domingo, 4 de noviembre de 2001

2001 Digno de Wagner


El amable viejecito Wolfgang

+ Hannelore Kohl

Está feo hablar mal de quien te abrió la llave del templo. Mi entrada de acceso a Bayreuth se la debía a Wolfgang Wagner, el iracundo nieto, patriarca, mandamás de la casa, uno de cuyos ataques de ira precipitó el adiós al festival de Waltraud Meier. Fue en la temporada anterior, la del dúo insuperable -por voces, por imán mediático, por todo- con Plácido Domingo, en "La Valquiria" de Jürgen Flimm y Giusseppe Sinopoli.

Foto: alliance dpa
A Wolfgang le debía y seguramente seguiré debiendo mi presencia en Bayreuth. El terrible cascarrabias era también el amable viejecito que facilitó su primera entrada a una corresponsal española, algo perdida por la casa, con la que se topó paseando por los jardines -mi antecesora en el puesto-. De ella heredé el derecho a pedir la mía sin que me remitieran al final de la cola.
En Bayreuth nada funciona como en el resto del mundo. No hay acreditaciones, sino entradas para prensa, cada una de las cuales se suplicaba debidamente por correo postal. Mi antecesora en la corresponsalía se topó con el patriarca unos años atrás paseando por sus jardines. Se tenía entrada. El mandamás se apiadó, ordenó a su oficina que le buscaran una; entró y desde entonces ya no tuvo que suplicar más. Ni ella, ni su sucesora en esa corresponsalía, heredera natural de la entrada original desde 1994. Todo en Bayreuth respondía a algún tipo de derecho sucesorio.


Por primera vez en años, este 2001 no estaría ya sobre la verde colina Waltraud Meier. La más preciada mezzosoprano de Bayreuth, tan bávara como el festival, se había despedido de la casa la temporada anterior acusando a Wolfgang de tirano. El portazo seguía resonando. Tampoco estaba ahí Plácido. Sustituía al dúo perfecto Robert Dean Smith y Violeta Urmana. La batuta la llevaría Adam Fischer, ya que Sinopoli había muerto.

No había estreno para la apertura, sino una reposición de los "Maestros Cantores" de 1996. Una producción más bien rutinaria, como solía ocurrir con las que asumía personalmente Wolfgang y con el leal Christian Thielemann a la batuta. Qué podía salir mal. Se cumplían 125 años del estreno del primer "Anillo" en el teatro que Richard Wagner mandó construir con el dinero de Luis II de Baviera. Y medio siglo de la refundación del festival, en 1951, bajo custodia aliada y obviamente estigmatizado por los años de sumisión a Adolf Hitler. Wolfgang y su hermano Wieland, a quienes Hitler dio trato de sobrinos, fueron los encargados de refundarlo. Desde la muerte de Wieland, en 1966, el nieto superviviente, mandamás iracundo o anciano adorable, llevaba sus riendas en solitario.


Plácido, en papel

"No hay nada peor para todos los interesados que preguntarse los unos a los otros, en voz alta o por lo bajo: ¿cuándo se marchará de una vez el tipo? Una historia trágica, esa despedida. Digno de Wagner", opinó desde el semanario "Der Spiegel" Plácido Domingo. El tenor español hurgaba en la llaga, en un año sin estrenos, sin dúos de altura, con aniversarios redondos y el telón de fondo de la guerra sucesoria sin resolver. Se enfrentaban de nuevo el continuismo -la esposa-secretaria, Gudrun- y la sobrina rebelde, Nike. Katharina, la legítima, era demasiado joven. 


De pronto, Hannelore

Digna de Wagner era también la tempestad incesante sobre la Unión Cristianodemócrata (CDU). Angela Merkel acudía a su segunda temporada en Bayreuth como presidenta del partido de Konrad Adenauer. Esta claro que no lo hacía por imperativo de su cargo. A Helmut Kohl nunca se le había ocurrido intentar sentarse en una de las 1.925 incómodas butacas del viejo teatro para escuchar nueve horas de "Anillo" wagneriano.

jueves, 1 de noviembre de 2001

Vía Efe: Nike y un hermoso Lohengrin

Foto: Bayreuth Festspiele

Bayreuth se divierte con los "Maestros" y olvida la etiqueta

Gemma Casadevall


Bayreuth (Alemania), 26 jul (EFE).- Los wagnerianos no sólo se divirtieron con "Los maestros cantores de Núremberg", sino que también olvidaron la rigurosidad de la etiqueta en la inauguración del Festival de Opera Richard Wagner, que fue una gala redonda de conjunción de voces y juego escénico La opera más popular del repertorio de la casa convirtió la apertura del certamen, la noche del miércoles, en una fiesta, rematada por una ovación con rango de homenaje a Wolfgang Wagner, nieto del compositor y director del festival.
La historia de amor entre el "aprendiz de cantor" Walther von Stolzing -Robert Dean Smith- y Eva -Emily Magee- tuvo proporción de gran espectáculo y los wagnerianos coronaron a su primer "héroe" de la temporada: Robert Holl, que bordó el papel de Hans Sachs.