miércoles, 1 de noviembre de 2006

Vía Efe, Nuestra WM, la de los felices



Foto: alliance/dpa

Duelo entre dos mascotas oficiosas: Merkel y Maradona

Gemma Casadevall

Berlín, 29 jun (EFE).- El partido de mañana entre Alemania y Argentina, para muchos con rango de final, dará ocasión para medir las fuerzas entre dos mascotas oficiosas: la canciller Angela Merkel y el ex-futbolista Diego Armando Maradona.
El duelo sobre el terreno no será el único que se verá en el estadio olímpico de Berlín: ahí estarán, frente a frente, la afición que mejor canta del Mundial, la argentina, frente a otra que aprende a cantar, recién liberada de su rigidez, la alemana.
El "Vamos, vamos, Argentina" estará en clara minoría numérica -unos 10.000, tal vez hasta 15.000 aficionados-, mientras que el resto del estadio, con 73.000 plazas, será alemán.
Pero la selección de José Pekermann tiene asegurado el vigoroso volteo de camisetas, al son del "Olé, olé, olá... Argentina, cada día te quiero más", animado por el también incombustible Maradona.
Los "Klinsi-Jungs" -muchachos de Jürgen Klinsmann- no tienen una mascota tan vistosa como los "Peke-Boys" y tampoco suena tan bien canción característica, "Ohne Holland, wir fahren nach Berlín" -"Vamos a Berlín sin Holanda", síntesis de la rivalidad con el país vecino al que no quieren en la final, el 9 de julio-.
Más que un canto animoso parece una consigna política y hasta marcial, de la misma manera que su palco en este Mundial procede de ese ámbito, concretamente de Cancillería, y encima es novata.
Merkel ha tenido que poner empeño en demostrar que sabe algo de fútbol y, por más tesón que le ponga, tampoco se la ve desgañitándose como hubiera hecho su antecesor, Gerhard Schroeder.
Merkel no jugó de niña al fútbol en la calle -era un nulidad en deportes-, al contrario que Diego Armando y el ex-canciller.
La canciller sabe dibujar sobre el papel el esquema de un fuera de juego, como se encargó de demostrar a los lectores del popular "Bild", hace unos meses. Pero sigue poniéndose en duda, al fin y al cabo es mujer, que lo distinga en directo.
Pero ahí está ella: en el palco, aplaudiendo, sufriendo y vitoreando. En la inauguración tanteó, con poco salero, pero devoción, los ritmos del espectáculo -de folclore bávaro a hip-hop.

Luego, en el partido de máxima rivalidad, Polonia y Alemania, contuvo la respiración, saltó sobre el asiento a los amagos de gol y se soltó, con el 0-1 liberador de Oliver Neuville, en el minuto 91.
Alemania empezó a conocer ahí una nueva canciller, esa mujer con fama de sangre fría, hija de un pastor protestante y crecida bajo el régimen comunista germano-oriental, doctora en Física hasta que se metió en política, apadrinada por Helmut Kohl.
Sigue sin ser el forofo de la calle que sí es Schroeder ni tiene entre sus filas a colegas entusiastas como tuvo su antecesor, desde el titular de Exteriores, Joschka Fischer, al de Interior, Otto Schily, ambos jugadores en su juventud.
Merkel ha tenido problemas para encontrar quién la represente en algún partido, puesto que no todos sus ministros son futboleros.
Mañana, en Berlín, la acompañará entre otros ministros Annette Schavan, titular de Educación e Investigación, a quién prácticamente se ha obligado a seguir partidos.
No parece posible que a Merkel la intimide esa situación. Ella, como sus compatriotas, aspira a que el Mundial se cierre no sólo con excelente nota para la organización anfitriona, sino también con un cuarto título para Alemania.
Su estilo y raíces no son las de un Maradona, pero si algo comparte con éste es la ausencia de complejos. EFE gc/jm

Foto: dpa



La banderitis desborda Alemania con el arranque del Mundial

Gemma Casadevall


Berlín, 9 jun (EFE).- Alemania desborda ya patriotismo desde el arranque del Mundial 2006, un torneo asumido como "empresa nacional" por el anfitrión, que con la victoria inaugural por 4-2 ante Costa Rica quedó sumergido hoy por la ola futbolística colectiva.
La inauguración fue un derroche de "alemanidad", desde el retumbar de tambores bávaros y el discurso del presidente del país, Horst Koehler, único orador de la gala. El partido ante Costa Rica no fue de los que hacen historia, pero remató la labor.
El primer tanto del Mundial saltó a los cinco minutos y fue a favor del marcador de Alemania, por obra Philipp Lahm. Un regalo para el anfitrión ansioso de lucirse, al que siguió el jarro de agua fría, en el minuto doce, Paolo Wanchope.
Miroslav Klose puso el mundo en orden, con dos goles. Costa Rica siguió luchando y Wanchope marcó su segundo gol, pero no evitó la victoria alemana, agrandada aún con un cuarto gol de Torsten Frings. Con el silbato final saltó la inmensa ola colectiva, desde el estadio de Múnich y con impacto en todo el país.
Alemania es "sólo" el país organizador y la FIFA el auténtico dueño del Mundial, pero el torneo tiene aires de catarsis nacional.
Koehler, al margen de dar la bienvenida en cuatro idiomas -alemán, inglés, francés y español-, sólo habló en su lengua.
Luego, tras saludar a los "aficionados de todo el mundo" y recordar el lema del Mundial -"El mundo, entre amigos"-, dio "explícitamente las gracias" al presidente del comité organizador, Franz Beckenbauer, y se limitó a estrechar la mano del "mandamás" de la FIFA, Joseph Blatter.
Al "kaiser" Beckenbauer se debe, como saben Koehler y resto de compatriotas, que Alemania sea el país anfitrión. La espera se hizo larga, pero el Mundial "empezó por fin", dijo Koehler, quien con su discurso dio por inauguradas "cuatro semanas de fútbol, fútbol, fútbol", para el mundo entero y desde Alemania.
La inauguración estuvo marcada por buen folklore bávaro, salpicado por incursiones al hip-hop. Lo más emotivo fue el desfile de los más de 150 campeones del mundo de fútbol, con Pelé como figura emblemática, portando con Claudia Schiffer la Copa del Mundo.
Fue una ceremonia corta, con parte del graderío vacío y con la canciller, Angela Merkel, compartiendo palco con el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, y el de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso.
Las inauguraciones no levantan pasiones, el fútbol sí. "Que el fútbol una el mundo", proclamó Koehler, El país entero era ya, mucho antes del inicio del partido, un panorama de calles desiertas, mientras miles de almas tomaban posiciones debajo de cada una de las 400 pantallas gigantes repartidas por Alemania o ante el televisor de casa.
El parque olímpico de Múnich quedó saturado con más de 35.000 aficionados ansiosos de seguir el partido desde ahí. La denominada "milla del aficionado" junto a la Puerta de Brandeburgo, en Berlín, estaba asimismo superpoblada desde primera hora de la tarde.
Alemania, campeona del Mundo en 1954, 1974 y 1999, se siente invadida por un patriotismo inusitado en un país que, por su historia, aún expresa con cierta timidez sus pasiones nacionales.
Desde hace unos días, y seguramente mientras dure el Mundial -si la selección de Jürgen Klinsmann no cae eliminada-, el paisaje habitual se verá alterado no sólo por los aficionados de todo el mundo, sino también por la marea de banderas alemanas.
Que se recuerde, nunca hasta ahora se habían visto circular automóviles con la bandera nacional a todas horas desde días antes del primer partido.
Una excepción visible al derroche de patriotismo fue Lukas Podolski, quien en contra de las instrucciones del "kaiser", que había pedido a los jugadores que entonasen el himno, quedó con los labios cerrados mientras el resto demostraba saberse el texto. EFE gc/rs/cbm