viernes, 4 de noviembre de 2016

2016 Golpe de realidad



Foto @gemmacasa privat


Baviera bajo el terror 

+ Merkel, a por el cuarto

Finalmente la realidad atrapó a Bayreuth. 2015 fue probablemente un año decisivo en la "era Angela Merkel". Pero los efectos de su decisión de no cerrar fronteras y de la frase "Wir schaffen das" -"lo lograremos"- see plasmaron con toda contundencia en 2016.
 
Imposible escapar a la realidad, ni siquiera en el interior del teatro de Richard. En lugar de desfile de políticos y farándula, recibía al asistente un cartel dedicado a las víctimas de los actos violentos "en los últimos días". 

La frase era premeditadamente ambigua. Cabían en ese recuerdo los nueve inmigrantes asesinados tres días antes en un centro comercial de Múnich por un adolescente germano-iraní. Fue en el aniversario de la matanza del ultraderechista noruego Anders Behring Breivik en el doble atentado de Utoya y Oslo, con 77 muertos. O a los heridos de un tren regional sobre los que se lanzó un afgano de 17 años armado con un hacha, también en Baviera, unos días antes. O a los asistentes a un festival al aire libre en Ansbach, a 20 minutos en tren de Bayreuth, 17 de los cuales resultaron heridos cuando un sirio de 27 años detonó la bomba que llevaba en la mochila. 

El adolescente germano-iraní que tal vez quería emular al ultraderechista noruego se suicidó de un tiro en la cabeza. El afgano del tren regional cayó abatido por la policía. El de Ansbach no causó ninguna otra muerte que la suya propia. Estos dos últimos eran refugiados llegados con la crisis migratoria de 2015.
Foto @gemmacasa

La noticia de este último atentado, el de Ansbach, se produjo justo cuando entraba en mi hotel de Bayreuth, la víspera de la apertura, decidida a soltar mi portátil sobre la cama y dormir. No era la primera vez que el mundo real del presente invadía mi propósito de sumergirme en Wagner en el mejor lugar del mundo para escuchar sus óperas, en definición de Richard. En esta ocasión llevaba ya demasiados días seguidos de atentados y muertes.
Llegaba a mi festival de tantos veranos tras pasar un par de horas en Duisburg, a 313 kilómetros, para hablar con los padres de una de las muchachas españolas muertas en el túnel de la "Loveparade" exactamente cinco años atrás. Visitarlo fue espeluznante. Un túnel vacío, tétrico, en el que habían muerto de asfixia y pánico 21 muchachos, atrapados en la ratonera producto de la desidia de las autoridades más la avaricia del organizador. 

Lo que menos podía desear al entrar en la habitación del hotel era abrir de nuevo el ordenador para lanzar la noticia del atentado de Ansbach. Había recibido -y tratado de ignorar- en mi móvil algún urgente sobre una ambigua "explosión" en una ciudad bávara por la casualmente había pasado mi tren camino a Bayreuth. Lo siguiente fue resignarme a abrir ordenador y buscar informaciones fiables para trasladar los urgentes a mi redacción. Sobre la cama del hotel, de madrugada, mirando la franja roja de los informativos alemanes y el apoyo de una buena colega de guardia compartiendo la historia, probablemente en posición parecida, con el portátil sobre las rodillas, pero desde la cama de su casa.

La vecindad de esa ciudad bávara con Bayreuth significaba que al día siguiente me pasaría por ahí para tratar de contar esa historia, hablar con algún testigo, antes de vestirme más o menos bien, subir a la colina y asistir a la apertura de la temporada del festival al que todos los años me empeñaba en ir, con o sin golpe de realidad, con o sin noticias paralelas que atender.      

martes, 1 de noviembre de 2016

Vía Efe Furias fundamentalistas

El atentado de Berlín coloca a Merkel bajo la presión de sus socios y de la ultraderecha


Gemma Casadevall

Foto dpa

Berlín, 21 dic (EFE).- El atentado contra el mercadillo navideño de Berlín ha reavivado en Alemania el controvertido debate sobre la crisis de los refugiados y su gestión por parte de la canciller Angela Merkel, de nuevo presionada por sus socios bávaros y la derecha radical, que la responsabiliza sin pudor de la tragedia.
"Llevamos años pronosticándolo. Han dejado entrar a cientos de miles de refugiados sin control. Es la desintegración de Alemania", clamaba hoy el político ultraderechista Björn Höcke ante una pancarta con la frase "Merkel muss weg" -"Merkel debe irse"- junto a la sede de Cancillería.
Höcke, líder en el "Land" de Turingia de Alternativa para Alemania (AfD) y representante de su ala más dura, había convocado una concentración de protesta a cien metros del edificio, a modo de ceremonia de duelo por los doce muertos del atentado.
"Exigimos que se expulse a los delincuentes y terroristas llegados aquí al amparo de Merkel", proseguía el representante de la derecha radical, en medio de un fuerte despliegue mediático y un par de seguidores asistentes a su convocatoria.
Para Höcke y el vicepresidente del partido, Alexander Gauland, asimismo presente en la concentración, el oficio interconfesional celebrado ayer en la Gedächtniskirche -una emblemática iglesia junto al mercadillo donde ocurrió el ataque el lunes-, al que asistió la plana mayor de la política alemana, fue "una farsa".
A su propia ceremonia ante la Cancillería asistió un pastor evangélico, que dijo acudir por iniciativa propia, no representando a esa Iglesia, para rendir homenaje a las "víctimas de la barbarie".
Las pancartas exigiendo que Merkel se vaya se alternaron con otras acusándola de "dictadora" -"por imponer un asilo que atenta contra su deber constitucional de proteger a su pueblo", según Höcke- o con el otro eslogan característico de la AfD, "Basta ya".
La líder del partido, Frauke Petry, no acudió a la concentración, pero ayer martes, cuando aún seguía detenido como único sospechoso del atentado un refugiado paquistaní, afirmó que el ataque había demostrado que Alemania "ya no es segura".
A la puesta en libertad del primer sospechoso siguió hoy una orden de detención europea contra el tunecino Anis Amri, quien a diferencia del anterior sí estaba bajo observación por presuntos vínculos con Estado Islámico (EI), la red yihadista que ayer reivindicó como propio el atentado.