lunes, 21 de noviembre de 2022

Via Efe y Avui: Un legado con goteras

De Merkel a Scholz: un año sin la jefa 

Gemma Casadevall

Berlín, 7 dic (EFE).- El 8 de diciembre de 2021, Angela Merkel se despidió del poder tras 16 años al frente de la potencia europea; al aparentemente armonioso relevo de entonces ha seguido un año en que Alemania ha expuesto unas debilidades heredadas, que contrastan con la teórica solidez pasada.

       El socialdemócrata Olaf Scholz, vicecanciller y ministro de Finanzas en la última gran coalición de la conservadora Merkel, asumió ese día el cargo en lo que parecía un ascenso de signo continuista entre dos líderes moderados aunque procedentes de familias políticas rivales.

Scholz había ganado las elecciones dos meses y medio atrás, había logrado armar sin grandes problemas un tripartito inédito a escala federal -entre socialdemócratas, verdes y liberales- y su relevo se ceñía a la lógica de la alternancia en el poder.

Antes de despedirse del cargo, Merkel había mantenido una última conversación telefónica con los líderes de EE.UU., Francia, Reino Unido e Italia -Joe Biden, Emmanuel Macron, Boris Johnson y Mario Draghi.

Los aliados occidentales expresaban, una vez más, su preocupación por los movimientos rusos junto a Ucrania, informó el portavoz de la aún canciller. Washington llevaba semanas alertando de los planes del presidente Vladímir Putin.

Scholz estaba dispuesto a dinamizar la llamada transición verde de la mano de un vicecanciller y ministro de Economía ecologista, Robert Habeck. El tercer socio, con el liberal Christian Lindner en Finanzas, vinculaba esa opción con impulsos para la industria del país.

UN EJÉRCITO DESFASADO 

La guerra de Ucrania desbarató todos estos planes. Scholz mantuvo el 24 de febrero la línea tibia hacia Moscú, tal como había hecho Merkel incluso tras la anexión de Crimea, en 2014. 

Tres días después, ante el Bundestag, anunciaba Scholz un paquete de inversiones de 100.000 euros para poner al día al Ejército alemán, tras décadas de recortes presupuestarios. Y rompía asimismo la norma de no suministrar armas a Ucrania para pasar a expresar el total apoyo al país agredido.

Los Verdes no solo respaldaban este cambio. Tanto Habeck como su correligionaria y ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, secundaban las reclamaciones de Kiev de un mayor apoyo, incluido con armamento pesado.


Tanto Habeck como Baerbock venían alertando contra Putin desde sus tiempos de líderes en la oposición. La titular de Exteriores había asumido el cargo determinada a imprimirle un sello propio y de dar un giro crítico a las relaciones con Moscú y Pekín.

LA HIPOTECA DEL GAS 

La auténtica sacudida vino también por esos días de febrero, cuando Scholz decidió suspender la licencia para el recién terminado Nord Stream, el segundo de los gasoductos nacidos en 2005 de la alianza de intereses entre Putin y el socialdemócrata Gerhard Schröder.

El primero entró en funcionamiento en 2011, con Merkel en el poder. La agresión a Crimea no detuvo la construcción del segundo. Ambos fueron la pieza clave en la dependencia energética de Alemania.

Habeck aparcó su revolución verde y tuvo que concentrarse en la búsqueda de alternativas al petróleo, el carbón y sobre todo el gas ruso, incluido en territorio prohibido para su partido, como es Catar.

El puntal de la solidez alemana -la energía barata- se revelaba como una trampa. La primera potencia pedía "solidaridad" de sus socios europeos ante una crisis energética precipitada por la guerra, pero originada con anterioridad. 


A los 100.000 millones de euros anunciados para Defensa siguieron paquetes de hasta 200.000 millones de ayudas al ciudadano y a las empresas para paliar los precios disparados de la energía.

Habeck ha aplazado aspiraciones históricas de su partido -como el adiós a la energía nuclear, aunque en este caso solo por unos meses-. El liberal Lindner tampoco ha podido emprender la senda de la estabilidad presupuestaria.

EL LEGADO 

Merkel se había retirado como líder de referencia, pero la guerra de Putin también ha desbaratado su balance. Se le reprocha ahora su línea de "consentimiento" hacia Putin y no haber enmendado a tiempo la dependencia energética.

Las lagunas en Alemania -en el ejército, en la digitalización o incluso en su red ferroviaria, la más impuntual de Europa- no son atribuibles al equipo actual, sino que son atrasos acumulados de sus predecesores, como viene recordando Habeck. EFE

gc/jam/ah





Alerta en el Nord Stream per sospites de sabotatge




Elmau recibe el G7, de nuevo sin Putin y volcado en Zelenski

Gemma Casadevall 

Elmau (Alemania), 25 jun (EFE).- El castillo y hotel de lujo de Elmau, en Baviera, recibe este domingo por segunda vez una cumbre del G7, de nuevo sin el presidente ruso, Vladímir Putin, junto a los líderes de las grandes potencias y volcado en la Ucrania de Volodímir Zelenski.
Siete años después de la cita de los poderosos, a 1.000 metros de altura y entonces con la alemana Angela Merkel y el estadounidense Barack Obama como líderes de referencia, Elmau vuelve a acorazarse para una cumbre donde el tema dominante es la guerra.
No es probable que se produzcan mediáticos desayunos al sol, como el protagonizado por Merkel y Obama, entre cervezas, risas, salchichas y trajes bávaros, en un pueblecito junto a la frontera austríaca. Ni Joe Biden ni Olaf Scholz son dados a estas expansiones ni la situación global lo permite.
La cumbre de 2015 fue ya la primera, tras la larga serie del llamado G8 -es decir, con Rusia- en que ese país había quedado apeado del club. A la anexión de Crimea, en 2014, siguió la exclusión de Rusia, aunque seguían en pie muchos puentes con el Kremlin.
La invasión rusa a Ucrania rompió ahora la baraja: Berlín acusa a Moscú no solo de la brutal agresión bélica al país vecino, sino también de usar como arma de guerra su gas y el trigo ucraniano bloqueado.
"Hay en el G7 una cohesión nunca vista a favor de apoyar a Ucrania", afirmaban estos días fuentes gubernamentales alemanas, ante la nueva cita entre los líderes de Estados Unidos, Canadá, Japón, Reino Unido, Francia e Italia, además de Alemania, que ejerce la presidencia de turno del grupo.

 
EL DESAFÍO ENERGÉTICO

La primera jornada estará marcada por la bilateral entre Biden y Scholz, tras las habituales fotos de familia y plenarios. A Zelenski se le reservará un papel protagonista el lunes, con una intervención virtual.
"Elmau está en una cumbre. No moveremos montañas, pero adoptaremos decisiones", afirmaba Scholz este sábado, en un videomensaje a sus conciudadanos.
Los nuevos aportes armamentísticos o financieros no es lo único que estará sobre la mesa. El G7 abordará los estragos económicos de la guerra, la inflación y las alarmas activadas en potencias con alto grado de dependencia energética respecto a Rusia, como es Alemania.

EL COMBATE CLIMÁTICO

Scholz aspira a dar un impulso decisivo a su denominado "Club del Clima", que deben integrar una serie de países de forma voluntaria, lo que el canciller espera se traduzca en una adhesión de amplio espectro.
El objetivo común debe ser avanzar tanto hacia la descarbonización, como a unos mecanismos de asociación con los países más pobres; es decir, los que más sufren las consecuencias de la crisis climática.
Todo ello, con el peligro a que quede aparcado un combate que no puede esperar, como es el climático. Alemania está replanteándose el calendario del adiós al carbón, algo doloroso para el socio verde del gobierno de Scholz, pero aparentemente irremediable, ante la reducción drástica de los suministros de Rusia.
 
LA CRISIS ALIMENTARIA

Cada una de las últimas cumbres del G7 incluyó gestos hacia África. Esta vez, el G7 se reúne bajo la advertencia alemana de que la agresión a Ucrania puede abocar a la mayor hambruna global desde la II Guerra Mundial.
Hasta el inicio de la invasión rusa, el 24 de febrero pasado, Ucrania exportaba mensualmente cinco millones de toneladas de grano. Las exportaciones del llamado "granero del mundo" bajaron en marzo a 350.000 toneladas. Tras el avance ruso sobre el Donbás y hacia el mar Negro, el G7 busca alternativas para que Rusia no bloquee la salida de ese trigo.

ARGENTINA, REPRESENTANTE DE AMÉRICA LATINA

Alemania ha invitado a este G7 bajo su presidencia a los líderes de cinco países de gran relevancia, tanto energética como en la búsqueda de materias primas. Se trata de India, Indonesia, Senegal, Sudáfrica y Argentina, representante de toda América Latina y el Caribe.
La presencia argentina se acabó de concretar con la visita a Berlín de su presidente, Alberto Fernández, el pasado mes de mayo. En su reunión con Scholz se abordaron las posibilidades de cooperación en materia energética y en el desarrollo de las renovables.
Scholz agradeció entonces la "posición clara" de Argentina respecto a la guerra en la asamblea general de la ONU. Tres de esos cinco invitados a Elmau -India, Sudáfrica y Senegal- se abstuvieron en cambio en la votación de la resolución condenatoria a Rusia.

LAS PROTESTAS

Elmau fue ya una fortaleza en la cumbre de 2015. El dispositivo policial diseñado para preservar a los líderes de las manifestaciones de protesta funcionó perfectamente. Todo lo contrario a la anterior cumbre alemana, en 2007 y en Heiligendamm (norte), cuando miles de manifestantes pusieron en jaque a las fuerzas de seguridad, mientras Merkel, George W. Bush y, entonces sí, Putin, hablaban de temas globales.
Desde hace una semana hay controles puntuales en las fronteras, los alrededores del castillo están vallados en un radio de varios kilómetros y el grueso del personal y medios acreditados seguirán el discurrir del G7 desde Garmisch-Partenkirchen, a 20 kilómetros de Elmau.
Para este sábado hay convocada una gran manifestación en Múnich de colectivos contra la crisis climática, antiglobalización y otras organizaciones. El domingo empezarán los intentos de burlar la vigilancia y acceder al castillo. O, al menos, de llegar lo más cerca posible. EFE 




Zelenski  alerta a Berlín de un "nuevo muro" y reclama liderazgo a Scholz

Gemma Casadevall

Berlín, 17 mar (EFE).- El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, alertó hoy ante el Bundestag (Parlamento alemán) sobre un nuevo muro "entre libertad y falta de libertad" que recorre Europa y reclamó al canciller Olaf Scholz capacidad de liderazgo para "derribarlo", en lugar de priorizar "la economía".
"Dele a Alemania el liderazgo que merece para que las generaciones futuras puedan estar orgullosas de ustedes. Apoye nuestra libertad, apoye a Ucrania, detenga esta guerra, ayúdenos a detenerla", clamó el líder ucraniano, en una intervención virtual ante el plenario, que lo recibió con una fuerte ovación.
Zelenski invocó el histórico discurso pronunciado en 1987 por el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, cuando pidió desde la Puerta de Brandeburgo al líder soviético, Mijail Gorbachov, que derribara el muro que desde 1961 dividía Berlín.
"Señor Scholz, destruya este muro", enfatizó, para insistir en la parábola entre esa división de entonces y el nuevo muro que, advirtió, está trazando Rusia desde la invasión que se inició el 24 de febrero y que ha costado la vida, dijo, de al menos 108 niños.
"Cada bomba que cae, cada decisión que no se adopta es una piedra con la que se construye ese muro", añadió el líder ucraniano, para recordar que los ataques rusos sobre su país se producen "día y noche, los siete días de la semana" y que no respetan ni hospitales, ni escuelas ni otros objetivos civiles.
Reprochó a continuación Zelenski al plenario la falta de un apoyo más decidido y advirtió de que las sanciones contra el entorno del presidente ruso, Vladímir Putin, "llegan tarde y no son suficientes".
"Es difícil para nosotros sobrevivir a todo esto sin la ayuda del resto del mundo, defender a Ucrania y defender al mundo libre de Europa", dijo, para sostener su país estaba encontrando "más apoyos" desde el otro lado del Atlántico que en su propio continente.
 
EL GASODUCTO, FACTOR PRIORITARIO

Zelenski no ahorró reproches tampoco a la cúpula política alemana -no solo la actual, sino también la precedente- en lo que respecta al gasoducto Nord Stream, fruto de un acuerdo en 2005 entre el entonces canciller socialdemócrata, Gerhard Schröder, y Putin, su amigo y aliado político.
"Les advertimos de que Nord Stream 2 era un arma. Y su respuesta fue economía, economía, economía", afirmó el presidente ucraniano, en alusión al segundo tramo de ese gasoducto, cuya construcción no detuvo Berlín ni siquiera a raíz de la anexión de Crimea, en 2014, bajo el gobierno de la anterior canciller, Angela Merkel.
La decisión de suspender el proceso de certificación del gasoducto la adoptó Scholz al día siguiente de iniciarse la invasión de Ucrania, por lo que ha quedado paralizado. El Nord Stream 1, en funcionamiento desde 2011, sigue suministrando gas ruso a Alemania, mientras el gobierno actual busca remedios para reducir la dependencia energética de Rusia.
La cuestión ha pesado sobre la gestión de Scholz, quien justamente hoy cumple sus primeros cien días de gobierno al frente de un tripartito entre su Partido Socialdemócrata (SPD), los Verdes y el Partido Liberal (FDP).
El propio canciller defendió hasta la invasión de Ucrania el Nord Stream 2, mientras que su vicecanciller y ministro de Economía y el Clima, el verde Robert Habeck, ha afirmado que romper de inmediato con los suministros energéticos rusos es técnicamente factible, pero a un coste no asumible y atentatorio contra la cohesión social.
Un 50 % del consumo de gas en el país depende de esas importaciones, el mismo porcentaje que para el petróleo, mientras que el relativo al carbón es del 35 %.
Al gobierno de Scholz se la ha acusado de lastrar decisiones más drásticas frente a Moscú a escala de la Unión Europea precisamente por ese factor económico. Berlín considera impracticable prohibir esas importaciones, como sí hace Estados Unidos.
No ha habido bajo el socialdemócrata Scholz un giro de 180 grados respecto a la línea de la conservadora Merkel (2005-2021) en materia energética o respecto a Schröder (1998-2005) -cuyos vínculos con Putin avergüenzan ahora al SPD-.
El único giro radical ha sido en Defensa. Tres después de iniciarse la invasión de Ucrania, el propio Scholz anunció desde el Bundestag un paquete extraordinario de 100.000 millones de euros para modernizar sus Fuerzas Armadas, así como un aumento del gasto en Defensa al 2 % -el objetivo de la OTAN-.
Como sus principales socios de la Alianza Atlántica, Berlín rechaza la zona de exclusión aérea sobre Ucrania que ha reclamado Zelenski. También se niega a una intervención de soldados de la OTAN en territorio de ese país, en línea con las advertencias de Washington contra lo que sería convertir a la alianza en "parte" del conflicto. EFE
gc/jac 



El bloqueo a Nord Stream 2, penúltimo capítulo de un controvertido gasoducto

Gemma Casadevall



 Berlín, 22 feb (EFE).- El anuncio del canciller alemán, Olaf Scholz, de bloquear la certificación del gasoducto Nord Stream 2 como respuesta al reconocimiento ruso de las repúblicas separatistas del Donbás, es el penúltimo capítulo de un gasoducto controvertido desde su origen. 

"No puede haber certificación" de esa infraestructura, afirmó Scholz en una comparecencia ante la prensa en Berlín en la que aseguró que "la situación ha cambiado" tras el reconocimiento por parte del presidente Vladímir Putin de las autoproclamadas repúblicas prorrusas.

Tanto desde Estados Unidos como desde el propio tripartido de Scholz -especialmente, entre los socios Verdes, contrarios a ese gasoducto desde antes de entrar en el gobierno- se había dado por hecho que no entraría en funcionamiento, en caso de invasión. 

 El gasoducto había generado discusión política prácticamente desde su gestación justamente por el temor, sobre todo en el este de Europa, de que crease una dependencia energética de Rusia.

La primera en vincular a posibles sanciones la entrada en funcionamiento del gasoducto, cuya construcción culminó en 2021, fue la ministra de Asuntos Exteriores, la verde Annalena Baerbock. 

En caso de una nueva agresión rusa contra Ucrania, "tenemos a disposición una gama de respuestas que incluyen a Nord Stream II", afirmó en una intervención desde el Parlamento, en enero.

Scholz esquivó hasta ahora cualquier pregunta al respecto, aunque recordó el acuerdo alcanzado con EEUU, por el que Washington retiró la amenaza de sanciones sobre el gasoducto, aun con Angela Merkel en el poder y que implicaba que no entraría en funcionamiento en caso de un ataque ruso a Ucrania.

EL PROYECTO NACIDO BAJO PUTIN Y SCHRÖDER

Nord Stream es un sistema para transportar gas de Rusia a Alemania y otros países europeos a través del Báltico y consta de dos gasoductos: Nord Stream I, que empezó a funcionar en 2011, y Nord Stream II, que se terminó de construir el año pasado pero que no había recibido aún la licencia para entrar en funcionamiento.

Nord Stream I es propiedad de un consorcio cuyo accionista mayoritario, con un 51 por ciento, es el gigante ruso Gazprom y el resto se lo reparten Winterhall Dea, E-on, Gasunie y Engie. Nord II pertenece en su totalidad a Gazprom.

Los planes de crear una vía a través del Báltico para transportar gas a Alemania -con lo que Gazprom se ahorraba pagar derechos por el paso a través de Polonia y Ucrania- se fraguaron en una época de excelentes relaciones entre Rusia y Alemania y entre el canciller de la época, Gerhard Schröder, y el presidente Vladimir Putin.

Schröder y Putin asistieron a la ceremonia de la firma del acuerdo entre las empresas el 11 de abril de 2005, unos meses antes de la derrota electoral del entonces canciller socialdemócrata por la conservadora Merkel y la formación de su primera gran coalición de gobierno.

Inicialmente el proyecto fue apoyado por la UE pero en 2005 la situación cambió cuando, debido a facturas por pagar, Gazprom cortó el suministro de gas a Ucrania.

Para Alemania la ventaja del transporte a través del Báltico era que le garantizaba el suministro de gas y hacía que este no se viera afectado por posibles conflictos políticos con otros países.

Tanto entonces como ahora para Alemania era clave asegurarse el suministro de gas ruso debido a que con el proceso de abandono de la energía atómica, que se había iniciado en 2002 por decisión del gobierno roji-verde de Schröder. Se necesitaban alternativas mientras avanzaba el fomento de las renovables.

EL GAS RUSO Y LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA

El adiós a la energía nuclear se consumará este año, con el cierre de las últimas tres plantas del país. Según el ministro de Economía y el Clima, el verde Robert Habeck, el 55 por ciento del gas que se utiliza en Alemania proviene de Rusia.

Nord Stream II respondía al mismo principio de optimizar el transporte de gas ruso hacia Alemania e inicialmente se planteó como proyecto común de Gazprom con varias empresas europeas que, sin embargo, se retiraron del proyecto.

A los recelos de varios socios europeos -entre ellos, Francia- se sumaron las amenazas de sanción por parte de Estados Unidos, que finalmente se retiraron tras obtener de Merkel las mencionadas garantías respecto a Ucrania.

La llegada al poder de Scholz al frente de su tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales, el pasado diciembre, se produjo en pleno recrudecimiento de la crisis ucraniana. Sobre Scholz cayeron las presiones -dentro de su propio partido- para desvincularse del Nord-Stream II, mientras Schröder lo defendía desde su condición de político retirado y acusaba a Ucrania de provocar "ruido de sables".

La oposición conservadora ha aprovechado la ocasión para tratar de sacar los colores a los socialdemócratas, mientras desde las actuales filas gubernamentales que Merkel no se planteó detener el proyecto en sus 16 años en el poder, ni siquiera a raíz de la invasión de Crimea (2014). EFE

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Scholz, ante un complejo G7 y varios desafíos electorales

Gemma Casadevall



Berlín, 1 ene (EFE).- Alemania entra en 2022 al frente de la presidencia de turno del G7, el primer gran desafío global para el canciller socialdemócrata Olaf Scholz y su tripartito con verdes y liberales, a un mes de haber alcanzado el poder.
Rusia seguirá fuera del foro de las siete potencias -Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Estados Unidos, Japón y Canadá-, como ocurre desde 2014, a raíz de la anexión de Crimea, territorio ucraniano.
Un regreso al formato G8 -o sea, G7 más Rusia- "no está en la agenda", según consta en la página web del Gobierno alemán y ha repetido estos días su ministra de Exteriores, la verde Annalena Baerbock.
No solo porque sigue vigente el motivo de esa exclusión, sino también por la máxima tensión entre Moscú, Washington y el conjunto de la UE, que amenazan con "responder con contundencia" si Rusia se anexiona más territorio ucraniano.
El escenario elegido por el ejecutivo alemán para la cumbre del G7 es el mismo donde se celebró la última reunión de los líderes de grupo bajo presidencia alemana, en 2015: el palacio bávaro de Elmau, vecino a la estación invernal de Garmisch-Partenkirchen.
De esa cita quedaron las imágenes icónicas de la entonces canciller, Angela Merkel, explicándose ante el presidente de EEUU, Barack Obama, sentado de espaldas a la cámara, con los brazos extendidos sobre un banco y el espléndido paisaje bávaro al fondo.
Los dos "líderes del mundo libre" -como se llamaron el uno al otro- pasaron a la retaguardia. Ni Scholz ni Joe Biden tienen, hasta ahora, el impacto mediático de sus predecesores.
Pero al margen de cuestiones de imagen, está claro que la presidencia alemana tiene ante sí muchos conflictos candentes, donde es difícil apuntarse un éxito.
Alemania toma el relevo de Reino Unido en unos momentos en que la atención sigue dominada por una pandemia aparentemente menos letal, pero que amenaza saturar la sanidad pública incluso de las potencias industriales que forman el G7.
Los ejes de la agenda son, junto con la lucha contra la covid-19, la crisis climática y la defensa del multilateralismo, desde la perspectiva del G7. Es decir, su papel de estandartes de las democracias occidentales, contrapeso a China y Rusia.
La presencia de los Verdes en el tripartito dará peso al combate climático. El partido ecologista, más proclive a la advertencia que a la euforia, ha arrancado admitiendo que Alemania va demasiado rezagada como para lograr éxitos inmediatos.
Merkel reconoció ya en su última legislatura que Alemania no cumpliría el objetivo de reducción del 40 % para 2020, a lo que siguió un nuevo plan, más ambicioso, para lograrlo en un 55 % para 2030. El pacto de coalición de Scholz sube ahora el objetivo de reducción al 65 %.
Sin embargo, el propio vicecanciller y ministro de Economía y Clima, el verde Robert Habeck, afirmó estos días, en declaraciones al semanario "Die Zeit", que tanto en 2022 como en 2023 no se podrán cumplir aún los objetivos marcados.

UN AÑO PARA AFIANZAR LA SOCIALDEMOCRACIA

Scholz se comportó como un vencedor contenido, tanto al imponerse en las elecciones generales de septiembre de 2021 como al ser investido canciller, el 8 de diciembre.
El calendario electoral de este 2023 será un test de resistencia para su Partido Socialdemócrata (SPD). En febrero se someterá a su reelección el presidente del país, Frank-Walter Steinmeier, un socialdemócrata, aunque formalmente dejó en suspenso su militancia al asumir el cargo, en 2017.
La elección corresponde a la Asamblea Federal, integrada por los diputados del Bundestag (cámara baja) más los representantes del Bundesrat (cámara alta) y otros delegados de los "Länder". La actual correlación de fuerzas favorece a Steinmeier, que tiene ya el respaldo explícito del Partido Liberal (FDP).
Más complejos se presentan los cuatro comicios regionales del año: hay convocadas elecciones en el Sarre (oeste), en Schleswig-Holstein (norte) y en Renania del Norte-Westfalia (oeste), los tres gobernados por los conservadores, además de en Baja Sajonia (centro), de dominio socialdemócrata.
La principal batalla se librará en mayo en Renania del Norte-Westfalia, el "Land" más populoso del país y del que partió Armin Laschet, el aspirante a suceder a Merkel que hundió al bloque conservador en su peor resultado histórico.
El SPD aspira a recuperar un "Land" que fue feudo histórico del partido. Para los conservadores es fundamental defenderlo, lo que corresponderá tanto a su actual jefe regional, Hendrik Wüst, como al nuevo líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y exrival histórico de Merkel, el derechista Friedrich Merz. EFE   gc/egw/amg