Matrimonios estelares
De gris metálico, sonriente como siempre sobre la colina, acompañada de nuevo por los dos Sauer, padre e hijo, Joachim y Daniel. Merkel, junto a sus dos wagnerianos, irradiaba optimismo. A tres meses de las generales, en pos de la reelección. Y con la eurozona estallando.
Alemania había entrado en recesión, las cifras del desempleo empezaban a dispararse. Alemania empezaba también a atornillar a los socios del sur. Habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, los vagos del sur. Unos más que otros. A Merkel le había hecho parte del trabajo sucio de las reformas estructurales su antecesor, el socialdemócrata Gerhard Schröder. Exigía de sus socios reformas similares a la Agenda 2010, el programa que costó el puesto al excanciller y arruinó la credibilidad de la socialdemocracia alemana.
Pero a Bayreuth no se sube a mostrar enfados, sino aplomo. La verde colina había entrado en una nueva era. Katharina y Eva, el duo de biznietas, estrenaba su dirección bicéfala. A Katharina seguía envolviéndola el áurea de heredera natural. Contaba, además, con Christian Thielemann como batuta aliada. A Eva, de 64 años, se le dejaba la contabilidad de la empresa. Katharina, treinta y algo años menos, quedaba para la parte artística. Bayreuth reponía ese año unos “Maestros Cantores” que, en su estreno, dos años atrás, no gustaron. Puro kitch.
El plato fuerte de la temporada era un nuevo “Tristán” al que su responsable, Christoph Marthaler, había relegado a la impavidez. Otra ocasión para echar de menos el que había puesto en escena en esa misma casa, años atrás, Heiner Müller. El dramaturgo del este que entró en Bayreuth como azote de los viejos nazis que, según él, siguen desfilando por el teatro. El intruso de la Alemania comunista que se ganó la devoción eterna.
