viernes, 25 de julio de 2025

Merz, Weidel y otros postureos


Es ley de vida. Tenía que ocurrir. Pero ello no evitó cierta sacudida en el corazón. Friedrich Merz, el rival histórico de Angela Merkel, no solo había alcanzado la cancillería, sino también ese palco donde, según parece, se sentaron Luis II de Baviera, el Rey Loco, Adolf Hitler y también la ya ex canciller. A su sucesor directo en Berlín, el socialdemócrata Olaf Scholz, ni se le pasó seguramente por la cabeza tratar de ocupar su puesto. Por un lado, porque no se le conocían intereses wagnerianos. Por el otro, porque probablemente sabía que nunca sería nada más que un canciller de transición.
A Scholz le derribó del poder el socio traidor llamado Christian Lindner, el mal aliado liberal. A Merz no le costó demasiado colocarse en el puesto por el que llevaba esperando más de 20 años, desde que Merkel lo había arrinconado para poder convertirse en la líder alemana, europea, global, etc. que fue durante 16 años.
Merz ganó las elecciones anticipadas un 23 de febrero. En mayo asumía el puesto de canciller con los socialdemócratas como socios plenamente domesticados o resignados a la exigua supervivencia. El susto, por supuesto, lo dio Alternativa para Alemania (AfD), segunda fuerza a escala nacional.


A Merz debió parecerle que no sería del todo canciller si no desplazaba a Merkel también del palco de Bayreuth. Y lo hizo sin mayor complejidad. Markus Söder, el líder bávaro, no iba a oponerse. Menos aún podía esperarse resistencia de Merkel.
La ex canciller compareció, como todos los años, junto a Joachim Sauer. Merz, del brazo de Charlotte. Merkel seguía ganando peso y ya ni se molestaba en tratar de meterse en uno de sus trajes de gala del pasado. El intruso, aparecía con la mayor etiqueta posible. 
Para muchos, incluidos esos buenos vecinos que año a año suben a la verde colina simplemente para aplaudir o ver a los famosos, la señora de la casa seguía siendo Merkel. Al fin y al cabo, Bayreuth vive de fidelidades y rituales. La excanciller y su marido tienen el título de wagnerianos 100 %. Merz tiene que demostrar aún que no es solo uno de tantos millonarios que se asoman al templo por amor al postureo.  En  Bayreuth, la veteranía no es solo un grado, sino incluso una obligación. 

Algo de alivio se respiró también ante una ausencia. La Afd seguía proscrita en la Verde Colina. El cortafuegos alemán, o Brandmauer, rige también para Bayreuth. Así fue al menos en la inauguración y fastos que la acompañan. Días después, el diario "Bild" explicaba a sus lectores que Alice Weidel, la líder de la AfD, había acudido a una de las galas con "La Valkiria" de las rondas siguientes al estreno. Lo hizo acompañada de Sarah, la mujer suiza de origen asiático con la que comparte su vida. Liderar un partido homófobo como la AfD no le impide vivir abiertamente como lesbiana. Se dejó fotografiar con su copa de champagne, desafiante y probablemente pensando que tarde o temprano se la invitará a la gala inaugural. Del mismo modo con que sostiene que el Brandmauer político también caerá. Ingresará así en el postureo.