viernes, 4 de noviembre de 2005

2005 El souflé no pinchó




El lamparón rosa

+ El elefante Schröder, los tres hitos de Merkel

Las miradas de todo Bayreuth se clavaron en la apertura de esa temporada en Angela Merkel. No solo porque ese año ascendía a la colina, por fin, como candidata a la cancillería -primera mujer, crecida en la Alemania comunista, protestante, a los 51 años, etc-. También por el inoportuno lamparón en su traje de gala rosa. Un color arriesgado, a finales de mes de julio en que puede hacer mucho calor y, por tanto, se suda. El lamparón en la axila de la candidata a canciller era visible desde todos los ángulos.

Bayreuth es una mezcla de élite y provincianismo como solo puede darse en esa ciudad bávara. Los jardines que rodean al teatro se convierten todos los años, salvo tormenta, en picnic compartido entre los asistentes al festival y los mirones. Los que no pasan los entreactos en el restaurante Steigenberger o chiringuitos vecinos meriendan sobre la hierba, champagne francés incluido en la cesta de exquisiteces preparada en el hotel de lujo, bajo la mirada de los ciudadanos que subieron, de nuevo, a la montañita solo para ver quién entra y cómo va.

Por entonces la convivencia era casi perfecta. La vigilancia policial era discreta, sin aparatosos controles de seguridad, apenas una valla de protección entre el desfile vip y los mirones. El lamparón de la candidata no escaparía a las miradas, menos aún a los objetivos de las cámaras que, año a año, captaban llegadas, vestidos, sonrisas y saludos de los Wagner a sus visitantes, en perfecta formación ante su teatro. Ese año se había incorporado Patti Smith, fotógrafa y comentarista del universo wagneriano para "Die Zeit".
Foto: dpa


El estreno de la temporada era un “Tristán” de Christoph Marthaler para el que la ortodoxia había precocinado ya su abucheo inaugural. La mezzosoprano sueca Nina Stemme tenía que hacerse perdonar no ser Waltraud Meier. La mezzo bávara era irrecuperable para el fue su festival de cabecera mientras siguiera bajo el dominio del viejo Wolfgang Wagner. La Isolda perfecta no regresaría, como tampoco lo haría la batuta de Daniel Barenboim ni tantos otros grandes, empeñados en pasear su amor a Richard Wagner por todo el mundo, menos por la verde colina.


martes, 1 de noviembre de 2005

Vía Efe. Los Sauer de Templin

El irresistible ascenso de una líder atípica

Foto: Bogumil Jeziorski, AFP, 1989

Gemma Casadevall 

Berlín, 16 sep (EFE).- La candidata conservadora a la Cancillería Angela Merkel es una personalidad atípica en la alta política alemana: sin talento mediático, más racional que emotiva y titubeante en las grandes ocasiones.
El domingo podría convertirse en el primer Canciller del Este y en la primera mujer que toma las riendas de Alemania, quince años después de haber dejado la Física en un atípico camino al poder.
Su fuerte es la perseverancia, la capacidad de aprender y una sonrisa que le ilumina el rostro y rompe su envarada timidez. Su punto flaco, la dificultad para transmitir optimismo y aplomo, dos cualidades que le sobran a su rival, Gerhard Schröder.
Desde que la Unión Cristianodemócrata y la Unión Cristianosocial de Baviera (CDU/CSU) la proclamaron candidata, el pasado mayo, pisó el acelerador de la metamorfosis iniciada con la caída del Muro.
Para muchos alemanes, sigue siendo una incógnita. En parte por su reserva respecto a su vida privada; en parte porque su biografía muestra un perfil de contornos difusos.
Nació en Hamburgo, en 1954, como Angela Dorothea Kasner, la hija de un pastor protestante que, unas semanas después, se fue a servir a una pequeña parroquia del Este. Emigró con los suyos de la vida occidental a la RDA, donde un religioso no era bien visto.
Nunca fue una "familia típica" del este. Recibían paquetes del oeste, a diferencia de otras niñas Angela vestía tejanos y tenían unos privilegios que sus vecinos no podían permitirse.
Su primera gran conmoción fue la construcción del Muro, el 13 de agosto de 1961. Con la cimentación de la Guerra Fría acabaron los viajes a Hamburgo para visitar a la familia que dejaron ahí.
Los biógrafos la retratan como una escolar aplicada, la primera de la clase, sin ser repelente. No hay unanimidad sobre el papel de su padre, que se mantuvo entre la crítica y la adaptación al régimen y del que no se descarta una corta relación con la Stasi (servicios secretos de la RDA).
Angela no fue nunca la más bonita, pero gozó de una independencia que otras compañeras no tenían. Eligió estudiar Física, lo que le permitió vivir lejos de su familia -en Leipzig y en Berlín-.
Se casó con 23 años con Ulrich Merkel, un compañero de estudios. Un matrimonio que "simplemente ocurrió", "porque todos lo hacían entonces", como ha explicado, y del que no tuvo hijos.