miércoles, 4 de noviembre de 2015

2015 Decenio sin tregua


Foto @gemmacasa privat
Dämmerung o Teflón

+ de la bienvenida al refugiado a Pegida


Angela Merkel no iba a tener un decenio fácil. Se acercaba el momento de recordar los diez años de su llegada al poder. La solidez, el liderazgo sin estridencias, tal vez el desgaste: los periodistas preparábamos la pieza inexcusable para el 22 de noviembre, el día en que se cumplían los diez años del doble hito histórico, primera mujer y del este al frente de la Cancillería alemana.
Sólo que los años no son solo un suma y sigue. Tienen que discurrir.
 
Foto @gemmacasa
El 25 de julio Bayreuth abría la temporada como venía haciéndolo siempre, con o sin asistencia de Merkel. El teatro seguía desde el año anterior bajo un andamio en formato de simulacro de fachada mientras se avanzaba en su renovación. Una mala jugada para quienes se acercaban por primera vez al templo. Fotografiar el andamiaje tenía su punto macabro, por mucho que se tratara de enfocar a los músicos, en el balcón, a punto de anunciar el fin del entreacto. El mismo balcón desde al que luego, en la siguiente pausa, se accedería para hacerse la selfie o pedirle a un japonés que te tome una foto. Los japoneses están predestinados para este cometido. Se da por hecho que no saldrán corriendo con tu celular, porque los suyos son mejores que el tuyo. Y se da por hecho que sacan buenas fotos, puesto que sacan tantas.
 
Era la primera vez en que no viajaba sola a Bayreuth. El departamento de prensa no da entrada de acompañante ni siquiera a los más fieles seguidores mediáticos. Pero por fin había accedido a una de las codiciadas entradas para el público. A mi acompañante le tocó la primicia de fotografiar la fachada simulacro. Lo hizo con pasión.  Le presenté, uno a uno, todos los restaurantes, chiringuitos, bares al sol y solariums que me habían salvado del hambre en mis visitas anteriores, una vez enviada mi crónica. La terraza del Steigenberger donde pre-escribía mis crónicas, en los entreactos, mientras los asistentes de verdad, lo que pagaron por su entrada, comían o al menos tomaban su tempempié. El aparcamiento-picnic donde los más ahorradores abren el maletero del coche y sacan su tentenpié. El puesto de helados de chocolate, el de champagne de verdad y el del falso, el kebab último recurso junto a la Hauptbahnhof. 

Nos fotografió un japonés desde el balcón donde la fanfarria sale a marcar el fin del entreacto. Nos entregamos al universo wagneriano en pleno. Recorrimos el recién renovado museo de la Wahnfries Haus. No hay como ir acompañado para revisitar todo aquello que conocemos. 

Merkel nos daba la espalda, como siempre, desde su palco. Todos la fotografiábamos sin disimulo ya desde la llegada a la cultura universal de los celulares. Era parte del ritual. 

Fue otro final de julio de calor agobiante. Katharina era, por fin, dueña y señora en solitario. Eva se había desprendido de la dirección bicéfala. La biznieta más biznieta estrenaba, además, un "Tristán" más bien opaco, pero con grandes voces.
 
Baviera era por entonces un derechismo hasta civilizado. La ultraderecha se concentraba en Dresde, cuna de un movimiento que tal vez habría sido esperpéntico y fugaz, de no ser que todos los medios nos lanzamos a seguir cada uno de sus "lunes". Pegida, los llamados Patriotas contra la Islamización de Occidente, salía todos los lunes por la capital sajona. Del puñado de islamófobos pasamos a decenas de miles, en proporción parecida al crecimiento del circo mediático.

El esperpento de Pegida y sus cómplices, los medios, fue un preámbulo del que acabó resultando el año más difícil para Merkel. Siria ardía desde hacía años. Pero ese verano la crisis migratoria dejó de ser un tema informativo para hacerse realidad a Alemania. Los refugiados avanzaban. Baviera era su puerta de ingreso. La canciller de hierro no cerró fronteras mientras otros lo hacían. Y los lobos se lanzaron sonre Merkel.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Vía Efe De Pegida al "Wir schaffen das", más Tsipras y Katharina


Una Merkel en estado puro y necesitada de la UE para frenar el flujo de refugiados


Gemma Casadevall


Foto @gemmacasa

Karlsruhe (Alemania), 15 dic (EFE).- La canciller de Alemania, Angela Merkel, ha calmado las aguas en sus filas conservadoras con el compromiso de reducir el flujo de refugiados que recibe el país, cuestión que, sin embargo, solo podrá plasmar en la práctica con el apoyo de sus socios europeos.
La jefa del Gobierno alemán cerró hoy el congreso de dos días de su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU) en Karlsruhe (suroeste) como ganadora absoluta y con una sumisión incondicional de los suyos, que dejaron en nada las precedentes críticas internas a su gestión de la crisis de los refugiados.
Su apuesta por una "reducción sensible" del flujo de refugiados -en un año en que Alemania ha recibido un millón de peticionarios-, sin imponer límites cuantificables al asilo, recibió la aprobación de los 1.000 delegados, con apenas dos votos disidentes.
"Hay unanimidad en la necesidad de buscar soluciones. El león bávaro a veces ruge demasiado alto. Pero también busca la cohesión", afirmó el secretario general de la CDU, Peter Tauber, en declaraciones a la televisión pública Ard, durante el congreso.
Baviera, el "Land" (estado federado) por el que entra en Alemania el grueso de los solicitantes de asilo, viene exigiendo la imposición de un tope o la retención antes de entrar en el país de los peticionarios de asilo sin posibilidades de que se les admita como tales.
El líder bávaro, Horst Seehofer, presidente de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), hermanada con la CDU, insistió en ello en su intervención como invitado en Karlsruhe, con críticas más tenues que otras veces, pero igualmente firmes.
La estrategia de Merkel para conseguir la reducción de esos contingentes pasa por medidas nacionales, europeas e internacionales, recordó la canciller ante el partido que preside desde 2000.