De Merkel a Scholz: un año sin la jefa
Gemma Casadevall
Berlín, 7 dic (EFE).- El 8 de diciembre de 2021, Angela Merkel se despidió del poder tras 16 años al frente de la potencia europea; al aparentemente armonioso relevo de entonces ha seguido un año en que Alemania ha expuesto unas debilidades heredadas, que contrastan con la teórica solidez pasada.
El socialdemócrata Olaf Scholz, vicecanciller y ministro de Finanzas en la última gran coalición de la conservadora Merkel, asumió ese día el cargo en lo que parecía un ascenso de signo continuista entre dos líderes moderados aunque procedentes de familias políticas rivales.
Scholz había ganado las elecciones dos meses y medio atrás, había logrado armar sin grandes problemas un tripartito inédito a escala federal -entre socialdemócratas, verdes y liberales- y su relevo se ceñía a la lógica de la alternancia en el poder.
Antes de despedirse del cargo, Merkel había mantenido una última conversación telefónica con los líderes de EE.UU., Francia, Reino Unido e Italia -Joe Biden, Emmanuel Macron, Boris Johnson y Mario Draghi.
Los aliados occidentales expresaban, una vez más, su preocupación por los movimientos rusos junto a Ucrania, informó el portavoz de la aún canciller. Washington llevaba semanas alertando de los planes del presidente Vladímir Putin.
Scholz estaba dispuesto a dinamizar la llamada transición verde de la mano de un vicecanciller y ministro de Economía ecologista, Robert Habeck. El tercer socio, con el liberal Christian Lindner en Finanzas, vinculaba esa opción con impulsos para la industria del país.
UN EJÉRCITO DESFASADO
La guerra de Ucrania desbarató todos estos planes. Scholz mantuvo el 24 de febrero la línea tibia hacia Moscú, tal como había hecho Merkel incluso tras la anexión de Crimea, en 2014.
Tres días después, ante el Bundestag, anunciaba Scholz un paquete de inversiones de 100.000 euros para poner al día al Ejército alemán, tras décadas de recortes presupuestarios. Y rompía asimismo la norma de no suministrar armas a Ucrania para pasar a expresar el total apoyo al país agredido.
Los Verdes no solo respaldaban este cambio. Tanto Habeck como su correligionaria y ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, secundaban las reclamaciones de Kiev de un mayor apoyo, incluido con armamento pesado.
Tanto Habeck como Baerbock venían alertando contra Putin desde sus tiempos de líderes en la oposición. La titular de Exteriores había asumido el cargo determinada a imprimirle un sello propio y de dar un giro crítico a las relaciones con Moscú y Pekín.
LA HIPOTECA DEL GAS
La auténtica sacudida vino también por esos días de febrero, cuando Scholz decidió suspender la licencia para el recién terminado Nord Stream, el segundo de los gasoductos nacidos en 2005 de la alianza de intereses entre Putin y el socialdemócrata Gerhard Schröder.
El primero entró en funcionamiento en 2011, con Merkel en el poder. La agresión a Crimea no detuvo la construcción del segundo. Ambos fueron la pieza clave en la dependencia energética de Alemania.
Habeck aparcó su revolución verde y tuvo que concentrarse en la búsqueda de alternativas al petróleo, el carbón y sobre todo el gas ruso, incluido en territorio prohibido para su partido, como es Catar.
El puntal de la solidez alemana -la energía barata- se revelaba como una trampa. La primera potencia pedía "solidaridad" de sus socios europeos ante una crisis energética precipitada por la guerra, pero originada con anterioridad.
A los 100.000 millones de euros anunciados para Defensa siguieron paquetes de hasta 200.000 millones de ayudas al ciudadano y a las empresas para paliar los precios disparados de la energía.
Habeck ha aplazado aspiraciones históricas de su partido -como el adiós a la energía nuclear, aunque en este caso solo por unos meses-. El liberal Lindner tampoco ha podido emprender la senda de la estabilidad presupuestaria.
EL LEGADO
Merkel se había retirado como líder de referencia, pero la guerra de Putin también ha desbaratado su balance. Se le reprocha ahora su línea de "consentimiento" hacia Putin y no haber enmendado a tiempo la dependencia energética.
Las lagunas en Alemania -en el ejército, en la digitalización o incluso en su red ferroviaria, la más impuntual de Europa- no son atribuibles al equipo actual, sino que son atrasos acumulados de sus predecesores, como viene recordando Habeck. EFE
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Alerta en el Nord Stream per sospites de sabotatge
Elmau recibe el G7, de nuevo sin Putin y volcado en Zelenski
EL DESAFÍO ENERGÉTICO
"Elmau está en una cumbre. No moveremos montañas, pero adoptaremos decisiones", afirmaba Scholz este sábado, en un videomensaje a sus conciudadanos.
Los nuevos aportes armamentísticos o financieros no es lo único que estará sobre la mesa. El G7 abordará los estragos económicos de la guerra, la inflación y las alarmas activadas en potencias con alto grado de dependencia energética respecto a Rusia, como es Alemania.
El objetivo común debe ser avanzar tanto hacia la descarbonización, como a unos mecanismos de asociación con los países más pobres; es decir, los que más sufren las consecuencias de la crisis climática.
Todo ello, con el peligro a que quede aparcado un combate que no puede esperar, como es el climático. Alemania está replanteándose el calendario del adiós al carbón, algo doloroso para el socio verde del gobierno de Scholz, pero aparentemente irremediable, ante la reducción drástica de los suministros de Rusia.
LA CRISIS ALIMENTARIA
Hasta el inicio de la invasión rusa, el 24 de febrero pasado, Ucrania exportaba mensualmente cinco millones de toneladas de grano. Las exportaciones del llamado "granero del mundo" bajaron en marzo a 350.000 toneladas. Tras el avance ruso sobre el Donbás y hacia el mar Negro, el G7 busca alternativas para que Rusia no bloquee la salida de ese trigo.
La presencia argentina se acabó de concretar con la visita a Berlín de su presidente, Alberto Fernández, el pasado mes de mayo. En su reunión con Scholz se abordaron las posibilidades de cooperación en materia energética y en el desarrollo de las renovables.
Scholz agradeció entonces la "posición clara" de Argentina respecto a la guerra en la asamblea general de la ONU. Tres de esos cinco invitados a Elmau -India, Sudáfrica y Senegal- se abstuvieron en cambio en la votación de la resolución condenatoria a Rusia.
Desde hace una semana hay controles puntuales en las fronteras, los alrededores del castillo están vallados en un radio de varios kilómetros y el grueso del personal y medios acreditados seguirán el discurrir del G7 desde Garmisch-Partenkirchen, a 20 kilómetros de Elmau.
Para este sábado hay convocada una gran manifestación en Múnich de colectivos contra la crisis climática, antiglobalización y otras organizaciones. El domingo empezarán los intentos de burlar la vigilancia y acceder al castillo. O, al menos, de llegar lo más cerca posible. EFE
Zelenski alerta a Berlín de un "nuevo muro" y reclama liderazgo a Scholz
Gemma Casadevall
Berlín, 17 mar (EFE).- El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, alertó hoy ante el Bundestag (Parlamento alemán) sobre un nuevo muro "entre libertad y falta de libertad" que recorre Europa y reclamó al canciller Olaf Scholz capacidad de liderazgo para "derribarlo", en lugar de priorizar "la economía"."Dele a Alemania el liderazgo que merece para que las generaciones futuras puedan estar orgullosas de ustedes. Apoye nuestra libertad, apoye a Ucrania, detenga esta guerra, ayúdenos a detenerla", clamó el líder ucraniano, en una intervención virtual ante el plenario, que lo recibió con una fuerte ovación.
Zelenski invocó el histórico discurso pronunciado en 1987 por el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, cuando pidió desde la Puerta de Brandeburgo al líder soviético, Mijail Gorbachov, que derribara el muro que desde 1961 dividía Berlín.
"Señor Scholz, destruya este muro", enfatizó, para insistir en la parábola entre esa división de entonces y el nuevo muro que, advirtió, está trazando Rusia desde la invasión que se inició el 24 de febrero y que ha costado la vida, dijo, de al menos 108 niños.
"Cada bomba que cae, cada decisión que no se adopta es una piedra con la que se construye ese muro", añadió el líder ucraniano, para recordar que los ataques rusos sobre su país se producen "día y noche, los siete días de la semana" y que no respetan ni hospitales, ni escuelas ni otros objetivos civiles.
Reprochó a continuación Zelenski al plenario la falta de un apoyo más decidido y advirtió de que las sanciones contra el entorno del presidente ruso, Vladímir Putin, "llegan tarde y no son suficientes".
"Es difícil para nosotros sobrevivir a todo esto sin la ayuda del resto del mundo, defender a Ucrania y defender al mundo libre de Europa", dijo, para sostener su país estaba encontrando "más apoyos" desde el otro lado del Atlántico que en su propio continente.
EL GASODUCTO, FACTOR PRIORITARIO
"Les advertimos de que Nord Stream 2 era un arma. Y su respuesta fue economía, economía, economía", afirmó el presidente ucraniano, en alusión al segundo tramo de ese gasoducto, cuya construcción no detuvo Berlín ni siquiera a raíz de la anexión de Crimea, en 2014, bajo el gobierno de la anterior canciller, Angela Merkel.
La decisión de suspender el proceso de certificación del gasoducto la adoptó Scholz al día siguiente de iniciarse la invasión de Ucrania, por lo que ha quedado paralizado. El Nord Stream 1, en funcionamiento desde 2011, sigue suministrando gas ruso a Alemania, mientras el gobierno actual busca remedios para reducir la dependencia energética de Rusia.
La cuestión ha pesado sobre la gestión de Scholz, quien justamente hoy cumple sus primeros cien días de gobierno al frente de un tripartito entre su Partido Socialdemócrata (SPD), los Verdes y el Partido Liberal (FDP).
El propio canciller defendió hasta la invasión de Ucrania el Nord Stream 2, mientras que su vicecanciller y ministro de Economía y el Clima, el verde Robert Habeck, ha afirmado que romper de inmediato con los suministros energéticos rusos es técnicamente factible, pero a un coste no asumible y atentatorio contra la cohesión social.
Un 50 % del consumo de gas en el país depende de esas importaciones, el mismo porcentaje que para el petróleo, mientras que el relativo al carbón es del 35 %.
Al gobierno de Scholz se la ha acusado de lastrar decisiones más drásticas frente a Moscú a escala de la Unión Europea precisamente por ese factor económico. Berlín considera impracticable prohibir esas importaciones, como sí hace Estados Unidos.
No ha habido bajo el socialdemócrata Scholz un giro de 180 grados respecto a la línea de la conservadora Merkel (2005-2021) en materia energética o respecto a Schröder (1998-2005) -cuyos vínculos con Putin avergüenzan ahora al SPD-.
El único giro radical ha sido en Defensa. Tres después de iniciarse la invasión de Ucrania, el propio Scholz anunció desde el Bundestag un paquete extraordinario de 100.000 millones de euros para modernizar sus Fuerzas Armadas, así como un aumento del gasto en Defensa al 2 % -el objetivo de la OTAN-.
Como sus principales socios de la Alianza Atlántica, Berlín rechaza la zona de exclusión aérea sobre Ucrania que ha reclamado Zelenski. También se niega a una intervención de soldados de la OTAN en territorio de ese país, en línea con las advertencias de Washington contra lo que sería convertir a la alianza en "parte" del conflicto. EFE
gc/jac
El bloqueo a Nord Stream 2, penúltimo capítulo de un controvertido gasoducto
Gemma Casadevall
Berlín, 22 feb (EFE).- El anuncio del canciller alemán, Olaf Scholz, de bloquear la certificación del gasoducto Nord Stream 2 como respuesta al reconocimiento ruso de las repúblicas separatistas del Donbás, es el penúltimo capítulo de un gasoducto controvertido desde su origen.
"No puede haber certificación" de esa infraestructura, afirmó Scholz en una comparecencia ante la prensa en Berlín en la que aseguró que "la situación ha cambiado" tras el reconocimiento por parte del presidente Vladímir Putin de las autoproclamadas repúblicas prorrusas.
Tanto desde Estados Unidos como desde el propio tripartido de Scholz -especialmente, entre los socios Verdes, contrarios a ese gasoducto desde antes de entrar en el gobierno- se había dado por hecho que no entraría en funcionamiento, en caso de invasión.
El gasoducto había generado discusión política prácticamente desde su gestación justamente por el temor, sobre todo en el este de Europa, de que crease una dependencia energética de Rusia.
La primera en vincular a posibles sanciones la entrada en funcionamiento del gasoducto, cuya construcción culminó en 2021, fue la ministra de Asuntos Exteriores, la verde Annalena Baerbock.
En caso de una nueva agresión rusa contra Ucrania, "tenemos a disposición una gama de respuestas que incluyen a Nord Stream II", afirmó en una intervención desde el Parlamento, en enero.
Scholz esquivó hasta ahora cualquier pregunta al respecto, aunque recordó el acuerdo alcanzado con EEUU, por el que Washington retiró la amenaza de sanciones sobre el gasoducto, aun con Angela Merkel en el poder y que implicaba que no entraría en funcionamiento en caso de un ataque ruso a Ucrania.
EL PROYECTO NACIDO BAJO PUTIN Y SCHRÖDER
Nord Stream es un sistema para transportar gas de Rusia a Alemania y otros países europeos a través del Báltico y consta de dos gasoductos: Nord Stream I, que empezó a funcionar en 2011, y Nord Stream II, que se terminó de construir el año pasado pero que no había recibido aún la licencia para entrar en funcionamiento.
Nord Stream I es propiedad de un consorcio cuyo accionista mayoritario, con un 51 por ciento, es el gigante ruso Gazprom y el resto se lo reparten Winterhall Dea, E-on, Gasunie y Engie. Nord II pertenece en su totalidad a Gazprom.
Los planes de crear una vía a través del Báltico para transportar gas a Alemania -con lo que Gazprom se ahorraba pagar derechos por el paso a través de Polonia y Ucrania- se fraguaron en una época de excelentes relaciones entre Rusia y Alemania y entre el canciller de la época, Gerhard Schröder, y el presidente Vladimir Putin.
Schröder y Putin asistieron a la ceremonia de la firma del acuerdo entre las empresas el 11 de abril de 2005, unos meses antes de la derrota electoral del entonces canciller socialdemócrata por la conservadora Merkel y la formación de su primera gran coalición de gobierno.
Inicialmente el proyecto fue apoyado por la UE pero en 2005 la situación cambió cuando, debido a facturas por pagar, Gazprom cortó el suministro de gas a Ucrania.
Para Alemania la ventaja del transporte a través del Báltico era que le garantizaba el suministro de gas y hacía que este no se viera afectado por posibles conflictos políticos con otros países.
Tanto entonces como ahora para Alemania era clave asegurarse el suministro de gas ruso debido a que con el proceso de abandono de la energía atómica, que se había iniciado en 2002 por decisión del gobierno roji-verde de Schröder. Se necesitaban alternativas mientras avanzaba el fomento de las renovables.
EL GAS RUSO Y LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA
El adiós a la energía nuclear se consumará este año, con el cierre de las últimas tres plantas del país. Según el ministro de Economía y el Clima, el verde Robert Habeck, el 55 por ciento del gas que se utiliza en Alemania proviene de Rusia.
Nord Stream II respondía al mismo principio de optimizar el transporte de gas ruso hacia Alemania e inicialmente se planteó como proyecto común de Gazprom con varias empresas europeas que, sin embargo, se retiraron del proyecto.
A los recelos de varios socios europeos -entre ellos, Francia- se sumaron las amenazas de sanción por parte de Estados Unidos, que finalmente se retiraron tras obtener de Merkel las mencionadas garantías respecto a Ucrania.
La llegada al poder de Scholz al frente de su tripartito entre socialdemócratas, verdes y liberales, el pasado diciembre, se produjo en pleno recrudecimiento de la crisis ucraniana. Sobre Scholz cayeron las presiones -dentro de su propio partido- para desvincularse del Nord-Stream II, mientras Schröder lo defendía desde su condición de político retirado y acusaba a Ucrania de provocar "ruido de sables".
La oposición conservadora ha aprovechado la ocasión para tratar de sacar los colores a los socialdemócratas, mientras desde las actuales filas gubernamentales que Merkel no se planteó detener el proyecto en sus 16 años en el poder, ni siquiera a raíz de la invasión de Crimea (2014). EFE
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Scholz, ante un complejo G7 y varios desafíos electorales
Gemma Casadevall




