viernes, 1 de noviembre de 2002

Vía Efe: Abucheos, mecenas fugaces y otros rituales

Guerra de aplausos y ovaciones al "Tannhäuser" de Arlaud

Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 26 jul (EFE).- El Festival Richard Wagner arrancó con una apasionada "guerra" entre abucheos y ovaciones que recibió el estreno del "Tannhaeuser" de Philippe Arlaud y Christian Thielemann, cuya magia escénica no podía ocultar los déficits de dirección e interpretación de un producción algo fría y "de diseño".
El templo wagneriano vibró anoche en la apertura del Festival, no sólo con el espectáculo de luces que puso en escena Arlaud o la precisión aplicada por Thielemann a la batuta, sino también por el vigor con que uno y otro sector de público expresó su entusiasmo o decepción ante el único estreno de la temporada.
Arlaud demostró una vez más su capacidad de crear espacios y reflejar estados de ánimos a través de sus juegos de luces, de transformar volúmenes y transmitir conflictos con su luminotecnia, y fascinó a algunos con una puesta en escena muy francesa, que limaba asperezas a la rigidez wagneriana.
Thielemann, una vez más, hizo alarde de ese perfeccionismo que le ha hecho convertirse, en solo tres temporadas en ese festival, en niño mimado del público más exigente del mundo en cuanto al culto a Wagner se refiere.


Pero uno y otro tuvieron que afrontar en su debut -Arlaud es nuevo en Bayreuth y Thielemann dirige por primera vez un estreno- uno de esos fascinantes chaparrones de aplausos, en lucha para aplacar abucheos, que ayudan a recordar la vitalidad de la ópera.
A Arlaud se le agradecieron sus prodigios y creatividad al servicio de la luminotecnia, capaz de transmutar, sin mover una tramoya, una inocente pradera salpicada de amapolas en un agresivo campo de pasión destructiva del Tannhaeuser sometido a Venus.
Pero se echó en falta brío en la dirección de los intérpretes de ese "Tannhaeuser de diseño", ya que se trataba no sólo de desplegar un "vocabulario de luces", sino también la carga dramática de Wagner.
El trío protagonista -Glenn Winslade, como Tannhaeuser, y Ricarda Merbeth y Barbara Schneider-Hofstetter, como Elisabeth y Venus, respectivamente- aparecía falto de rumbo en sus encuentros y despedidas sobre las espectaculares escenografías.
La carga erótica en que debería debatirse el terceto se quedó en mero elemento teórico, puesto que en ningún momento se vio en escena.
Al australiano Winslade -quien actuó con movilidad mermada por una inoportuna lesión en el pié- se le vía como un héroe cansado y avejentado, sin conexión con el Tannhaeuser escindido entre la pasión y el amor puro.
Schneider-Hofstetter, pese al vigor cromático de su vestido rojo-pasión, no transmitió tampoco el necesario erotismo a su Venus, ante la que Winslade no aparentaba el menor síntoma de esa atracción fatal que se le atribuye.
El trío de voces protagonistas resultó desigual -pese a los méritos de Merbeth- y Bayreuth dedicó su ovación más cerrada, más sentida -y sonora- a un segundo de lujo, Kweangchil Youn, en el papel de Hermann, el aristócrata local.
Compartió entusiasmos con el intérprete surcoreano el magistral coro de Bayreuth, que supo dar a las escenas clave, como la que cierra el tercer acto, la dimensión dramática que por momentos se le escapaba a los solistas.
En los abucheos que escuchó Thielemann había, por lo demás, un mensaje de rechazo más político que musical. Al director, titular de la Deutsche Oper de Berlín, se le atribuye un exceso de ambición en Bayreuth, donde apuntala posiciones año a año.
En su carrera hacia la cima de Bayreuth hay ya una fecha clave programada: la temporada 2006, en que se pondrá a las órdenes de Lars von Trier para un nuevo "Anillo" que ha levantado ya suficiente revuelo por el bagaje de innovación que lleva el cineasta danés.
Pero con el "Tannhaeuser" del 2002 no parece que Thielemann haya dado un paso de gigante en dirección a la cumbre de Bayreuth.
De la producción se esperaba bastante más que el bonito juego de luces de Arlaud, segundo director francés que pasa por Bayreuth después del triunfo de Patrice Chereau (con Pierre Boulez, a la batuta) en 1974, cuyo "Anillo del Nibelungo" se convirtió en legendario con el paso de los años y de otras producciones.
Al estreno de "Tanhaeuser" seguirá hoy la reposición del "Lohengrin" de Keith Warner -con Andrew Davis al frente de la orquesta-, y luego los reestrenos del "Anillo", de Jürgen Flimm y Adam Fischer, y "Los maestros cantores de Nüremberg", de Wolfgang Wagner y, de nuevo, Thielemann. EFE gc/dm-op

Foto: Bayreuth Festspiele


Bayreuth, una empresa familiar con "amigo americano"

Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 28 jul (EFE).- El Festival Richard Wagner de Bayreuth, una empresa "familiar" que solo confiaba en la ayuda pública y en los amigos de la casa, ha roto con su tradición al financiar su "Tannhaeuser" con el dinero de un mecenas privado, el multimillonario cubano-estadounidense Alberto Vilar.
Bayreuth, el único festival del mundo que rinde culto exclusivo a Wagner, se abrió esta temporada con una novedad: en su programa de mano constaba que el estreno del año -el "Tannhaeuser" de Philippe Arlaud- había sido posible gracias a la generosidad de Vilar.
Oficialmente, es la primera vez en la historia del festival que se recurre a la filantropía -aunque con la boca pequeña se recuerde a dos antecesores: Luis II de Baviera, "esponsor" de Richard Wagner, y Adolf Hitler, amigo de la familia desde tiempos de su frustrado asalto al poder, en 1923, y hasta la caída del III Reich-.
Alberto Vilar, multimillonario gracias a la Bolsa, "gentlemann" y prototipo del nuevo mecenas, incorporó hace dos años a Bayreuth en su lista de beneficiarios, como Salzburgo, Baden-Baden, la Scala de Milán y, en lugar preferente, el Metropolitan de Nueva York.
"Amo a Wagner por encima de todas las cosas. Bayreuth es la meca de Wagner. Aquí se sigue su ópera de un modo religioso", explicaba estos días, en Bayreuth, tras el estreno de su "Tannhaeuser".
Vilar aplicó a Bayreuth su "principio de caballero", consistente en dar el sí o no -"vinculante", aclara- a un proyecto tras saber de qué pieza se trata, quién es el director y quién canta. Luego, da absoluta carta blanca al artista y se limita a aguardar el estreno.
Se calcula que el presidente del Amerindo Investiment Group, hijo de un barón del azúcar cubano y formado en Estados Unidos, lleva donados 200 millones de dólares a óperas de todo el mundo.
Pero su donativo a los Wagner tenía algo especial y no sólo por las características de este festival, enclavado en una pequeña ciudad de provincias y sin aeropuerto internacional, pero al que cada año peregrinan fieles wagnerianos llegados de todo el mundo.
"Hasta ahora, Bayreuth se había nutrido en un 64 por ciento de los ingresos propios de taquilla, derechos de reproducción y demás licencias, y el resto correspondía a subvenciones", explicó a EFE Peter Emmerich, portavoz del festival, que cifra el presupuesto medio anual del certamen en unos 12 millones de euros.
El capítulo de las ayudas se divide en tres partes iguales: el Gobierno central, el estado de Baviera y la administración local, en el que se engloban los ingresos de la Sociedad de Amigos de Bayreuth.
El festival no está precisamente amenazado con una caída de taquilla: esta temporada la demanda fue diez veces superior al total de 58.000 entradas que se ponen a la venta, para las 30 galas que forman la temporada y a un precio medio de 140 euros.
Pero le irá bien tener aportaciones extras para llevar adelante proyectos como las cuatro costosas piezas del "Anillo del Nibelungo" que estrenará Lars von Trier en el 2006.
Vilar destinó al "Tannhaeuser" -después de que Berlín congelara sus ayudas, en 1999- un total de 750.000 euros, a pagar en cinco años -las temporadas que estará en cartel- y que liquida "a plazos, como muchos ciudadanos", bromea Emmerich.
La inyección de dinero es una solución excepcional para un festival que, pese a los precios de sus codiciadas entradas, se mueve en la precariedad financiera. "Estamos saneados, pero no tenemos una salud de hierro", apunta Emmerich.
Wolfgang Wagner, nieto del compositor y director del festival desde hace cincuenta años, no quiere crearse dependencias privadas.
"Preferimos contar con nuestros socios que estar sujetos a un único benefactor", continúa el portavoz, en alusión a las cuotas periódicas de los 5.000 miembros de los Amigos de Bayreuth.
Vilar se ha comprometido a seguir ayudando, pero sin concretar cifras ni fechas -malas lenguas apuntan a que las turbulencias bursátiles han hecho mella en su generosa caballerosidad-.
El multimillonario amigo de la ópera calificó de "soberbio" el "Tannhaeuser" y quitó hierro a los sonoros abucheos que se escucharon en su estreno -"siempre hay gente a la que le gusta abuchear, da igual lo que tenga delante", dijo-.
Probablemente, en su fuero interno, sintió algo de envidia ante la entusiasta ovación que, al día siguiente, se llevó la reposición de "Lohengrin", la ópera que, por lo demás, es su "absoluta preferida", según confiesa. EFE gc/dm/mdo/jmg