Las Wagner se estrenan en Bayreuth y perpetúan el culto al bisabuelo
Gemma Casadevall
Bayreuth, 24 jul (EFE).- El Festival de Ópera Richard Wagner de Bayreuth abre mañana su temporada con "Tristán e Isolda", gala que generará la peregrinación anual de wagnerianos de todo el mundo y cuya atención se centra en el debut de cúpula bicéfala del festival: Katharina y Eva Wagner-Pasquier, el dúo de biznietas del compositor.Katharina, de 31 años, y Eva, de 64, ambas hijas del patriarca Wolfgang Wagner, presidirán por primera vez juntas la apertura del festival sobre la "Verde Colina" de Bayreuth en que su bisabuelo mandó construir un teatro consagrado en exclusiva a sus óperas.
La edición número 98 del Festival se abre con el "Tristán" de Christoph Marthaler estrenado hace cuatro años, con Peter Schneider a la batuta y Robert Dean Smith -tenor de la casa- e Irene Theorin poniendo cuerpo y voz a la "Liebestod" de Isolda.
Seguirá los "Maestros Cantores de Nuremberg" con que Katharina se estrenó como directora escénica en la casa, en 2007, y completará el ciclo el "Anillo del Nibelungo" de Tankred Dorst, con Christian Thielemann al frente de la orquesta, en Bayreuth desde 2006.
Sobre la "Verde Colina" no se ha previsto, pues, novedad operística alguna capaz de eclipsar el imán mediático de las dos descendientes de Wagner, ahora co-directoras.
Ambas se personarán ante el viejo teatro donde Richard Wagner ofreció el primer festival, en 1876, para recibir un desfile de wagnerianos encabezados por la canciller Angela Merkel, incondicional en Bayreuth desde años antes de llegar al poder.
Será su gran debut como tándem hermanado, después de una larga guerra de sucesión en que Katharina y Eva compitieron entre sí y también contra una tercera descendiente, Nike, sobrina de Wolfgang, finalmente desbancada por sus primas.
De prácticamente ni hablarse durante años han pasado a cooperar y, que se sepa, se han repartido fraternalmente los papeles de directora artística -Katharina- y gestora empresarial -Eva-.
El milagro se produjo después de que Wolfgang accediera a jubilarse, tras más de medio siglo llevando en solitario un festival que reflotaron él y su hermano Wieland, en la posguerra, y tras los años de sumisión familiar a Adolf Hitler.
Para Katharina, la tarea de saludar al público, bajo el sonar de la tradicional fanfarria de su balcón, tiene algo de ritual.
Durante años acompañó en ello a su padre y su madre, Gudrun. Desde que debutó como directora de escenografías propias -en 2002, con su "Holandés Errante" en Würzburg, y luego en otras plazas hasta atreverse con Bayreuth- se la consideraba heredera natural.
La muerte de Gudrun, en 2007, desarmó a Wolfgang y favoreció la solución bicéfala, segunda en Bayreuth tras el periodo en que el patriarca compartió esa función con Wieland, fallecido en 1966.
Eva Pasquier-Wagner, hija de la primera esposa, Ellen Drexsel, se conoce perfectamente la casa y trabajó junto a Patrice Chéreau en la preparación de su legendario "Anillo", estrenado en 1976.
Fuera de Bayreuth acumula un largo currículum con distintos cometidos en el Covent Garden de Londres, el Teatro Real de Madrid y el Metropolitan de Nueva York.
Al tándem le avala méritos suficientes como para que nada falle en un festival entre los más prestigiosos del mundo y con dos particularidades que lo distinguen del resto: sólo se escucha a Wagner y sólo abre al público cuatro semanas al año.
Nada cambiará, de momento, en ese orden interno y la única innovación en programa es la incorporación de un "Holandés Errante" concebido para el público infantil, paralelo al festival.
Habrá, asimismo, una transmisión popular, el 9 de agosto, para el "Tristán", según modelo introducido el año pasado por Katharina.
La que hubiera sido otra novedad, el conflicto laboral de la plantilla no artística, que amenazaba con la huelga en la apertura, quedó solventado a tiempo con el acuerdo anunciado el jueves por el sindicato Ver.di, representante de los 140 empleados.
Todo apunta a un estreno armónico para un festival que combina la exquisitez operística con los aires de gran pícnic que envuelven los entreactos -una hora de reloj- de Bayreuth. Esta vez, con menos meriendas sobre la hierba, puesto que se anuncian lluvias. EFE
gc/cat
Katharina señorea con unos "Maestros" puro kitch
Gemma Casadevall
Bayreuth (Alemania), 26 jul (EFE).- Katharina Wagner señoreó por Bayreuth, en su doble función de co-directora del Festival Richard Wagner y responsable escénica de "Los Maestros Cantores de Nuremberg", la obra preferida de Hitler que la biznieta del compositor convierte en parodia kitch de los próceres.
Klaus Florian Vogt, ideal en el papel de guapísimo aspirante a cantor convertido en ácrata transgresor, y Alan Titus, en el de su mentor, se repartieron el peso de una producción estrenada en Bayreuth hace tres temporadas con un derroche de medios técnicos.
El propósito de la directora es romper normas y dar la vuelta a la ópera de su bisabuelo, instrumentalizada por el aparato de propaganda nazi. Un plan ambicioso, que se hunde por sobredosis.
El transgresor que irrumpe como un ligón de discoteca en un escenario de pupilos militarizados, clónicos y arios acabará en cantante convencional de baladas. Y del lúgubre tono inicial se pasará a un estridente cabaret, con Wagner de cabezudo, y finalmente a un supercasting televisivo en busca de la superestrella.
Las normas existen para colocarlas del revés, los próceres -incluido el bisabuelo- también. Esta es la consigna de Katharina en la pieza con que debutó en 2007 como autora en la casa, el lugar del que durante años se sintió heredera natural y en el que ahora ha acabado como co-gestora junto a su hermana Eva Wagner-Pasquier.
La producción funcionó mal en las dos temporadas anteriores y esta vez ocurrió algo parecido: ovaciones a todas las voces, incluido el descomunal coro, y abucheos furiosos para Katharina.
Los "Maestros Cantores" se recibieron como un reflejo de la situación en Bayreuth, tras la retirada del patriarca Wolfgang, su padre, que en agosto cumplirá 90 años y al que en este festival no se ha visto ni posando en la foto inaugural.
Katharina, de 31 años, sintetizaría la voluntad de renovación y el culto a las esencias. Con su cabellera rubia y un físico extraído del universo wagneriano es el rostro del nuevo Bayreuth.
Pero está por ver si logrará defender su posición de heredera natural, si persiste en mantener en cartel esa producción. Eva es menos mediática, pero tiene una sólida carrera -fue auxiliar de Patrice Chéreau en el mítico "Anillo del Nibelungo" de 1976, o en otras funciones en el Covent Garden de Londres, el Teatro Real de Madrid y el Cosmopolitan de Nueva York.
Los "Maestros" de Katharina no harán historia en Bayreuth en cuanto a producciones míticas, pero sirvió para recordar su compromiso de investigar la relación de Bayreuth con el nazismo.
El tema no es nuevo y sobre la cuestión hay ya unos cuantos libros, los más sabrosos de los cuales escritos precisamente por otros descendientes de Wagner. Entre ellos, Nike Wagner, sobrina de Wolfgang y candidata derrotada a sucederle, o Gottfried Wagner, hijo del patriarca y una especie de proscrito familiar.
Sigue habiendo, sin embargo, mucha materia inexplorada. Winifred Wagner puso Bayreuth a los pies de Hitler y al servicio del aparato de propaganda de Joseph Goebels -para quien los "Maestros Cantores" era exponente del "alma y la cultura germanas"-.
Británica, hija política de Richard Wagner y madre de Wolfgang, Winifred ejerció de dueña de Bayreuth a la muerte de su esposo Siegfrid, en 1930, tres años antes de la llegada de Hitler al poder.
Los "Maestros Cantores" fueron en esos años pieza prioritaria del festival y su apertura amenizó los congresos nazis.
Según cartas y otros documentos, la admiración de Winifred por el "Führer" iba más allá de lo ideológico y entraba en lo carnal.
Katharina ha encargado un estudio histórico que, según los planes, debería publicarse en 2013. Ello implicará hurgar en los archivos la casa Wahnfried, el que fue domicilio de los Wagner, ahora un museo, y donde a su vez recaló Hitler en Bayreuth.
El material existente puede ser fragmentado, puesto que, según dedujo Nike en su momento, el propio Wolfgang destruyó ciertas cartas y archivo privado de su madre tras la caída del Tercer Reich.
Wolfgang se encargó de reflotar, junto con su hermano Wieland, el festival de Bayreuth en la posguerra, bajo supervisión de los aliados. Las fotos conocidas de ambos jóvenes hermanos, paseando por los jardines de Bayreuth con el "Führer" es sólo un anécdota de lo que se supone que hubo detrás de la pasión de Winifred. EFE
gc/af
Bayreuth (Alemania), 26 jul (EFE).- Katharina Wagner señoreó por Bayreuth, en su doble función de co-directora del Festival Richard Wagner y responsable escénica de "Los Maestros Cantores de Nuremberg", la obra preferida de Hitler que la biznieta del compositor convierte en parodia kitch de los próceres.
Klaus Florian Vogt, ideal en el papel de guapísimo aspirante a cantor convertido en ácrata transgresor, y Alan Titus, en el de su mentor, se repartieron el peso de una producción estrenada en Bayreuth hace tres temporadas con un derroche de medios técnicos.
El propósito de la directora es romper normas y dar la vuelta a la ópera de su bisabuelo, instrumentalizada por el aparato de propaganda nazi. Un plan ambicioso, que se hunde por sobredosis.
El transgresor que irrumpe como un ligón de discoteca en un escenario de pupilos militarizados, clónicos y arios acabará en cantante convencional de baladas. Y del lúgubre tono inicial se pasará a un estridente cabaret, con Wagner de cabezudo, y finalmente a un supercasting televisivo en busca de la superestrella.
Las normas existen para colocarlas del revés, los próceres -incluido el bisabuelo- también. Esta es la consigna de Katharina en la pieza con que debutó en 2007 como autora en la casa, el lugar del que durante años se sintió heredera natural y en el que ahora ha acabado como co-gestora junto a su hermana Eva Wagner-Pasquier.
La producción funcionó mal en las dos temporadas anteriores y esta vez ocurrió algo parecido: ovaciones a todas las voces, incluido el descomunal coro, y abucheos furiosos para Katharina.
Los "Maestros Cantores" se recibieron como un reflejo de la situación en Bayreuth, tras la retirada del patriarca Wolfgang, su padre, que en agosto cumplirá 90 años y al que en este festival no se ha visto ni posando en la foto inaugural.
Katharina, de 31 años, sintetizaría la voluntad de renovación y el culto a las esencias. Con su cabellera rubia y un físico extraído del universo wagneriano es el rostro del nuevo Bayreuth.
Pero está por ver si logrará defender su posición de heredera natural, si persiste en mantener en cartel esa producción. Eva es menos mediática, pero tiene una sólida carrera -fue auxiliar de Patrice Chéreau en el mítico "Anillo del Nibelungo" de 1976, o en otras funciones en el Covent Garden de Londres, el Teatro Real de Madrid y el Cosmopolitan de Nueva York.
Los "Maestros" de Katharina no harán historia en Bayreuth en cuanto a producciones míticas, pero sirvió para recordar su compromiso de investigar la relación de Bayreuth con el nazismo.
El tema no es nuevo y sobre la cuestión hay ya unos cuantos libros, los más sabrosos de los cuales escritos precisamente por otros descendientes de Wagner. Entre ellos, Nike Wagner, sobrina de Wolfgang y candidata derrotada a sucederle, o Gottfried Wagner, hijo del patriarca y una especie de proscrito familiar.
Sigue habiendo, sin embargo, mucha materia inexplorada. Winifred Wagner puso Bayreuth a los pies de Hitler y al servicio del aparato de propaganda de Joseph Goebels -para quien los "Maestros Cantores" era exponente del "alma y la cultura germanas"-.
Británica, hija política de Richard Wagner y madre de Wolfgang, Winifred ejerció de dueña de Bayreuth a la muerte de su esposo Siegfrid, en 1930, tres años antes de la llegada de Hitler al poder.
Los "Maestros Cantores" fueron en esos años pieza prioritaria del festival y su apertura amenizó los congresos nazis.
Según cartas y otros documentos, la admiración de Winifred por el "Führer" iba más allá de lo ideológico y entraba en lo carnal.
Katharina ha encargado un estudio histórico que, según los planes, debería publicarse en 2013. Ello implicará hurgar en los archivos la casa Wahnfried, el que fue domicilio de los Wagner, ahora un museo, y donde a su vez recaló Hitler en Bayreuth.
El material existente puede ser fragmentado, puesto que, según dedujo Nike en su momento, el propio Wolfgang destruyó ciertas cartas y archivo privado de su madre tras la caída del Tercer Reich.
Wolfgang se encargó de reflotar, junto con su hermano Wieland, el festival de Bayreuth en la posguerra, bajo supervisión de los aliados. Las fotos conocidas de ambos jóvenes hermanos, paseando por los jardines de Bayreuth con el "Führer" es sólo un anécdota de lo que se supone que hubo detrás de la pasión de Winifred. EFE
gc/af
Bayreuth para niños, devoradores de helado y bronceados al sol
Gemma Casadevall
Bayreuth (Alemania), 27 jul (EFE).- El Festival Richard Wagner de Bayreuth estrenó esta temporada un "Holandés errante" para niños, toda una novedad en un certamen menos estirado de lo que algunos creen donde no impera la rigurosa etiqueta y conviven la devoción wagneriana con los helados y los bronceados al sol.
Más corto -menos de una hora, un tercio de lo habitual-, más divertido, con vestuario diseñado por los propios niños y posibilidad, con mucha suerte, de ser uno de los privilegiados que accionan el ingenio mecánico para simular un vendaval: así es la versión de la ópera adaptada a espectadores de entre seis y nueve años.
Su responsable, Alexander Busche, ha extirpado del original algunas arias, escenas dramáticas no acordes con el público al que se debe y por supuesto ha dulcificado el trágico destino del esposo errante en pos de la mujer inabarcable.
En el teatro del festival, el que fundó el compositor como mejor lugar del mundo para "sentir" la grandeza de su ópera, la orquesta de 150 músicos interpreta hoy desde las profundidades del foso la versión completa del "Oro del Rhin", primera pieza del "Anillo del Nibelungo" -un total de 25 horas de Wagner en estado puro-.
A unos 200 metros, en un escenario paralelo también sobre la Verde Colina de Bayreuth, los 19 músicos del "Holandés" para niños ofrecían al mediodía la versión ligera de Wagner, donde orquesta, solistas y espectadores conviven y hasta se tocan.
La idea fue de Katharina Wagner, biznieta del compositor y desde este año codirectora del festival junto a Eva Wagner-Pasquier, hermana por parte paterna.
Katharina se llevó ayer un abucheo furioso por sus "Maestros Cantores de Nuremberg", reposición de una producción en la que no se reparó en gastos, que entró así en su tercer año de vapuleo en Bayreuth y que, según parece, se mantiene por ser de quien es.
A la biznieta le queda la buena acogida que está obteniendo esta otra iniciativa suya, que corría el riesgo de ser tachada de "traición".
El estreno coincidió con la apertura de la temporada, el sábado, y meses antes no quedaba ni una de las 200 entradas para cada de sus diez galas -al precio de 20 euros para un menor más acompañante-.
El Wagner infantil nació bajo el estigma exitoso de su homólogo adulto, que temporada a temporada ve agotarse meses antes de abrirse el festival cada una de las 1.974 plazas por gala -53.900 para el total del certamen, a precios que van de 225 a los 14 euros-.
La iniciativa tiene visos de continuidad, como también la tendrá otra novedad instituida el año anterior por Katharina, la transmisión en directo por pantallas gigantes de una representación, en este caso el "Tristán e Isolda", el próximo 9 de agosto.
El año pasado hubo respuesta masiva y concentró a miles de bayreuthianos para seguir al sol el drama, sentados en tumbonas e incluso en bañador, tomándose una cerveza o un helado, desde la pantalla gigante instalada en una plaza.
Lo de saborear a Wagner en Bayreuth entre cervezas y helados no es, sin embargo, exclusivo del público popular. Los que se precian de iniciados ocupan sus entreactos -una hora- no en el restaurante de lujo y las terrazas de "Moet" del teatro, sino en un chiringuito de salchichas, a cuatro minutos a pie, donde coexisten los señores en severo esmoquin y los vecinos que toman el sol en bañador.
Bayreuth es, como buena ciudad de provincias bávara, uno de esos lugares donde las salchichas siguen sabiendo a salchicha y Wagner sigue sonando como Wagner deseó -independientemente de las apuestas escénicas actuales-.
No hay exigencia de etiqueta rigurosa -ni siquiera en la gala de apertura, aunque asista la canciller Angela Merkel y un buen desfile de ministros y líderes de Baviera.
Lo único que se pide es adoración a Wagner y eso puede mostrarse engalanándose de acuerdo a los cánones universales de las grandes galas operísticas, con extravagancias de diseño, en traje regional bávaro o incluso en vestimenta de calle más o menos correcta. Todo vale para sumarse al peregrinaje, menos el desamor a Wagner. EFE
gc/nvm/cr
(foto)
Wolfgang Wagner cumple 90 como patriaca retirado
Gemma Casadevall
Berlín, 29 ago (EFE).- Wolfgang Wagner cumple mañana 90 años convertido en patriarca silencioso de Bayreuth, la ciudad donde el abuelo Richard fundó un festival exclusivo para su ópera, reflotado tras el nazismo y por el que han desfilado las grandes batutas del mundo, de Pierre Boulez a Daniel Barenboim.
Durante más de medio siglo fue el mandamás vital y algo colérico de un imperio creado a la medida de Richard Wagner, 132 años atrás, y consagrado por siempre al culto en exclusiva a un único compositor. Desde hace un año vive retirado en la Verde Colina de la ciudad bávara donde nació, el 30 de agosto de 1919.
La temporada que cerró ayer, con el "Tristán e Isolda" de Christoph Marthaler, fue la única en décadas en que Wolfgang no presidió la ceremonia de apertura para dar la bienvenida a la peregrinación de wagnerianos llegados de todo el mundo a Bayreuth.
Se repartieron el cometido sus hijas Katharina, de 31 años, y Eva, de 64 años, co-directoras del festival desde que en 2008 Wolfgang accedió, por fin, a la jubilación.
El patriarca no cumplió con el ritual por razones de edad, es la explicación de la dirección del Festival de Ópera Richard Wagner, y su cumpleaños será íntimo, también en atención a su estado de salud.
A Wolfgang se le vino la edad encima en 2007, con la muerte de su segunda esposa, Gudrun, la madre de Katharina. Hasta entonces se había comportado de acuerdo a la fama de cascarrabias, obstinado en no ceder las riendas a nadie que no fuera la que consideraba heredera natural del imperio, Katharina, bajo tutela de su madre.
Al enviudar accedió a repartir la jefatura entre las hijas. El templo se reabrió para Eva Wagner-Pasquier, nacida de su primer matrimonio y crecida entre las óperas de Bayreuth, con la que llevaba unos treinta años sin apenas hablarse.
Eva, como su hermano Gottfried, también del primer matrimonio, había quedado desterrada de la Colina en una de esas trifulcas familiares no extrañas en la dinastía. Si algo ha habido en Bayreuth, además de buena ópera, han sido parentescos enfrentados.
La fórmula de la dirección colegiada es una reedición del esquema con el que Wolfgang asumió la dirección, en 1951, estando entonces el festival bajo la administración aliada de la posguerra.
Wolfgang y Wieland, el hermano mayor, se repartieron la tarea de reflotar el festival que durante el nazismo fue un apéndice del aparato de propaganda del "Führer", por obra de su madre, Winifred, viuda de Siegfried Wagner, inglesa de nacimiento y nazi ferviente.
Hitler convirtió Bayreuth, su teatro y la casa de los Wagner en un segundo hogar. Su pieza predilecta, "Los Maestros Cantores", fue el plato fuerte del festival en el Tercer Reich y Wolfgang y Wieland pasearon por sus jardines entre oficiales y del brazo del dictador.
Wieland asumió el papel de director escénico, su hermano menor la de gestor y así siguieron hasta 1966, a la muerte del primero. A partir de ahí, Wolfgang quedó al mando en solitario de la Colina.
Bayreuth y Wagner son mucho más que los años negros del nazismo. La Verde Colina fue y sigue siendo la meca wagneriana por excelencia y, bajo la gestión de Wolfgang, se estrenaron producciones míticas, como el "Anillo del Nibelungo" de Pierre Boulez y Patrice Chéreau.
El patriarca no dudó en fichar a un provocador dramaturgo forjado en la Alemania comunista Heiner Müller, quien atraído por el morbo de trabajar "en el nido de viejos nazis", en sus propias palabras, escenificó uno de los más bellos "Tristán e Isolda" que se recuerdan, bajo la batuta de Barenboim.
A veces se estrelló con arriesgadas producciones, como el "Parsifal" del "enfant terrible" Christoph Schlingensief. Y hasta logró ahuyentar, a base de mal humor, a la más celebrada soprano de Bayreuth, Waltraud Meier, quien en 2000 encandiló por última vez a su selecto público con una "Valkiria" en dúo con Plácido Domingo.
El balance de su medio siglo de gestión es sin embargo imponente y la primera temporada de las Wagner ha sido de transición, sin estrenos. Habrá que esperar a 2010 para ver un nuevo el "Lohengrin" de Hans Neuenfels. O a 2013, bicentenario del nacimiento de Richard, en que se estrenará un "Anillo", con dirección aún por concretar. EFE
gc/alf
(foto)

