![]() |
| Foto: Schott Music |
Domingo y Flimm humanizan los mitos del "Anillo"
Por Gemma Casadevall
Bayreuth (Alemania), 28 jul (EFE).- Plácido Domingo triunfó ante el público wagneriano con una interpretación de "La Walkiria" más humana y cercana al mundo presente, de acuerdo a la versión de "El Anillo del Nibelungo" que presenta en Bayreuth Jürgen Flimm.
La segunda pieza de la tetralogía de Richard Wagner ratificó la noche del jueves el éxito que tuvo "El oro del Rhin", el día antes, y gratificó al auditorio bayreuthiano con la voz del tenor español, que reaparecía en el festival bávaro tras cinco años de ausencia.
Acompañado por Waltraud Meier, en el papel de Siglinda, y con Alan Titus, en el de Wotan, Domingo moldeó un sensible Sigmundo, con aires poco "wagnerianos" -en el sentido dogmático de la palabra-, que tocó la fibra del templo operístico alemán.
"El secreto de esta nueva producción está en Flimm, un hombre de teatro, que trabaja con los intérpretes desde una perspectiva muy sensible. Con él, desaparece el gesto exagerado "a la antigua" y se impone la cercanía humana", manifestó a EFE el tenor, al término de su interpretación y aún envuelto en su traje de Sigmundo.
Domingo califica de "maravillosa" la puesta en escena del director alemán, hasta hace poco intendente del teatro Thalia de Hamburgo y por primera vez al frente de una ópera de Wagner, ya que lleva a escena al "hombre-Sigmundo" y no simplemente al mito.
"Mi personaje es un héroe trágico, perseguido toda su vida por el sufrimiento, cuya vida acaba justamente cuando encuentra la felicidad, cuando tiene a la mujer que ama y conoce, finalmente, a su padre", continua.
La composición de Flimm para la muerte de Sigmundo, con el déspota Wotan -su padre e instigador del asesinato- a su espalda, es para Domingo la mejor que se ha llevado a escena, porque refleja como ninguna el drama atroz entre dos hombres.
"La Walkiria", la segunda pieza en ese "anillo del 2000" que se estrena en Bayreuth, con Giuseppe Sinopoli en la dirección musical, supuso la reincorporación de Domingo a ese festival, tras su interpretación de "Parsifal" en 1995.
La presencia de Domingo, sin duda la estrella más internacional de la presente temporada del festival bávaro, no está exenta de polémica entre el sector más estricto de Bayreuth, ya que se le considera un intérprete "poco wagneriano".
"Yo soy un tenor de repertorio italiano o francés. El héroe tradicional wagneriano es de voz más dura, con mayor volumen. Yo le aplico ese tono, ese matiz italiano", explica.
El auditorio de esta "Walkiria" aceptó de buen grado el cambio y le encumbró a la categoría de "héroe" de la noche, en igualdad de circunstancias con Waltraud Meier, una soprano que los wagnerianos de Bayreuth consideran algo propio y que una vez más justificó ese aprecio con una impresionante interpretación de su Siglinda.
"Estar aquí es el todo, es un sueño. No hay otro escenario como Bayreuth. Aquí vienen los especialistas wagnerianos de todo el mundo, es su "anillo", lo más sagrado del culto al compositor. En ningún otro lugar se respira como aquí la música de Wagner", decía Domingo, aún bajo el impacto de los aplausos.
El "viejo granero", como se llama al teatro construido en 1872 por decisión de Richard Wagner para su festival operístico, estalló en ovaciones sin apenas dejar tiempo a caer el telón al término del primer acto, el más logrado, con el dúo Domingo-Meier.
Los "bravos" del auditorio se perpetuaron en la segunda parte, donde el papel dominante pasó a Wotan -Titus- y a una también magistral Brunilda -Gabriele Schnaut-.
En el tercer acto, tras una danza de las walkirias que recordaba peligrosamente a una película de la serie "Mad-Max", Schaut y Titus se impusieron de nuevo como héroes.
Las cuatro horas largas de ópera se cerraron con nuevo triunfo para Flimm y Sinopoli, pero también con el primer amago de abucheo que se escucha en el estreno de este arriesgado "Anillo", en que se convierte en déspotas actuales a los dioses germánicos y su corrupta lucha por el poder absoluto.
Para el veredicto definitivo a la producción habrá que esperar al "Sigfrido" y "El ocaso de los dioses" que se estrenaron el sábado y el lunes. EFE Gc/rz-op
![]() |
| Foto: Bayreuth Festspiele |
El Sigfrido baja el nivel y divide a los wagnerianos
Gemma Casadevall
Bayreuth (Alemania), 30 jul (EFE).- Con "Sigfrido" llegaron la división de opiniones y los abucheos al 89 Festival Richard Wagner, que tras el exitoso estreno de las primeras piezas del "Anillo del nibelungo" entró con mal pie en la fase final de la tetralogía wagneriana.
La tercera parte del "Anillo" puso punto final a la buena racha de ovaciones que hasta este sábado había merecido la producción de Jürgen Flimm, director escénico, y Giuseppe Sinopoli, a la batuta, en su estreno ante el prestigioso certamen operístico alemán.
Los wagnerianos se irritaron ante los "desencuentros" de la pareja protagonista, Wolfgang Schmidt -como Sigfrido- y Gabriele Schnaut -Brunilda-, que no consiguieron conjuntar ni sus voces ni sus gestos en la escena final.
Parte del público empezó asimismo a perder la paciencia ante una espectacular escenografía que pone el acento en el aspecto político de la corrupta lucha por el poder de los mitos germánicos, pero que se disipa en cuanto a intensidad dramática.
La ironía con que se abordaba la figura del dios Wotan, en "El oro del Rin", y la perfecta conjunción de voces de "La valquiria", quedaron atrás en el "Sigfrido", a la espera de ver si se remonta el bache con "El ocaso de los dioses".
Flimm ofreció en esta tercera parte escenas técnicamente muy logradas y creó momentos de una magia fascinante, como la lucha del héroe contra los dragones, pero no consiguió transmitir la emoción necesaria.
Pero quizás el principal problema de la producción de Flimm y Sinopoli estriba en que en lugar de ir a más a medida que avanza el ciclo, ha ocurrido exactamente lo contrario, en parte debido a una serie de "falsos amigos" que le han salido al paso.
El primero de estos "falsos amigos" es la expectación que rodeaba el estreno de este "primer anillo del 2000" en el festival bávaro y la euforia desatada entre el público con su primera pieza, "El oro del Rin".
Los wagnerianos se apresuraron a buscar la comparación con anteriores producciones que maravillaron en Bayreuth, como la que Harry Kupfer y Daniel Barenboim estrenaron en 1988, mientras algunos se aventuraban a medirlo con la de 1976 de Patrice Chereau y Pierre Boulez, considerada el "anillo del siglo".
A la triunfal recibida dispensada al "Oro del Rin" siguieron frenéticas ovaciones para Plácido Domingo y Waltraud Meier, en el primero y segundo acto de "La valquiria".
Pero ya al término de la tercera parte de esa pieza -sin la intervención del tenor español- se escuchó el primer amago de abucheo, por entonces aún tímido, en dirección a Flimm, quien debuta en Bayreuth como director de Wagner.
El sábado, tras la representación del "Sigfrido", la decepción general se palpaba en el ambiente y mientras un sector de wagnerianos trataba de defender la apuesta de Flimm y Sinopoli con aplausos decididos, otros se dejaban contagiar sin reparos por la ruidosa protesta.
El descontento empezó a manifestarse ante el dúo Schmidt-Schnaut -incapaz de superar la comparación con la memorable pareja formada por Domingo-Meier-, y se hizo más sonoro en cuanto aparecieron en el escenario Sinopoli, primero, y Flimm, después.
Al equipo de este "Anillo" le queda una última oportunidad en esta ronda de apertura de temporada, de la mano del "Ocaso de los dioses" que se estrena el lunes.
Sus protagonistas seguirán siendo Schmidt y Schnaut, dos intérpretes hasta ayer queridos en Bayreuth, que deberán esmerarse para reconciliarse con los wagnerianos.
En cualquier caso, a este "anillo" actualizado le quedará el consuelo de que, de acuerdo a la tradición de Bayreuth, lo que recibe abucheos en su estreno triunfa luego en la reposición.
Así lo atestiguan los casos de la tetralogía de Chereau-Boulez, vapuleada al principio y elogiada después, o el "Tristan e Isolda" del fallecido dramaturgo Heiner Müller. EFE gc/ir/jal
Los wagnerianos se divierten con una parodia de su genio
Gemma Casadevall
Bayreuth (Alemania), 31 jul (EFE).- Mientras los más rigurosos wagnerianos se disponen a emitir su veredicto sobre el nuevo "Anillo del nibelungo" de Bayreuth, una pequeña compañía teatral se ríe y hace reír al público con una irreverente y divertida parodia de Richard Wagner y su monumental obra.
"Todo Wagner en solo una velada", ofrece la Studiobühne de Bayreuth, a modo de alternativa al prestigioso certamen operístico bávaro donde estos días se estrena la nueva producción de Jürgen Flimm y Giuseppe Sinopoli de la célebre tetralogía.
El título elegido para la sátira es "Hojotoho", interpretación libre del "grito de guerra" de las valquirias, con el que se invita al espectador a participar en el intento colectivo de reirse con Wagner.
Cinco actores se reparten más de sesenta personajes, desde Tannhaeuser a Tristán e Isolda y los "Maestros Cantores", para rematar su jugada con un "Anillo" concentrado en unos 45 minutos, en lugar de las 16 horas de la versión oficial.
Forman la escenografía una mesa, una silla, una cama y poco más y los intérpretes entran y salen envueltos en un imaginativo vestuario compuesto de prendas "kitsch" adquiridas en las rebajas o en tiendas de segunda mano.
Lohengrin pilota un patinete alado, las tres hijas del Rin bailan envueltas en feos albornoces, las valquirias trotan a lomos de palos de escoba y el dios Wotan trata de dominar el mundo enfundado una gruesa colcha azul, sujetada con un cinturón.
El hilo argumental arranca del propósito de una familia burguesa de "curar" a su hija Senta, una fanática radical de Wagner que les atormenta con "esa música infernal y estridente", y la someten a una terapia de "shock" consistente en representar en formato compacto todo el legado de musical su ídolo.
El autor y uno de los actores es Uwe Hoppe, profundo conocedor del universo operístico de Wagner y co-fundador de la Studiobühne, donde desde 1980 se estrenan con éxito creciente sus parodias.
Para acceder al teatro, instalado en el patio interior de un palacio del corazón de Bayreuth, no hay que ingresar en una lista de espera de hasta ocho años de duración, como ocurre en el festival.
Una entrada preferente cuesta apenas veinte marcos (diez dólares), casi veinte veces menos de lo que vale en taquilla una buena localidad del "templo de culto wagneriano" que es Bayreuth.
En la sala no rige la norma de silencio sepulcral e incluso en plena función suena el teléfono móvil de un desconsiderado que olvidó desconectarlo, algo que en el templo operístico es impensable y equivaldría a la expulsión y repudio general.
Sin embargo, el público de la Studiobühne no lo forman iconoclastas vecinos, hartos de un Wagner omnipresente en todo Bayreuth y del ritual veraniego de un certamen que cada año atrae a la ciudad a los exquisitos adoradores del compositor.
En su mayoría, los espectadores que se sientan en las sillas plegables de madera son habituales del "viejo granero", como se llama al teatro que mandó construir Wagner en la colina de Bayreuth.
"Es mi segunda temporada aquí y he aprovechado que hoy no hay función ahí arriba para echar unas risas con esta sátira", explica Ute F., una admiradora fiel de toda la obra de Wagner, que estalla en carcajadas a cada ocurrencia de la tropa y aclara a sus acompañantes la significación de cada detalle de la obra.
En el patio de butacas hay asimismo algún representante de la crítica dicha seria, que hace un alto en el camino para buscarle las cosquillas a Wagner.
Todos abandonan el "Hojotoho" entre risas o secándose alguna lágrima de hilaridad, y alguno continua la noche en dirección a la cervecería "Eule", tradicional local del casco antiguo que presume de haber tenido a Wagner entre su clientela.
La mayoría no quiere retirarse tarde, ya que tras la jornada de descanso del domingo llegará la "etapa reina" del festival: la tarde-noche del lunes deberán dedicar más de siete horas a "El ocaso de los dioses", la última pieza de la tetralogía y la que completará el veredicto al "Anillo del 2000" del tándem Flimm-Sinopoli. EFE Gc/rz-op

