martes, 1 de noviembre de 2016

Vía Efe Furias fundamentalistas

El atentado de Berlín coloca a Merkel bajo la presión de sus socios y de la ultraderecha


Gemma Casadevall

Foto dpa

Berlín, 21 dic (EFE).- El atentado contra el mercadillo navideño de Berlín ha reavivado en Alemania el controvertido debate sobre la crisis de los refugiados y su gestión por parte de la canciller Angela Merkel, de nuevo presionada por sus socios bávaros y la derecha radical, que la responsabiliza sin pudor de la tragedia.
"Llevamos años pronosticándolo. Han dejado entrar a cientos de miles de refugiados sin control. Es la desintegración de Alemania", clamaba hoy el político ultraderechista Björn Höcke ante una pancarta con la frase "Merkel muss weg" -"Merkel debe irse"- junto a la sede de Cancillería.
Höcke, líder en el "Land" de Turingia de Alternativa para Alemania (AfD) y representante de su ala más dura, había convocado una concentración de protesta a cien metros del edificio, a modo de ceremonia de duelo por los doce muertos del atentado.
"Exigimos que se expulse a los delincuentes y terroristas llegados aquí al amparo de Merkel", proseguía el representante de la derecha radical, en medio de un fuerte despliegue mediático y un par de seguidores asistentes a su convocatoria.
Para Höcke y el vicepresidente del partido, Alexander Gauland, asimismo presente en la concentración, el oficio interconfesional celebrado ayer en la Gedächtniskirche -una emblemática iglesia junto al mercadillo donde ocurrió el ataque el lunes-, al que asistió la plana mayor de la política alemana, fue "una farsa".
A su propia ceremonia ante la Cancillería asistió un pastor evangélico, que dijo acudir por iniciativa propia, no representando a esa Iglesia, para rendir homenaje a las "víctimas de la barbarie".
Las pancartas exigiendo que Merkel se vaya se alternaron con otras acusándola de "dictadora" -"por imponer un asilo que atenta contra su deber constitucional de proteger a su pueblo", según Höcke- o con el otro eslogan característico de la AfD, "Basta ya".
La líder del partido, Frauke Petry, no acudió a la concentración, pero ayer martes, cuando aún seguía detenido como único sospechoso del atentado un refugiado paquistaní, afirmó que el ataque había demostrado que Alemania "ya no es segura".
A la puesta en libertad del primer sospechoso siguió hoy una orden de detención europea contra el tunecino Anis Amri, quien a diferencia del anterior sí estaba bajo observación por presuntos vínculos con Estado Islámico (EI), la red yihadista que ayer reivindicó como propio el atentado.


"El tunecino tenía varias identidades. Qué más pruebas se necesitan para probar la absoluta pérdida de control del Gobierno", apuntó Petry en su cuenta en Twitter.
Las acusaciones de AfD contra Merkel eran previsibles y empezaron la misma noche de la tragedia del mercado navideño, sin esperar a las investigaciones.
Las víctimas del ataque son "muertos de Merkel", escribió en Twitter el líder de AfD en el "Land" de Renania del Norte-Westfalia, Marcus Pretzell, el mismo lunes.
"Cada día leemos muchos tuits. No los comentamos. Quien escribe ciertas cosas se descalifica a sí mismo", respondió hoy el portavoz del Gobierno, Steffen Seibert, a una pregunta sobre estos mensajes durante una comparecencia ante los medios.
Asimismo declinó Seibert valorar las declaraciones de Horst Seehofer, líder de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), que tras el atentado ha redoblado sus exigencias a la canciller respecto a la política de refugiados.
Seehofer lleva meses exigiendo la imposición de un límite a la llegada de refugiados -200.000 peticionarios por año- y apuntó ahora que, de no acceder a ello la canciller, su partido está dispuesto a pasar a la oposición tras las elecciones generales de 2017.
La CSU y la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel han mantenido durante décadas la práctica de consensuar a sus candidatos a la Cancillería y de no competir entre sí ante las urnas.
La formación bávara es asimismo desde hace décadas el partido hegemónico del "Land" más tradicionalista y conservador del país, por el que ingresó la mayoría de los 1,2 millones de refugiados que han llegado a Alemania desde principios de 2015.
"No hay que responsabilizar a la canciller del atentado", apuntó en tono conciliador Stephan Mayer, miembro de la comisión de Interior del Parlamento (Bundestag) por parte de la CSU.
Pero tampoco es correcto pretender que con la crisis migratoria y la llegada de refugiados al país no ha aumentado el peligro terrorista en Alemania. EFE
gc/si
(foto) (audio)

Merkel, ante la tentación del cuarto mandato 


Gemma Casadevall

Berlín, 19 dic (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, conoció este 2016 el desgaste en el poder, erosionada por presiones internas por la crisis de los refugiados y el auge de la derecha radical, a lo que respondió con el desafío de optar a un cuarto mandato.
Al frente de la Unión Cristianodemócrata (CDU) desde 2000 y en la Cancillería desde 2005, la más veterana líder europea se mostró por fin vulnerable en una Unión Europea que acumula grietas.
Los cinco comicios regionales celebrados este 2016, de norte a sur y de este a oeste, lanzaron a Alternativa para Alemania (AfD) a resultados récord para una formación aupada por el voto xenófobo, que podría convertirse en tercera fuerza a escala nacional.
El mayor susto lo dio AfD en el "Land" de Sajonia-Anhalt, al obtener un 24 % de las papeletas, lo que se atribuyó al voto de protesta arquetípico del este alemán, más afectado por el desempleo y la precariedad que el oeste.
En el sureño Baden-Württemberg, símbolo de prosperidad y gobernado por Los Verdes, la derecha radical obtuvo un 15 %, resultado similar al de Berlín, dominado por la socialdemocracia, mientras que en Mecklenburgo-Antepomerania superó en votos a la CDU.
La AfD ha sido el azote de todo el espectro parlamentario y se da por hecho que en 2017 entrará en el Bundestag (Cámara baja), lo que en la historia de la República Federal de Alemania no logró nunca la ultraderecha.
A Merkel se la ha culpado del auge del voto de protesta, por haber abierto sus fronteras a los refugiados mientras otros las cerraban y por haber defendido con la frase "Lo lograremos" que Alemania está capacitada para acogerlos.
Desde principios de 2015, la primera economía europea ha recibido a 1,2 millones de refugiados, pero Merkel rechazó una y otra vez la exigencia de su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) de limitar a 200.000 la acogida anual de asilados.
En busca de soluciones, impulsó el acuerdo con Turquía en materia de refugiados, lo que hizo que se la acusara de haberse convertido en "rehén" del autoritario presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.
La frase "Lo lograremos" la ha perseguido, como Merkel ha reconocido, aunque ello no la ha desviado de su rumbo. Tampoco el disenso permanente con la CSU, partido hegemónico del "Land" por el que entró en el país la mayoría de los refugiados.
El año había arrancado con la conmoción dejada por los abusos sexuales y robos registrados en Nochevieja en la ciudad de Colonia, entre cuyos presuntos autores había peticionarios de asilo.
En julio, Baviera se vio sacudida por dos atentados yihadistas cometidos por refugiados -únicas víctimas mortales de ambos ataques-, a lo que en los meses siguientes se sucedieron operativos policiales en todo el país contra el radicalismo islámico.
En Alemania se ha instalado el temor de que el país será, tarde o temprano, objetivo de algún atentado devastador, a lo que Merkel ha respondido reforzando las medidas de seguridad y agilizando las expulsiones de los solicitantes de asilo radicalizados.
La canciller rehusó durante meses pronunciarse acerca de si optaría a la reelección, en parte por no tener asegurado el respaldo de la CSU bávara.
A la victoria del "brexit" en el Reino Unido, el pasado junio, siguió en noviembre la convulsión por la victoria del aspirante republicano, Donald Trump, en las elecciones estadounidenses.
Merkel se vio así revalorizada como contrapeso del populismo global y al auge de la ultraderecha europea.
De responsable del dogma de la austeridad que ha exasperado a los ciudadanos de los países más castigados por la crisis del euro se ha pasado a verla como tabla de salvación del mundo dicho civilizado.
Sus críticos interpretaron la nueva candidatura como una muestra de debilidad y de falta de alternativa en el liderazgo de su partido.
A ello se unieron amagos de insumisión en la CDU, que en el congreso que la ratificó como líder aprobó posturas no asumibles por la canciller, como la derogación de la doble nacionalidad para hijos de inmigrantes nacidos en el país.
Es una líder cuestionada, pero parece dispuesta a romper los récords de permanencia en el poder de los patriarcas de la CDU, Konrad Adenauer y Helmut Kohl, con 14 y 16 años, respectivamente.
Para ello deberá, primero, ser reelegida; luego, aguantar dos años para igualar la marca del canciller fundacional. O hasta el final, para alcanzar al que fue su padrino político, Kohl. EFE
gc/nl/si



Ansbach: mensajes conciliadores e instrumentalización de un atentato suicida


Gemma Casadevall
Foto @gemmacasa

Ansbach (Alemania), 26 jul (EFE).- Mensajes de paz y tolerancia se sucedieron hoy en la localidad de Ansbach, en el sur de Alemania, tras el atentado suicida cometido el domingo por un solicitante de asilo sirio, mientras la derecha radical confía en sacar rédito del miedo.
Una paloma de la paz inspirada en Picasso sobre uno de los accesos al lugar donde más de 2.000 personas seguían esa noche un concierto al aire libre; una pequeña maceta con flores rojas y el letrero "Meinen Hass kriegt ihr nicht" -"No vais a obtener mi odio"-; una concentración de refugiados, para expresar su rechazo al yihadismo.
Imágenes como éstas salpicaban hoy el casco antiguo de Ansbach, una pulcra ciudad de provincias bávara que, como tantas en la región, debe parte de su prosperidad al turismo.
El precinto policial que desde la madrugada del domingo y hasta anoche impedía el acceso al lugar de los hechos fue retirado ya, lo que permitía a cualquiera que se acercara calibrar en lo que podría haber derivado el ataque del suicida, de haber accedido -como pretendía- a esa plaza.
No tenía entrada para el concierto y detonó fuera el artefacto explosivo que llevaba en su mochila, provocando quince heridos.
A unos doscientos metros de la concentración que protagonizó hoy un pequeño grupo de refugiados, algunos procedentes del albergue donde vivió Mohamed Doleel, el sirio de 27 años que sembró el terror el domingo, un militante de Freie Wähler ("Electores libres") reparte octavillas con la frase "Es reicht" ("Ya basta").
Esta agrupación política local, con notable impacto en Baviera, se sitúa a la derecha de la conservadora Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), partido hermanado a las filas de la canciller Angela Merkel y fuerza dominante en Baviera desde hace décadas.
El militante acude solo; sus octavillas son de fabricación casera, aunque con el logotipo de su partido, que tiene dos concejales en Ansbach. La frase del "Es reicht" es la misma que la líder del partido derechista Alternativa para Alemania (AfD), Frauke Petry, colgó en su cuenta Twitter tras el atentado.
AfD es ahora la fuerza efervescente de la derecha radical alemana, precisamente como aglutinante del voto contra la llegada de refugiados.
"Ansbach confirma que la migración trae terrorismo. Asqueroso y vomitivo. Irresponsables quienes quieren una sociedad multiétnica", escribió un líder local de ese partido, André Poggerburg, en un mensaje ya eliminado de su cuenta.
"La buena noticia es que somos muchos. No pueden echarnos, ni siquiera odiarnos a todos", comenta con cierto humor negro a Efe Raschid, joven argelino residente en Ansbach y que afirma que no es refugiado, sino que nació en Múnich.
Las cosas "no son fáciles para nosotros estos días", admite, más en serio, antes de tomar por el hombro a un compañero y marcharse en dirección a un bar junto a la estación donde trabajan.
Cada uno lleva colgando una mochila casi vacía: "llevamos lo justo, en cuanto abulta un poco más la gente se aparta asustada", dice para añadir que, con todo, la vida en Ansbach es agradable.
Por Baviera, un "Land" identificado con el conservadurismo y la prosperidad económica, ingresó la mayor parte del 1,1 millones de peticionarios de asilo que recibió Alemania el año pasado.
Ansbach, con 40.000 habitantes y con un 12 % de población de origen extranjero, tiene acogidos unos 1.800 peticionarios de asilo en la comarca.
Es, según Dorothée Winke, profesora de alemán en un albergue de acogida de la región, una de tantas ciudades bávaras, ordenadas y sin graves problemas sociales, donde la integración de estos colectivos debería ser un éxito.
"Todos aquí tienen un interés fuerte en no quedar estigmatizados como la ciudad donde se produjo el primer atentado suicida yihadista de Alemania", comenta.
Con ese "todos" alude tanto a los múltiples cafés y cervecerías que abrieron hoy de nuevo sus terrazas a la espera del cliente, como al ciudadano común y, por supuesto, a esos 1.800 peticionarios de asilo, de los cuales una pequeña representación salió hoy a expresar su rechazo, junto a Müller y otra compañera y bajo la paloma inspirada en Picasso. EFE
gc/nl/cho



 
Bayreuth abre en formato vía crucis, entre amenazas globales y neurosis religiosas


Gemma Casadevall


Bayreuth (Alemania), 26 jul (EFE).-  El Festival Richard Wagner de Bayreuth adoptó en la presente temporada aires de via crucis, con el estreno de un "Parsifal" envuelto en neurosis religiosas y marcado por el miedo a atentados terroristas extendido por toda Baviera.
Un Anfortas crucificado -el británico Ryan McKinny- y el desfile de wagnerianos de todo el mundo subiendo a pie por la Verde Colina -el dispositivo de seguridad impedía el acceso en coche hasta la puerta del teatro- fueron las imágenes de la apertura, el lunes, en lo escénico y lo más mundano.
El "Parsifal" concebido por Uwe Eric Laufenberg, con Harmut Haenchen a la batuta, no era pieza fácil y tenía perfil de solución de urgencia después de que quedaran apeados de la producción los nombres de Jonathan Meese, como director escénico, y de Andris Nelsons, como maestro.
Era el único estreno de la temporada en Bayreuth, que repone a partir de hoy el "Anillo del Nibelungo" de Frank Castorf y luego el "Tristan" De Katharina Wagner, biznieta del compositor y directora del festival.
McKinny estableció su particular duelo de voces con Klaus Florian Vogt -Parsifal-, con una representación de Anfortas perseguido por crucifijos, aunque el vencedor de la noche fue un tercero, Georg Zeppenfeld -Gurnemanz-.
Laufenberg situó la ópera de Wagner en algún lugar de la frontera entre Irak, Siria y Turquía, entre soldados armados hasta los dientes como los que patrullan por Oriente Medio y refugiados como los que huyen de la guerra hacia Europa.
El mensaje que parece querer dar el director escénico a su "Parsifal" es el de la humanidad como única redención posible frente a las religiones confrontadas.
La redención es el eje de esa ópera, la última que compuso Wagner, estrenada en ese mismo teatro en 1882 con el deseo expreso por parte del compositor de que solo se representara ahí.
El baño de sangre y crucifijos de Laufenberg discurre entre alusiones a otros monoteísmos, incluido el Islam, lo que de antemano hizo que se etiquetara a la producción de controvertida.
A ello apunta la escena inicial del segundo acto, con las jóvenes encargadas de robarle la "pureza" a Parsifal convertidas en mujeres prisioneras de su velo islámico, hasta que pasan a ser piezas de un harén en el desierto.
Al final, las ovaciones mayores fueron para la batuta veterana de Haenchen, que asumió el desafío de llenar el hueco dejado a última hora por Nelsons, y para las voces -tanto del héroe local, Vogt, como para Elena Pankratova, como Kundry.
Los wagnerianos se tomaron con espíritu valiente lo de subir la cuesta andando o dando un rodeo por los jardines -"por aquí subieron andando también reyes y poderosos desde Luis II de Baviera", comentaba Maximilian Hoffner, octogenario y asiduo a Bayreuth, apoyado en un bastón.
"No importa lo que quieran representar aquí los creadores de hoy. Wagner y su música siempre acaban imponiendo su ley", añadía, en alusión al provocador "Anillo" de Castorf, abucheada en su estreno, dos años atrás, y ahora adoptado como una especie de chiste pasajero por el público de Bayreuth.
Otro Max varias décadas más joven -Maxwell-, procedente de Estados Unidos y acompañado de varios amigos, acudió por primera vez a Bayreuth y se tomó con menos resignación las restricciones.
"Ni alfombra roja con los seres extravagantes locales, ni Angela Merkel... No es lo prometido", decía, para juzgar a continuación exageradas las medidas de seguridad especiales adoptadas para este año y que incluyeron la supresión de algunos lujos, además de la ausencia de políticos destacados que nunca se perdían un estreno.
Al Max americano le parecía exagerada tanta medida de seguridad, pese a explicársele que justo esta semana Baviera estuvo sacudida por tres ataques -el de un refugiado afgano en un tren regional, el tiroteo mortal de Múnich y el atentado suicida en Ansbach-
Su tocayo alemán no extrañaba ni la presencia de líderes ni otros fastos -"yo no vengo de safari fotográfico, sino a escuchar a Wagner al único teatro del mundo creado exclusivamente para sus óperas". EFE
gc/fpa
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El euroescepticismo alemán gira hacia la xenofobia contra el asilado



Gemma Casadevall



Berlín, 31 ene (EFE).- La euroescéptica Alternativa para Alemania (AfD) ha cobrado brío tras orientar su mensaje hacia la xenofobia contra el asilado, en plena caída de popularidad de Angela Merkel y en un país que, a escala parlamentaria, parecía inmune al populismo ultraderechista.
Un 12 % pronostica para la AfD el sondeo del instituto Emnid difundido este domingo, el mayor porcentaje hasta ahora estimado por las encuestas a una formación que parecía agónica tras no haber logrado acceder al Bundestag (Parlamento) en la generales de 2013.
Del rechazo al euro -y al rescate a Grecia- con que nació hace tres años ha pasado a adoptar contenidos que la aproximan a Pegida -Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente-.
Su presidenta, Frauke Petry, desató el sábado un considerable revuelo al pronunciarse de favor de que la policía fronteriza "haga uso de las armas" para impedir que un refugiado entre en el país de forma ilegal, en caso de necesidad extrema y "de acuerdo a la ley".
La vicepresidenta Beatrix von Storch añadió leña al fuego este domingo y provocó una cascada de reacciones en las redes sociales al responder desde su cuenta en Facebook con un simple "sí" a la pregunta sobre si también puede dispararse sobre mujeres y niños.
El escándalo sigue al generado unas semanas atrás por un líder regional -Björn Höcke-, al hablar de unas supuestas "diferencias genéticas entre africanos y europeos".
"Hay serias dudas de que la AfD se ciña al orden constitucional democrático de Alemania", aseveró el vicecanciller y líder socialdemócrata, Sigmar Gabriel, al dominical del diario "Bild".
La AfD debería estar bajo observación del Departamento de Defensa de la Constitucional -el espionaje interior-, apuntó Gabriel, quien recordó que Petry, nacida en territorio de la Alemania comunista, debe saber lo que significa disparar en la frontera.
"El último político alemán que dio orden de disparar contra refugiados fue Erich Honecker", apuntó el jefe del grupo socialdemócrata del Bundestag, Thomas Oppermann, asimismo en alusión a los germanoorientales muertos al pasar al lado occidental.
A las críticas del ámbito político se sumó la precisión del presidente del sindicato de la Policía, Jörg Radeck, según el cual la ley no contempla que se dispare contra quien cruza ilegalmente la frontera, salvo en defensa propia o ante inminente peligro.
Petry, de 40 años y nacida en Dresde, la ciudad donde surgió Pegida, se colocó al frente de la AfD en 2014, en plena división entre la apuesta por una vía neoliberal y el populismo radical.
Tras la llegada masiva de refugiados -1,1 millones recibió Alemania el año pasado- y las críticas a Merkel por su gestión de esa crisis, la AfD aspira a capitalizar el voto de protesta ciudadano, incluido el claramente xenófobo.
El blindaje del sistema electoral alemán frente a formaciones minoritarias -basado en el listón del 5 %, mínimo para obtener escaños- ha dejado sin acceso al Bundestag a la ultraderecha, que durante décadas solo obtuvo presencia esporádica en algunos "Länder".
Mientras las formaciones xenófobas han avanzado en otros países europeos -sea el Frente Nacional francés o sus equivalentes en Holanda y Escandinavia-, Alemania parecía inmune a ellos en lo que al espectro parlamentario federal se refiere.
La máxima expresión de las consignas populistas se reservaba a la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), hermanada a la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel y ahora el gran azote interno a la gestión de la crisis de los refugiados por parte de la canciller.
El año electoral alemán se abre el 13 de marzo con comicios en los "Länder" de Baden-Würtemberg, Sajonia-Anhalt y Renania Palatinado. La canciller multiplicará su presencia en campaña, algo que esta vez quizás no actúe en beneficio de sus líderes regionales.
Merkel ha modificado su línea, articulado a toda prisa medidas restrictivas a las leyes de asilo y agilizado las posibilidades de expulsión de quienes vean rechazada su solicitud a Alemania.
Su apuesta fue la integración de los refugiados en el tejido social y laboral, pero ayer sábado afirmó que muchos de quienes reciben asilo deberán volverse cuando termine la guerra en su país.
Las regionales de marzo se presentan cuesta arriba para Merkel, mientras que Petry se prepara para festejar como un triunfo su previsible acceso a las cámaras de estos "Länder", a modo de preámbulo para las generales de 2017. EFE
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