martes, 4 de noviembre de 2003

2003 Ni canciller ni derrotada

Foto: Markus Fûhrer, dpa

El premio de la renuncia 

+ Y Schröder subió al templo


La gran renuncia valió la pena. El 25 de julio de 2003, Angela Merkel ascendió de nuevo al templo. El patriarca Wolfgang Wagner recibió como siempre a la farándula y a la elite política ante la puerta de su teatro. Se mantenía el pulso sucesorio entre la dinastía. Se estrenaba un “Holandés errante” que no pasaría a la historia. A Merkel la recibía un Edmund Stoiber pletórico y que al parecer no guardaba rencor a nadie, pese a no haber logrado el objetivo de convertirse en el primer líder bávaro en la Cancillería federal alemana.

A Merkel se la veía tan feliz como siempre sobre la colina. Obviamiente no se había convertido en la primera mujer en el poder en Alemania. Pero no había caído derrotada ante el animal político superior que era Gerhard Schröder. El canciller socialdemócrata había ganado por la mínima y había conseguido la reelección gracias al empuje de sus socios, los Verdes.

Los conservadores podían seguir regenerándose; los socialdemócratas, presumiendo con su reelección. Tal vez la mente analítica Merkel iba calibrando todo eso. Por eso se la veía feliz en su vestido verde, brazos al aire, escote abierto, de nuevo junto al catedrático de todos los años. Nadie cuestionaba la devoción wagneriana de Joachim Sauer; tampoco las dotes para el cálculo de su esposa, la líder de la oposición.

sábado, 1 de noviembre de 2003

Vía Efe: la DGB también canta

Bayreuth, con entrada reservada al sindicalismo

Gemma Casadevall 






Berlín, 8 ago (EFE).- La colina de Bayreuth, sobre la que Richard Wagner hizo levantar un teatro a su medida, se llena cada temporada de un público que no encaja exactamente con el cliché de este festival de opera: los sindicalistas, que desde hace medio siglo son espectadores exclusivos de dos funciones.

Siguiendo esa tradición, y por extraño que parezca en un teatro que abre sólo para treinta galas anuales y con listas de espera de diez años por entrada, el telón se alzará exclusivamente para la clase sindical en dos sesiones en esta temporada -el próximo domingo y el siguiente.
El "Holandés errante", único estreno del año en Bayreuth, y "El crepúsculo de los dioses" son las piezas reservadas a los sindicatos, con el mismo elenco y las mismas batutas -Marc Albrecht y Adam Fischer- por las que otros fieles "peregrinos" a Bayreuth habrán guardado pacientemente turno o buscado fortuna en la reventa.
"Es una larga tradición, entroncada con la idea por la que Wagner inauguró el primer festival, en 1876: abierto al pueblo y para todas las clases sociales", explicó a EFE Ursula Leibinger-Hasibether, historiadora y casi cronista del certamen.
"El arte para el pueblo: esa fue y debe ser la consigna", apunta asimismo Elisabeth Kugler, administradora ya retirada de la Confederación Alemana de Sindicatos (DGB) de Baviera, que durante décadas gestionó el contingente de entradas reservadas a ese fin.