miércoles, 1 de noviembre de 2017

Vía Efe Reelección con goteras y obituario

Merkel busca el sí del derrotado Schulz para buscar una mayoría estable 


Gemma Casadevall

Berlín, 30 nov (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, y el líder socialdemócrata, Martin Schulz, abrieron hoy una vía de diálogo, diez semanas después de las elecciones generales y ante la evidencia de que solo ellos pueden negociar un gobierno estable para la primera economía europea.

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A las 19.00 GMT, noche cerrada en Berlín y bordeando los cero grados, la líder de la Unión Cristianodemócrata (CSU), el del Partido Socialdemócrata (SPD) y el de la Unión Socialcristiana bávara (CSU), Horst Seehofer, acudieron a su cita con el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, para tantear salidas que eviten nuevas elecciones.
Era una reunión sin más imágenes que las de la entrada y la salida de los políticos al Palacio de Belleveu presidencial, que se prolongó algo más de dos horas, al término de las cuales y de acuerdo a lo previsto no hubo declaraciones, puesto que cada uno de los líderes evaluará lo abordado primero con su partido.
Teóricamente no debería haber escollos insalvables entre tres formaciones que han gobernado juntas en la primera y en la tercera legislatura de Merkel, además de seguir haciéndolo en funciones y en varios de los 16 estados federados del país.
Pero tanto conservadores como socialdemócratas han sufrido una fuerte erosión, ya que si en la primera coalición de Merkel sumaron el 70 % de los votos, ahora estarían en el 53 %, en medio del ímpetu de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).
La canciller tanteó primero una coalición inédita, con los verdes y los liberales, pero fracasó tras cinco semanas de contactos, mientras que Schulz, inicialmente determinado a ir a la oposición, ha tenido que abrirse al diálogo a instancias del presidente.
Steinmeier ha cobrado una inusitada relevancia, en un país donde la Constitución reserva al presidente un papel representativo y neutral, ya que deja en suspenso su militancia durante su mandato.


Procede del SPD y tiene su peso en el partido -fue su candidato a la Cancillería en 2009-, pero a la vez mantiene una muy buena relación con la canciller, de quien fue ministro de Exteriores, hasta que en febrero accedió a la presidencia como candidato consensuado por la gran coalición.
Tras fracasar los contactos entre conservadores, liberales y verdes, Steinmeier llamó a la CDU/CSU y SPD al diálogo, lo que favoreció el propósito de la canciller de romper el bloqueo del SPD.
Steinmeier encarna en esta crisis la solidez, en contraste con la canciller, Schulz y el bávaro Seehofer, cada uno en su encrucijada.
Merkel quedó debilitada en las generales del 24 de septiembre, ya que se impuso claramente pero obtuvo para la CDU/CSU el peor resultado desde 1949 -un 33 %-, lo que su ala más derechista atribuye a la falta de un perfil más claramente conservador.
Schulz está bajo presión, ya que bajo su liderazgo el SPD se hundió en su mínimo histórico -un 20,5 %- y ahora se va visto forzado a rectificar, tras haber rechazado categóricamente la posibilidad de reeditar la gran coalición.
El rival de Merkel no podía negarse a la llamada de Steinmeier de abrirse al diálogo, pero la izquierda del SPD le apremia a no entrar en otro gobierno con la canciller.
Cualquier forma de apoyo a un Ejecutivo de Merkel, inclusive si es brindando apoyo parlamentario a un gobierno en minoría, deberá ser sometido a la aprobación de sus bases.
Desde su posición de líder derrotado en las urnas, pero forzado a seguir en diálogo con Merkel, Schulz se presentará a su reelección como líder del SPD en el congreso federal del partido, del 7 al 9 de diciembre próximos,
Extremadamente delicada es también la posición del líder bávaro, cuyo partido se debate entre la fracción continuista -representada por el ministro de Interior, Joachim Herrmann- y el eterno rival interno de Seehofer, su ministro de Finanzas, Markus Söder.
Tras varias prórrogas en la toma de decisiones, se espera que el lunes se defina un nuevo liderazgo, en medio del nerviosismo creciente ante el empuje de la AfD en Baviera, el próspero "Land" donde la CSU ha sido partido hegemónico desde los 50.
El próximo año se celebran regionales en dicho estado federado y los sondeos apuntan a que la CSU podría quedar en el 38 % de los votos, tal vez con la AfD como segunda fuerza.
La CSU tuvo bajo presión a Merkel en la pasada legislatura con sus exigencias de limitar la entrada de los refugiados y un proceder más propio de un rival que de un aliado, lo que dificulta cualquier vía de diálogo con el SPD necesitado de recuperar electorado. EFE
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Merkel, doce años en el poder bajo el signo de la reaccción a crisis externas


Gemma Casadevall



Berlín, 21 sep (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, busca la reelección el domingo tras doce años en el poder marcados por su reacción ante crisis globales como las del euro y los refugiados, y decisiones no siempre digeribles por sus filas conservadoras.
La primera legislatura de Merkel (2005-2009) se vio sacudida por la crisis de la eurozona, precipitada por el hundimiento en 2007 del mercado hipotecario estadounidense y a la que Berlín respondió con una férrea austeridad, a cambio de evitar la insolvencia de cualquier Estado miembro.
El dogma del ahorro no fue decisión exclusiva de Alemania, pero se convirtió en una seña de identidad del país y fue visto como una imposición orquestada desde la primera potencia europea, el mayor contribuyente a los sucesivos rescates aprobados para los países más castigados por la crisis.
Alemania cerró 2009 con una contracción de su Producto Interior Bruto (PIB) del 5,6 %, de la que se recuperó ya al año siguiente, y con este expediente terminó también la primera gran coalición del bloque conservador de Merkel con el Partido Socialdemócrata (SPD).
La articulación de soluciones de emergencia y de instrumentos para evitar hundimientos futuros marcó también la segunda legislatura de Merkel, quien tras las generales de 2009 pudo formar coalición con sus aliados naturales, los liberales, mientras el SPD quedaba hundido en su peor resultado histórico -un 23 %-.
En esa segunda legislatura, llegó la segunda crisis, con epicentro en la central nuclear de Fukushima (Japón).
Mientras gobernó en gran coalición, la canciller "respetó" el apagón nuclear pactado con las eléctricas por la coalición socialdemócrata-verde de su antecesor, Gerhard Schröder, pero poco después de abrir su mandato con los liberales, formación cercana a la industria, tumbó el plan para cerrar progresivamente las 17 plantas nucleares.
Bajo el impacto de la catástrofe en 2011, rectificó de nuevo y sentenció al cierre progresivo, hasta 2022, a todas las plantas atómicas alemanas, lo que los Verdes calificaron irónicamente de "apagón del apagón del apagón".
Alemania se convirtió así, bajo el liderazgo de una canciller conservadora, en la primera potencia que trazaba de forma vinculante el adiós a la energía atómica, mientras se improvisaba la transición hacia otras fuentes que garanticen el suministro en el futuro.
En esa segunda legislatura se aprobó también la suspensión del servicio militar obligatorio, otra decisión considerada un hito en Alemania y que estuvo precedida de fuertes tensiones en las filas conservadoras.
En 2013, Merkel logró la reelección casi con mayoría absoluta, mientras que el Partido Liberal (FDP) quedaba relegado a extraparlamentario, situación inédita para una formación que había apuntalado como socio minoritario tanto a Gobiernos conservadores como socialdemócratas.
La canciller volvió a la gran coalición, manteniendo al conservador Wolfgang Schäuble como ministro de Finanzas y guardián de la línea de la austeridad frente a la persistente crisis de la zona euro.
Se habían aprobado ya cinco planes de rescate económico -dos a Grecia y uno a Portugal, Irlanda y Chipre, además de la ayuda a la banca española-, cuando Alemania quedó inmersa en la siguiente gran crisis global, la de los refugiados.
El 4 de septiembre de 2015, Merkel adoptó la decisión que más ha minado su poder dentro de sus propias filas: la apertura de las fronteras a columnas humanas de decenas de miles de peticionarios de asilo atrapados en Hungría.
Fue una medida humanitaria -ha defendido desde entonces la canciller- a la que siguió la llegada al país de hasta 1,3 millones de peticionarios de asilo y la exigencia a Merkel, desde las propias filas conservadoras, de poner un límite.
Las presiones de la Unión Socialcristiana (CSU), partido bávaro hermanado a la Unión Cristianodemócrata (CDU), han perseguido a la canciller hasta casi el final de la legislatura.
A Merkel se la ha acusado también de haber propiciado con su línea poco conservadora el auge de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que ha capitalizado el voto xenófobo y que, según los sondeos, se convertirá en la primera formación de ese espectro con escaños en el Bundestag (Parlamento federal).
La legislatura se cerró con un último hito, la aprobación del matrimonio homosexual, impulsado por los socialdemócratas y con el voto negativo de Merkel, quien con la ley ya aprobada por la cámara dijo sentirse satisfecha con la nueva situación. EFE
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La campaña de Merkel adopta perfiles épicos entre chaparrones y abucheos ultras


Gemma Casadevall

Torgau (Alemania), 6 sep (EFE).- La campaña por la reelección de la canciller alemana, Angela Merkel, adoptó hoy tonos épicos en el mitin en la ciudad de Torgau (este del país), entre copiosos chubascos y los atronadores abucheos de manifestantes ultraderechistas contra la acogida de refugiados.
Empuñando un paraguas negro y envuelta en un grueso impermeable, a la líder conservadora le correspondió avanzar hasta el escenario de la plaza del ayuntamiento entre un concierto de bocinazos y gritos de "Hau ab" ("Vete") y los mucho menos audibles saludos de bienvenida de algunos centenares de seguidores que acudieron al acto.
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Impertérrita, pero rodeada de rostros preocupados de las autoridades locales y del dispositivo de seguridad, Merkel abrió su discurso recordando la cita que acababa de mantener, en Berlín, con opositores venezolanos: "en Alemania, por suerte, disfrutamos de una democracia y elecciones libres".
Recordó tanto a las víctimas de los atentados de Cataluña, del pasado 17 de agosto, y París como al pequeño Aylan, el niño sirio muerto hace dos años en una playa turca, y que se ha convertido en una especie de símbolo del drama migratorio.
También aludió al bienestar del que disfrutan los alemanes y a los logros en la lucha contra el desempleo, también en el este del país, aunque el paro sigue superando con creces al del oeste de Alemania, para despedirse, tras media hora larga de discurso, pidiendo el voto para su Unión Cristianodemócrata (CDU).
"No den por decidida la elección. No podemos regalar ni un voto. Si quieren que siga siendo su canciller otros cuatro años, denme su confianza el 24 de septiembre", dijo a sus seguidores, enfundados en ponchos de plástico que habían repartido sus voluntarios, también a los periodistas que seguían el mitin bajo el chaparrón.

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La atención de los medios se dividía entre el rostro sosegado de Merkel, quien el día anterior recibió sin inmutarse las salpicaduras de un par de tomates lanzados desde el público en Heidelberg (sur), y los centenares de manifestantes de la ultraderechista Alternativa para Alemania y del hermanado movimiento de los "Identitarios".
Torgau, una hermosa ciudad sajona de 20.000 habitantes, a 150 kilómetros de Berlín, era el punto elegido hoy para el mitin de la CDU en ese "Land" del este de alemán, con capital en Dresde, cuna del movimiento islamófobo Pegida.
El centro de la ciudad estaba protegido por un poderoso dispositivo policial, en medio del clima de alarma general antiterrorista que rige en todo el país y el miedo a altercados.
En una calle adyacente a la plaza mayor, la Schlosstrasse, se había organizado ya dos horas antes del inicio del mitin la "resistencia"a la canciller, incluido el reparto de carteles hostiles.
Ciudadanos con la camiseta del "Spektrum Aufrechter Demokraten" ("Espectro de los Demócratas Reales"), mezclados con seguidores de AfD, recibieron a Merkel con abucheos similares a los que la han perseguido en otros puntos de la campaña, especialmente en el este alemán, antiguo territorio comunista donde la líder alemana creció.
AfD se convertirá el 24 de septiembre, según todos los sondeos, en la primera formación ultraderechista que accede al Bundestag (Parlamento federal), después de haber logrado en los últimos dos años entrar en 13 de los 16 estados federados, incluido Sajonia.
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La revista "Compact", órgano oficioso de AfD, con sede en la vecina ciudad de Leipzig, llevaba días llamando a través de su página en internet a protestar desde Torgau contra la canciller.
No es la calle o los mítines el único escenario de la ofensiva contra Merkel: desde 2015, con el estallido de la crisis migratoria, la Fiscalía federal ha recibido más de mil denuncias procedentes del entorno de AfD imputando a la canciller "alta traición"
Desde la propia Fiscalía se ha explicado que las denuncias tienen nulas perspectivas de salir adelante por carecer de fundamento. Pero su existencia alimenta la propaganda de la AfD.
"Es desolador escuchar decir a Merkel, día a día, que excluye cualquier cooperación política con AfD o con La Izquierda. Claro que somos tan incompatibles con ella como la ultraderecha. Pero no es lícito equipararnos", se lamenta desde la Schlosstrasse, Nadia Baatz, de la oficina de la diputada izquierdista Susana Karawanskij.
El despacho de La Izquierda está en el número 12 de esa calle, enfrente del local del "Spektrum" derechista. "Somos un partido establecido, con experiencia de Gobierno en varios 'Länder', incluido Berlín. En las antípodas del órgano de hostigamiento político e incitación al odio racial que es la AfD", sostiene Baatz. EFE
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Merkel, oficialmente en campaña y en pos de la reelección 


Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 26 jul (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, parece determinada a buscar la reelección con la mayoría más holgada posible y concentrada en ganarse al votante de Baviera, conservador estado del sur del país, sea en sus vacaciones o cuando entre de pleno en la campaña para los comicios de septiembre.
La llegada ayer tarde de Merkel, en traje de gala color bronce y empuñando un gran paraguas negro, al teatro de Bayreuth, donde desde 1876 se celebra el Festival Richard Wagner, es hoy la imagen omnipresente en los medios, no solo en los de esa ciudad de provincias bávara.
A la líder alemana destinaron los mayores aplausos las decenas de curiosos concentrados bajo el diluvio y con impermeables, puesto que por razones de seguridad no se permitía al público llevar paraguas.
Menos caluroso, pese a que jugaba en casa, fue el recibimiento al primer ministro bávaro, Horst Seehofer, líder de la Unión Socialcristiana (CSU), hermanada con la Unión Cristianodemócrata (CDU) que Merkel.
"La canciller está oficialmente de vacaciones, pero siempre de servicio", comentaba a Efe en la recepción posterior a la gala operística Ulrich Wilhelm, portavoz de Merkel en su primera legislatura y director general de la radio pública de Baviera.
El periodo vacacional de la canciller empezó el pasado jueves y Bayreuth, a donde se acerca cada año buena parte de la plana mayor de la política alemana, forma parte de ese teórico descanso, sea o no año electoral.
Merkel y su esposo, el catedrático Joachim Sauer, son habituales del festival desde 1997, siendo ella ministra de la Mujer del canciller Helmut Kohl, y no dejaron de asistir a la cita mientras ella fue líder de la oposición, del 2000 al 2005.
"Necesita a Baviera más que nunca. Seehofer ha sido en estos cuatro años su socio más difícil", apuntaba durante la recepción Claudia Roth, expresidenta de Los Verdes, bávara y también asidua al festival.
La CSU de Seehofer fue un azote para la canciller entre 2015 y 2016, cuando Alemania recibió 1,2 millones de refugiados, la mayoría a través de ese próspero "Land" de Baviera.
"Le conviene no fiarse de la teórica armonía que ahora le ofrece Seehofer", proseguía la exlíder de los Verdes, acompañada del jefe de su grupo parlamentario, Anton Hofreiter, en alusión a la exigencia aún latente del líder bávaro de imponer un límite a la acogida de refugiados.
Los sondeos de cara a las elecciones dan a la CDU/CSU una clara ventaja, con entre un 37 a un 40 % del respaldo, frente al entre 25 y 22 % que se pronostica a su actual socio de Gobierno, el Partido Socialdemócrata (SPD) que lidera Martin Schulz.
Los Verdes de Roth luchan por el tercer puesto con el Partido Liberal (FDP) y La Izquierda, los tres entre el 8 y el 9 %, mientras que la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) tiene asegurado el acceso a escaños, con una horquilla de entre el 7 y el 9 %.
"Los liberales estamos de nuevo ahí. Somos un socio leal, marcamos nuestro sello a la coalición sin ahogarla", señalaba Sabine Leutheusser Schnarrenberger, del FDP y ministra de Justicia en la segunda legislatura de Merkel, entre 2009 y 2013.
Tras quedar sin escaños en el Bundestag (Parlamento federal) en las últimas elecciones generales, el FDP, partido bisagra tradicional en el organigrama alemán, podría convertirse en el nuevo socio de Merkel, si se mantiene la tónica ascendente de ambas formaciones que marcan los sondeos.
En el festival bávaro confluyeron varios ministros del Gobierno federal, incluidas las socialdemócratas Brigitte Zypries, de Economía, y Barbara Hendricks, de Medioambiente, además de la práctica totalidad del Ejecutivo bávaro de Seehofer.
De Bayreuth partirán Merkel y su esposo hacia el Tirol, para continuar sus vacaciones, pero a mediados de agosto la canciller se sumergirá ya en la campaña y tiene previsto regresar a la ciudad bávara el 24 de agosto, coincidiendo con el final de la temporada operística, para ofrecer un mitin electoral.
La ruta de la campaña por la reelección de la canciller abarca todo el país, desde poblaciones pequeñas a grandes núcleos urbanos, como su Hamburgo natal, pero con protagonismo dominante para Baviera, donde se han organizado unos diez actos electorales, casi un tercio de los previstos.
El último gran acto incluido por ahora en la agenda por la CDU, el 22 de septiembre, será en Múnich, capital bávara. EFE
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Los disturbios sacuden un G20 que Merkel quería impecable

Gemma Casadevall

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Hamburgo (Alemania), 7 jul (EFE).- Los disturbios empañaron hoy, por segundo día consecutivo, la cumbre del G20 en Hamburgo, una cita que el anfitrión alemán y la ciudad que la acoge deseaban fuera impecable.
Coches ardiendo, 159 policías heridos, jóvenes encapuchados enfrentándose a vehículos antidisturbios, lanzamiento de cócteles molotov y agentes tratando de dispersar a los alborotadores eran las imágenes del día, en contraste con el correcto primer cara a cara del presidente estadounidense, Donald Trump, y el ruso, Vladímir Putin.
A lo largo de la jornada se había informado de que Melania Trump estaba retenida en la residencia donde se aloja, por razones de seguridad, y de que había habido lanzamiento de objetos contra la policía que custodia el hotel donde se hospeda el líder del Kremlim.
En las redes sociales se difundieron fotos de tres blindados patrullando por Hamburgo, a lo que siguió un desmentido de la Policía negando que se planteara ningún tipo de apoyo militar.
Por su parte, el semanario "Der Spiegel" afirmó, citando fuentes policiales, que las autoridades de esta ciudad del norte de Alemania han pedido refuerzos al contingente actual, formado por unos 19.000 efectivos.
Las manifestaciones violentas contra la cumbre son "inaceptables", condenó la canciller alemana, Angela Merkel, en una comparecencia al término de las reuniones plenarias y lamentó las agresiones sufridas por agentes policiales.
"Las manifestaciones violentas ponen en peligro vidas humanas", añadió, en su calidad de anfitriona de la reunión de los líderes de las principales potencias industriales y países emergentes.
En sentido parecido se pronunció el presidente del país, el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier, quien como Merkel agradeció la labor desarrollada por los agentes.
La canciller reiteró su "comprensión" hacia las marchas de signo pacífico que se desarrollan estos días en Hamburgo.
Desde su Gobierno se ha insistido en que la crítica al G20 es "bienvenida" siempre que sea pacífica, en un claro mensaje de normalidad democrática en un país donde se garantiza la libertad de expresión, frente a la situación de otros miembros del grupo.
A falta de lo que ocurra hasta el final de la cumbre, mañana sábado, el balance deja dudas acerca de la oportunidad de elegir el centro de una ciudad como Hamburgo, con 1,7 millones de habitantes y barrios conflictivos o con tradición de combativos, como St Pauli, para acoger la cita de los más poderosos.
Estaba claro que la cumbre suponía un desafío logístico y policial, con invitados incómodos para la izquierda radical como Trump y una veintena de actos de protesta de distinto orden, desde imaginativas acciones en formato artístico o festivo a la posible presencia de hasta 8.000 extremistas o antisistema.
Ya el martes la Policía empleó cañones de agua a presión contra jóvenes que pretendían pernoctar en una "acampada anticapitalista", lo que, a juicio de sus organizadores, fue una reacción desproporcionada.
El miércoles la situación empeoró, al detectarse la presencia de un millar de encapuchados en la manifestación bautizada como "Welcome to hell", ante los que se actuó con contundencia.
"La presencia de personas enmascaradas está prohibida. No es un capricho. Son razones de seguridad, también para el resto de manifestantes. Los rostros de quienes están ahí deben ser reconocibles", comentó a Efe Timo Zuill, portavoz policial.
Los altercados se prolongaron ayer hasta pasada la medianoche y se reprodujeron a primera hora de la mañana de este viernes.
Grupos de entre 200 y 600 manifestantes prosiguieron durante todo el día con sentadas para tratar de bloquear los accesos al centro de congresos donde tiene lugar la cumbre.
Las fuerzas policiales bloquearon varias estaciones de metro, en unos momentos en los que la circulación por un amplio perímetro está reservada a vehículos autorizados, delegaciones o Policía.
El momento de práctico colapso se alcanzó coincidiendo con la llegada a la Elbphilharmonie, la recién inaugurada filarmónica de la ciudad, de la caravana de los líderes para el concierto que Merkel y su esposo, el catedrático Joachim Sauer, ofrecían a sus invitados.
El cielo de Hamburgo era un avispero de helicópteros, mientras barcas policiales y submarinistas controlaban que no se infiltraran intrusos desde el puerto a esa parte del Elba, en uno de cuyos depósitos se levanta ahora la Filarmónica, el más costoso proyecto cultural de Alemania y la nueva señal de identidad para Hamburgo. EFE
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Kohl y Merkel, la historia de una emancipación


Gemma Casadevall

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a Alemania de hoy ni su actual líder, Angela Merkel, serían lo que son sin la figura de Helmut Kohl, el canciller que apadrinó políticamente a la que llamó su "muchacha d
el este" y que, en un momento dado, vio cómo ella se emancipaba del patriarca para marcar su propia historia.
A Kohl se le suele atribuir el papel de "descubridor" de Merkel, la joven crecida en territorio comunista a la que en 1991, dos años después de la caída del muro berlinés, convirtió en ministra de Mujer y Familia del primer Gobierno de la Alemania unificada.
En realidad ese papel correspondió a Lothar de Maizière, jefe del Gobierno de la República Democrática Alemania (RDA) en la fase de transición hasta su disolución, quien eligió como viceportavoz a esa joven doctorada en Ciencias Físicas y neófita en la política.
De Maizière reconoció en Merkel características atípicas en el ámbito político, como la capacidad para resolver el problema más complejo examinando cada una de sus partículas.
Pero ni de lejos adivinó De Maizière las dotes de liderazgo con las que hoy se identifica a Merkel, en busca de la reelección para una cuarta legislatura, aunque aún por debajo del récord de dieciséis años de permanencia en el poder de Kohl.
Kohl la adoptó como miembro de su Ejecutivo, necesitado de jóvenes talentos surgidos de la RDA que no estuvieran marcados por el régimen que construyó el muro.
El apodo de la "muchacha del Este" reflejaba el paternalismo con el que la integró en su equipo como ministra de la Mujer, para encargarle en la siguiente legislatura una cartera más acorde con su formación científica, Medio Ambiente.
El gran momento de Merkel no llegó, sin embargo, hasta 2000, cuando el diario "Frankfurter Allgemeine", paradigma de la prensa conservadora, publicó un artículo de opinión suyo llamando a la Unión Cristianodemócrata (CDU) a emanciparse del patriarca.
Merkel era entonces secretaria general del partido que Kohl había presidido durante 25 años y que, tras su derrota electoral ante el socialdemócrata Gerhard Schröder, en 1998, había pasado a presidir su eterno delfín, Wolfgang Schäuble.
Al paso a la oposición de la CDU siguieron las revelaciones de una red de financiación irregular durante la "era Kohl" que hundió al partido en el peor escándalo de su historia.
Schäuble tuvo que apartarse de la presidencia y asumió Merkel las riendas de la formación política en un momento en que la mayoría de sus barones prefirió no quemarse.
Kohl y su partido entraron en una fase de práctica ruptura, mientras Merkel se encargaba de sanear la formación.
El patriarca nunca reveló los nombres de sus teóricos "donantes secretos"; las tensiones entre él y el partido fueron suavizándose y hubo amagos de reconciliación con Merkel tras recuperar ésta la cancillería para la CDU, en 2005.
Pero Kohl nunca le perdonó del todo lo que consideró una traición y han sido frecuentes sus descalificaciones a la líder de la primera potencia de la Unión Europea (UE), a quien a menudo ha recriminado falta de olfato político o de europeísmo.
Ya en lo personal, fueron ilustrativas de ese rencor las palabras aparecidas en unas memorias no autorizadas, difundidas por la prensa popular, donde aseguraba que cuando la descubrió entre la cantera de políticos del este del país, ni siquiera sabía usar correctamente el cuchillo y el tenedor.
"Fue un gran alemán y un gran europeo", dijo hoy Merkel del patriarca fallecido. EFE
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Kohl, el coloso identificado con la unidad de Alemania y de Europa

Gemma Casadevall

Berlín, 16 jun (EFE).- El excanciller Helmut Kohl, jefe del Gobierno alemán entre 1982 y 1998, falleció hoy a los 87 años, identificado como el coloso que convirtió la Alemania dividida en la primera potencia europea y que imprimió su sello en la Unión Europea (UE).
Kohl, patriarca de la Unión Cristianodemócrata (CDU) que dirige Angela Merkel, murió en su casa de Ludwigshafen, el lugar donde vivía apartado de la vida pública junto a su esposa, Maike Richter, 34 años más joven y con quien compartió la última etapa de su vida.
Su muerte se produjo 19 años después de su paso a la retaguardia -tras su derrota ante el socialdemócrata Gerhard Schröder en 1998-, aunque desde su retiro siguió levantando la voz, mientras su estado de salud se lo permitió, cada vez que sintió peligrar sus grandes proyectos: la unidad alemana y la europea.
Récord de permanencia en el poder en Alemania (dieciséis años como canciller) y también al frente de la CDU (un cuarto de siglo), Kohl fue un político al viejo estilo, acostumbrado a imponerse con un puñetazo en la mesa, fácil de emocionarse hasta el llanto al primer elogio y con algunos claroscuros en el final de su carrera.
Para la historia pasará como el artífice de la reunificación alemana, mientras que para algunos de sus compatriotas fue "Die Birne" -"la pera" o "la bombilla"-, apodo que se le dispensó tanto por su cabezonería como por la forma de su cuerpo, con sus 1,93 metros de altura y unos aproximadamente 130 kilos de peso.
Nacido en Ludwigshafen (Renania-Palatinado) el 3 de abril de 1930, fue hombre de pensamiento algo monolítico, que de entrada tuvo que luchar contra la etiqueta de político de provincias.
Ingresó en la CDU en 1947 y ese fue su único partido hasta su muerte. En 1958 se doctoró en Ciencias Políticas, Derecho e Historia, época en la que asumió la dirección las juventudes de la CDU para asumir luego el liderazgo del partido en Renania-Palatinado.
En 1976 se convirtió en diputado del Bundestag y luego en jefe del grupo parlamentario conservador, hasta que en 1982 saltó a la Cancillería aprovechando una crisis del gobierno del canciller socialdemócrata Helmut Schmidt.
Cuatro ministros liberales, socios en el Gobierno, rompieron la disciplina para sumarse a la moción de censura planteada por los conservadores y Kohl logró la Cancillería.
Schmidt, "el otro Helmut", le estrechó la mano en la sesión parlamentaria que le derribó, pero nunca más le habló.
Un año después se vio envuelto en el "escándalo Flick", en el que se le acusaba de haber recibido ilegalmente fondos de la empresa de este nombre, asunto turbio que nunca le abandonó completamente.
En 1989, con la revolución pacífica de la ciudadanía tras el Telón de Acero, llegó su momento histórico.
Asumió como propio el "Wir sind das Volk" o "Nosotros somos el pueblo" con que los ciudadanos de la República Democrática Alemana (RDA) exigían democracia al resquebrajado régimen germano-oriental.
El 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín e inmediatamente después lanzó un "Plan de 10 puntos" para lograr la unidad alemana, lo que implicó convencer a las potencias aliadas que derrotaron a Hitler de que una nueva Alemania fuerte no era una amenaza.
El 3 de octubre de 1990 se firmó el Tratado de Unidad, por el que el territorio de la RDA quedó absorbido por la RFA.
Unos meses después, fue reelegido en las generales y se convirtió en el primer canciller de la Alemania unificada.
A partir de ahí, desplazó su interés hacia lo que fue su otro proyecto: la moneda única y la ampliación de la UE.
No llegó a liderar ni lo uno ni lo otro, puesto que en septiembre de 1998 su era tocó a su fin, con la victoria de Schröder y la formación de la primera coalición socialdemócrata-verde.
Un año después estalló el escándalo de los donativos ingresados irregularmente durante años en la CDU, en que el ya excanciller reconoció la existencia de cuentas secretas, pero se negó a revelar los nombres de sus donantes.
Se produjo la casi ruptura con su partido y con quien fue su delfín, Wolfgang Schäuble, quien salpicado por el escándalo renunció a la jefatura del partido mientras Merkel asumía su liderazgo tras llamar a emanciparse del patriarca.
Fueron años muy negros, a lo que se sumó en 2001 la muerte de su esposa Hannelore, quien se suicidó en su casa, sola, mientras él preparaba en Berlín su defensa frente al escándalo financiero.
En 2004 saltó la noticia de que el "Coloso del Palatinado" volvía a tener compañera, Maike Richter, cuya existencia salió a relucir a raíz de las vacaciones que pasaron juntos en Sri Lanka ese mismo año, donde fueron testigos del "tsunami" que afectó a ese país.
Se casaron dos años después y juntos vivieron una lenta reconciliación con la CDU, aunque enturbiada por sus ácidas críticas hacia Angela Merkel y a otros compañeros a los que atribuía falta de visión europea.
En lo privado, sus últimos años quedaron sacudidos por las malas relaciones entre sus dos hijos y su segunda esposa, a la que acusaban de manipular al patriarca. EFE
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