El "Anillo" de Wagner cumple 150 años con un magistral Thielemann y abucheos a la IA

Un momento de la ópera 'El Crepúsculo de los Dioses', con las imágenes elaboradas con IA de fondo, en el Festival de Bayreuth. / ENRICO NAWRATH / BAYREUTH
Gemma Casadevall Bayreuth (Alemania)02 AGO 2026 El Festival Richard Wagner de Bayreuth no escatima energías ni para las ovaciones ni para los abucheos. En el templo wagneriano se disfruta tanto encumbrando a sus artistas y producciones como destrozándolos. En el Anillo del Nibelungo concebido para el 150 aniversario del estreno de la tetralogía wagneriana, en ese mismo teatro y con el propio Wagner, confluyeron ambas cosas: la apoteosis entusiasta para la batuta de Christian Thielemann y los solistas, por un lado, y los atronadores abucheos, pataletas y pitidos a la producción. La idea de colocar a la Inteligencia Artificial sustituyendo a la escenografía desató las iras tanto de los ortodoxos como de los ansiosos de innovación. Con la última pieza del ciclo, el Crepúsculo de los dioses, quedó claro que al experimento le falta rodaje.
La idea de Marcus Lobbes y Nils Corte, responsables técnico y artístico de la producción, era recorrer ese siglo y media de historia del festival lanzando en cascada, al azar, producciones anteriores estrenadas en Bayreuth, mezcladas aleatoriamente con otras imágenes de diversa procedencia. El resultado es una sucesión monocorde de imágenes generadas por IA que se diluyen o deforman al poco de aparecer. Los solistas aparecen opacados, o incluso en eclipse total, en el caso del coro. Se les condena a una parálisis escénica, sin interactuar entre sí, ya que también se ha renunciado a toda dramaturgia.
"Cierre los ojos y déjese llevar", era el consejo lanzado desde el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung ante el experimento de la IA, a modo de balance parcial tras las dos primeras piezas El Oro del Rin y La Valquiria. "Un desastre", sentenció el rotativo regional Kurier, tras el Sigfrido. Con el Crepúsculo se materializó el veredicto final con abucheos inclementes.
Thielemann ha brillado como la gran batuta wagneriana que es. Las voces de Michael Volle, Klaus Florian Vogt, Jochen Schmeckenbecher y Camilla Nylund redondearon el triunfo de la música sobre la IA. Que a Vogt se le ovacione en Bayreuth no es noticia, puesto que es un solista mimado en el festival bávaro. En este caso, lo fue de principio a fin, ya que es presente en las cuatro piezas, primero como Loge, luego como Sigmundo y finalmente como Sigfrido.
Cada representación de este Anillo será distinta a las otras, ha explicado Thielemann. La IA "aprende" a medida que absorbe. Tal vez el público del final de la temporada, que termina el 25 de agosto, tenga mejor suerte que acudieron a su estreno.