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martes, 4 de noviembre de 2014

2014 Tintorería

Foto David Ebener, dpa

La Bundeskanzlerin del Maracaná

+ adiós, Guido

Se perdió Angela Merkel en Brasil festejando el Mundial conquistado por Alemania? O fue en su fiesta de cumpleaños? Lo primero ocurrió el 13 de julio, en Maracaná. Un único gol de Götze, frente al cero Argentino, dio a la "Mannschaft" la Copa del Mundo. Lo segundo ocurrió el 17 de julio, como todos los años. Solo que esta vez era aniversario redondo. La canciller cumplía 60.

Foto Image Action

El caso es que Bayreuth se quedó ese año sin su visitante más globalizada para una apertura sin estreno y, encima, salpicada por una avería técnica que obligó al desalojo del teatro. Una media hora, lo suficiente desatar los augurios de una "Dämmerung" en Bayreuth. En el templo de Richard cuesta digerir todo lo que queda fuera de programa. Algo así se encajaba como una blasfemia. 
Tal vez ahí el propio festival respiró de pronto aliviado por el perfil bajo. Evacuar el palco de la canciller habría desatado urgentes en las agencias de prensa. 

La agenda de la canciller justificaba sobradamente la ausencia. Había sido de nuevo la "Cosima de los estadios". Los mandamases futbolísticos habían tenido que tragarse una vez más el júbilo de la intrusa. Merkel había vibrado con la Mannschaft de Joachim Löw desde el graderío brasileño y descendiendo luego a los vestuarios para llevarse con ella una de esas fotos que todos quisiéramos tener. Merkel, rodeada de campeones del mundo recién salidos de la ducha. De ahí se fue a una cumbre climática a Perú, a continuación vino una de esas cumbres de la Unión Europea (UE) donde aparentemente sin la jefa nada funciona. Y celebró los 60 con una sesión casi académica en la Konrad Adenauer Haus, la sede de su partido.
Foto Alliance dpa

No, Merkel no acudía ese año a abrir Bayreuth. El festival abría, también como todos los años, el 25 de julio. No incluía ningún estreno esa temporada. Una buena canciller aprieta, pero no ahoga. No castigaría Bayreuth con su ausencia absoluta. Pero se reservó una aparición ya entrado el festival, para alguna de las piezas del conocido "Anillo" de Frank Castorf. Como si quisiera demostrar que no le guardaba rencor a la producción del dramaturgo berlinés, enredado ese año en una controversia interna con las herederas Wagner, Katharina y Eva.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Vía Efe. Un Mundial, un cumpleaños, una avería, un obituario

Castorf: "Si vuelven a hacerme esto no vuelvo más"

Foto Stephanie Lehmann


Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 26 jul (EFE).- El director teatral Frank Castorf acudió al Festival Richard Wagner envuelto en la polémica tras acusar de injerencia al certamen, pero aparentemente dispuesto a una tregua ante el reestreno de su "Anillo del Nibelungo".

"Mi abogado hablaba de poner una denuncia por la vía de urgencia. Seguramente sería rechazada, pero los procesos más hermosos son aquellos que se pierden", comentaba a Efe el dramaturgo, relajado y como de paseo por la Verde Colina que rodea al teatro fundado por Wagner en Bayreuth, donde mañana se repondrá "El Oro del Rhin".
"La verdad es que ahora mismo no veo una necesidad imperiosa de hacerlo. Pero si vuelven a hacerme algo así no vuelvo más por aquí", añadía Castorf, de 63 años, y por segunda temporada consecutiva en el elitista festival de esa ciudad bávara.
El dramaturgo y director general de la Volksbühne -el Teatro del Pueblo del antiguo sector este de Berlín- alude a la controversia desatada por lo que considera injerencia de Katharina Wagner, codirectora del festival junto a su hermana Eva Wagner-Pasquier.
Más concretamente, a la exclusión de su elenco del solista Martin Winkler -el Alberich de la temporada pasada-, sin su consentimiento, más la pretensión de imprimir algunos retoques a su "Anillo", profusamente abucheado por el público de Bayreuth en su estreno.
"Winkler se comprometió con pasión con mi proyecto", apunta, para insistir que no aceptará tijeretazos. "Si pretenden que mi obra es suya, deben llevarla adelante sin mí. A ver qué ocurre", añade.

sábado, 4 de noviembre de 2006

2006 La Cosima de los Estadios

Foto: alliance dpa

Besar a Klinsmann, a Chirac o a Zapatero


Angela Merkel se hizo esperar esta vez. Tras no perderse una apertura como ministra de Helmut Kohl, como líder de la oposición ni tampoco como candidata, la canciller optó por no alegrar la alfombra roja inaugural en el que era su primer año en el poder. Razones de agenda, se dijo. No se perdió gran cosa. Bayreuth abría la temporada con un “Holandés errante” que llegaba a su cuarta temporada. Tal vez ya la había visto y no le gustó. O no le gustó a su wagneriano catedrático, Joachim Sauer. O les gustó, pero no como para repetir paseo.

Bayreuth esperaba en los días siguientes el estreno de otro “Anillo”, firmado por el alemán Horst Dorst y con Christian Thielemann a la batuta. Pero el estreno de la tetralogía, con el director titular oficioso de la casa, tampoco atraería ese julio a los Merkel-Sauer. No por falta de fidelidad wagneriana, sino por agenda, se insistía. La visita anual quedó relegada a las semanas posteriores, ya en agosto, cuando la etiqueta y la presión mediática decrecieron. Merkel se podía permitir, incluso, acudir a Bayreuth apenas algo más cuidada que en una jornada de trabajo cualquiera. Como si se hubiera limitado a echarse un chal por encima del traje de oficina.

De pronto, todo era nuevo para la canciller. Fue una temporada de mucho estreno para la primera mujer al frente del poder en la primera potencia europea.

Estreno en las cumbres europeas, estreno en un eje franco-alemán, entonces de tándem con un presidente francés tan conservador como la canciller, pero con unas prácticas tal vez poco frecuentes para la hija del pastor protestante de Templin, esa parroquia en el este alemán. Jacques Chirac sabía del impacto mediático de su exhibición de “savoir faire” versallesco. La parte francesa del eje besaba la mano a la parte alemana. Nunca visto, obviamente.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Vía Efe, Nuestra WM, la de los felices



Foto: alliance/dpa

Duelo entre dos mascotas oficiosas: Merkel y Maradona

Gemma Casadevall

Berlín, 29 jun (EFE).- El partido de mañana entre Alemania y Argentina, para muchos con rango de final, dará ocasión para medir las fuerzas entre dos mascotas oficiosas: la canciller Angela Merkel y el ex-futbolista Diego Armando Maradona.
El duelo sobre el terreno no será el único que se verá en el estadio olímpico de Berlín: ahí estarán, frente a frente, la afición que mejor canta del Mundial, la argentina, frente a otra que aprende a cantar, recién liberada de su rigidez, la alemana.
El "Vamos, vamos, Argentina" estará en clara minoría numérica -unos 10.000, tal vez hasta 15.000 aficionados-, mientras que el resto del estadio, con 73.000 plazas, será alemán.
Pero la selección de José Pekermann tiene asegurado el vigoroso volteo de camisetas, al son del "Olé, olé, olá... Argentina, cada día te quiero más", animado por el también incombustible Maradona.
Los "Klinsi-Jungs" -muchachos de Jürgen Klinsmann- no tienen una mascota tan vistosa como los "Peke-Boys" y tampoco suena tan bien canción característica, "Ohne Holland, wir fahren nach Berlín" -"Vamos a Berlín sin Holanda", síntesis de la rivalidad con el país vecino al que no quieren en la final, el 9 de julio-.
Más que un canto animoso parece una consigna política y hasta marcial, de la misma manera que su palco en este Mundial procede de ese ámbito, concretamente de Cancillería, y encima es novata.
Merkel ha tenido que poner empeño en demostrar que sabe algo de fútbol y, por más tesón que le ponga, tampoco se la ve desgañitándose como hubiera hecho su antecesor, Gerhard Schroeder.
Merkel no jugó de niña al fútbol en la calle -era un nulidad en deportes-, al contrario que Diego Armando y el ex-canciller.
La canciller sabe dibujar sobre el papel el esquema de un fuera de juego, como se encargó de demostrar a los lectores del popular "Bild", hace unos meses. Pero sigue poniéndose en duda, al fin y al cabo es mujer, que lo distinga en directo.
Pero ahí está ella: en el palco, aplaudiendo, sufriendo y vitoreando. En la inauguración tanteó, con poco salero, pero devoción, los ritmos del espectáculo -de folclore bávaro a hip-hop.