Gemma Casadevall
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Bayreuth (Alemania), 31 jul (EFE).- Plácido Domingo debutó hoy como batuta wagneriana en el Festival Richard Wagner de Bayreuth con una triunfal "Valkiria" en que las voces impusieron su dominio sobre la escenografía de Frank Castorf y en medio de una ola de calor insólita en Baviera.
Los "bravos" se sucedieron para Catherine Foster, como Brunilda, y Greer Grimsley, el Wotan, en primera línea, así como también para Anja Kampe, la Siglinda, y Stephen Gould, su Sigmundo, mientras que a Domingo se le brindó una ovación de gala, salpicada de algún abucheo.
Debutar en el templo wagneriano por excelencia, acostumbrado a las batutas más avezadas en las óperas del compositor exclusivo de la casa, no es tarea fácil.
Tampoco para Domingo, quien regresaba al festival bávaro 18 años después de haber interpretado por última vez en ese lugar, entonces como tenor, el Sigmundo que ahora asumió Gould.
Salió airoso de la prueba, en un Bayreuth que esperaba con cierto escepticismo que por primera vez en la historia de la casa no se representara "El Anillo del Nibelungo" al completo, sino simplemente la segunda pieza.
La "Valkiria" con la que Domingo debutó como director wagneriano, a sus 77 años, es la pieza "superviviente" del "Anillo" que Castorf estrenó en ese festival, en 2013, entre tempestades de abucheos, algo suavizadas en sus posteriores reposiciones.
El dramaturgo alemán hace discurrir la tetralogía entre escenarios diversos -desde estaciones de servicio tejanas y clubes de alterna al sediento Wall Street-, entre cocodrilos articulados y otras ocurrencias.
En el caso de esa segunda pieza, algo más contenida que el resto, convierte a Baku, capital de Azerbayán, en epicentro de la revolución leninista, entre torres petroleras coronadas por la Estrella Roja comunista.
El ansia por el oro del Rin es ahí avidez corrosiva por el petróleo, con una cámara de vídeo que sigue los gestos y voces de los solistas, alternada con portadas del "Pravda" e imágenes que remiten al realismo socialista.
El propio Domingo admitió a Efe, previo a su estreno, cierta "molestia" por el protagonismo de las instalaciones y cámara de vídeo que, a su juicio, "distraen" la atención del espectador e incluso de los propios intérpretes.
El músico español acató esa molestia a cambio de tener el honor de debutar en el profundo foso para la orquesta del teatro que Richard Wagner construyó en vida como lugar idóneo para escenificar sus óperas.
Bayreuth, por su parte, se saltó la norma de la casa de no poner en escena la célebre tetralogía al completo -"El oro del Rin", la "Valkiria", "Sigfrido" y "El ocaso de los dioses"-, a modo de tributo a la presencia de Domingo, cuya apretada temporada discurre entre múltiples escenarios.
El tenor y director preparó durante meses su debut, en un verano profuso -como siempre- de compromisos como el "Thaïs" que cantó la semana pasada en el Teatro Real de Madrid y luego en el festival de Perelada (Girona).
Serán tres las galas de la "Valkiria" que Domingo dirigirá en la presente temporada de Bayreuth, que cerrará esa misma pieza el 29 de agosto.
El próximo año no habrá "Anillo" en Bayreuth, ni entero ni fraccionado, por lo que la presente pieza tenía un aire despido rehabilitador para Castorf.
El estreno como batuta wagneriana de Domingo coincidió con el punto más álgido en esa ciudad de Baviera de la ola de calor que atraviesa Europa, ya que llegaron a registrarse 38 grados.
La "verde colina", como se conoce al lugar donde está ubicado el teatro, estaba reseca, como ansiando tormenta para regenerar sus jardines y céspedes.
Los wagnerianos aligeraron algo la etiqueta -alguno asistió a la gala en sandalias playeras o incluso bermudas- y adoptaron el incendio final incluido por la escenografía de Castorf como una metáfora del fuego que más de uno sentía en su interior.
Domingo, de acuerdo a su talante, subió al escenario con esa mezcla de modestia y encanto capaz de hacer menos audibles las críticas de parte del público, arropado por sus intérpretes y convertido en batuta de la casa. EFE
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Domingo aguarda "con respeto y emoción" su estreno como director en Bayreuth (entrevista)
Gemma Casadevall
Bayreuth (Alemania), 30 jul(EFE).- Plácido Domingo asume con "respeto, emoción y amor" su debut como director de una ópera de Richard Wagner, algo que hará mañana en el "templo wagneriano" que es Bayreuth y con "La Valkiria", la pieza con la que se despidió como tenor de ese festival, hace 18 años.
"Llevo cinco meses preparándome. Intercalando el 'Macbeth" que estrenamos con Daniel Barenboim en Berlín para viajar a Bayreuth. Estudiando partituras, haciendo ensayos con orquesta o cantantes, y hasta un concierto, en San Petersburgo", explicó el artista en entrevista a Efe, desde el teatro de Bayreuth.
"Es un desafío que implica mucha responsabilidad, amor a Wagner y respeto", prosiguió, en alusión a Bayreuth, el festival que lo aclamó como el Sigmundo de "La Valkiria" en 2000.
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En aquella ocasión recibió a Efe, aun maquillado y vestido de Sigmundo, durante el segundo entreacto y tras su "muerte" escénica a manos de Wotan; como director no podría permitirse "semejante licencia", bromeó, ya que "el Maestro trabaja hasta el final".
Su regreso a Bayreuth coincide, además con el retorno también a esa plaza de la mezzosoprano bávara Waltraut Meier, quien fue su Siglinda en 2000. "Los dos cantamos juntos esa 'Valkiria' y nos pasamos después 18 años sin venir", recuerda Domingo.
"No volví ni en la temporada siguiente ni en las posteriores, aunque hubiera querido", recuerda Domingo. Se lo impidió el carácter "exigente" del entonces director del festival y nieto de Richard Wagner, Wolfgang, quien declinó hacerle un lugar porque en 2001 no podía estar en Bayreuth en uno de los días fijados para los ensayos.
Bayreuth "se perdió" así la presencia de Domingo -"por un único día", insiste-. No regresó en los años siguientes como tenor, pese a que podría haberlo hecho como Sigmundo, Lohengrin o Parsifal, los tres personajes de su repertorio wagneriano.
Meier tampoco regresó al festival que había sido su casa en vida de Wolfgang Wagner, con quien protagonizó un enfado descomunal.
Diez años después de tomar las riendas de Bayreuth la biznieta de Richard Wagner, Katharina, llegó el reencuentro para ambos: Domingo como director y la mezzosoprano como la Oltrud del "Lohengrin" que abrió la temporada, dirigido por Christian Thielemann.
"Los directores escénicos de hoy día se van un poco de la historia", admite Domingo respecto a Frank Castorf, responsable del "Anillo" al que pertenece su "Valkiria", una reposición que en su estreno, hace tres temporada, desató una tormenta de abucheos.
Castorf traslada los mitos wagnerianos a pozos petroleros, burdeles de autopista y termina en Wall Street.
"Lo tiene muy claro. Piensa que la ambición por el oro del Nibelungo es la misma que ahora se tiene por el petróleo", dice Domingo, respecto a su "Valkiria" actual, alejada de la que conoció como tenor, entonces con un Jürgen Flimm empeñado en humanizar a Wagner.
Respeta la interpretación personal que hace Castorf de la "lucha por el poder y la corrupción" y considera que ello demuestra "la vitalidad de los mitos wagnerianos abiertos a mil representaciones", pero reconoce que "despista" al público y hasta a los intérpretes.
"Las instalaciones, los vídeos, nos rompen la concentración", dice, respecto a estos elementos, presentes en el "Anillo" de Castorf, como también en el "Lohengrin" que abrió la presente temporada, diseñado por el estadounidense Yuval Sharon.
En honor a Domingo se ha saltado Bayreuth, por primera vez en la historia de este tradicionalista festival, la norma de representar el "Anillo" al completo, ya que solo se representa la "Valkiria", su segunda pieza.
Fue ya bastante trabajoso, explica Domingo, incluir las tres galas en las que dirigirá en Bayreuth -mañana, el próximo 18 y el 29, cierre de la temporada- en sus compromisos de este verano.
A la ciudad bávara ha llegado tras interpretar como tenor la ópera "Thaïs" en el Teatro Real de Madrid y luego en formato concierto en el Festival de Perelada (Gerona, noreste de España); entre una gala en Bayreuth y las siguientes pasará unos días -"de vacaciones", dice- en México y luego cantará en el Festival de Salzburgo.
"Es cierto que la orquesta de aquí toca casi sin ver. Pero tienes que dirigirlos, motivarlos. Y asomarse al foso de Bayreuth es mucha responsabilidad", explica, respecto al viejo teatro levantado por órdenes de Richard Wagner en 1850 como lugar idóneo para representar su música, que sigue consagrado en exclusiva al culto al genial compositor. EFE
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Katharina Wagner, diez años al frente del casi inamovible Bayreuth
Gemma Casadevall
Bayreuth (Alemania), 26 jul (Efe).- Katharina Wagner, biznieta de Richard Wagner, cumple esta temporada su décimo año al frente del elitista Festival de Ópera de Bayreuth, al que ha impuesto cambios milimétricos sin traicionar el culto exclusivo al compositor.
A 130 años de la muerte de Richard Wagner persiste la pregunta de si el nazismo instrumentalizó su música o si sus textos son corresponsables de la ideología nazi, advierte el prólogo del libro "El pecado del artista", presentado por Katharina Wagner esta semana.
El volumen, editado por la directora del festival y con textos de historiadores, compila lo abordado en el ciclo "Discursos de Bayreuth" abierto en 2017 para confrontar el festival con su pasado.
El ciclo es una innovación de Katharina Wagner como programa paralelo al festival, que este año incluyó el estreno de "Der verschwundene Hochzeiter" ("El casamentero perdido") de Klaus Lang.
"Los vínculos con el nazismo son conocidos. Pero Katharina no se contenta con montar una exposición al año sobre el tema. Se toma en serio el análisis de esa temática", comentó Lang a Efe.
Su pieza teatral, basada en el trabajo escénico de dos hermanos casi idénticos -Jiri y Otto Bubenicek- multiplicados sobre el escenarios por un sinfín de hologramas, es todo lo contrario a una ópera de Wagner: las figuras se mueven a ritmo casi sedativo y la música que les acompaña parece una suave sucesión de susurros.
Se estrenó en el histórico "Reichhof" de Bayreuth, una sala inaugurada en tiempos del cine mudo, a modo de "diálogo con Wagner desde las antípodas creativas de la obra wagneriana", explica Lang.
Otra innovación ha sido el "Wagner para niños", adaptaciones para el público infantil de las óperas del compositor, que este año llegó a su décima edición con "El anillo del Nibelungo".
"Fue mi primer proyecto y el que más dentro llevo del corazón", explicó la directora al presentar la temporada, el pasado martes.
"Son cambios muy pequeños, el gran público wagneriano ni siquiera sabe de ellos", afirma Clive Zimmermann, estadounidense de origen alemán de 87 años, judío, y desde hace 30 asiduo al festival que los descendientes del compositor pusieron a los pies de Adolf Hitler.
La sombra del pasado "es parte del morbo del festival", concede este veterano, para recordar que "la más fanática servidora" del dictador fue Winifred, la británica que se casó con Siegfried, hijo del compositor y señora de Bayreuth durante el Tercer Reich.
A todo este compendio histórico se dedica el nuevo museo de la Casa Wahnfried, completamente remodelada y reabierta hace dos años, con un ala adicional junto al edificio histórico del que Hitler fue huésped durante el periodo de sumisión de Bayreuth al Tercer Reich.
"Katharina está sujeta al legado del bisabuelo y a estructuras financieras en que se combinan los fondos públicos con los aportes de la Sociedad de Amigos de Bayreuth", afirma Zimmermann.
La directora del festival asumió la riendas de Bayreuth en 2008, aun en vida de su padre, Wolfgang Wagner, artífice en los años cincuenta de la refundación del festival, que había quedado bajo tutela aliada.
Katharina Wagner asumió la dirección colegiada junto a Eva Wagner-Pasquier, hija del primer matrimonio de Wolfgang, treinta años mayor y con la que había mantenido un pulso por la sucesión.
Ambas biznietas alcanzaron un pacto salomónico -en detrimento de la tercera candidata, Nike Wagner, que quedó fuera- y defendieron la tradición de que en Bayreuth sólo se escucha a Wagner.
Esta es la tercera temporada en que Katharina dirige en solitario una empresa familiar con 140 empleados, tras retirarse Eva, y nada apunta a un cambio de dictado.
La fórmula funciona y el festival cada año agota sus localidades, aunque sin las listas de espera de hasta cinco años como en el pasado.
La venta de entradas se ha abierto a la era internet -antes la vía para adquirirlas era mandar un formulario por correo postal- y la temporada se inauguró con un "Lohengrin" coronado por quince minutos de ovación y apenas algún abucheo.
Los aplausos fueron para el maestro Christian Thielemann, al que Katharina ha convertido en titular de Bayreuth, así como las voces protagonistas de Piotr Reczala, Anja Harteros y Waltraut Meier.
Los abucheos aislados eran para el director artístico, Yuval Sharon, al que un sector del público achacó falta de ambición.
Katharina Wagner, quien un año antes recibir las riendas del festival escuchó sonoros abucheos con su debut en la dirección escénica con "Los maestros cantores de Nuremberg", no ha superado aún su reválida en las producciones que ha dirigido en su templo.
Este año se repone su minimalista "Tristán e Isolda", al que desde su estreno hace dos años se ha criticado opacidad y frialdad en el tratamiento del drama de los dos amantes. EFE
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Thielemann y Rauch triunfan en Bayreuth con un "Lohengrin" volcado en Elsa
Gemma Casadevall
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Bayreuth (Alemania), 25 jul (EFE).- El director musical Christian Thielemann y el artista Neo Rauch triunfaron hoy en el Festival Richard Wagner de Bayreuth con el estreno de un "Lohengrin" rejuvenecido y volcado en Elsa, la heroica mujer atada a un destino indeseado, pero nunca sometida.
Fue una apertura de temporada redonda, jaleada por ovaciones cerradas desde del primer acto al final, con especial mención para el tenor Piotr Reczala, quien acudía al festival bávaro como el "salvador" de una compleja papeleta, después de la cancelación en la recta final de Roberto Alagna.
En lugar de un mero rescate resultó ser la pieza idónea para una puesta en escena a la que el cotizado Rauch, junto a su pareja artística Rosa Loy, apuesta por el dominio casi exclusivo del trazo azul, que se tiñe de rojo ante el lecho nupcial.
Thielemann, director musical titular de Bayreuth, puso su batuta al servicio de su décima ópera en el festival bávaro, coronado así como el "maestro" por excelencia del templo wagneriano.
La dirección escénica correspondió al estadounidense Yuval Sharon, representante de las nuevas generaciones quien se estrenaba ante ese exigente público y que, de acuerdo a lo anunciado en su presentación, dejó mucho espacio a la intuición.
Descartó ocurrencias pretendidamente provocadoras como las que caracterizaron al "Lohengrin" de su antecesor en Bayreuth, Hans Neuenfels, quien en 2013 se permitió colocar a su héroe entre ratones de laboratorio.
El Lohengrin de Rauch y Sharon vuelve a las esencias wagnerianas, con una Elsa triunfal -Anja Harteros-, que se revuelve contra casorios obligados y se despoja de las ataduras, incluidas las de su Caballero del cisne.
El Lohengrin azul y alado de Reczala tiene la grandeza del héroe fracasado, frente a la Elsa que emprende su camino.
Bayreuth esperaba con ansia el regreso de una de sus "voces propias", la de Waltraud Maier, a quien no se veía desde hacía 18 años en la "Verde Colina", como se conoce el lugar donde Wagner ordenó construir su teatro en 1850.
La mezzosoprano bávara dejó el festival en 2000, tras un monumental enfado con su entonces director y patriarca del lugar, Wolfgang Wagner, nieto del compositor.
Ahora regresó hoy la que fue y sigue siendo su casa, desde 2008 bajo la dirección de Katharina Wagner, y lo hizo al frente de una Ortrud tan grandiosa como su oponente Elsa.
Fue un reencuentro emocional y bello, en que la veteranía de Meier brilló sin tratar de eclipsar a la que parece destinada a ser su relevo generacional.
Para la próxima semana se espera otro retorno de alto rango, el de Plácido Domingo, de quien se recuerda aún su última actuación en Bayreuth -también en 2000 y formando dúo con Meier- y que ahora vuelve para dirigir "La Valkiria".
Completarán la presente temporada, que se prolongará hasta el 29 de agosto, las reposiciones del "Parsifal" de Semyon Bychkov, el minimalista "Tristán" dirigido por Katharina Wagner, "Los maestros cantores de Núremberg" de Philippe Jordan y "El holandés errante" dirigido por Axel Kober.
El nuevo "Lohengrin" y el regreso de Domingo son los platos fuertes de la presente edición, cuya apertura estuvo acompañada por el habitual un desfile de leales wagnerianos, encabezados por la canciller alemana, Angela Merkel, media docena de sus ministros y la elite política bávara.
La presencia de la líder alemana y su esposo, el catedrático Joachim Sauer, es parte del programa, ya que son pocas las veces que no han acudido a esa cita en sus doce años largos en el poder e incluso antes, como líder de la oposición, era asidua a Bayreuth.
La apertura en Bayreuth es algo que pocos quieren perderse, sean figuras del ámbito político o rostros populares, por mucho que la ola de calor que se vive en Baviera, con temperaturas por encima de 30 grados, convierta en disuasorio el traje de gala. EFE
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