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miércoles, 29 de julio de 2026

Thielemann al rescate

 Bayreuth experimenta con la IA para un 'Anillo' sin alma escénica





Un momento de la ópera 'El oro del Rin', con las imágenes elaboradas con IA de fondo, en el Festival de Bayreuth. / Enrico Nawrath / Bayreuth

 Gemma Casadevall     Bayreuth (Alemania)29 JUL 2026 

La pregunta de "warum?" -"¿por qué?"- recorrió Bayreuth con el estreno de 'El Oro del Rin', la primera pieza del 'Anillo del Nibelungo', y se amplificó con 'La Valkiria', la siguiente. Por qué recurrir a la Inteligencia Artificial para substituir a la dirección escénica y a la dramaturgia; por qué el juego de imágenes generadas por la "máquina" de Marcus Lobbes, el responsable de ese concepto técnico, opaca a los solistas, y por qué se optó por ahorrar en el 150 aniversario del Festival de Ópera Richard Wagner. Aparentemente, el imperativo del ahorro es una de las razones que decidió a Katharina Wagner, la biznieta del compositor y directora del festival, a optar por la IA. De algún modo debía compensar el enorme coste que ha acarreado la producción de 'Rienzi', sugiere el portal 'BR Klassik', de la radiotelevisión pública de Baviera.

De "imágenes burbujeantes de un potaje de verduras" califica ese portal lo visto de la tetralogía de Wagner. Otros medios de referencia, como el muniqués diario 'Süddeutsche Zeitung' sintetiza en el término "warum" el desconcierto creado por la producción. Y hay coincidencia general en que Christian Thielemann salvó en lo musical, y con creces, el estreno de ese 'Anillo' en que los solistas como Michael Volle, Klaus Florian Vogt, Elza van der Heever o Camilla Nylund fueron aclamados, pese a que más de uno tuvo dificultados en distinguirlos desde su butaca.

Un momento de la ópera 'El oro del Rin', con las imágenes elaboradas con IA de fondo, en el Festival de Bayreuth. / Enrico Nawrath / Bayreuth

Las imágenes aleatorias generadas por IA surgen en cascada y se diluyen sobre sus figuras o incluso las tapas parcialmente. El vestuario diseñado por Pia Maria Mackert les unifica a modo de aves con plumajes cenicientos. Puestos a prescindir de dramaturgia, también se suprimen los acercamientos entre ellos, salvo alguna ténue excepción. En lugar de ver a las poderosas valquirias encaramándose por las estructuras que suele brindar Bayreuth, se asiste al canto de estos y demás personajes convertidos en seres estáticos.

La batuta salvadora

Thielemann brilló, como no podía ser de otra forma en el 'maestro' wagneriano por excelencia. A los solistas se les aclamó con esas ovaciones de compensación que en Bayreuth se brinda cuando se espera con las uñas fuera al equipo escénico. Hasta ahora, no han aparecido a saludar sus responsables, algo que en Bayreuth no sorprende. Se les espera tras la pieza final del ciclo, 'El crepúsculo de los dioses', que se estrena el próximo sábado.



Un momento de la ópera 'La Valkiria', con las imágenes elaboradas con IA de fondo, en el Festival de Bayreuth. / Enrico Nawrath / Bayreuth

El concepto de Lobbes era más interesante que su resultado. Se trataba de desnudar el escenario para proyectar en su lugar imágenes programadas en tiempo real y rescatadas de producciones estrenadas en los 150 años de historia del festival. Es decir, desde el primer ‘Anillo’ dirigido por Richard Wagner en 1876 a la actualidad. Incluyen desde partituras a imágenes de archivos, grabaciones recientes y otros documentos. Pero también surgen imágenes inconexas de anillos olímpicos o símbolos nazis. Teniendo en cuenta que la IA 'aprende' mientras trabaja, no es descartable su éxito en el futuro, pero no en el presente.

La incorporación de nuevas tecnologías es una seña de identidad de Katharina Wagner desde que en 2008 le transfirió la dirección Wolfgang Wagner, su padre y artífice de la revitalización de Bayreuth en la posguerra. El anterior experimento fueron unas gafas de realidad virtual incorporadas en el 'Parsifal' estrenado en 2023, con Pablo Heras-Casado en la dirección musical. Resultaron un elemento más bien engorroso, pero de uso opcional. Y también ahí correspondió al maestro compensar en lo musical el malestar provocado por ese complemento. El 'Parsifal' se repone esta temporada con Heras-Casado consolidado como wagneriano incuestionable.

Con o sin IA, que una producción no convenza en su estreno no es extraño en Bayreuth. Ni siquiera el legendario ‘Anillo del siglo’, la estrenado por Patrice Chérau en 1976, se libró de las iras iniciales. Al de Frank Castorf le persiguieron los abucheos en sus cuatro temporadas, de 2013 a 2017. Y el estrenado por Valentin Schwarz en 2022 desató atronadoras broncas. En todos esos casos, las voces y la dirección salvaron la papeleta.

El contrapunto histórico en 15 minutos

El experimento de la IA tiene otro ingenio visual mucho más exitoso sin salir de Bayreuth. En la Casa Wahnfried, la antigua residencia de los Wagner, se proyecta todas las noches, en tres turnos, una videoinstalación que recorre en 15 minutos la tortuosa historia del festival. Es un complemento visual del museo que ahora es la Casa Wahnfried, donde se documenta los años en que señoreó por el festival Adolf Hitler y su rehabilitación posterior.

Detenerse ante el museo por la noche, tras asistir a alguna de las óperas, es un ritual o invitación a la reflexión sobre el pasado, el presente y el futuro de Bayreuth. La técnica del video aplicada a Wagner tiene ya mucho más rodaje que la IA. La máquina de Lobbes simplemente está aprendiendo.

martes, 28 de julio de 2026

Ni Hitler ni el Anillo son lo que eran


El triomf de ‘Rienzi’ i l’ensopegada amb la IA




Gemma C. Serra
Bayreuth (Alemanya)

No tot el que es rela­ci­ona amb la inno­vació porta a l’èxit. Kat­ha­rina Wag­ner, bes­neta de Ric­hard Wag­ner, ho ha pogut com­pro­var en només dos dies del Fes­ti­val d’Òpera de Bay­reuth, el tem­ple més wag­nerià del món. Tren­car el cànon esta­blert pel besavi i estre­nar Rienzi a Bay­reuth, el fes­ti­val que Kat­ha­rina diri­geix des del 2008, va ser un encert rodó. La batuta de Nat­ha­lie Stutz­mann i un con­cepte que cap­gira l’òpera pre­fe­rida d’Adolf Hit­ler per mos­trar l’enfon­sa­ment d’un tirà, van tenir una aco­llida apoteòsica.

L’estrena de Rienzi va tren­car esque­mes en posi­tiu. La creu de la moneda va venir l’endemà, amb un L’or del Rin que tre­pit­java el ter­reny perillós de la intel·ligència arti­fi­cial (IA). Com s’acos­tuma a dir, la IA aporta avan­tat­ges inqüesti­o­na­bles. Però abu­sar-ne és perillós i, a més, des­tru­eix llocs de feina. Això és el que va pas­sar amb aquesta pri­mera peça de l’Anell del Nibe­lung. Caldrà espe­rar a La Valquíria, Sig­frid i el Cre­pus­cle dels déus per extreure’n un balanç fia­ble. Per a la pri­mera etapa es pot par­lar d’enso­pe­gada, tot i que musi­cal­ment Chris­tian Thi­e­le­mann va sal­var la nit amb una de les seves lliçons de domini sobre les par­ti­tu­res de Wag­ner.

El Rienzi d’Ale­xan­dra Sze­me­redy i Mag­dolna Par­dikta, dues joves escenògra­fes, i el dra­ma­turg Markus Kie­sel, va convéncer tant l’ortodòxia wag­ne­ri­ana com els reno­va­dors. Bay­reuth espe­rava la incor­po­ració d’aquesta òpera en el 150è ani­ver­sari del fes­ti­val. Era arris­cat fer-ho perquè l’obra està con­ta­mi­nada per l’ombra de Hit­ler. El resul­tat és exac­ta­ment el con­trari dels “valors” que hi va veure el dic­ta­dor nazi. Es tras­llada l’ascens del líder que sedu­eix les mas­ses al món actual, on un trum­pista pot apro­piar-se i des­truir la democràcia. 

La lluita pel poder del segle XVI de Wag­ner se situa en la soci­e­tat d’avui, entre ciu­ta­dans hip­no­tit­zats pel telèfon mòbil i Par­la­ments con­ver­tits en apa­ra­dors de la fri­vo­li­tat política. Una estrena excel·lent, que Kat­ha­rina Wag­ner va acom­pa­nyar de dues gales prèvies, dis­cur­sos i refle­xi­ons sobre els vin­cles del fes­ti­val amb el nazisme i l’anti­se­mi­tisme vis­ce­ral de Ric­hard Wag­ner. Bay­reuth va ento­nar un “no a l’anti­se­mi­tisme” amb el can­ce­ller Fri­e­drich Merz i una figura des­ta­cada de la comu­ni­tat jueva, Mic­hel Fri­ed­mann. El fes­ti­val bavarès no s’amaga de la seva història, sinó que hi refle­xi­ona i adver­teix sobre la ultra­dreta emer­gent d’avui.

Thi­e­le­mann va sal­var la pri­mera etapa de l’Anell. Però la incor­po­ració d’imat­ges gene­ra­des amb IA va impe­dir veure el que pas­sava sobre l’esce­nari. Els solis­tes sem­bla­ven esta­qui­rots que des­a­pa­rei­xien enmig de l’ús abu­siu d’imat­ges incon­ne­xes. El res­pon­sa­ble escènic, Mar­cus Lob­bes, ha pres­cin­dit de dra­matúrgies o de fer interac­tuar els seus solis­tes. Des de la butaca resul­tava difícil dis­tin­gir les filles del Rin del Wotan que inter­preta Mic­hael Volle o l’Albe­rich de Joc­hen Sch­mecken­ber­ger. Segu­ra­ment surt més barata la IA que les tra­mo­ies con­ven­ci­o­nals. Pot­ser és la raó que va fer deci­dir a Bay­reuth incor­po­rar l’expe­ri­ment, després de tirar la casa per la fines­tra per Rienzi.

sábado, 25 de julio de 2026

La Crònica, con ò

 El temple wagnerià amb sobrepés històric



Magdolna Parditka i Alexandra Szemerédy, codirectores de ‘Rienzi’, amb Markus Kiesel, que s’ha encarregat de la dramatúrgia BAYREUTH FESTIVAL.


La pri­mera des­fi­lada de la tem­po­rada cap al “turó verd”, com s’ano­mena la mun­ta­nyeta de Bay­reuth on va plan­tar el seu tea­tre Ric­hard Wag­ner, serà aquest cop un pas­seig per pre­su­mir, veure i ser vist. Contrària­ment a la tra­dició, la tem­po­rada del Fes­ti­val Ric­hard Wag­ner no s’obre aquest 25 de juliol amb música d’aquest com­po­si­tor, sinó amb la Novena de Beet­ho­ven.

L’elit política ale­ma­nya i els wag­ne­ri­ans d’arreu del món tin­dran així una ober­tura musi­cal­ment més lleu­ge­reta, en con­trast amb el que els espera després. Diu­menge s’hi estrena Rienzi, diri­gida per Mag­dolna Par­ditka i Ale­xan­dra Sze­merédy en la part escènica i Susanne Stutz­mann en la musi­cal, una òpera que fins ara no s’havia repre­sen­tat al fes­ti­val i que va ser la pre­fe­rida d’Adolf Hit­ler. A par­tir del dilluns es des­ple­garà el secret més ben guar­dat d’aquest fes­ti­val, que cele­bra el seu 150 ani­ver­sari: un Anell del Nibe­lung amb imat­ges gene­ra­des amb intel·ligència arti­fi­cial, sota la direcció escènica de Mar­cus Lob­bes i diri­gida per Chris­tian Thi­e­le­mann, la màxima batuta de l’uni­vers wag­nerià actual.

L’ortodòxia ja tre­mola i recorda el dar­rer expe­ri­ment quant a inno­va­ci­ons tècni­ques: el Par­si­fal estre­nat el 2023 de Jay Sheib i amb Pablo Heras-Casado a la direcció. S’hi incor­po­ra­ven unes ulle­res de rea­li­tat vir­tual que, per sort, no eren d’ús pre­cep­tiu, sinó opci­o­nal. L’ocurrència de Sheib va ser aco­llida amb més quei­xes que entu­si­asme. Els anys següents es van lli­mar asprors. Heras-Casado s’ha con­so­li­dat dins l’eli­tista nòmina de la casa. Ara hi torna, tant per a la repo­sició de Par­si­fal com per als dos con­certs gratuïts a l’aire lliure.

jueves, 23 de julio de 2026

Y van 150


Bayreuth cumple 150 años entre un hitleriano 'Rienzi' y el perdón judío



El Bayreuther Festspiele, el principal teatro de la localidad bávara. / Enrico Nawrath
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 Gemma Casadevall    Bayreuth23 JUL 2026 15:55

Apostar por lo fácil nunca fue una opción para Katharina Wagner. En su concepto de perpetuar en Bayreuth el culto a su bisabuelo, Richard Wagner, confluyen ciertas dosis de provocación con el ansia renovadora y, por qué no, el 'morbo' de la sombra de Adolf Hitler sobre el templo que atrea a wagnerianos de todo el mundo.

Para el 150 aniversario del Festival de Ópera fundado en esa ciudad de provincias bávara por el compositor, apoyado en el mecenazgo de Luis II de Baviera, el Rey Loco, Katharina optó por transgredir varias normas de la casa. La apertura oficial de la temporada será, como todos los años, el 25 de julio, pero no con Wagner, sino con la Novena Sinfonía de Beethoven. La primera ópera wagneriana que surgirá de su mítico foso para la orquesta, el día 26, no será ninguna de las piezas estipuladas por el bisabuelo para ser representadas ahí. Será 'Rienzi', la preferida por Adolf Hitler para los congresos de su partido nazi en Núremberg.

Katharina Wagner, bisnieta del compositor y directora del Festival de Bayreuth. / EPC

"Es, sin duda, una obra contaminada. Hay muchos elementos en 'Rienzi' que la vinculan con el nacionalsocialismo. Pero hay muchos otros significados a examinar. Volvemos sobre la obra para analizarlos de nuevo", explicaba al diario Merkur Alexandra Szemerédy, directora escénica de la producción junto con Magdolna Parditka, dos debutantes en Bayreuth.

martes, 22 de noviembre de 2022

Vía Efe: sin piedad para el "Anillo" serial de Schwarz


lunes, 21 de noviembre de 2022

Via Efe y Avui: Un legado con goteras

De Merkel a Scholz: un año sin la jefa 

Gemma Casadevall

Berlín, 7 dic (EFE).- El 8 de diciembre de 2021, Angela Merkel se despidió del poder tras 16 años al frente de la potencia europea; al aparentemente armonioso relevo de entonces ha seguido un año en que Alemania ha expuesto unas debilidades heredadas, que contrastan con la teórica solidez pasada.

       El socialdemócrata Olaf Scholz, vicecanciller y ministro de Finanzas en la última gran coalición de la conservadora Merkel, asumió ese día el cargo en lo que parecía un ascenso de signo continuista entre dos líderes moderados aunque procedentes de familias políticas rivales.

Scholz había ganado las elecciones dos meses y medio atrás, había logrado armar sin grandes problemas un tripartito inédito a escala federal -entre socialdemócratas, verdes y liberales- y su relevo se ceñía a la lógica de la alternancia en el poder.

Antes de despedirse del cargo, Merkel había mantenido una última conversación telefónica con los líderes de EE.UU., Francia, Reino Unido e Italia -Joe Biden, Emmanuel Macron, Boris Johnson y Mario Draghi.

Los aliados occidentales expresaban, una vez más, su preocupación por los movimientos rusos junto a Ucrania, informó el portavoz de la aún canciller. Washington llevaba semanas alertando de los planes del presidente Vladímir Putin.

Scholz estaba dispuesto a dinamizar la llamada transición verde de la mano de un vicecanciller y ministro de Economía ecologista, Robert Habeck. El tercer socio, con el liberal Christian Lindner en Finanzas, vinculaba esa opción con impulsos para la industria del país.

UN EJÉRCITO DESFASADO 

La guerra de Ucrania desbarató todos estos planes. Scholz mantuvo el 24 de febrero la línea tibia hacia Moscú, tal como había hecho Merkel incluso tras la anexión de Crimea, en 2014. 

Tres días después, ante el Bundestag, anunciaba Scholz un paquete de inversiones de 100.000 euros para poner al día al Ejército alemán, tras décadas de recortes presupuestarios. Y rompía asimismo la norma de no suministrar armas a Ucrania para pasar a expresar el total apoyo al país agredido.

Los Verdes no solo respaldaban este cambio. Tanto Habeck como su correligionaria y ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, secundaban las reclamaciones de Kiev de un mayor apoyo, incluido con armamento pesado.

martes, 4 de noviembre de 2014

2014 Tintorería

Foto David Ebener, dpa

La Bundeskanzlerin del Maracaná

+ adiós, Guido

Se perdió Angela Merkel en Brasil festejando el Mundial conquistado por Alemania? O fue en su fiesta de cumpleaños? Lo primero ocurrió el 13 de julio, en Maracaná. Un único gol de Götze, frente al cero Argentino, dio a la "Mannschaft" la Copa del Mundo. Lo segundo ocurrió el 17 de julio, como todos los años. Solo que esta vez era aniversario redondo. La canciller cumplía 60.

Foto Image Action

El caso es que Bayreuth se quedó ese año sin su visitante más globalizada para una apertura sin estreno y, encima, salpicada por una avería técnica que obligó al desalojo del teatro. Una media hora, lo suficiente desatar los augurios de una "Dämmerung" en Bayreuth. En el templo de Richard cuesta digerir todo lo que queda fuera de programa. Algo así se encajaba como una blasfemia. 
Tal vez ahí el propio festival respiró de pronto aliviado por el perfil bajo. Evacuar el palco de la canciller habría desatado urgentes en las agencias de prensa. 

La agenda de la canciller justificaba sobradamente la ausencia. Había sido de nuevo la "Cosima de los estadios". Los mandamases futbolísticos habían tenido que tragarse una vez más el júbilo de la intrusa. Merkel había vibrado con la Mannschaft de Joachim Löw desde el graderío brasileño y descendiendo luego a los vestuarios para llevarse con ella una de esas fotos que todos quisiéramos tener. Merkel, rodeada de campeones del mundo recién salidos de la ducha. De ahí se fue a una cumbre climática a Perú, a continuación vino una de esas cumbres de la Unión Europea (UE) donde aparentemente sin la jefa nada funciona. Y celebró los 60 con una sesión casi académica en la Konrad Adenauer Haus, la sede de su partido.
Foto Alliance dpa

No, Merkel no acudía ese año a abrir Bayreuth. El festival abría, también como todos los años, el 25 de julio. No incluía ningún estreno esa temporada. Una buena canciller aprieta, pero no ahoga. No castigaría Bayreuth con su ausencia absoluta. Pero se reservó una aparición ya entrado el festival, para alguna de las piezas del conocido "Anillo" de Frank Castorf. Como si quisiera demostrar que no le guardaba rencor a la producción del dramaturgo berlinés, enredado ese año en una controversia interna con las herederas Wagner, Katharina y Eva.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Vía Efe. Un Mundial, un cumpleaños, una avería, un obituario

Castorf: "Si vuelven a hacerme esto no vuelvo más"

Foto Stephanie Lehmann


Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 26 jul (EFE).- El director teatral Frank Castorf acudió al Festival Richard Wagner envuelto en la polémica tras acusar de injerencia al certamen, pero aparentemente dispuesto a una tregua ante el reestreno de su "Anillo del Nibelungo".

"Mi abogado hablaba de poner una denuncia por la vía de urgencia. Seguramente sería rechazada, pero los procesos más hermosos son aquellos que se pierden", comentaba a Efe el dramaturgo, relajado y como de paseo por la Verde Colina que rodea al teatro fundado por Wagner en Bayreuth, donde mañana se repondrá "El Oro del Rhin".
"La verdad es que ahora mismo no veo una necesidad imperiosa de hacerlo. Pero si vuelven a hacerme algo así no vuelvo más por aquí", añadía Castorf, de 63 años, y por segunda temporada consecutiva en el elitista festival de esa ciudad bávara.
El dramaturgo y director general de la Volksbühne -el Teatro del Pueblo del antiguo sector este de Berlín- alude a la controversia desatada por lo que considera injerencia de Katharina Wagner, codirectora del festival junto a su hermana Eva Wagner-Pasquier.
Más concretamente, a la exclusión de su elenco del solista Martin Winkler -el Alberich de la temporada pasada-, sin su consentimiento, más la pretensión de imprimir algunos retoques a su "Anillo", profusamente abucheado por el público de Bayreuth en su estreno.
"Winkler se comprometió con pasión con mi proyecto", apunta, para insistir que no aceptará tijeretazos. "Si pretenden que mi obra es suya, deben llevarla adelante sin mí. A ver qué ocurre", añade.

lunes, 4 de noviembre de 2013

2013 Imbatible, global, de azul

Foto Daniel Karmann dpa

Un "Anillo" al baño maría

+ Reelección, adiós liberal, rentrée Steinmeier


Qué se pone una cuándo se sabe que se avanza hacia la siguiente reelección. Sin querer parecer prepotente, pero irradiendo optimismo. Algo azul, favorecedor, alegre, veraniego. 

Bayreuth no era etapa fácil. A 38 grados, fuera, que podían sentirse como 50 dentro, especialmente a los que se nos reserva butaca en las hileras centrales, las de la prensa. Alemania celebraba ese el bicentenario del nacimiento de Richard. Daniel Barenboim seguía sin volver a la colina y lo celebró en Berlín. La sobrina rebelde, la proscrita Nike, lo hizo desde Leipzig.

Era un año especial para todos. Bayreuth abrió con la reposición de un llevadero "Holandés", el del año anterior. Pero luego vendría el estreno de un "Anillo del Nibelungo", hito operístico del año. Lo firmaba Frank Castorf, que obviamente buscaría escandalizarnos. Con o sin provocación sumaría veinte horas de tetralogía y sus correspondientes entreactos de una hora. La única garantía de supervivencia era la batuta de Kirill Petrenko. 

Castorf cumplió. Colocó torres petroleras, estrellas soviéticas, puticlubs y cocodrilos folladores en el "Anillo". Público y solistas sucumbían al baño maría. Las últimas fuerzas tras cada una de las piezas se reservaron a ovacionar a Petrenko y despedazar a Castorf. Todo en orden.

La verde colina se asfixiaba también. Era uno de esos veranos en que en Alemania, ese país donde a los extranjeros nos parece que siempre llueve y demasiado, se disparan las alarmas por el cambio climático y se habla de pertinaz sequía. 

Cuando se estrena un "Anillo" acudir a Bayreuth es inexcusable. Son al menos seis jornadas -sumando apertura más la jornada de tregua que suele intercalar el festival en la tetralogía-. Da tiempo para varias visitas al Kreuzsteinbad, la magnífica piscina que recuerda a todo berlinés que Baviera juega en otra liga. Y para revisitar parques, jardines, exposiciones, museos, incluido el del vecino a la Wahnfriedhaus, el afrancesado Jean Paul.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Vía Efe (I), Las Wagner, Castorf y el berlinés Barenboim

El vaso medio lleno, medio vacío, de las herederas Wagner

Gemma Casadevall

Foto @gemmacasa
Bayreuth (Alemania), 1 ago (EFE).- El "Anillo del Nibelungo" de Frank Castorf cosechó algo más que los abucheos rituales del tradicionalista Festival de Bayreuth, algo que salpica a las hermanas Katharina Wagner y Eva Wagner-Pasquier al frente de una empresa volcada al culto a su bisabuelo.
Bronca atronadora, anoche, con el "Ocaso de los dioses", en un teatro cuya fachada amenaza ruina y con el vecino Museo Richard Wagner a merced de las grúas, en vías de ampliación: estos fueron los puntos feos más visibles del 102 Festival de Ópera de Bayreuth.
Nada que ver con lo que se espera de un edición del certamen programado como plato fuerte del bicentenario del nacimiento del compositor, cuya música es tan venerada por unos como odiada por otros pero al que se considera cumbre del germanismo operístico.
La temporada se abrió el 25 de julio con una reposición del "Holandés errante" de Jan Philipp Gloger abucheado en su estreno, en 2012, y mejor asimilada en su segunda temporada en cartel.
Luego llegó Castorf con un "Anillo" efectista, en el que el director berlinés pretendió trazar un viaje planetario por la lucha por el poder y la corrupción, trasladada al oro negro, el petróleo.
La producción recibió la primera tanda de abucheos con "El Oro del Rin", luego "La Valkiria" calmó algo las aguas, para desatarse la siguiente tempestad con un grotesco "Sigfrido" con kalashnikov y cerrarse el ciclo en bronca atronadora, con el "Ocaso".
Castorf, que no había salido a saludar hasta entonces, lo encajó con arrogancia, desafiando los abucheos del templo wagneriano desde el escenario entre gestos de "no habéis entendido nada".

jueves, 1 de noviembre de 2012

Vía Efe. Vuelve Kohl, Hollande asume y Tsipras desafía


Kohl y Schäuble, aniversario entre fuego amigo

Gemma Casadevall
Foto dpa
Berlín, 25 sep (EFE).- El excanciller Helmut Kohl se reencontró hoy con la democracia cristiana alemana, en el 30 aniversario de su llegada al poder, y en ausencia de Wolfgang Schäuble, el exdelfín que dejó de hablarle por el escándalo de la financiación irregular en sus filas.
El patriarca de la Unión Cristianodemócrata Alemana (CDU) pisó por primera vez en diez años la sala del grupo parlamentario conservador, entre ovaciones de los presentes, encabezados por la canciller, Angela Merkel.
"Estoy de nuevo aquí, esta es mi casa", dijo el político, de 82 años, en el primer gran acto de los previstos en el aniversario del 1 de octubre de 1982 en que se convirtió canciller de Alemania, al que seguirá el jueves un homenaje en la Fundación Konrad Adenauer.
Entre los diputados presentes no estaba Schäuble -actual ministro de Finanzas-, lo que no hubiera dado pie a mayores comentarios -participaba en Helsinki en un foro sobre el euro-, si no fuera porque la cita se había programado como una oportunidad para cerrar el capítulo de "fuego amigo" entre ambos.

lunes, 4 de noviembre de 2002

2002 Desayuno con Karin y Edmund Stoiber


Un quimono, una renuncia y el diluvio

+ El imbatible impermeable de Schröder



La temporada 2002 parecía pre-cocinada para el máximo morbo político. El canciller Gerhard Schröder, un socialdemócrata más de fútbol y curriwurst que de Wagner, había anunciado su visita. La asistencia de Angela Merkel, líder de la oposición, se daba por descontada, lo mismo que la del líder bávaro, Edmund Stoiber, así como la del jefe del grupo parlamentario conservador, Friedrich Merz, enemigo interno de casi todo el mundo, tal vez incluso de sí mismo.

Se estaba en pre-campaña. A Schröder se le esperaba en Bayreuth porque su amigo Jürgen Flimm le había invitado a ver su “Anillo”. A Merkel, porque para entonces formaba parte ya del desfile anual de wagnerianos de todos los años. A Stoiber, en tanto que máximo líder bávaro y, además, candidato a derrotar a Schröder en las elecciones del 22 de septiembre. A Merz, por ser Merz.

La aparatosa dimisión del ministro de Defensa Rudolf Scharping apeó a última hora a Schröder del conjunto. Scharping se había convertido en una incomodidad persistente para el canciller. Un año atrás había rozado ya el barranco a raíz de un reportaje del ministro y su novia, la condesa Kristina Pilati. Aparecían haciéndose carantoñas como dos adolescentes en una piscina de Mallorca mientras en Berlín se hablaba de mandar tropas a Macedonia. Ahora el problema no eran ya los chapuzones del socialdemócrata con la aristócrata, sino unos engorrosos honorarios cobrados por dar unas conferencias como ministro.

Schröder, que en esa primera legislatura había despedido ya a siete ministros, fulminó a Scharping. Faltaban dos meses para las generales y tenía los sondeos en contra. Canceló su visita a Bayreuth mientras achicaba las aguas de la tormenta política.

Los focos de Bayreuth se plantaron en Merkel y Stoiber. La líder conservadora se había saltado sus hábitos monocromáticos y se presentó con una especie de quimono multicolor. Una prenda arriesgada, por expresarlo en términos diplomáticos, más teniendo en cuenta que en la colina la recibiría la esbelta Karin Stoiber, impecable como siempre y acorde a los cánones bávaros.

El quimono de Merkel no era un desafío, sino una muestra de su proverbial sangre fría o tal vez un amuleto. Llevó esa misma pieza en 1994, entonces como ministra de Kohl y entonces con su "compañero sentimental", el profesor Sauer. Me gusta pensar que ese fue su primer año en Bayreuth, probablemente porque también fue el de mi primera ascensión al templo.
Foto: red

Envuelta en su emblemático quimono, Merkel llevaba en ese julio de 2002 cinco meses respaldando plenamente a Stoiber como candidato del bloque conservador a la Cancillería. Todo el mundo sabía que al respaldo pleno actual había precedido una conjura contra ella de los hombres fuertes del partido y finalmente su renuncia. Simplemente, nadie la creía capaz de imponerse al animal político teóricamente superior que era Schröder.

El año se había abierto con una especie de encerrona masculina en la cúpula de la CDU, simplificada en los medios bajo el término de “golpe” contra Merkel.

El 6 de enero, la líder de la CDU aún afirmaba públicamente que quería ser ella quien luchase por recuperar la Cancillería para los conservadores en las generales de ese año; el 11 de enero acudió a un desayuno privado que luego los cronistas y biógrafos de referencia calificarían de legendario. Fue en Wolfratshausen, la casa familiar de los Stoiber. Merkel salió de ahí con los ojos llorosos, según algunos medios; con aplomo, según otros. Renunció a su derecho más o menos natural a luchar por la candidatura, a cambio de que lo hiciera el líder de su hermanada Unión Socialcristiana bávara (CSU). 

Aparentemente, a Stoiber sí le consideraban los hombres de la CDU capacitado para ganar a Schröder. Aparentemente, nadie o casi nadie atendió a la voz de otro que reclamaba para sí el puesto, Merz. Tan de la CDU como Merkel, pero hombre y por tanto capaz de derrotar al animal socialdemócrata teóricamente superior.

sábado, 4 de noviembre de 2000

2000, La segunda mujer más feliz de Bayreuth


Presidenta

+ Schäuble, el soldado roto

Foto: alliance dpa
Por fin, un “Anillo”. El primero al que se asiste en el Bayreuth es la reválida para todo aspirante a wagneriano. 2000, estreno de la tetralogía en el templo, con Jürgen Flimm al frente de la producción y Giuseppe Sinopoli a la batuta.

Ni lo uno ni lo otro habrían justificado para mis patronos el dispendio que supone seis días de hotel en Bayreuth, más dietas, etc. Son cuatro las piezas, pero en medio suele programarse un día de “descanso”, lo que junto a la jornada previa acaba sumando seis pernoctaciones. Sin duda un detalle del festival al sector hotelero de esa ciudad de provincias bávara que todos los años, por cuatro semanas y media, se convierte en punto de peregrinación global.

Sí justificaba el viaje la presencia de un Sigmundo llamado Plácido Domingo. Era de cobertura obligada para un medio español, que acabó en jugada perfecta. En lo personal, porque la Siglinda de Sigmundo Domingo era Waltraud Meier, la más excelsa mezzosoprano a la que se puede aspirar en Bayreuth. La hija predilecta del festival. 

Desde el periodístico, porque tras un par de llamadas el manager de Domingo me organizó una entrevista con el tenor.

El déspota Wotan acababa de matar a Sigmundo; el tenor español no tenía nada mejor que hacer hasta el fin de su "Walkiria", por lo que dedicó cortesmente al medio español un espacio de tiempo en ese entreacto. Acudió a la cita aún enfundado en su traje, el pelo revuelto, entre cenizas y abriendo un seductor abrazo en dirección a la maravillada periodista.

Nada de lo que le explicó era relevante. Las frases comunes de esas situaciones. “Mi personaje es un héroe trágico, perseguido por el sufrimiento, cuya vida acaba justamente cuando encuentra la felicidad, cuando tiene a la mujer que ama y conoce, finalmente, a su padre”. Este tipo de cosas. Alabanzas a la “maravillosa” producción de Flimm, a la batuta de Sinopoli y, obviamente, a Meier. 

Sobre el escenario, la pareja desplegaba sensualidad, pasión y voz. A Domingo solo le quedaba esperar la ovación final tras el último acto, razón por la cual no iba a desprenderse del traje de Sigmundo ni de las cenizas del pelo para un encuentro con la periodista estratégicamente colocado en una salita de ensayos del teatro.

La entrevista no sería gran cosa. Pero el mero hecho de tenerla era superar la reválida con sobresaliente. Era, por lo demás, la segunda ocasión que veía a Domingo aclamado en Bayreuth. La primera fue en 1995, en el "Parsifal" de Wolfgang Wagner y Sinopoli. Mi segundo ascenso al templo, donde el simple  hecho de tener, por fin, una entrada era ya un triunfo. Ahora a ese privilegio se había incluido el de la entrevista y un estrecho abrazo del astro entre bambalinas, como se suele decir en esa terminología algo cursi cultural cuando no sabe uno exactamente como definir el lugar.

Podía dedicar las restantes jornadas a dejarme llevar por un experimentado colega alemán a los sitios ritualizados para los entreactos. En el primero se subía al "Freiluftbad", el chiringuito y solarium, a 100 metros del teatro, tras uno de los aparcamientos. Gente etiquetada, periodistas o público selecto hacían cola entre los vecinos de Bayreuth en bermudas para comerse una salchicha. 

Para el segundo descanso se iba al rústico “Mohren Blau”, colina abajo. Otro sitio donde tomarse una cerveza sin arruinarse, mientras nuevos ricos o ricos de verdad se reparten por los restaurantes oficiales vecinos, principalmente el Steigenberger. La entrevistadora de Sigmundo Domingo era ese año la mujer más afortunada de Bayreuth.

Felicidad entre lobos


La segunda mujer con razones suficientes para sentirse afortunada era Angela Merkel. Seguía siendo un cuerpo extraño, tanto en política como en Bayreuth. No encajaba en la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Konrad Adenauer o Helmut Kohl. Tampoco en el templo wagneriano de Wolgang Wagner y la elite bávara. Pero se había apuntado el primer hito histórico. 1999 se cerró para ella y su partido con la ya incónica columna en la “FAZ” reclamando la “emancipación” del partido de Kohl, el coloso caído en descrédito. 2000 se había abierto con la confesión en la televisión pública, la ARD, del delfín del anterior, Wolfgang Schäuble. Reconocía haber sido el receptor de un donativo del comerciante de armas Karlheinz Schreiber, la pieza clave en ese entramado de donantes anónimos de Kohl. Aceptaba así explícitamente haber mentido ante el Bundestag, donde unos meses antes había sostenido lo contrario. Una semana después de la confesión, la cúpula de la CDU pedía a Kohl que dejara en suspenso la presidencia de honor mientras no diera la lista de sus donantes. A las pocas horas, el patriarca renunciaba al último cargo que se había autootorgado, pensando que adornaría su jubilación z convencido de que su presencia siempre sería imprescindible.

miércoles, 1 de noviembre de 2000

Vía Efe: Entreacto con Domingo y otras dos

Foto: Schott Music

Domingo y Flimm humanizan los mitos del "Anillo"

Por Gemma Casadevall


Bayreuth (Alemania), 28 jul (EFE).- Plácido Domingo triunfó ante el público wagneriano con una interpretación de "La Walkiria" más humana y cercana al mundo presente, de acuerdo a la versión de "El Anillo del Nibelungo" que presenta en Bayreuth Jürgen Flimm.
La segunda pieza de la tetralogía de Richard Wagner ratificó la noche del jueves el éxito que tuvo "El oro del Rhin", el día antes, y gratificó al auditorio bayreuthiano con la voz del tenor español, que reaparecía en el festival bávaro tras cinco años de ausencia.
Acompañado por Waltraud Meier, en el papel de Siglinda, y con Alan Titus, en el de Wotan, Domingo moldeó un sensible Sigmundo, con aires poco "wagnerianos" -en el sentido dogmático de la palabra-, que tocó la fibra del templo operístico alemán.
"El secreto de esta nueva producción está en Flimm, un hombre de teatro, que trabaja con los intérpretes desde una perspectiva muy sensible. Con él, desaparece el gesto exagerado "a la antigua" y se impone la cercanía humana", manifestó a EFE el tenor, al término de su interpretación y aún envuelto en su traje de Sigmundo.