El vaso medio lleno, medio vacío, de las herederas Wagner
Gemma Casadevall
| Foto @gemmacasa |
Nada que ver con lo que se espera de un edición del certamen programado como plato fuerte del bicentenario del nacimiento del compositor, cuya música es tan venerada por unos como odiada por otros pero al que se considera cumbre del germanismo operístico.
La temporada se abrió el 25 de julio con una reposición del "Holandés errante" de Jan Philipp Gloger abucheado en su estreno, en 2012, y mejor asimilada en su segunda temporada en cartel.
Luego llegó Castorf con un "Anillo" efectista, en el que el director berlinés pretendió trazar un viaje planetario por la lucha por el poder y la corrupción, trasladada al oro negro, el petróleo.
La producción recibió la primera tanda de abucheos con "El Oro del Rin", luego "La Valkiria" calmó algo las aguas, para desatarse la siguiente tempestad con un grotesco "Sigfrido" con kalashnikov y cerrarse el ciclo en bronca atronadora, con el "Ocaso".
Castorf, que no había salido a saludar hasta entonces, lo encajó con arrogancia, desafiando los abucheos del templo wagneriano desde el escenario entre gestos de "no habéis entendido nada".
No convenció con su colección de matones, dioses borrachos y chicas sexy, sean de motel-gasolinera o en Wall Street, pese a las impactantes escenografías con los rostros de Marx, Stalin, Lenin y Mao en las Mount Rushmore o plantas petroleras soviéticas.
Completarán la temporada del bicentenario el "Tannhäuser" de Sebastian Baumgarten, despreciada desde su estreno, en 2011, y el asimismo vapuleado "Lohengrin" de Hans Neuenfels, de 2010.
Las herederas no lograron convencer a Wim Wenders ni a otros cineastas para el primer "Anillo" bajo su gestión, tal vez por la mala fama atesorada por el lugar bajo el autoritario Wolfgang.
Sí han logrado, en cambio, atraerse las mejores voces del universo wagneriano -fuera de Waltraud Meier, que se cansó de los ataques de ira Wolfgang y nunca más volvió- y también las mejores batutas.
Fue, en lo musical, un "Anillo" tal vez histórico, con un único lamparón -el Sigfrido de Lance Ryan- y unos grandiosos Catherine Foster -Brünnhilde-, Anja Kampe -Sieglinde-, Nadine Weissmann -Erda-, Martin Winkler -Alberich- y Wolfgang Koch -Wotan-.
Está por ver si ello será suficiente para convencer al patronato rector del festival de prolongar el mandato a las herederas, que expira el 2015.
El apellido pesa mucho en un festival fundado por Richard Wagner en 1876, cuatro años después de colocar la primera piedra del teatro, y que mantiene el perfil de empresa familiar.
Pesa, pero no lo es todo. Está también el factor éxito, del que depende la financiación de una empresa que presume de listas de espera de hasta años para cada una de sus localidades, pero que abre apenas cuatro semanas al año, las que dura el festival. EFE
gc/cat
Castorf desata tempestades con su despliegue de "Sigfrido" en kalashnikov y sexo oral
Gemma Casadevall
Bayreuth (Alemania), 29 jul (EFE).- El dramaturgo berlinés Frank Cartorf desató hoy otra ronda de atronadores abucheos en el Festival de Bayreuth con un "Sigfrido" armado con una kalashnikov, algo de sexo oral y otras ocurrencias, aparentemente destinadas a llevar a Richard Wagner al absurdo.
Bayreuth no sería Bayreuth si no encajara mal las osadías de quienes llegan etiquetados de provocadores y para los que hay precocinadas las rabietas del tradicionalismo wagneriano.
Hay que decir, sin embargo, que los abucheos arrancaron antes de la escena en que Erda, prostituta de Alexanderplatz practica sexo callejero con Wotan -seguidos en primer plano por el inseparable vídeo de Castorf-.
Esa escena quedaría en lo anecdótico en un templo wagneriano que no quiere parecer pacato, ya que el problema es que Castorf no consigue transmitir por qué a Sigfrido les siguen las miradas severas de Marx, Lenin, Stalin y Mao, esculpidos en las Mount Rushmure.
Por fortuna, Wolfgang Koch -Wotan- y Nadine Weismann cantan como dioses, en cualquier situación, lo mismo que el Sifgrido de Lance Ryan, por mucho que se les transmute desde héroe de la madre revolución a funcionario de correos.
El viaje ideado por Castorf para el "Anillo del Nibelungo" de Wagner se paró así las Mount Rushmure, con los próceres comunistas suplantando a los presidentes de EEUU.
De ahí cambió a una Alexanderplatz que, de la fea arquitectura socialista de sus tiempos en el sector oriental berlinés, pasó a la mediocridad actual, enredada entre shoping centers y anodinas estafetas de Correos.
Ahí cae Sigfrido, rebuscando entre papeleras de basura, a modo de grotesca degradación del héroe que no le temía a nada y fundía su propia espada, finalmente aparcada por la kalashnikov.
La magia imponente del escenario rotatorio ideado por Aleksander Denic y las voces mayúsculas de Ryan o Mirella Hagen -el pájaro del bosque, como majestuosa ave del paraíso- no consiguieron aplacar los ánimos de Bayreuth.
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Se recrudecieron así los abucheos que habían aparecido en "El Oro del Rin" y que en la segunda pieza, "La Valkiria", parecían haberse calmado gracias a los buenos oficios de Kirill Pretenko a la batuta.
El sector de público menos tradicionalista ensalzaba aún hoy en los entreactos la valentía de Castorf y atribuía los abucheos a la otra tradición de Bayreuth que implica castigar las trasgresiones al genio de Wagner.
Fuera de la reacción del público, las críticas hasta ahora han sido elogiosas para Petrenko y adversas a Castorf, al que de antemano se esperaba como un intruso en el olimpo wagneriano.
"Ignorad la dirección y escuchad la música", recomendaba la edición digital del semanario "Die Zeit", tras el estreno de las dos primeras piezas.
El estreno del "Anillo" se considera algo así como la prueba de fuego para las hermanas Katharina Wagner y Eva Wagner-Pasquier, codirectoras de Bayreuth desde 2008 y cuyo mandato expira el 2015.
La tetralogía es el plato fuerte del Año Wagner, en que se conmemora el bicentenario del nacimiento del compositor, en Leipzig y el 130 aniversario de su muerte, en Venecia.
El propio Wagner estrenó el "Anillo" completo en Bayreuth, en 1876, en el que fue el primer festival de esa ciudad bávara donde hizo levantar el teatro considerado óptimo para su ciclo operístico. EFE
gc/cd
Bayreuth abre con un "Holandés" ampliado su bicentenario de Richard
Gemma Casadevall
Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- El Festival Richard Wagner de Bayreuth abrió hoy con un "Holandés errante" en formato ampliado, a modo de tarta de cumpleaños por el bicentenario del compositor y con la elite alemana volcada en revalidar el culto al genio.
Christian Thielemann, a la batuta, y un holandés -Samuel You- deambulando, maleta de ruedas en mano, en busca del beso redentor de Senta -Ricarda Merbeth- protagonizaron la apertura del templo wagneriano, en una gala transmitida en cines de todo el país.
El festival bávaro es un "quién es quién" de la clase política y la farándula alemanas, mezcladas con wagnerianos llegados de todo el mundo a la ciudad de provincias bávara donde el compositor levantó su teatro en 1872 y donde siguen escuchándose únicamente sus óperas.
Junto a la líder alemana acudió a la cita prácticamente su Gobierno en pleno, mezclando la caravana de coches oficiales con una amalgama de líderes y famosos locales, aristócratas y algún que otro individuo estrafalario habitual de la casa.
El matrimonio Merkel-Sauer es tan asiduo como el ministro de Exteriores, Guido Westerwelle, solo o con su pareja, Michael Kronz, el hombre de negocios con quien comparte su vida desde 2004.
Entre los neófitos estaba el presidente del país, Joachim Gauck, pastor protestante crecido en la Alemania comunista, como Merkel, y acompañado de Daniela Schard, su compañera desde hace una década.
Al final, el debutante Gauck estaba tan feliz como la experta Merkel, como si también para el presidente empezaran las vacaciones.
Y explican al visitante quién es el apuesto señor que desde hace años acompaña a Westerwelle; "Su marido, muy guapo", dice Gundula Meese, de 73 años, a un japonés que balbucea algo en alemán.
"El año pasado el Doctor Sauer vino con uno de sus hijos", sigue la bayreuthiana, que aclara al japonés que Merkel no lleva el apellido de su actual esposo, sino del primero, y que no tiene hijos propios, pero en cambio Sauer sí: "dos", remarca con los dedos.
La descendiente del compositor confía en que el templo wagneriano, etiquetado de tradicionalista pero donde se han puesto en escena producciones rompedoras, "entenderá" el "Anillo" de Castorf, que lleva la tetralogía a ámbitos petroleros.
Ninguna de sus sucesores -Peter Hall, Harry Kupfer, Alfred Kirchner, Jürgen Flimm y Trankred Dorsts- repitió éxito.
A Castorf, director de la Volksbühne del antiguo sector este berlinés desde hace dos décadas, le espera un público exigente, que disfruta abucheando a los astros escénicos -sobre todo si son "nuevos" en la casa- y aplaudiendo a rabiar al coro y la orquesta locales. EFE
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Barenboim imprime su sello al bicentenario de Richard Wagner
Gemma Casadevall
Berlín, 25 mar (EFE).- El director Daniel Barenboim ha imprimido su propio sello al bicentenario del nacimiento de Richard Wagner, el genio al que el maestro argentino-israelí profesa devoción y que centra el Festival de Pascua de la Staatsoper de Berlín.
Barenboim se aseguró uno de esos éxitos que se dan por consabidos -es casi imposible que al maestro no se le ovacione en Alemania con el público en pié cuando interpreta a Wagner-, con Meier como la Sieglinde, René Pape como Wotan y Brünnhilde Iréne Theorin.
El Festival de Pascua, instaurado por Barenboim en 1996 y desde entonces consolidado en el calendario operístico centroeuropeo, se abrió el sábado con "El Oro del Rin", siguió ayer con "La Valkiria" y, tras "Sigfrido", el sábado siguiente, se cerrará el domingo con "El ocaso de los dioses".
También para el cierre de la tetralogía contará el director con Waltraud Meier, apuntalada en Mijaíl Petrenko como Hagen, en una escenografía obra de Guy Cassiers que disimula, en lo posible, las restricciones de espacio de Schiller Theater.
En ese viejo teatro se aloja la Staatsoper desde 2010 y ahí seguirá hasta que terminen las obras de remodelación de su sede original, en la Avenida Unter den Linden -"Bajo los Tilos"- que va de la Alexanderplatz a la Puerta de Brandeburgo.
Adaptarse a las limitaciones del Schiller -un teatro en la otra punta de la ciudad, al que esa mudanza salvó del cierre- no ha sido fácil para Barenboim, a lo que se suman sucesivos retrasos en el calendario de las obras, que no se prevé que terminen hasta 2014.
"La fidelidad de los wagnerianos está por encima de cualquier incomodidad", comentaba a Efe Diego Acebes, venezolano residente entre Miami y Caracas, asiduo al Festival de Pascua "desde el primer día" y un año más en Berlín, junto a su esposa e hija.
"Si al llamado 'rey loco' no le importó escuchar la tetralogía sentado en las sillas de madera de entonces tampoco importará tanto ahora pasar por debajo del andamio", continuaba el venezolano.
"Aquí tenemos a Waltraud, un privilegio más a favor de Berlín", seguía el wagneriano-venezolano.
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