jueves, 1 de noviembre de 2001

Vía Efe: Nike y un hermoso Lohengrin

Foto: Bayreuth Festspiele

Bayreuth se divierte con los "Maestros" y olvida la etiqueta

Gemma Casadevall


Bayreuth (Alemania), 26 jul (EFE).- Los wagnerianos no sólo se divirtieron con "Los maestros cantores de Núremberg", sino que también olvidaron la rigurosidad de la etiqueta en la inauguración del Festival de Opera Richard Wagner, que fue una gala redonda de conjunción de voces y juego escénico La opera más popular del repertorio de la casa convirtió la apertura del certamen, la noche del miércoles, en una fiesta, rematada por una ovación con rango de homenaje a Wolfgang Wagner, nieto del compositor y director del festival.
La historia de amor entre el "aprendiz de cantor" Walther von Stolzing -Robert Dean Smith- y Eva -Emily Magee- tuvo proporción de gran espectáculo y los wagnerianos coronaron a su primer "héroe" de la temporada: Robert Holl, que bordó el papel de Hans Sachs.


Asimismo se repartieron entusiasmos para el dúo de enamorados -los estadounidenses Smith y Magee dieron el tono preciso a la "alemanidad" de la obra-, aunque lo que realmente divirtió fue el abultado conjunto de coros y comparsas que Wagner pone en danza.
Christian Thielemann, a la batuta, demostró ser el director idóneo para captar y seguir al pie de la letra los deseos del patriarca, que cumple medio siglo en la dirección de Bayreuth.
El público se contagió del espíritu juguetón del cierre del segundo acto -en el que una revuelta de vecinos en camisón "intercepta" el concierto nocturno del villano Beckmesser- y se rindió sin reservas a la fiesta de la germanidad con que culmina la obra.
Los wagnerianos "perdonaron" la ausencia de estrenos este 2001, ya que junto a estos "Maestros", estrenados en 1996, sólo se reponen "Lohengrin" de Antonio Pappano y Keith Warner, y el "Anillo del Nibelungo" de Jürgen Flimm, con Adam Fischer al frente de la orquesta.
Los "Maestros", compuesta por Richard Wagner necesitado de un éxito popular para salir de una de sus crisis financieras, recuperó su aire festivo en la temporada con que Bayreuth cumple 50 años de historia moderna y 125 desde la inauguración de su teatro.
La aparentemente inocente historia de amor entre el cantor y la muchacha, etiquetada de "ópera ligera" porque rompe el esquema de grandes sagas de dioses y héroes germánicos, se llevó ya desde su estreno, en 1868, la aureola de nacionalista.
Wolfgang Wagner y su hermano Wieland tardaron unos años en ponerla en escena en Bayreuth, tras la refundación del festival en 1951, para no herir la sensibilidad de los aliados, cuyas reservas fue necesario vencer para reabrir el teatro en la posguerra.
El régimen nazi había instrumentalizado y manipulado la obra para convertirla en un panfleto glorificador de la unidad germana y representarla, durante los seis años de "Festivales del III Reich", ante héroes de guerra y oficiales.
La producción de Wagner no puede evitar que, a pesar del esfuerzo por suavizar contornos, al final aflore esa marcialidad que fascinó al aparato de propaganda de Adolfo Hitler.
Pese a la falta de estrenos, la apertura de Bayreuth revalidó su condición de acontecimiento social por excelencia del verano alemán.
La gala concentró a ex-presidentes -como Walter Schell y Roman Herzog-, a la cúpula bávara -liderada por su primer ministro, Edmund Stoiber-, a miembros del gobierno -el ministro del Trabajo, Walter Riester- y a la plana mayor de la oposición -con la jefa de la democristiana CDU, Angela Merkel, y su líder en el parlamento, Freidrich Merz.
La estrella fue, sin duda, la novia del ex jefe de estado Roman Herzog, una esbelta baronesa con la que piensa casarse próximamente apenas cumplido su primer año de viudedad, quien repartió sonrisas y autógrafos enfundada en un espléndido vestido de gala rosa.
Bayreuth no sería Bayreuth sin el encanto provinciano que mantiene el festival de esa pequeña ciudad bávara, gracias a los jardines abiertos que rodean al teatro, donde el pueblo tiene acceso a los invitados en la hora larga de sus entreactos.
Parte del selecto público emplea esa larga pausa en "ver y ser visto" cerca del teatro. Otros aprovechan para descalzarse y tomar la típica salchicha con mostaza en un chiringuito vecino, donde reina la mezcla de clases entre los "smokings" y bañadores de quienes toman el sol en la cercana pradera. EFE gc/cv/ml/jff

Un grandioso Lohengrin y un dúo de elite


Por Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 27 jul (EFE).- El "Lohengrin" de Antonio Pappano y Keith Warner dejó a Bayreuth en estado de fascinación ante un espectáculo grandioso y proporcionó a los wagnerianos el placer de asistir al nacimiento de un nuevo dúo de elite alemán, formado por Peter Seiffert y Melanie Diener.
El Festival de Opera Richard Wagner encontró anoche a su perfecto "Lohengrin" y a su perfecta "Elsa", con un público maravillado además por el derroche de filigranas técnicas del montaje concebido por Warner.
Seiffert, nuevo en Bayreuth en el papel del héroe de nombre prohibido, hizo vibrar a los wagnerianos y recibió, como recompensa, la veneración del que se cataloga de más exigente público de la órbita operística europea.
A su lado, Diener -quien repetía como la Elsa de Pappano- avanzó posiciones en las preferencias de Bayreuth, necesitado de encontrar una "diva local" que ocupe el vacío dejado por Waltraut Meier.
La perfección de Linda Watson -"Ortrud"- quedó casi eclipsada por ese dúo, complementado por un tercer solista nacional, Roman Trekel -el herario-, que lució buena voz e imponente presencia escénica.
Tras la "noche americana" vivida en la apertura de temporada, con Robert Dean Smith y Emily Magee en "Los maestros cantores de Nuremberg", "Lohengrin" dejó a Bayreuth encantado con el descubrimiento de una pareja de lujo surgida de las filas locales.
La incorporación de Seiffert y Diener era la gran novedad de la turbulenta y monumental tragedia wagneriana, al cumplir la producción de Warner su tercer año en el festival.
La escenografía de Stefanos Lazaridis trajo la ilusión de "estar en el cine", con una combinación de prodigios técnicos y estructuras móviles que cualquiera colocaría en la categoría de lo irrealizable.
Pero lo aparentemente imposible deja de serlo en Bayreuth y el "Lohengrin" desplazó sobre el escenario su ingeniería escenográfica.
Una imponente plataforma desciende desde las alturas en el primer acto como un telón y deja instalados, repartidos en cinco niveles, a un ejército de aguerridos miembros del coro con armaduras y corazas.
En el segundo acto, una plataforma móvil irrumpe en el escenario para realzar el duelo entre Elsa y Ortrud y convertirse luego en rampa nupcial de los enamorados camino al altar.
Las filigranas técnicas recuerdan que, efectivamente, se está en Bayreuth, el festival donde todo es posible, con tal de revitalizar el culto a la grandeza wagneriana.
Sin embargo, tanto desplazamiento de plataformas móviles acaba despistando la atención del público y la de los propios solistas.
A Diener, especialmente, se la vio tanteando y calibrando la peligrosidad de sus movimientos, como temerosa de algún percance.
Como no hubo -ni seguramente habrá- descalabros que lamentar, la función se cerró con una ovación de gala al artífice de esa espectacular producción, representado por Pappano, ya que Warner no asistió a la apertura de temporada de su reposición.
Por lo demás, en Bayreuth se vive ya la impaciencia ante la representación, entre hoy y el próximo lunes, del "Anillo del Nibelungo" de Jürgen Flimm, producción se estrenó el pasado año, pero que en su reaparición ahora tiene rango de novedad.
La muerte de Giuseppe Sinopoli, que en abril sufrió un infarto cuando dirigía en Berlín "Aida", ha obligado a buscar nueva batuta a la tetralogía, misión que ha recaído en el húngaro Adam Fischer.
Flimm ha aplicado asimismo retoques, ya que aunque desató entusiasmos con "El oro del Rin", tuvo un bajón con "La valquiria" y "Sigfrido" y acabó con abucheos para "El ocaso de los dioses".
Hay novedad también en el reparto, puesto que este año no estarán Plácido Domingo ni Waltraud Meier para compensar posibles déficit.
Meier, durante décadas la soprano mimada de Bayreuth, abandonó el festival irritada con su dirección y Domingo tiene la costumbre de no actuar en el templo wagneriano más que cada cuatro o cinco años.
Les relevarán Violeta Urmana y Robert Dean Smith, que al parecer se ha tomado Bayreuth como una maratón, ya que además del Stolzing de "Los maestros", ha asumido el Sigmundo de "La valquiria" y será también "Lohengrin" en agosto. EFE gc/cv/tcr-op


Nike, la rebelde de los Wagner contra los corsés sucesorios

Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania) , 29 jul (EFE).- Nike Wagner, la rebelde de la dinastía de Richard Wagner, lucha por renovar el Festival de Bayreuth, frente a quienes consideran que alterar el programa mantenido desde hace más de un siglo romperá la magia del más exclusivista entre los certámenes operísticos centro-europeos.

La biznieta de Richard Wagner, de 56 años y aspecto frágil, habla con voz reposada y tono amable, es una estudiosa de la obra del genial músico alemán y tiene como aliado al director general de la Opera Nacional de Stuttgart, Klaus Zehelein.Su rostro y su elegante media melena canosa son habituales en las aperturas de temporada del festival, como la del pasado miércoles, con "Los maestro cantores de Nuremberg", y su presencia acapara la atención y los comentarios de la fiel clientela de Bayreuth.
Pero la sola mención de su nombre saca de sus casillas a Wolfgang Wagner, su tío y director del festival desde su refundación, en 1951, que actúa de heredero universal del legado del compositor.
"Sobre Nike Wagner no hablo", responde el mandamás de Bayreuth a cualquier pregunta sobre ésta, con una contundencia que se transforma en acceso de ira en caso de insistencia.
Pero su sobrina no cede y presenta, año a año, su candidatura para asumir el relevo, cada vez más inaplazable en Bayreuth, con el propósito de sacar al festival del corsé heredado de tiempos de Cossima Wagner.
"Bayreuth es un osito de peluche cultural", sentenció Nike, en una disertación ofrecida en una librería de Bayreuth, coincidiendo con la apertura del certamen.
La repetición rutinaria del esquema marcado por su bisabuela, al enviudar de Richard, en 1883, ha convertido el festival en una mera "mascota" del programa veraniego alemán, considera Nike.
Bayreuth se aferra como a un "osito" al repertorio de diez óperas -las cuatro piezas de "El anillo del Nibelungo", "Parsifal", "El holandés errante", "Tristán e Isolda", "Lohengrin", "Los maestros cantores de Nuremberg" y "Tannhäuser"-, que se alternan según un ciclo preestablecido temporada a temporada.
Muchos consideran que la fidelidad a este esquema es justamente lo que da un carácter único a Bayreuth, convertido en gran tribunal operístico al que año a año peregrinan wagnerianos de todo el mundo.
Nike sostiene lo contrario: hay que abrir la ventana a nuevos creadores que renueven el aire, de acuerdo al espíritu experimental que llevó a Richard Wagner a levantar su, teatro concebido como "provisional", en una ciudad de provincias.
Pero de nada le sirve hablar de sus derechos hereditarios sobre el legado del compositor, a cuya vida, obra y biografía ha consagrado años de investigación intelectual.
Bayreuth no es precisamente un panorama de armonía familiar ante la sucesión al patriarca Wolfgang, que cumplirá los 82 años dos días después de terminar el presente festival -el 28 de agosto-.
El director ha calificado de "incompetente" a su propia hija, Eva Wagner-Pasquier, que en marzo fue designada para sucederle por la Fundación Richard Wagner, pero luego renunció ante la imposibilidad de cooperar con su padre.
Wolfgang repudia a Eva, fruto de su primer matrimonio, de la misma manera que rechaza a Nike, hija de su hermano mayor Wieland.
Los dos hijos de Siegfried y Winifred Wagner fueron responsables del renacimiento del festival, seis años después de que los aliados le levantaran el veto impuesto por su vinculación al nazismo.
Wieland fue el genio visionario, mientras que Wolfgang consagró su talento a sacar adelante el negocio. Esta distribución de competencias se rompió con el fallecimiento del primero, en 1966.
Wolfgang dejó de ser el contable a la sombra para llevar desde entonces en solitario las riendas del festival.


Foto: alliance dpa

El "abuelo cascarrabias" ha impuesto la ley del silencio sobre el tema sucesión y la Fundación se ha comprometido a preservarlo hasta otoño para no manchar la temporada, en que Bayreuth celebra los 125 años de la inauguración de su teatro y los 50 como festival moderno.
Pero Nike se salta esta regla -como quiere saltarse tantas otras- y aspira a su parcela de poder en el templo wagneriano. No se resigna ante quienes consideran que sus posibilidades son nulas y la colocan en la posición de perdedora que tuvo ya su madre, sometida a las notorias infidelidades de Wieland. EFE gc/ig/pq