Una Merkel en estado puro y necesitada de la UE para frenar el flujo de refugiados
Gemma Casadevall
Karlsruhe (Alemania), 15 dic (EFE).- La canciller de Alemania, Angela Merkel, ha calmado las aguas en sus filas conservadoras con el compromiso de reducir el flujo de refugiados que recibe el país, cuestión que, sin embargo, solo podrá plasmar en la práctica con el apoyo de sus socios europeos.
La jefa del Gobierno alemán cerró hoy el congreso de dos días de su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU) en Karlsruhe (suroeste) como ganadora absoluta y con una sumisión incondicional de los suyos, que dejaron en nada las precedentes críticas internas a su gestión de la crisis de los refugiados.
Su apuesta por una "reducción sensible" del flujo de refugiados -en un año en que Alemania ha recibido un millón de peticionarios-, sin imponer límites cuantificables al asilo, recibió la aprobación de los 1.000 delegados, con apenas dos votos disidentes.
"Hay unanimidad en la necesidad de buscar soluciones. El león bávaro a veces ruge demasiado alto. Pero también busca la cohesión", afirmó el secretario general de la CDU, Peter Tauber, en declaraciones a la televisión pública Ard, durante el congreso.
Baviera, el "Land" (estado federado) por el que entra en Alemania el grueso de los solicitantes de asilo, viene exigiendo la imposición de un tope o la retención antes de entrar en el país de los peticionarios de asilo sin posibilidades de que se les admita como tales.
El líder bávaro, Horst Seehofer, presidente de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), hermanada con la CDU, insistió en ello en su intervención como invitado en Karlsruhe, con críticas más tenues que otras veces, pero igualmente firmes.
La estrategia de Merkel para conseguir la reducción de esos contingentes pasa por medidas nacionales, europeas e internacionales, recordó la canciller ante el partido que preside desde 2000.
"Hay que reforzar las fronteras exteriores de la UE, lograr un reparto equitativo de los contingentes de refugiados entre sus miembros y apoyar a Turquía, para que atienda en su territorio a los refugiados que tratan de llegar a Europa", resumió Tauber.
Éstas han sido las consignas que ha defendido Merkel en cada uno de sus encuentros con los líderes de la UE, en las sucesivas cumbres de los últimos meses o en otros formatos.
"Hay un notable grupo de socios que comparten ese parecer. Hay que avanzar hasta convencer al resto", admitió el secretario general de la CDU y hombre de confianza de Merkel.
Hasta ahora, las iniciativas de la canciller para lograr un reparto efectivo de esos contingentes en la Unión Europea (UE) han obtenido resultados tibios.
El aliado más entusiasta de sus propuestas es el impredecible presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, al que Merkel ve como pieza clave para que los refugiados se queden fuera del territorio comunitario a cambio de ayudas multimillonarias.
"A Merkel le sería más fácil convencer a sus socios de la UE si adoptara nuestra propuesta de imponer límites a esos flujos. Todos sabemos que la situación actual es insostenible. Para Alemania como para Europa", afirmó a un grupo de periodista, en un aparte del congreso, el líder de las "Juventudes" de la CDU, Paul Ziemiak.
Esta agrupación había elaborado ante del congreso una moción más cercana a las tesis de Seehofer que a las de Merkel, que finalmente retiró ante la propuesta de consenso formulada por la cúpula de la CDU.
"Estamos satisfechos, se reconoce que Alemania no puede acoger de forma continuada semejantes flujos", apuntó Ziemiak.
"Cada congreso de la CDU es una oportunidad para su líder para crecerse. En este hemos visto a una Merkel en estado puro, cien por cien Merkel, con capacidad de liderazgo y de consenso", comentaba, desde una posición diametralmente distinta, Günther Helge Strickstrack, un veterano en la familia de la CDU.
Strickstrack formó tándem en el congreso con Heinz Schwarz, otro delegado que, como él, afirma no haberse perdido un solo congreso desde tiempos fundacionales del canciller, Konrad Adenauer.
"Ha estado más 'merkeliana' que nunca, créame. Imbatible, dominando su terreno desde el minuto cero al cierre del congreso", insistía, desde su posición de "experto en congresos". EFE
gc/nl/emm
(foto)
Diez años bajo del rombo de Merkel
Gemma Casadevall
![]() |
| Foto dpa |
Berlín, 21 nov (EFE).- Las manos juntas, formando un rombo con los dedos sobre una de sus arquetípicas chaquetas, es la señal de identidad de la canciller alemana, Angela Merkel, que mañana cumple diez años al frente de la potencia europea y que ha experimentado varias metamorfosis sin desviarse de su estilo.
La muchacha del Este, como la llamó su expadrino político y patriarca cristianodemócrata Helmut Kohl; la canciller de hierro, como se la ha definido por su férrea defensa de la austeridad; o también "canciller teflón", porque aparentemente todo le resbala, son los apodos más frecuentes para Merkel.
Su imagen, con la crisis de los refugiados, ha dado un nuevo giro y el semanario Der Spiegel llegó a caricaturizarla como una "Santa Angela de Calcuta", por representar la acogida generosa de quienes huyen de conflictos como el sirio, frente a las presiones internas para cerrar fronteras.
Son muchas las vueltas que se han dado al perfil de esta mujer de 61 años, hija de un pastor protestante, crecida en la Alemania comunista y doctora en Ciencias Físicas, que llegó a la política por casualidad, como casi por azar lleva también el apellido Merkel.
Nacida el 17 de julio de 1954 en Hamburgo, con el nombre de Angela Dorothea Kasner, la canciller debe el apellido por el que todo el mundo la conoce a un fugaz matrimonio a los 23 años con el igualmente joven Ulrich Merkel, en la pequeña parroquia de la República Democrática Alemana (RDA) donde ejercía su padre.
Tuvo una juventud calificable de normal en esa parte del país, incluida la práctica del desnudo integral en las playas del Báltico, como atestigua alguna foto de entonces.
A esa etapa pertenece también su fase de secretaria de propaganda de las Juventudes comunistas, pero luego se integró en los grupos de la oposición con la revolución pacífica que precedió a la caída del Muro, el 9 de noviembre 1989.
De ahí se convirtió en portavoz del gobierno de transición que condujo a la RDA hasta la reunificación, liderado por el democristiano Lothar de Maizière.
Para entonces ya se había divorciado del primer marido y convivía en Berlín con el profesor de Química Joachim Sauer, a quien conoció como hombre casado y padre de dos hijos y con quien contrajo matrimonio en 1998, siendo ella secretaria general de la Unión Cristianodemócrata (CDU).
De esa primera revolución política, conserva aún el apodo de "muchachita del Este" que le asignó Kohl al integrarla en su Gobierno, en 1991, necesitado de nuevos talentos de la antigua Alemania Oriental.
La Merkel como atípica máquina de poder, mezcla de sangre fría y perseverancia, empezó a revelarse en 2000, con Kohl inmerso en el escándalo de las cuentas secretas que se reveló en la CDU tras quedar apeado del poder por el socialdemócrata Gerhard Schröder.
Asumió las riendas del partido del patriarca Konrad Adenauer, tras llamar a los suyos a emanciparse de su aún padrino político y sucedió en la jefatura a Wolfgang Schäuble, exdelfín de Kohl, quien renunció salpicado por el escándalo.
Los barones de la CDU no le disputaron un puesto que no querían en esas horas bajas y ella fue dejando en la cuneta a sus enemigos internos, hasta convertirse en su candidata para reconquistar el poder frente al canciller Schröder, otro de los hombres que erraron el tiro al considerarla una rival inferior.
El 18 de septiembre de 2005 ganó sus primeras elecciones generales, por una ventaja mínima frente a Schröder, lo que aparentemente la castigaba a una jefatura de Gobierno frágil.
El 22 de noviembre hizo historia por partida doble, como primera mujer y primer político procedente del Este en la Cancillería. Lo hizo al frente de una gran coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD), con Schröder convertido en jubilado político.
En su salto a la esfera global topó con una situación parecida a lo que había sido su experiencia en la CDU y en la contienda electoral: se la consideró una aliada fácil o un escollo pasajero.
La larga secuencia de fotografías acumuladas a lo largo de su década en el poder -en cumbres multilaterales, en visitas de Estado, en la maratón de reuniones de crisis de la zona euro u otros panoramas- muestran a una Merkel casi inalterable.
Su repertorio de chaquetas -las variaciones se limitan al número de botones, diseño del cuello y por supuesto al color- parece infinito, pero el gesto del rombo es eterno, independientemente de si posa entre escolares o junto a un líder de máximo rango.
Fuera del país se sigue tratando de descodificar ese gesto, mientras que sus compatriotas lo han asimilado como propio de esa especie de "Mutti" -mamá- de una gran nación, que a veces arropa y otras regaña, ni empalagosa en el mimo ni cruel en el castigo. EFE
gc/nl/mr
Katharina supera la prueba de Bayreuth con un Tristán de grandes voces
Gemma Casadevall
Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- El Festival Richard Wagner de Bayreuth (Baviera) se rindió hoy al "Tristán e Isolda" dirigido por Katharina Wagner, la biznieta del compositor, al frente de una escenografía algo opaca de estructuras metálicas, en que la música le ganó la partida a lo visual.
Una Isolda surgida del azar -Evelyn Herlitzius, quien asumió el papel unas semanas antes del estreno tras renunciar al honor Anja Kampe- se ganó la ovación al mérito, como la hija del rey irlandés inmersa en la tensión amorosa, entre triángulos, escaleras y plataformas grises con alguna pincelada cromática.
Su "Tristán" era Stephen Gould, aprisionado como ella entre vallas a veces minimalistas, a veces laberínticas, pero adaptado perfectamente a las imposiciones escénicas de Katharina y enamorado de la Isolda que no quiere creer en su muerte.
Tal vez el conjunto insistió demasiado en formas estáticas, dificultosas para expresar las tormentas internas del universo wagneriano.
Pero las voces de los solistas y, sobre todo, la batuta de Christian Thielemann lo compensaron con creces, en un estreno que se esperaba con expectación y la habitual rumorología de Bayreuth especialmente desatada ante la gran revalida de la heredera natural de los Wagner.
Katharina Wagner, de 37 años, hija de quien fue el director de Bayreuth durante más de medio siglo -Wolfgang-, asumía con este "Tristán" un doble desafío, ya que al final de esta temporada tomará además las riendas en solitario del certamen.
Su experiencia anterior como responsable al frente de una producción en Bayreuth había sido poco placentera, ya que sus "Maestros cantores de Nuremberg" de 2007, fueron recibidos como una muestra de que, como le ocurrió a su padre y patriarca, parecía más dotada para dirigir el negocio familiar que una ópera.
Los preámbulos del estreno habían quedado empantanados, además, las intrigas de Bayreuth, esta vez centrada en la retirada entre silencios de quien, desde la muerte de Wolfgang en 2010, co-dirigió con ella el festival, su hermana Eva Wagner-Pasquier, de 70 años.
Tampoco sentó bien el reciente nombramiento como director musical de Christian Thielemann, un Maestro "mimado" por Katharina, en quien se vio como una especie de soberano consorte en Bayreuth.
Thielemann convertido en virrey, la renuncia sin mayor explicación de la Isolda "titular" -Kampe- una producción en la que se estuvo trabajando hasta el ensayo general desataron comentarios agoreros en Bayreuth.
Alguno vislumbraba ya tempestades en la inauguración de la temporada, bajo un sol bávaro azotado por los vientos que hizo volar algún vestido de gala ante el viejo teatro sobre la "Verde Colina", fundado por Richard Wagner en 1876.
Como todos los años, la apertura concentró en esa localidad bávara de provincias a la gran familia wagneriana, encabezada por la canciller Angela Merkel, incondicional del lugar desde sus tiempos de líder en la oposición.
La jefa del Gobierno acudió a la cita junto su esposo, el catedrático Joachim Sauer, tan fanático de Wagner como ella, y en medio de un desfile de rostros de la farándula alemana.
Asistir a la apertura en Bayreuth es ritual irrenunciable en Alemania para famosos y poderosos desde tiempos del compositor del "Anillo del Nibelungo".
Entonces, su palco de honor lo ocupó su mecenas Luis II de Baviera, el Rey Loco, como en el Tercer Reich lo hizo Adolf Hitler y, ya en democracia, bastantes de sus presidentes, cancilleres o sus ministros, además de la clase política bávara en pleno.
Completarán la temporada en Bayreuth las reposiciones del "Anillo del Nibelungo" de Frank Castorf, "Lohengrin" de Hans Neuenfels y el "Holandés errante" de Jan Philipp Gloger.
La tetralogía escenificada por Castorf, profusamente abucheada en su estreno de 2013 y algo menos en 2014, contará de nuevo con la batuta Kirill Petrenko, aclamado en esas dos anteriores temporadas.
La temporada se prolongará hasta el 28 de agosto y, según la tradición, sus 60.000 entradas están oficialmente agotadas. EFE
gc/cd
(foto) (vídeo)
El Museo Wagner, espejo de lo más grandioso y lo terrible de Alemania
Gemma Casadevall
Bayreuth (Alemania), 24 jul (EFE).- El Museo Richard Wagner de Bayreuth reabre sus puertas, coincidiendo con el inicio de la temporada operística en esa localidad de Baviera, como un lugar único para explorar la vida del compositor y las relaciones de sus herederos con el nazismo.
Tras cinco años cerrada por reformas, hoy se mostró de nuevo la Casa Wahnfried, la villa a la que se trasladó a vivir el músico a sus 60 años con su esposa Cosima, construida en 1872 gracias al mecenazgo de Luis II de Baviera, el rey Loco, y por donde pasaron tanto sus descendientes como invitados especiales, incluido Adolf Hitler.
"La confrontación con figuras y obras ambivalentes forman parte de nuestra cultura y de nuestra tradición", indicó la ministra alemana de Cultura, Monika Grütters, durante la presentación hoy a los medios, previa a su reapertura oficial el domingo.
La víspera se habrá estrenado "Tristán e Isolda", la producción que abre la temporada operística en Bayreuth, cuya dirección escénica corre a cargo de Katharina Wagner, biznieta del compositor y actual directora del tradicionalista festival bávaro.
No se trata de instalar en la ciudad una especie de 'Disneylandia' para wagnerianos", afirmó el director del museo, Sven Friedrich, ante esa versión amplificada de lo que desde 1970 era una superficie expositora dedicada a los Wagner en sus múltiples facetas, tanto a través de su fondo permanente, como en las exposiciones temporales.
Friedrich y las responsables de los contenidos, la historiadora Verena Naegele y la musicóloga Sibylle Enrismann, no plantean la Casa Wahnfried como un parque temático para los fanáticos de Wagner que, entre julio y agosto, acuden al festival de Bayreuth.
Es cierto que, tras unas obras de ampliación que han costado 20 millones de euros, se esperan hasta 50.000 visitantes anuales al museo, lo que abundará en el interés turístico de esta ciudad de provincias de 72.900 habitantes.
Pero el gran desafío para el museo es profundizar en la vida, obra y significado de un compositor en el que confluyen lo más grandioso y terrible de la historia alemana.
Es decir, una producción operística que levanta pasiones -y rechazos-, conviviendo con el furibundo antisemitismo que expresó en su manifiesto "El judaísmo en la música" y que convirtió a Richard Wagner (1813-1883), décadas después de su muerte, en el compositor idolatrado por el nazismo.
El nuevo Museo Wagner consta de tres partes diferenciadas: la dedicada a la vida del compositor y su descendientes, algunos de ellos de personalidad tan convulsa como la del músico; otra, sobre la historia del festival de ópera; y una tercera, específicamente centrada en las relaciones de sus sucesores con el nazismo.
La Casa Wahnfried exhibe varios de los pianos originales en los que compuso Wagner y recorre la figura de algunas de las mujeres que marcaron casi tanto como él el apellido de la casa.
La primera protagonista femenina es, obviamente, Cosima, hija de Franz Liszt, segunda esposa de Richard y, ya viuda, directora del festival de Bayreuth que había fundado en vida el compositor.
Le sigue Winifred, la británica que se casó con su hijo Siegfried y que, ferviente seguidora de Hitler hasta más allá de lo ideológico, puso Bayreuth a los pies del Tercer Reich.
A los hijos de ésta, Wolfgang y Wieland, les correspondió refundar el festival tras la caída del nazismo, en su primera fase bajo tutelaje de los aliados, mientras ella seguía viviendo en la casa Wahnfried, rodeada de sus devocionarios hitlerianos.
Los factores biográficos del núcleo central se ensamblan así con los capítulos dedicados al nazismo en los espacios adyacentes, especialmente la que fue la casa de Siegfried y donde se alojó, en sus visitas a Bayreuth, el "Führer" de Winifred.
De la Wahnfried original no quedó nada -fue arrasada por una bomba en 1945 y se reconstruyó más o menos fielmente en los sesenta-. Pero ahí están sus muebles, partituras, cartas, fotos y atrezzos.
El conjunto es un recorrido que va de lo histórico a la leyenda, entre objetos originales y reconstrucciones, más escenografías célebres de su universo operístico, con especial protagonismo para la tetralogía del "Anillo del Nibelungo" y algún "Tristán", la pieza que mañana estrenará en una nueva versión su biznieta Katharina. EFE
gc/nl/cr
(foto)
Merkel, ante el mediático y arriesgado encuentro con Tsipras
Gemma Casadevall
Berlín, 22 mar (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro griego, Alexis Tsipras, mantienen mañana su primer encuentro bilateral en Berlín, una cita arriesgada y altamente mediática, en medio de los abismos que separan a ambos países y las hostilidades entre sus respectivas filas.
Si estuvieran en periodo electoral, a Merkel podría tentarle desempeñar el papel de anfitriona inflexible - más de la mitad de los alemanes son partidarios del "Grexit" o salida de Grecia del euro -, mientras que a Tsipras le correspondería atacar el presunto "austericidio" impuesto desde Berlín.
Ni la líder alemana ni su homólogo griego están presionados por las urnas y sí, en cambio, por la necesidad de mostrar cierto ánimo conciliador, mientras Atenas concreta las reformas que se ha comprometido a presentar a sus socios en los próximos días.
Son muchos los frentes abiertos entre dos países y dos líderes casi en las antípodas uno de otro: a un lado, la conservadora Merkel, al frente de la primera economía europea desde 2005; al otro, el primer ministro del país más debilitado de la zona euro, en el poder desde hace dos meses y al frente de la izquierdista Syriza.
Sin embargo, parecen condenados a entenderse, aunque sea para paliar la confrontación directa representada en las últimas semanas por sus ministros de Finanzas, Wolfgang Schäuble y Yanis Varufakis.
El gran foco de tensión de la cita es, evidentemente, la deuda griega -y la perspectiva de un tercer rescate que en Alemania se da por seguro-, a lo que se suman las compensaciones que Atenas exige a Berlín por los estragos de la ocupación nazi.
El primero afecta a toda la zona euro, aunque Alemania lo perciba como algo propio, por ser el primer contribuyente a un rescate que sube a 240.000 millones de euros. El segundo es de orden bilateral.
Ambas cuestiones son omnipresentes desde hace semanas en los medios alemanes, en forma de titulares incendiarios contra Grecia, en la prensa popular, o más elaborados, pero igualmente hostiles, en el resto.
El semanario "Der Spiegel" añadió leña al fuego este fin de semana, con un montaje en su portada de Merkel rodeada de oficiales nazis junto a las ruinas de la Acrópolis y aludiendo a los recelos de los socios de la UE a los "superpoderes" de Alemania.
Los medios apuntan a diario contra Atenas, el ciudadano es partidario de la salida griego de la zona euro y la desconfianza hacia Atenas afecta no solo a los conservadores de Merkel, sino también a sus socios de coalición, el Partido Socialdemócrata (SPD).
"Sólo puede haber nuevas ayudas a Grecia si se compromete de verdad a resolver sus problemas" con un paquete de reformas "absolutamente transparente", afirmó hoy el jefe del grupo parlamentario del SPD, Thomas Oppermann, también en "Der Spiegel".
Tsipras afirmó el viernes que no hay un problema de liquidez en su país, pero hoy mismo el conservador "Frankfurter Allgemeine" afirmaba, citando a fuentes de la Comisión Europea, que al país se le acabará el dinero el 8 de abril.
Éste es el panorama que espera a Tsipras, tras su reunión del jueves en Bruselas con Merkel y el presidente francés, François Hollande, así como los del Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea (CE), el Eurogrupo y el Consejo Europeo.
No cabe esperar grandes anuncios en lo que respecta a la deuda, aunque sea por cautela y tras las quejas de algunos socios excluidos de esa cita de Tsipras en Bruselas.
Nada impediría, en cambio, un gesto conciliador respecto a las reparaciones de guerra, una cuestión que divide a Atenas y Berlín desde hace décadas y que ahora cobró fuerza, al aprobar el Parlamento griego la creación de una comisión para evaluar esas reclamaciones.
Alemania da el asunto por cerrado, en virtud de los acuerdos suscritos en 1953 en Londres con varios países y, ya en 1990, con el Tratado "2 + 4" - entre las dos Alemanias y las potencias vencedoras de la II Guerra Mundial - que posibilitó la reunificación del país.
Grecia argumenta que los acuerdos de la postguerra incluían una moratoria revisable hasta la firma de un Tratado de Paz - que no llegó a firmarse nunca - y que en los de 1990 no estuvo presente.
En el "no" de Berlín han aparecido grietas y opiniones de expertos y políticos a favor de una "reparación moral", sobre todo en lo que respecta al crédito que los nazis arrancaron del Banco de Grecia, bajo el concepto de "gastos de ocupación" y ahora subiría, según "Spiegel", a 11.000 millones de euros. EFE
gc/jgb
(audio)
Alemania y el dilema de aislar o dialogar con Pegida
Gemma Casadevall
![]() |
| Foto @gemmacasa |
Dresde (Alemania), 16 ene (EFE).- La capacidad de movilización del movimiento antiislamista "Pegida" ha sacudido al espectro parlamentario alemán, unido en el propósito de frenarla mientras algunos expertos aconsejan dialogar con una corriente en la que conviven ultraderecha y ciudadanos de otraqs filiaciones políticas.
"Tratar de aislarla es contraproducente. Tampoco es útil disuadir al ciudadano de secundar sus marchas en un país defensor de la libertad de expresión", afirmó hoy a Efe el politólogo de la Universidad Técnica de Dresde Werner Patzelt, un día después de que la última convocatoria de Pegida concentrara en la ciudad a 25.000 seguidores.
Los llamados "Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente" (Pegida) marcaron un nuevo récord de asistencia en su duodécima marcha por la capital del "Land" de Sajonia, pese a todas advertencias del estamento político, incluida la canciller, Angela Merkel.
"Sí, es cierto: salieron en todo el país otras 100.000 personas para alzar su voz contra 'Pegida'. Pero estos contramanifestantes dejarán de estar ahí el próximo lunes o al siguiente. Y 'Pegida' seguirá con sus marchas semanales", vaticinó este catedrático.
No es casualidad, dice Patzelt, que el movimiento se haya originado en su ciudad y que ahí haya obtenido el mayor eco: "Pegida necesitaba una gran ciudad para crecer. Dresde es la capital de un 'Land' conservador, terreno idóneo para ellos".
Mientras el catedrático sostiene que no todos quienes acuden a sus marchas son ultraderechistas, otros ven Pegida como una nueva "válvula de escape" del radicalismo de derechas.
"Ningún ciudadano que no comparta esas ideas desfilaría en Alemania junto a cabezas rapadas, entre pancartas racistas. Alemania, con su pasado, no puede permitirse jugar con el término gente corriente", apunta Caroline Brünler, alumna de Patzelt e intérprete ocasional para un canal francés desplazado a Dresde.
Sajonia es algo más que un bastión conservador. La Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel es la fuerza dominante en ese estado del antiguo territorio comunista desde la reunificación, en 1990, pero además ha sido terreno abonado para distintas formas de voto de castigo a los partidos establecidos.
Ahí han convivido el postcomunismo -la segunda fuerza regional- con el ultraderechista Partido Nacional Democrático (NPD), que durante dos legislaturas tuvo escaños en la cámara regional sajona, y ahora ha subido con fuerza el euroescéptico Alternativa para Alemania (AfD).
"En la memoria colectiva siguen muy presentes los bombardeos aliados que arrasaron la ciudad. La región que envuelve Dresde -Pirna y otras ciudades- está sembrada de camaraderías neonazis que alimentan el estigma de ciudad mártir. Confluyen muchas páginas de la historia mal redactadas", prosigue Brünler.
Hasta ahora, se contraponía el ejemplo de Dresde y sus manifestaciones crecientes de Pegida, con el caso de la vecina Leipzig, donde su equivalente local -"Legida"- apenas tenía eco.
Este lunes, 30.000 contramanifestantes desfilaron por Leipzig a favor de la tolerancia y contra la fanatismo, pero también lo hicieron unos 3.000 partidarios del neonato "Legida", lo que para el profesor Patzelt significa que el movimiento puede crecer en otros lugares.
Como él, el ministro alemán de Interior, Thomas de Maizière, también considera que es necesario distinguir entre los organizadores de Pegida y muchos de los ciudadanos que acuden a sus marchas.
En opinión de Maizière, miembro de la CDU, muchos ciudadanos se suman a las manifestaciones para mostrar su hastío con la clase política y también su frustración ante los constantes cambios que exige la globalización a una población que hace 25 años ya se vio obligada a adaptarse al mundo capitalista tras el fin del comunismo.
"Nosotros los combatimos por convicción. La CDU de Merkel lo hace por interés, porque teme que se le escape el elector derechista en su bastión", opina Juliane Nagel, diputada en Sajonia de La Izquierda, formación surgida del postcomunismo y de una escisión del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD).
La Izquierda ha estado desde el primer momento en las manifestaciones contra el movimiento islamófobo, cuando el resto de la clase política "pretendía ignorar esa ultraderecha disfrazada", apunta Nagel.
"Pegida es un desafío para la CDU y también para AfD, que se debate entre convertirse en una especie de Frente Nacional a la francesa o hacer ver que son meramente euroescépticos", dice la diputada. "Con un poco de suerte se destrozarán entre sí y dejaremos de hablar de ellos", añade. EFE
gc/nl/tcr/frb/ll


