sábado, 4 de noviembre de 2006

2006 La Cosima de los Estadios

Foto: alliance dpa

Besar a Klinsmann, a Chirac o a Zapatero


Angela Merkel se hizo esperar esta vez. Tras no perderse una apertura como ministra de Helmut Kohl, como líder de la oposición ni tampoco como candidata, la canciller optó por no alegrar la alfombra roja inaugural en el que era su primer año en el poder. Razones de agenda, se dijo. No se perdió gran cosa. Bayreuth abría la temporada con un “Holandés errante” que llegaba a su cuarta temporada. Tal vez ya la había visto y no le gustó. O no le gustó a su wagneriano catedrático, Joachim Sauer. O les gustó, pero no como para repetir paseo.

Bayreuth esperaba en los días siguientes el estreno de otro “Anillo”, firmado por el alemán Horst Dorst y con Christian Thielemann a la batuta. Pero el estreno de la tetralogía, con el director titular oficioso de la casa, tampoco atraería ese julio a los Merkel-Sauer. No por falta de fidelidad wagneriana, sino por agenda, se insistía. La visita anual quedó relegada a las semanas posteriores, ya en agosto, cuando la etiqueta y la presión mediática decrecieron. Merkel se podía permitir, incluso, acudir a Bayreuth apenas algo más cuidada que en una jornada de trabajo cualquiera. Como si se hubiera limitado a echarse un chal por encima del traje de oficina.

De pronto, todo era nuevo para la canciller. Fue una temporada de mucho estreno para la primera mujer al frente del poder en la primera potencia europea.

Estreno en las cumbres europeas, estreno en un eje franco-alemán, entonces de tándem con un presidente francés tan conservador como la canciller, pero con unas prácticas tal vez poco frecuentes para la hija del pastor protestante de Templin, esa parroquia en el este alemán. Jacques Chirac sabía del impacto mediático de su exhibición de “savoir faire” versallesco. La parte francesa del eje besaba la mano a la parte alemana. Nunca visto, obviamente.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Vía Efe, Nuestra WM, la de los felices



Foto: alliance/dpa

Duelo entre dos mascotas oficiosas: Merkel y Maradona

Gemma Casadevall

Berlín, 29 jun (EFE).- El partido de mañana entre Alemania y Argentina, para muchos con rango de final, dará ocasión para medir las fuerzas entre dos mascotas oficiosas: la canciller Angela Merkel y el ex-futbolista Diego Armando Maradona.
El duelo sobre el terreno no será el único que se verá en el estadio olímpico de Berlín: ahí estarán, frente a frente, la afición que mejor canta del Mundial, la argentina, frente a otra que aprende a cantar, recién liberada de su rigidez, la alemana.
El "Vamos, vamos, Argentina" estará en clara minoría numérica -unos 10.000, tal vez hasta 15.000 aficionados-, mientras que el resto del estadio, con 73.000 plazas, será alemán.
Pero la selección de José Pekermann tiene asegurado el vigoroso volteo de camisetas, al son del "Olé, olé, olá... Argentina, cada día te quiero más", animado por el también incombustible Maradona.
Los "Klinsi-Jungs" -muchachos de Jürgen Klinsmann- no tienen una mascota tan vistosa como los "Peke-Boys" y tampoco suena tan bien canción característica, "Ohne Holland, wir fahren nach Berlín" -"Vamos a Berlín sin Holanda", síntesis de la rivalidad con el país vecino al que no quieren en la final, el 9 de julio-.
Más que un canto animoso parece una consigna política y hasta marcial, de la misma manera que su palco en este Mundial procede de ese ámbito, concretamente de Cancillería, y encima es novata.
Merkel ha tenido que poner empeño en demostrar que sabe algo de fútbol y, por más tesón que le ponga, tampoco se la ve desgañitándose como hubiera hecho su antecesor, Gerhard Schroeder.
Merkel no jugó de niña al fútbol en la calle -era un nulidad en deportes-, al contrario que Diego Armando y el ex-canciller.
La canciller sabe dibujar sobre el papel el esquema de un fuera de juego, como se encargó de demostrar a los lectores del popular "Bild", hace unos meses. Pero sigue poniéndose en duda, al fin y al cabo es mujer, que lo distinga en directo.
Pero ahí está ella: en el palco, aplaudiendo, sufriendo y vitoreando. En la inauguración tanteó, con poco salero, pero devoción, los ritmos del espectáculo -de folclore bávaro a hip-hop.