martes, 4 de noviembre de 2008

2008 Ese escote verde

Foto: Marc Müller, dpa

Tres tormentas en ciernes

+ Sucesión en el templo, relevo bávaro, hecatombe europea


Angela Merkel escogió ese año un hermoso traje verde, con un escote moderado, pero algo más pronunciado de lo habitual en la canciller, al menos en Baviera. Parece que no había escarmentado con el revuelo causado por otro escote aún más generoso y profusamente difundido en los medios, por lo inhabitual en la discreta canciller, con que se habría presentado en la ópera de Oslo unos meses antes.

A su lado, el catedrático wagneriano de todos los años. En unos meses cumplirían su décimo aniversario como matrimonio formal. Se la veía feliz, casi radiante, a punto de completar los dos tercios de su primera legislatura como canciller y tres años después de convertirse en la primera mujer, y primer ser humano crecido en la Alemania comunista, al frente de la Cancillería de la primera potencia europea.

La temporada abría con un nuevo “Parsifal”. Se suponía que iba ser menos abucheado que el de su antecesor, el terrible Christof Schlingensief. Lo firmaba el noruego Stefan Herheim, quien prometía una nueva incursión en las esencias de Germania y el mito de Parsifal, lo que en el código de Bayreuth significa remover fantasmas del pasado. O colocar, por lo menos, algún soldado desfilante con resonancias nazis.

Todo se ceñía al orden establecido. Pero nada era como siempre. A Wolfgang Wagner no lo acompañaba ya, como cada año, la que había sido su mujer, parapetada y sonriendo a su lado para dar la bienvenida al mundo wagneriano, ante la puerta del teatro levantado por orden del abuelo Richard. Gudrun, veinte años más joven que el patriarca, había muerto el noviembre anterior tras casi tres décadas de recepciones y vida en común. Las fanfarrias llamarían al visitante, como todos los años, al término de cada entreacto. Mandarían los tres avisos prescriptivos para que el visitante deje la cerveza o el helado, con tiempo para la última visita a los servicios. Merkel y la cúpula de Baviera estaban ahí, también como cada año. Pero a Wolfgang le faltaba su puntal.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Vía Efe, la heredera Katharina, el rey Seehofer

 

Foto dpa


La CSU bávara cierra filas alrededor de Seehofer como único líder

Gemma Casadevall

Berlín, 8 oct (EFE).- La Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) designó hoy como primer ministro bávaro a Horst Seehofer, ministro de Agricultura de la canciller Angela Merkel, en un intento por mostrar cohesión en torno a un líder único tras la pérdida de la mayoría absoluta en ese estado.
El grupo parlamentario bávaro de la CSU designó a Seehofer como sucesor de Günther Beckstein, quien anunció la semana pasada su dimisión tras la debacle sufrida en las elecciones regionales.
Seehofer, que alcanzó un 88,4 por ciento de los votos, será el nuevo hombre fuerte de esa formación, ya que además sucederá al presidente del partido, Erwin Huber, quien también anunció su retirada tras los comicios.
El dúo Huber-Beckstein asumió así las consecuencias de la fuerte pérdida de votos sufrida por la CSU en los comicios regionales de Baviera el pasado 28 de septiembre, en que la formación pasó del 60,7 por ciento que tuvo en 2003 -bajo el liderazgo único de Edmund Stoiber- al 43,4 por ciento.
Ambos llevaban apenas un año en sus respectivos cargos y su nombramiento había ido precedido de fuertes presiones internas para forzar el relevo de Stoiber, quien llevaba 14 años como jefe del gobierno y ocho al frente del partido.
Seehofer pretendió ya entonces convertirse en nuevo presidente de la CSU, pero fue derrotado por Huber en el congreso celebrado en septiembre de 2007.
En la derrota influyeron varios factores. Por un lado, Seehofer no era un político de peso en las estructuras de la CSU y su carrera ha discurrido más en Berlín que en Múnich, lo que para un partido identificado con las esencias bávaras era un déficit.
Por el otro, su candidatura fue impulsada por el propio Stoiber, lo que más que favorecerle le perjudicó.
Y, finalmente, en plena campaña por suceder a Stoiber, saltó la noticia de que una funcionaria del Bundestag esperaba un hijo suyo, el cuarto para el político, quien tras el consiguiente revuelo en la prensa popular asumió la paternidad pero regresó con su esposa.