martes, 1 de noviembre de 2005

Vía Efe. Los Sauer de Templin

El irresistible ascenso de una líder atípica

Foto: Bogumil Jeziorski, AFP, 1989

Gemma Casadevall 

Berlín, 16 sep (EFE).- La candidata conservadora a la Cancillería Angela Merkel es una personalidad atípica en la alta política alemana: sin talento mediático, más racional que emotiva y titubeante en las grandes ocasiones.
El domingo podría convertirse en el primer Canciller del Este y en la primera mujer que toma las riendas de Alemania, quince años después de haber dejado la Física en un atípico camino al poder.
Su fuerte es la perseverancia, la capacidad de aprender y una sonrisa que le ilumina el rostro y rompe su envarada timidez. Su punto flaco, la dificultad para transmitir optimismo y aplomo, dos cualidades que le sobran a su rival, Gerhard Schröder.
Desde que la Unión Cristianodemócrata y la Unión Cristianosocial de Baviera (CDU/CSU) la proclamaron candidata, el pasado mayo, pisó el acelerador de la metamorfosis iniciada con la caída del Muro.
Para muchos alemanes, sigue siendo una incógnita. En parte por su reserva respecto a su vida privada; en parte porque su biografía muestra un perfil de contornos difusos.
Nació en Hamburgo, en 1954, como Angela Dorothea Kasner, la hija de un pastor protestante que, unas semanas después, se fue a servir a una pequeña parroquia del Este. Emigró con los suyos de la vida occidental a la RDA, donde un religioso no era bien visto.
Nunca fue una "familia típica" del este. Recibían paquetes del oeste, a diferencia de otras niñas Angela vestía tejanos y tenían unos privilegios que sus vecinos no podían permitirse.
Su primera gran conmoción fue la construcción del Muro, el 13 de agosto de 1961. Con la cimentación de la Guerra Fría acabaron los viajes a Hamburgo para visitar a la familia que dejaron ahí.
Los biógrafos la retratan como una escolar aplicada, la primera de la clase, sin ser repelente. No hay unanimidad sobre el papel de su padre, que se mantuvo entre la crítica y la adaptación al régimen y del que no se descarta una corta relación con la Stasi (servicios secretos de la RDA).
Angela no fue nunca la más bonita, pero gozó de una independencia que otras compañeras no tenían. Eligió estudiar Física, lo que le permitió vivir lejos de su familia -en Leipzig y en Berlín-.
Se casó con 23 años con Ulrich Merkel, un compañero de estudios. Un matrimonio que "simplemente ocurrió", "porque todos lo hacían entonces", como ha explicado, y del que no tuvo hijos.



Se divorció cinco años después y coronó a los 32 su excelente historial académico con un doctorado en Física, en cuyo capítulo de agradecimientos consta el Doctor Joachim Sauer, su actual esposo.
La caída del Muro cambió su vida, aunque no estuvo entre los cientos de miles de germano-orientales que el 9 de noviembre de 1989 celebraron con lágrimas y euforia la noche más esperada de su vida.
Se enteró de la noticia al salir de su sauna semanal, pasó al "otro lado" para llamar desde una cabina a una tía, en Hamburgo, y se retiró a la cama "porque tenía que madrugar".
Hasta entonces no hay constancia de actividades políticas, fuera de su tendencia al pacifismo moderado y algún contacto estudiantil.
En febrero de 1990 deja en suspenso la Física e ingresa en la CDU. Desde esa posición se convirtió en aplicada portavoz del último primer ministro de la RDA, Lothar de Maiziere.
Luego todo fue meteórico. Helmut Kohl hizo a esa muchacha de rostro melancólico del Este su ministra para la Mujer y la Juventud, en 1991. Le dio una de las vicepresidencias de la CDU y luego la trasladó a la cartera de Medioambiente, en 1994.
Merkel se puso rumbo a hacer historia con la derrota de Kohl, en 1998. Asumió la secretaría general, con el eterno "delfín" del patriarca ya en la Presidencia de la CDU, Wolfgang Schäuble.
Los que esperaban que quedaría aparcada ahí se equivocaron. El escándalo de las cuentas secretas salpicó a Schaeuble y ella sacó una carta inesperada: un artículo en el conservador "Frankfurter Allgemeine Zeitung" en que apostaba por "emanciparse de Kohl".
Schaeuble estaba acabado, la relación con Kohl se rompió y ella tomó la Presidencia de la CDU, en 2000. Era la primera mujer al frente de un partido que hasta entonces sólo conocía a patriarcas, pero las intrigas no le han dejado tomarse un respiro.
Merkel encajó con una sonrisa lo que pareció su gran derrota: en 2002, el bávaro Edmund Stoiber se impuso como candidato a la Cancillería, por considerarse más apto para derribar a Schroeder. No fue así.
Angela Merkel no tiene tampoco hijos con Joachim Sauer, divorciado y padre de dos varones, con los que ella mantiene una relación cordial.
Se casaron en 1998, tras unos años de convivencia. A Bauer se la apoda "el fantasma de la ópera", ya que hasta ahora ha reservado sus apariciones públicas a su cita anual con el Festival Richard Wagner de Bayreuth. EFE gc/dm/mlg



Quién es el "señor Merkel" y por qué no le dejan en paz

Gemma Casadevall


Berlín, 26 nov (EFE).- Al interés por conocer más de cerca a la canciller Angela Merkel, la nueva protagonista de la política europea, ha seguido la curiosidad por su esposo, el catedrático de Química Joachim Sauer, no por su comportamiento, sino precisamente por sus ausencias.
Que un científico que se ha dedicado durante décadas a la química cuántica, los catalizadores y las moléculas, no quiera echar por la borda su carrera como reputado profesor ante la nueva responsabilidad de su esposa, entra en la lógica común.


Foto DDP

A Sauer, de 56 años y con fama de adusto, se le sabía celoso de su privacidad y se había ganado ya el apodo de "el fantasma de la ópera", puesto que sólo se le veía al lado de su esposa en la cita anual del Festival Richard Wagner de Bayreuth.
Pero que el pasado martes no estuviera en el Parlamento, compartiendo tribuna con sus suegros y su cuñado, mientras Merkel hacía historia al convertirse en la primera mujer al frente de la gran potencia europea parece excesivo para algunos.
Parte de la prensa popular, como el tabloide "B.Z", hizo juegos de palabras entre el apellido Sauer y su significado etimológico -agrio-. Otros, como "Bild", quisieron aclarar que Merkel y su marido no duermen en camas separadas y su matrimonio funciona.
Una analista de "Berliner Zeitung" atribuía la ausencia de Sauer a una rara forma de vanidad masculina: no aparecer en público es una manera de llamar la atención; de haber estado en la tribuna del Bundestag, al día siguiente apenas se hablaría de él.
El tándem Sauer-Merkel no se dejó amilanar -o, al menos, no que se sepa- y el viernes lanzaron otro jarro de agua fría al auditorio: la flamante canciller no asistió al baile anual de la prensa.
A la cita no se había resistido ni siquiera otro enemigo de este tipo de escaparates, el ahora ex ministro de Exteriores, Joschka Fischer, quien fue un año con su cuarta esposa, Nicola, y al siguiente con su nueva novia, Minu. Menos aún el mediático Gerhard Schroeder, acostumbrado a galantear en público a su mujer, Doris.
Merkel aludió a su apretada agenda -lo que nadie puede negarle, en una semana en que salió del Bundestag en dirección a París, Bruselas y Londres y que mañana estará en Barcelona-. Pero ni así se libró de dar explicaciones sobre su marido.
Merkel repitió a "Bild" lo que ya dijo, al término del gran día de su elección, en una entrevista a televisión: Sauer prefirió ver su investidura "con tranquilidad por televisión" y lo que le importa es saber que tiene su apoyo, de lo que para ella no hay duda.
La canciller confía en ir con su esposo a algunas de las visitas de Estado que realice, pero siempre que los compromisos académicos de Sauer se lo permitan, dice.
Está claro que Sauer cuenta con la complicidad de sus colegas y alumnado, que hasta ahora han arropado su "ley del silencio" y declinan dar cuentas sobre las supuestas rarezas -o tal vez normalidad absoluta- del catedrático.
Pero no está del todo claro que se le deje en paz. Schroeder malcrió a la prensa del corazón con sus expansiones de felicidad conyugal, de amor de hijo a su valerosa madre y de sus reencuentros familiares con sus robustas primas del este de Alemania.
Con ello rompió la norma de su antecesor, Helmut Kohl, de no dejar que las cámaras entrasen en su esfera privada y no va a resultar fácil para los Sauer-Merkel dar marcha atrás al engranaje.
Hasta ahora, ni siquiera se sabe con seguridad dónde nació Sauer. Supuestamente, en 1949 como hijo de un pastelero de Hoyerswerda (este de Alemania), lo que algunos improvisados biógrafos ponen en duda, puesto que nadie lo conoce ahí.
Tampoco se sabe a ciencia cierta desde cuándo son pareja Merkel y Sauer, divorciado como ella y padre de dos hijos.
El nombre del catedrático consta en los agradecimientos de la tesis doctoral de Física de Merkel, de 1986, y se supone que empezaron a vivir juntos, a caballo entre la carrera política de ella y las estancias de él en universidades europeas y de EEUU.
El hecho de que ella lleve el apellido de su primer marido -con quien estuvo siete años casada- y no el de su actual esposo se debe a que su segundo matrimonio se formalizó en 1998, años después de que ella irrumpiese en política apadrinada por Kohl y fuese conocida como Merkel. EFE gc/ih/vv