sábado, 4 de noviembre de 2017

2017 De Carlos Gustavo a la señora del Damentoilette

Foto Reuters



Un paraguas llamado Steinmeier

+del derrumbe del "efecto Schulz" a la efervescencia ultra

Pocas veces se la vió tan determinada. Empuñando un enorme paraguas negro, en  lugar de dejar el cometido a los múltiples personajes desplegados a tu alrededor y asignados a estas tareas. Como si nada ni nadie pudiera cruzarse en su camino. Concentrada en atravesar el diluvio tan deprisa como le permitiera el traje de gala color bronce. A tiempo para advertir que su esposo, el catedrático, bajo su propio y enorme paraguas verde oscuro, se había abotonado mal el smoking. Bajaron por separado, cada uno con su paraguas, de la mini-van. Bajo el portalón se juntaron para la tradicional foto de todo los años, sin tiempo a enmendar Joachim Sauer el fusiforme abotonamiento.

Del césped quemado por la sequía de años anteriores se había pasado a una alfombra roja empapada entre diluvios. El año se había abierto con la designación del socialdemócrata Martin Schulz como teórico animal político superior capaz de derribarla sin mayores contratiempos. El socialdemócrata que de un soplo iba a terminar con la máquina de ganar elecciones que hasta entonces había sido Angela Merkel, pensaron los estrategas. No formaba parte de la gran coalición, por lo que tenía las manos libres para atacarla.
Eso había sido a principios de año. Antes de llegar a julio el "efecto Schulz" se había esfumado por completo. El expresidente del Parlamento Europeo no era el animal superior que iba a finiquitar la "era Merkel". Faltaban, como siempre ocurre en Bayreuth en año electoral, dos meses para los comicios nacionales.

Barrie Kosky, judío, abría la temporada con unos "Maestros cantores" por los que desfilaban todo tipo de fetiches wagnerianos. Merkel y Sauer desafiaban los diluvios igual que en los años precedentes habían desafíado las sequías y los jardines resecos. Pero sobre Merkel se sucedían los chaparrones. Unas semanas antes que el protocolario paso por Bayreuth había presidido un tumultuoso G20 con asistencia de varios lobos globales ansiosos por devorarla -Donald Trump, Recep Tayyip Erdogan y Vladimir Putin- y con Hamburgo alzado en batalla campal. 

Foto @gemmacasa
Del teórico "efecto Schulz" capaz de derribarla parecía que iba a zafarse. Pero la furia ultraderechista la perseguía. Lo mismo ocurría con sus cada vez más desgastados incómodos -o incomodados- socios de coalición. Hasta donde se sabía, Merkel no  había perdido la capacidad de ganar elecciones. En el Bayreuth del diluvio era la reina entre príncipes, compartiendo mesa con el de Suecia y comiendo, bebiendo y hablando sin parar. La capacidad para engullir y beber sin dejar de hablar era otra de sus señales de identidad. No tan biografiada, Pero observada tanto en las cenas a las que se asiste a distancia como en las que convierte en encuentro con los medios en los congresos de su partido.

Foto @gemmacasa
Merkel era la reina compartiendo banquete en el Steigenberger con Carlos Gustavo de Suecia. Pero  también era la Mutti que se bajaba al pueblo. "La Bundeskanzlerin podría ir a los servicios de su palco o de la lounge. Pero prefiere bajar aquí. Ella sabrá por qué lo hace", me comentó la amable señora de la Damen Toilette, casi tan veterana en su tarea como Merkel en la de gobernar. Efectivamente, a la Bundeskanzlerin se la veía en los entreactos en los servicios. Tal vez no en la apertura de temporada. Pero sí en las galas sucesivas, cuando se alivian los dispositivos de seguridad y la etiqueta. Con el mismo quimono de diez o doce años antes, al parecer su prenda preferida, me la topé en las escaleras de la Damen Toilette. Como todo el mundo dejó su monedita en el platito tras salir de la cabina. Como todo el mundo, saludó a la veterana empleada que pasaba el paño sobre cada toilette tras su uso. Como todo el mundo subió la escalera. "Cada una de las señoras con las que se cruza contará luego en su casa, a sus amigas, en la peluquería que compartió toilette con la canciller. No digamos ya lo que comentará la que se topa con la canciller saliendo de la cabina justo en la que se dispone a entrar".

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Vía Efe Reelección con goteras y obituario

Merkel busca el sí del derrotado Schulz para buscar una mayoría estable 


Gemma Casadevall

Berlín, 30 nov (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, y el líder socialdemócrata, Martin Schulz, abrieron hoy una vía de diálogo, diez semanas después de las elecciones generales y ante la evidencia de que solo ellos pueden negociar un gobierno estable para la primera economía europea.

Foto dpa
A las 19.00 GMT, noche cerrada en Berlín y bordeando los cero grados, la líder de la Unión Cristianodemócrata (CSU), el del Partido Socialdemócrata (SPD) y el de la Unión Socialcristiana bávara (CSU), Horst Seehofer, acudieron a su cita con el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, para tantear salidas que eviten nuevas elecciones.
Era una reunión sin más imágenes que las de la entrada y la salida de los políticos al Palacio de Belleveu presidencial, que se prolongó algo más de dos horas, al término de las cuales y de acuerdo a lo previsto no hubo declaraciones, puesto que cada uno de los líderes evaluará lo abordado primero con su partido.
Teóricamente no debería haber escollos insalvables entre tres formaciones que han gobernado juntas en la primera y en la tercera legislatura de Merkel, además de seguir haciéndolo en funciones y en varios de los 16 estados federados del país.
Pero tanto conservadores como socialdemócratas han sufrido una fuerte erosión, ya que si en la primera coalición de Merkel sumaron el 70 % de los votos, ahora estarían en el 53 %, en medio del ímpetu de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).
La canciller tanteó primero una coalición inédita, con los verdes y los liberales, pero fracasó tras cinco semanas de contactos, mientras que Schulz, inicialmente determinado a ir a la oposición, ha tenido que abrirse al diálogo a instancias del presidente.
Steinmeier ha cobrado una inusitada relevancia, en un país donde la Constitución reserva al presidente un papel representativo y neutral, ya que deja en suspenso su militancia durante su mandato.