viernes, 1 de noviembre de 2013

Vía Efe (I), Las Wagner, Castorf y el berlinés Barenboim

El vaso medio lleno, medio vacío, de las herederas Wagner

Gemma Casadevall

Foto @gemmacasa
Bayreuth (Alemania), 1 ago (EFE).- El "Anillo del Nibelungo" de Frank Castorf cosechó algo más que los abucheos rituales del tradicionalista Festival de Bayreuth, algo que salpica a las hermanas Katharina Wagner y Eva Wagner-Pasquier al frente de una empresa volcada al culto a su bisabuelo.
Bronca atronadora, anoche, con el "Ocaso de los dioses", en un teatro cuya fachada amenaza ruina y con el vecino Museo Richard Wagner a merced de las grúas, en vías de ampliación: estos fueron los puntos feos más visibles del 102 Festival de Ópera de Bayreuth.
Nada que ver con lo que se espera de un edición del certamen programado como plato fuerte del bicentenario del nacimiento del compositor, cuya música es tan venerada por unos como odiada por otros pero al que se considera cumbre del germanismo operístico.
La temporada se abrió el 25 de julio con una reposición del "Holandés errante" de Jan Philipp Gloger abucheado en su estreno, en 2012, y mejor asimilada en su segunda temporada en cartel.
Luego llegó Castorf con un "Anillo" efectista, en el que el director berlinés pretendió trazar un viaje planetario por la lucha por el poder y la corrupción, trasladada al oro negro, el petróleo.
La producción recibió la primera tanda de abucheos con "El Oro del Rin", luego "La Valkiria" calmó algo las aguas, para desatarse la siguiente tempestad con un grotesco "Sigfrido" con kalashnikov y cerrarse el ciclo en bronca atronadora, con el "Ocaso".
Castorf, que no había salido a saludar hasta entonces, lo encajó con arrogancia, desafiando los abucheos del templo wagneriano desde el escenario entre gestos de "no habéis entendido nada".


No convenció con su colección de matones, dioses borrachos y chicas sexy, sean de motel-gasolinera o en Wall Street, pese a las impactantes escenografías con los rostros de Marx, Stalin, Lenin y Mao en las Mount Rushmore o plantas petroleras soviéticas.
Completarán la temporada del bicentenario el "Tannhäuser" de Sebastian Baumgarten, despreciada desde su estreno, en 2011, y el asimismo vapuleado "Lohengrin" de Hans Neuenfels, de 2010.
Mal balance, sobre el papel, para las biznietas de Wagner, a quienes en 2008 transfirió las riendas de Bayreuth su padre y patriarca, Wolfgang Wagner, artífice en los 50 de la refundación del festival tras la etapa de sumisión entusiasta al Tercer Reich.
Las herederas no lograron convencer a Wim Wenders ni a otros cineastas para el primer "Anillo" bajo su gestión, tal vez por la mala fama atesorada por el lugar bajo el autoritario Wolfgang.
Sí han logrado, en cambio, atraerse las mejores voces del universo wagneriano -fuera de Waltraud Meier, que se cansó de los ataques de ira Wolfgang y nunca más volvió- y también las mejores batutas.
A Christian Thielemann, director mimado por Bayreuth en los últimos años, le salió ahora un competidor que la tempestad sobre Castorf convirtió en héroe del "Anillo": Kirill Petrenko, nuevo director la Ópera Nacional de Baviera.
Fue, en lo musical, un "Anillo" tal vez histórico, con un único lamparón -el Sigfrido de Lance Ryan- y unos grandiosos Catherine Foster -Brünnhilde-, Anja Kampe -Sieglinde-, Nadine Weissmann -Erda-, Martin Winkler -Alberich- y Wolfgang Koch -Wotan-.
Está por ver si ello será suficiente para convencer al patronato rector del festival de prolongar el mandato a las herederas, que expira el 2015.
El apellido pesa mucho en un festival fundado por Richard Wagner en 1876, cuatro años después de colocar la primera piedra del teatro, y que mantiene el perfil de empresa familiar.
Pesa, pero no lo es todo. Está también el factor éxito, del que depende la financiación de una empresa que presume de listas de espera de hasta años para cada una de sus localidades, pero que abre apenas cuatro semanas al año, las que dura el festival. EFE
gc/cat

Castorf desata tempestades con su despliegue de "Sigfrido" en kalashnikov y sexo oral


Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 29 jul (EFE).- El dramaturgo berlinés Frank Cartorf desató hoy otra ronda de atronadores abucheos en el Festival de Bayreuth con un "Sigfrido" armado con una kalashnikov, algo de sexo oral y otras ocurrencias, aparentemente destinadas a llevar a Richard Wagner al absurdo.
Bayreuth no sería Bayreuth si no encajara mal las osadías de quienes llegan etiquetados de provocadores y para los que hay precocinadas las rabietas del tradicionalismo wagneriano.
Hay que decir, sin embargo, que los abucheos arrancaron antes de la escena en que Erda, prostituta de Alexanderplatz practica sexo callejero con Wotan -seguidos en primer plano por el inseparable vídeo de Castorf-.
Esa escena quedaría en lo anecdótico en un templo wagneriano que no quiere parecer pacato, ya que el problema es que Castorf no consigue transmitir por qué a Sigfrido les siguen las miradas severas de Marx, Lenin, Stalin y Mao, esculpidos en las Mount Rushmure.
Por fortuna, Wolfgang Koch -Wotan- y Nadine Weismann cantan como dioses, en cualquier situación, lo mismo que el Sifgrido de Lance Ryan, por mucho que se les transmute desde héroe de la madre revolución a funcionario de correos.
El viaje ideado por Castorf para el "Anillo del Nibelungo" de Wagner se paró así las Mount Rushmure, con los próceres comunistas suplantando a los presidentes de EEUU.
De ahí cambió a una Alexanderplatz que, de la fea arquitectura socialista de sus tiempos en el sector oriental berlinés, pasó a la mediocridad actual, enredada entre shoping centers y anodinas estafetas de Correos.
Ahí cae Sigfrido, rebuscando entre papeleras de basura, a modo de grotesca degradación del héroe que no le temía a nada y fundía su propia espada, finalmente aparcada por la kalashnikov.
La magia imponente del escenario rotatorio ideado por Aleksander Denic y las voces mayúsculas de Ryan o Mirella Hagen -el pájaro del bosque, como majestuosa ave del paraíso- no consiguieron aplacar los ánimos de Bayreuth.

Foto @gemmacasa

Se recrudecieron así los abucheos que habían aparecido en "El Oro del Rin" y que en la segunda pieza, "La Valkiria", parecían haberse calmado gracias a los buenos oficios de Kirill Pretenko a la batuta.
El sector de público menos tradicionalista ensalzaba aún hoy en los entreactos la valentía de Castorf y atribuía los abucheos a la otra tradición de Bayreuth que implica castigar las trasgresiones al genio de Wagner.
Fuera de la reacción del público, las críticas hasta ahora han sido elogiosas para Petrenko y adversas a Castorf, al que de antemano se esperaba como un intruso en el olimpo wagneriano.
"Ignorad la dirección y escuchad la música", recomendaba la edición digital del semanario "Die Zeit", tras el estreno de las dos primeras piezas.

Foto @gemmacasa
Queda por ver qué ocurre el miércoles, cuando se cierre el "Anillo" con el preceptivo "El ocaso de los dioses" y a Castorf no le quede otra que salir a saludar -lo que hasta ahora evitó.
El estreno del "Anillo" se considera algo así como la prueba de fuego para las hermanas Katharina Wagner y Eva Wagner-Pasquier, codirectoras de Bayreuth desde 2008 y cuyo mandato expira el 2015.
La tetralogía es el plato fuerte del Año Wagner, en que se conmemora el bicentenario del nacimiento del compositor, en Leipzig y el 130 aniversario de su muerte, en Venecia.
El propio Wagner estrenó el "Anillo" completo en Bayreuth, en 1876, en el que fue el primer festival de esa ciudad bávara donde hizo levantar el teatro considerado óptimo para su ciclo operístico. EFE
gc/cd



Bayreuth abre con un "Holandés" ampliado su bicentenario de Richard


Gemma Casadevall


Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- El Festival Richard Wagner de Bayreuth abrió hoy con un "Holandés errante" en formato ampliado, a modo de tarta de cumpleaños por el bicentenario del compositor y con la elite alemana volcada en revalidar el culto al genio.
Christian Thielemann, a la batuta, y un holandés -Samuel You- deambulando, maleta de ruedas en mano, en busca del beso redentor de Senta -Ricarda Merbeth- protagonizaron la apertura del templo wagneriano, en una gala transmitida en cines de todo el país.
La escenografía de Jan Philipp Gloger era una reposición mejorada de la estrenada en 2012, pero sigue sin lograr la intensidad debida en Bayreuth. Solistas y coro compensaron la parquedad escénica, mientras Thielemann, mimado de la casa, fue el héroe de la apertura.
El "Holandés" era en realidad el preámbulo del acontecimiento de la temporada: el estreno del transgresor "Anillo del Nibelungo" de Frank Castorf, que mañana se someterá al juicio sumario de Bayreuth.
El estreno en Bayreuth del "Anillo" es la cita más esperada de este Año Wagner en que se conmemora el bicentenario de su nacimiento, el 22 de mayo de 1813.
El festival bávaro es un "quién es quién" de la clase política y la farándula alemanas, mezcladas con wagnerianos llegados de todo el mundo a la ciudad de provincias bávara donde el compositor levantó su teatro en 1872 y donde siguen escuchándose únicamente sus óperas.
La canciller Angela Merkel apareció radiante con chaqueta y falda larga azul bajo el sol bávaro, feliz como siempre que llega a Bayreuth, no sólo por su fervor a Wagner, sino también porque ahí empiezan tradicionalmente sus vacaciones.
Junto a la líder alemana acudió a la cita prácticamente su Gobierno en pleno, mezclando la caravana de coches oficiales con una amalgama de líderes y famosos locales, aristócratas y algún que otro individuo estrafalario habitual de la casa.
Merkel está entre los devotos desde antes de ser canciller y acude cada temporada con su esposo Joachim Sauer, a quien en el pasado se apodó "el fantasma de la ópera", porque apenas se dejaba ver más que en Bayreuth, aunque ahora sea casi tan mediático como su mujer.
El matrimonio Merkel-Sauer es tan asiduo como el ministro de Exteriores, Guido Westerwelle, solo o con su pareja, Michael Kronz, el hombre de negocios con quien comparte su vida desde 2004.
Entre los neófitos estaba el presidente del país, Joachim Gauck, pastor protestante crecido en la Alemania comunista, como Merkel, y acompañado de Daniela Schard, su compañera desde hace una década.
Al final, el debutante Gauck estaba tan feliz como la experta Merkel, como si también para el presidente empezaran las vacaciones.
Los centenares de vecinos de Bayreuth que suben hasta la Verde Colina a curiosear o fotografiarse aclaman con fervor tanto a la canciller como a la plana mayor de la política local bávara.
Y explican al visitante quién es el apuesto señor que desde hace años acompaña a Westerwelle; "Su marido, muy guapo", dice Gundula Meese, de 73 años, a un japonés que balbucea algo en alemán.
"El año pasado el Doctor Sauer vino con uno de sus hijos", sigue la bayreuthiana, que aclara al japonés que Merkel no lleva el apellido de su actual esposo, sino del primero, y que no tiene hijos propios, pero en cambio Sauer sí: "dos", remarca con los dedos.
"El público de Bayreuth no es conservador", defendía hoy Katharina Wagner, biznieta del compositor y codirectora, junto a su hermana Eva Wagner-Pasquier, del festival.
La descendiente del compositor confía en que el templo wagneriano, etiquetado de tradicionalista pero donde se han puesto en escena producciones rompedoras, "entenderá" el "Anillo" de Castorf, que lleva la tetralogía a ámbitos petroleros.
Foto @gemmacasa privat
La nueva producción, dirigida por Kirill Petrenko y con diseño escénico de Aleksandar Denic, es la reválida para las Wagner, que aspiran a seguir en el cargo más allá de 2015, año en que expira su mandato, pero que hasta ahora no han logrado ningún gran éxito.
Se trata del "Anillo" número 14 que se estrena en Bayreuth, desde la primera edición del festival, en 1876. El listón más alto lo pusieron en 1976 Patrice Chereau y Pierre Boulez, con una tetralogía que arrancó entre abucheos y acabó como pieza de culto en Bayreuth.
Ninguna de sus sucesores -Peter Hall, Harry Kupfer, Alfred Kirchner, Jürgen Flimm y Trankred Dorsts- repitió éxito.
A Castorf, director de la Volksbühne del antiguo sector este berlinés desde hace dos décadas, le espera un público exigente, que disfruta abucheando a los astros escénicos -sobre todo si son "nuevos" en la casa- y aplaudiendo a rabiar al coro y la orquesta locales. EFE
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Barenboim imprime su sello al bicentenario de Richard Wagner 


Gemma Casadevall

Berlín, 25 mar (EFE).- El director Daniel Barenboim ha imprimido su propio sello al bicentenario del nacimiento de Richard Wagner, el genio al que el maestro argentino-israelí profesa devoción y que centra el Festival de Pascua de la Staatsoper de Berlín.
Barenboim se adelantó a Bayreuth, la ciudad bávara que año a año reedita el culto en exclusiva al compositor en su festival de ópera, y se llevó a "su" Staatsoper un "Anillo del Nibelungo" capitaneado por Waltraud Meier, la mezzosoprano más identificada con el universo wagneriano.
Para el estreno de la temporada en la "verde colina" faltan aún cuatro meses y para la gala programada, también en Bayreuth, coincidiendo con el aniversario del nacimiento de Wagner, el 22 de mayo de 1813, quedan aún unas semanas.
Barenboim se aseguró uno de esos éxitos que se dan por consabidos -es casi imposible que al maestro no se le ovacione en Alemania con el público en pié cuando interpreta a Wagner-, con Meier como la Sieglinde, René Pape como Wotan y Brünnhilde Iréne Theorin.
El Festival de Pascua, instaurado por Barenboim en 1996 y desde entonces consolidado en el calendario operístico centroeuropeo, se abrió el sábado con "El Oro del Rin", siguió ayer con "La Valkiria" y, tras "Sigfrido", el sábado siguiente, se cerrará el domingo con "El ocaso de los dioses".
También para el cierre de la tetralogía contará el director con Waltraud Meier, apuntalada en Mijaíl Petrenko como Hagen, en una escenografía obra de Guy Cassiers que disimula, en lo posible, las restricciones de espacio de Schiller Theater.
En ese viejo teatro se aloja la Staatsoper desde 2010 y ahí seguirá hasta que terminen las obras de remodelación de su sede original, en la Avenida Unter den Linden -"Bajo los Tilos"- que va de la Alexanderplatz a la Puerta de Brandeburgo.
Adaptarse a las limitaciones del Schiller -un teatro en la otra punta de la ciudad, al que esa mudanza salvó del cierre- no ha sido fácil para Barenboim, a lo que se suman sucesivos retrasos en el calendario de las obras, que no se prevé que terminen hasta 2014.
"La fidelidad de los wagnerianos está por encima de cualquier incomodidad", comentaba a Efe Diego Acebes, venezolano residente entre Miami y Caracas, asiduo al Festival de Pascua "desde el primer día" y un año más en Berlín, junto a su esposa e hija.
No se prevé que las obras en la fachada del teatro de Bayreuth, construido entre 1872 y 1876 por orden de Wagner -y con el dinero de Luis II de Baviera-, vaya a disuadir tampoco a los wagnerianos de acudir a la apertura de temporada 25 de julio.
"Si al llamado 'rey loco' no le importó escuchar la tetralogía sentado en las sillas de madera de entonces tampoco importará tanto ahora pasar por debajo del andamio", continuaba el venezolano.
La cita en Bayreuth es el acontecimiento número uno del universo wagneriano por coincidir con el bicentenario del nacimiento del compositor (Leipzig, en 1813) y el 130 de su muerte (Venecia, 1883) y porque ahí estrenará su "Anillo" del provocador Frank Castorf.
"Aquí tenemos a Waltraud, un privilegio más a favor de Berlín", seguía el wagneriano-venezolano.
Waltraud Meier empezó su carrera mundial en 1983 como la Kundry wagneriana, en Bayreuth, papel que representó en la "verde colina" hasta 1993, en que pasó a ser la Isolda del legendario "Tristan" de Heiner Müller, con Barenboim a la batuta.
Meier enlazó la Isolda más celebrada que se recuerda con la Sieglinde del "Anillo" de Jürgen Flimm y Giuseppe Sinopoli, estrenado en Bayreuth en el 2000 y con Plácido Domingo de compañero, lo que la coronó como reina absoluta en Bayreuth.
Ese mismo año rompió con Wolfgang Wagner -nieto del compositor y director del festival de Bayreuth durante medio siglo-, situación que tras la muerte del patriarca, en 2010, no se alivió, al menos en lo que respecta al regreso de Meier al programa.
Así las cosas, la presente edición del Festival de Pascua coincidiendo con el bicentenario tuvo aire de fiesta entre devotos wagnerianos, desde hace años fuera de programa en Bayreuth -como Barenboim y el mismo Flimm, ahora director general de la Staatsoper. EFE
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