo el equipo escénico liderado por el estadounidense Jay Scheid, artífice de la introducción en Bayreuth de la virtualidad a través de las gafas de realidad aumentada -AR- que recibieron unos 330 de los alrededor de 2.000 asistentes a la gala. 

Lo que teóricamente era un privilegio -es decir, estar entre los que sí percibieron las gafas- acabó siendo perturbador. Sobre la sobria escenografía diseñada por Scheid irrumpen a través de esas gafas todo tipo de elementos volantes, desde estrellas a flores, mariposas, calaveras, basura plástica o chatarra electrónica, según el estado de ánimo o momento a definir del poema épico wagneriano.

Mientras sobre el escenario discurre una producción más o menos convencional, sin alardes innovadores, a través de las AR se suceden incendios u otras formas de destrucción alternados con momentos de placidez, en torno a la búsqueda del Santo Grial. 

Especialmente el primer acto resultó decepcionante en su escenografía y, aunque mejoró a partir del segundo, fueron bastantes los usuarios de las AR que optaron por utilizarlas solo a ratos, mientras que quienes no disponían de estas tuvieron que conformarse con la parquedad escénica. 

Por razones técnicas y presupuestarias, el festival wagneriano había adquirido solo las mencionadas 330 unidades, lo que de por sí implicaba dejar a una mayoría fuera del ingenio técnico que tantos comentarios previos había acaparado.  

Las gafas AR eran apenas un "complemento", había comentado Heras-Casado a EFE, en un encuentro previo al estreno. Como todo el mundo sabe, añadió el maestro, desde los técnicos a los artistas, en Bayreuth lo único primordial es la música de Wagner. 

Había expectación en torno al debut de Heras-Casado (Granada, 1977) en el templo wagneriano. El director, una de cuyas peculiaridades es que no usa la batuta, sino que dirige con sus manos, es el primer español que dirige una nueva producción en los más de 150 años de historia del festival.  

"Parsifal", estrenada en 1882, es la última de las óperas compuestas por Wagner y la única concebida expresamente para ser representada en Bayreuth.  

Las entradas para cada una de las funciones de esta pieza estaban agotadas, algo que no ocurre, por ejemplo, con el "Anillo del Nibelungo" de Valentin Schwarz, que el año pasado en su estreno desató una tormenta de duras críticas y abucheos con su interpretación en formato "Netflix" de la tetralogía. 

En la apertura de la presente temporada hubo también tormenta, pero meteorológica. Justo con la llegada de los invitados al teatro, encabezados por el primer ministro de Baviera, Markus Söder, cayó un aguacero, entre despliegue de truenos y relámpagos sobre la verde colina. 

Junto a Söder asistían a la apertura la plana mayor de la clase política bávara, algunos ministros del Gobierno de Olaf Scholz, así como la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y la excanciller Angela Merkel, asidua al festival desde hace más de veinte años. 

Heras-Casado, cuya primera experiencia con Wagner fue con "El holandés errante" estrenado en el Teatro Real de Madrid en 2016, es uno de los nombres innovadores incorporados al festival por su directora, la biznieta del compositor Katharina Wagner.  

Le seguirán en los próximos días Nathalie Stutzmann, quien debuta en el festival bávaro con "Tannhäuser", la ucraniana Oksana Lyniv, quien repone "El holandés errante", y el finlandés Pietari Inkinen, al frente del "Anillo" de Schwarz. 

Es la primera temporada desde hace 25 años sin el alemán Christian Thielemann, a quien Katharina Wagner convirtió en director titular de Bayreuth, pero que el año pasado dejó la verde colina wagneriana. EFE 

gc/szg 




Heras-Casado, ante el foso mística y con las gafas AR como "complemento" (entrevista)

Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- El director español Pablo Heras-Casado abre la temporada del Festival de Ópera de Bayreuth desde el "foso místico" del teatro construido por designio de Richard Wagner y con un "Parsifal" que incorpora la realidad virtual como "complemento".

     "Es una prueba de fuego por la que sabía que tenía que pasar, en un lugar muy particular en el que tienes que reinventarte. Hasta que no estás aquí no tienes la clave", explicó a EFE el maestro, ante la apertura esta noche del festival.

Heras-Casado (Granada, 1977) se ha preparado a consciencia para el momento. Es el primer español que inaugura una temporada del templo wagneriano, en la ciudad bávara donde el compositor levantó su teatro. 

El único precedente fue Plácido Domingo, quien dirigió en 2018 una reposición de "La Valquiria", a modo de invitado especial. 

"He estado en el foso oyendo a otros colegas para conocerlo y tener una sensación previa. Pero hasta que no diriges desde aquí no sabes lo que es", admite, en relación al foso de la orquesta en las entrañas del teatro. 

La experiencia es "mágica", ya que se consigue una "acústica imposible e increíble". "Me gusta muchísimo este hábitat", concluye, para recalcar que "Parsifal" fue la única ópera compuesta por Wagner para ser interpretada precisamente ahí.

"Pierre Boulez decía que cómo puede ser que hoy día no se reproduzca esa técnica", recuerda respecto al francés, quién en 1976 puso en escena el legendario "Anillo del Nibelungo" con Patrice Chéreau en Bayreuth. "Pero también está bien que sea el único lugar donde se preserva esa magia", añade.

La génesis de "Parsifal", última ópera de Wagner estrenada en 1882, fue larga. "Lo tuvo en mente mucho tiempo hasta que empezó su composición", recuerda Heras-Casado. 

Su dificultad específica consiste en que contiene "muchas texturas, en tiempos muy pausados, dentro de una pieza muy extensa, muy mística y con un tapiz sonoro de infinitos colores".

El maestro llega a Bayreuth invitado por la directora y biznieta del compositor, Katharina Wagner, a raíz de su trabajo en el Teatro Real de Madrid, donde estrenó el "Anillo" en cuatro años, uno para cada pieza.

Comparte temporada con dos batutas femeninas, la de la francesa Nathalie Stutzmann, quien debuta en Bayreuth con "Tannhäuser", y la ucraniana Oksana Lyniv, quien repone "El holandés errante".

Los tres, junto con Pietari Inkinen, al frente del "Anillo" de Valentin Schwarz estrenado el año pasado, representan una generación renovadora en ese festival.

"Con todos los respetos hacia (Christian) Thielemann, el festival y Wagner son mucho más que cualquier nombre", argumenta Heras-Casado en relación a la ausencia del director alemán, quien fue titular de Bayreuth hasta el año pasado. 

"Todo festival tiene en algún momento que mirar hacia delante", añade, para alabar el talante de Katharina Wagner, quien en su gestión ha tenido que "vencer muchas resistencias", incluido "el peso de la tradición".

El "Parsifal" es su nueva incursión en Wagner, tras el "Holandés Errante" estrenado en 2016 en el Real de Madrid -"mi cuna wagneriana", dice- y el "Anillo" que dirigió ahí desde 2018.  

Aplica al poema épico que Wagner situó en el norte medieval de España los aires de su Granada natal. "Cada artista, cuando se relaciona con otro entorno, lleva inconcientemente parte de su vida, en cada gesto, en cada aproximación", explica.

Su incorporación no podía ser otra que la Alhambra, "el fabuloso palacio" que tiene enfrente de su casa granadina. Es su referente, por mucho que actualmente su existencia discurra entre Berlín, Viena, Roma, Bayreuth y otros escenarios.

El otro elemento de la producción, obra del estadounidense Jay Scheib, son las gafas de realidad aumentada -AR-, que el festival pone a disposición de 330 de las 2.000 entradas por cada función y que extienden lo que ocurre en escena con imágenes virtuales.

"Son un complemento y una apuesta del festival. Está bien abrirse a nuevas tecnologías, con talante progresista e innovador", argumenta Heras-Casado. 

Las gafas AR son el elemento más comentado ante la apertura, aunque "como todos sabemos, desde los artistas y técnicos a Katharina Wagner, aquí todo gira en torno a la música de Wagner", concluye. EFE

gc/egw/ig

(foto)



Bayreuth se vuelca en "Parsifal", sea popular o elitista

 Gemma Casadevall


Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- El Festival Richard Wagner de Bayreuth se vuelca en "Parsifal", tanto en la apertura de su elitista temporada como en conciertos al aire libre y gratuitos, en su ciclo para el público infantil o un elemento acaparador de comentarios: las gafas de realidad virtual aumentada AR.

     Al director español Pablo Heras-Casado le corresponde el honor de inaugurar la temporada con el "Parsifal" ideado por el estadounidense Jay Scheid, que incorpora esa realidad virtual complementaria y también algunas complejidades técnicas.

Los 330 privilegiados cuya entrada incluye las AR deben pasar antes por los mostradores donde se adapta cada ejemplar a sus características -sea correctivo óptico, para quien precisa gafas, o forma de la nariz, para asegurar un asentamiento óptimo del aparato.

Los restantes entre los 2.200 asistentes que verán la función sin esas gafas no deben considerarse "espectadores de segunda", explicó a EFE Heras-Casado, previo al estreno. Como todo el mundo sabe, desde los técnicos a los artistas, en Bayreuth lo único primordial es la música de Wagner; la AR es apenas un complemento.

La expectación ante el estreno es alta, también en lo musical. Heras Casado (Granada, 1977) es el primer español que dirige una nueva producción en los más de 150 años de historia del festival. "Parsifal", estrenada en 1882, es la última de las óperas compuestas por Wagner y la única concebida expresamente para ser representada en Bayreuth, recordó a EFE el maestro español. 

Las entradas para cada una de las funciones de esta pieza están agotadas, algo que no ocurre, por ejemplo, con la reposición del "Anillo del Nibelungo" de Valentin Schwarz. La gerencia del festival incrementó este año el precio de las entradas en un 6 % -más o menos el nivel de la inflación-, pero tal vez éste no sea el único factor disuasorio para la tetralogía, sino las duras críticas y los abucheos que cosechó el año pasado en su estreno Schwarz con su ciclo en formato "Netflix".

Previo a la inauguración de la temporada, que de acuerdo a la tradición de la casa tiene lugar el 25 de julio, hubo un concierto al aire libre, en las praderas y jardines que envuelven el teatro construido en la verde colina de Bayreuth entre 1872 y 1876, de acuerdo a las instrucciones del genial compositor y con el mecenazgo del rey Luis II de Baviera, el llamado "Rey Loco".

También ahí el protagonista fue "Parsifal", con Markus Poschner a la batuta, aunque en este caso se limitó a la apertura de la ópera. Siguió el concierto con un programa popular que combinó George Gerschwin, Aerosmith, piezas de Verdi y de Strauss, entre centenares de asistentes sentados en la hierba a modo de picnic o en sillas plegables acarreadas desde casa. 

La fórmula de conciertos al aire libre es una de las novedades implantadas por la biznieta del compositor y directora del festival desde 2008, Katharina Wagner, primero con su hermanastra Eva Wagner-Pasquier y desde  2015 en solitario. También lo es el ciclo de óperas adaptadas al público infantil -niños entre 8 y 12 años-, que este año programa un "Parsifal" dirigido por Azis Sadikovic.

La ecuación entre el tradicionalismo de un festival volcado en exclusiva al culto a Wagner y la necesidad de innovar es el sello de identidad de Katharina. Junto a la incorporación de ingenios técnicos, como las gafas AR, su búsqueda se plasma en la incorporación de nuevos nombres a su elenco.

Heras-Casado, quien sitúa su cuna wagneriana en el Teatro Real de Madrid, donde dirigió "El holandés errante" en 2014 y luego "El Anillo", a partir de 2018, es una de esas bazas innovadoras. Le acompañará Nathalie Stutzmann, quien debuta en Bayreuth con "Tannhäuser", la ucraniana Oksana Lyniv, quien repone "El holandés errante", y el finlandés Pietari Inkinen, al frente del "Anillo" de Schwarz.

Es la primera temporada desde hace 25 años sin el alemán Christian Thielemann, a quien Katharina Wagner convirtió en director titular de Bayreuth, pero que el año pasado dejó la verde colina wagneriana. EFE

gc/egw/ig

(foto)(video)

Bayreuth espera un "Parsifal" virtual, con Heras-Casado debutando entre la elite

Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 24 jul (EFE).- El Festival Richard Wagner de Bayreuth aguarda con expectación la apertura de su temporada con el estreno, mañana, de un "Parsifal" amplificado virtualmente y con el maestro español Pablo Heras-Casado al frente de la orquesta del elitista templo wagneriano.


 Heras-Casado (Granada, 1977) será el primer español que dirige un estreno en Bayreuth, ya que el único precedente en los más de 150 años de historia serían las galas de Plácido Domingo a la batuta de una reposición de "La Valquiria", en 2018, a modo de ilustre invitado.

Al director granadino le avala su experiencia wagneriana -debutó con el repertorio del compositor alemán en 2016 con "El holandés errante"- para asumir luego la ambiciosa tetralogía del "Anillo del Nibelungo" en el Teatro Real de Madrid, a razón de una pieza por temporada y a partir de 2018.

El "Parsifal" que dirigirá es la obra elegida para abrir la temporada, con el estadounidense Jay Scheib como responsable de la dirección escénica que, en realidad, solo "verán" en su totalidad 330 de los 2000 espectadores de sus siete galas.

La recreación del poema épico en torno a Amfortas y la búsqueda del Santo Grial, la última de las óperas compuestas por Wagner, incorpora el uso de gafas de Realidad Aumentada -AR-, que permiten al espectador asistir a los ingenios virtuales creados por Scheib.

El experimento entraña algunas dificultades. Las AR no pueden acoplarse a otro tipo de gafas correctivas, de modo que quienes las necesitan deben proveerse de lentillas o haber encargado al adquirir su entrada las correspondientes de Realidad Aumentada con su graduación óptica.

La idea inicial era disponer de al menos 2.000 gafas de AR, pero por razones de producción -y de presupuesto- se redujo a las 330, explicaron fuentes del fesstival.

Scheib, quien en 2021 estuvo ya en Bayreuth al frente del proyecto artístico asimismo virtual llamado "Sei Siefgried", ha mantenido su idea, pese a esas restricciones y a la posible decepción que pueda provocar en quienes no tengan acceso al paquete completo. 

Bayreuth cumplirá, sin embargo, con el propósito de la directora del festival y biznieta del compositor, Katharina Wagner, de presentar producciones innovadoras y arriesgadas, también en lo escénico.

La incorporación de Heras-Casado en la dirección musical responde asimismo al compromiso de la descendiente de Richard Wagner con la incorporación de nombres nuevos en un festival que ha tenido a lo largo de su historia las batutas más reconocidas del universo wagneriano.

"Parsifal", estrenada por Wagner en 1882, 25 años después de haber empezado a trabajar en esa idea, es además la ópera elegida por Katharina para su ciclo destinado al público infantil, "Wagner para niños", adaptada a un público de chicos entre 8 y 12 años.

Compartirán la temporada oficial o adulta con el maestro granadino la francesa Nathalie Stutzmann, quien asimismo debuta en Bayreuth al frente del "Tannhäuser", y la ucraniana Oksana Lyniv, quien regresa con la reposición de "El holandés errante".

Tendrá su segunda oportunidad además el "Anillo" estrenado el año pasado por Valentin Schwarz, quien se ganó las furias del público wagneriano con su interpretación de la tetralogía con aires de serie de "Netflix".

Los atronadores abucheos y malas críticas cosechadas en 2022 tal vez sean el motivo por el que este año Bayreuth no ha agotado las localidades del "Anillo", algo insólito en la casa. Ni siquiera ofreciéndolas pieza a pieza, y no solo en el paquete completo de sus cuatro piezas, algo que hasta hace poco era casi una blasfemia en Bayreuth.

Para la apertura de la temporada, este martes, se espera la asistencia de reconocidos wagnerianos, que año a año visitan la ciudad de provincias bávara donde Wagner mandó construir su teatro. Entre ellos, la excanciller Angela Merkel, asidua al festival tanto siendo líder de la oposición como en sus 16 años en el poder y tras su retirada, en 2021. 

También ha anunciado su presencia la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien además asistirá a un consejo de ministros del Gobierno de Baviera, en plena precampaña para la reelección de su primer ministro regional, Markus Söder. EFE 

gc/jam/pi