Gemma Casadevall
Berlín, 22 dic (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, igualó este domingo la marca de permanencia en el poder del patriarca conservador Konrad Adenauer y se orienta ya hacia el récord absoluto en esa disciplina, cuyo titular es Helmut Kohl.
Un total de 5.143 días han pasado desde que Merkel se convirtió en la primera mujer y la primera persona crecida en el este de Alemania que alcanzó la Cancillería, el 22 de diciembre de 2005. Los mismos que detentó el poder, entre 1949 y 1963, Adenauer, el canciller fundacional de la República Federal de Alemania (RFA).
Merkel no tiene previsto ninguna celebración pública, afirma el popular diario "Bild", que destaca lo que le queda por delante hasta pulverizar la marca absoluta de 5.869 días. El periodo que estuvo Kohl en la Cancillería, desde el 1 de octubre de 1982 al 26 de octubre de 1998.
Son 726 días hasta igualar en tiempo a quien se considera el "canciller de la reunificación". Kohl dirigió el proceso político que arrancó de la caída del muro de Berlín -el 9 de noviembre de 1989- y derivó once meses después en la incorporación a la RFA del territorio de la República Democrática Alemana (RDA). Fue el primer canciller federal que gobernó una Alemania amplificada a 80 millones de habitantes.
Un total de 5.143 días han pasado desde que Merkel se convirtió en la primera mujer y la primera persona crecida en el este de Alemania que alcanzó la Cancillería, el 22 de diciembre de 2005. Los mismos que detentó el poder, entre 1949 y 1963, Adenauer, el canciller fundacional de la República Federal de Alemania (RFA).
Merkel no tiene previsto ninguna celebración pública, afirma el popular diario "Bild", que destaca lo que le queda por delante hasta pulverizar la marca absoluta de 5.869 días. El periodo que estuvo Kohl en la Cancillería, desde el 1 de octubre de 1982 al 26 de octubre de 1998.
Son 726 días hasta igualar en tiempo a quien se considera el "canciller de la reunificación". Kohl dirigió el proceso político que arrancó de la caída del muro de Berlín -el 9 de noviembre de 1989- y derivó once meses después en la incorporación a la RFA del territorio de la República Democrática Alemana (RDA). Fue el primer canciller federal que gobernó una Alemania amplificada a 80 millones de habitantes.
UNA CARRERA DE OBSTÁCULOS
Merkel, la "muchachita del este", como le llamó Kohl al incorporarla a su gobierno como ministra de la Familia, en 1991, no tiene asegurado ese récord. No solo porque ella misma ha anunciado que no optará a un quinto mandato, sino también por las debilidades de su gran coalición, la "groko".
La veterana entre los líderes europeos logró con penas y trabajos un cuarto mandato seis meses después de las generales de 2017. Su bloque conservador había ganado, pero con el resultado más bajo en unos comicios nacionales desde los años 50, un 32,9 %.
Peor aún le fue al Partido Socialdemócrata (SPD), que cayó al mínimo histórico del 20,5 % en unas generales. Quedaron abocados a regañadientes a ir a otra "groko", la tercera en las cuatro legislaturas de Merkel, mientras la ultraderecha entraba en el Bundestag (Parlamento federal).
A cada crisis, grande o pequeña, regresa a los medios alemanes un término aplicado a la canciller: el de la "Merkeldämmerung" -el ocaso de Merkel-.
EL CONTADOR EN MARCHA
Para alcanzar a Kohl tiene que mantenerse en el poder -en la impopular "groko" o en un gobierno en minoría- otros dos años menos cuatro días. Es decir, hasta más allá de las generales a las que no piensa concurrir.
De no haber comicios anticipados, la cita con las urnas será en septiembre de 2021. Si la formación del siguiente gobierno se prolonga, algo nada inusual en Alemania, Merkel seguiría en el poder en funciones.
El marcador entró en esos dos años menos cuatro días. A la "groko" se la ha dado muchas veces por muerta; pero lo cierto es que cruzó ya el ecuador de la presente legislatura.
VEINTE AÑOS DE "EMANCIPACIÓN"
La Izquierda salva los comicios del este alemán frente al empuje ultra
Gemma Casadevall
Berlín, 27 oct (EFE).- La Izquierda alemana ganó las elecciones regionales de Turingia (este de Alemania), aupada por el voto útil y como contrapeso al empuje de la ultraderecha en esa zona del país, cuyo electorado castigó de nuevo a la coalición de la canciller, Angela Merkel.
Berlín, 2 jun (EFE).- La combativa Andrea Nahles tiró este domingo la toalla como líder del Partido Socialdemócrata alemán (SPD), un año después de asumir la jefatura de una formación que en menos de veinte años ha vivido diez relevos en su presidencia sin frenar su sangría de electorado.
Nahles, puntal de la gran coalición con el bloque conservador de la canciller Angela Merkel, formalizará este lunes su dimisión ante la cúpula del SPD, como líder y jefa del grupo parlamentario.
Llevaba apenas un año y tres meses en el cargo, que asumió tras la renuncia de Martin Schulz, último candidato del partido a luchar por la Cancillería, en 2017, y que de gran esperanza de reflotar a la socialdemocracia pasó a hundirla en su mínimo histórico en unas elecciones generales.
Del 20,5 % obtenido entonces por Schulz cayó el SPD en las pasadas europeas al 15,8 %, siguiente mínimo histórico a escala nacional, y se vio rebasado incluso como segunda fuerza por los Verdes.
Nahles felicitó a la formación ecologista, avanzó la elección como jefa del grupo parlamentario para este martes, teóricamente con intención de ganarla, pero este domingo cedió al peso de tanta presión.
De 48 años y exlíder de las juventudes socialdemócratas (los "Jusos"), Nahles asumió el cargo en 2018 con el propósito de reformar al partido desde su posición de alguien que conoce muy bien a sus bases.
La nueva presidenta vivió en directo cada una de las crisis de la formación, desde la escisión provocada en 1998 por Oskar Lafontaine, quien abandonó el partido para fundar La Izquierda, hasta la erosión de electorado acentuada por las legislaturas en gran coalición bajo Merkel.
Se convirtió así en la mujer al frente del SPD lo que completó el dominio femenino de los partidos alemanes que se han alternado el poder en Alemania: Merkel, líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU) desde el 2000, pasó las riendas del partido a Annegret Kramp-Karrrenbauer, el pasado diciembre; el SPD colocaba a una mujer al frente de la formación por primera vez en sus 150 años de historia.
Hasta llegar a la presidencia, la energética Nahles ha recorrido un largo camino, incluida la prórroga vivida desde su designación por unanimidad de la ejecutiva del partido, en febrero de 2018.
Su rápida nominación para relevar a Schulz, que renunció al cargo tras aceptar a regañadientes reeditar la gran coalición, desató críticas de las bases, recelosas de una solución desde arriba a la enésima crisis del partido.
Como ministra de Trabajo en la anterior coalición se apuntó un logro de sello socialdemócrata, la implantación de un salario mínimo interprofesional en un país rico donde avanza la precariedad social.
Sus relaciones con Merkel no siempre fueron fáciles, pero la canciller valoraba su capacidad de trabajo, mientras que Nahles estimaba en la jefa de Gobierno el valor de la perseverancia.
Nacida en junio de 1970 en Mendig, en Renania-Palatinado (oeste), filósofa y filóloga de formación, ingresó en el SPD en 1988 y se convirtió en líder de los "Jusos" en 1995.
Militó en el ala izquierda de Lafontaine, aunque no le siguió cuando éste abandonó la jefatura del SPD y el Ministerio de Finanzas para fundar su propio partido.
Su momento más difícil fue en 2005, cuando precipitó la caída del entonces presidente del SPD, Franz Müntefering, leal al centrista Gerhard Schröder y obligado a renunciar al imponerse ella como secretaria general en lugar del candidato auspiciado por el aparato.
Nahles se arrepintió, al borde de las lágrimas, de haber derribado a su jefe, a lo que siguió su renuncia a ocupar el cargo.
Alcanzó la vicepresidencia del partido en 2017. A partir de ahí, desde ese cargo o como jefa del grupo parlamentario, Nahles ha sido una "jefa en la recámara" para un partido que, desde el adiós de Lafontaine, ha conocido nueve relevos en su presidencia.
En lo privado es tan combativa como en lo político: a los 16 años sufrió una grave lesión practicando deporte, que le dejó una notoria cojera, y su frente está atravesada por una cicatriz resultado de accidente en coche, que no le quitó su pasión por la velocidad.
Es madre de una niña de seis años, de cuyo padre está separada. EFE
gc/jam/lab
(foto)
Alemania pasa de ansiar el sol a temer por sus bosques
Gemma Casadevall
Berlín, 24 abr (EFE).- Los alemanes, ciudadanos habitualmente ansiosos de sol, empiezan a alarmarse ante las altas temperaturas de esta primavera, mientras los meteorólogos pronostican ya otro verano de sequía extrema y crece el temor por el futuro de sus bosques.
Las imágenes de alemanes al sol, en pleno abril, a 26 grados centígrados y en su propio país -no en uno de sus destinos vacacionales preferidos del Mediterráneo- fue el lado hermoso de la moneda durante el receso vacacional de Semana Santa.
Menos hermosos fueron este miércoles los pronósticos del Servicio Alemán de Meteorología (DWD), que prevén otro verano de sequía extrema, tras haberse batido el año pasado máximas récord -de 38,9 grados centígrados- y de haber vivido un invierno benigno.
"De persistir la escasez de precipitaciones en los próximos meses, el verano puede ser incluso más seco que el de 2018", advirtió el director del departamento agrícola del DWD, Udo Busch.
El déficit en precipitaciones caídas el año pasado se estima en 200 o hasta 300 litros por metro cuadrado, según ese departamento, lo que ha dejado el suelo reseco, de modo que aunque llueva copiosamente en los próximas semanas no alcanzará para la regeneración del subsuelo.
En este receso vacacional de primavera, pero a temperaturas estivales, se activaron las alertas por riesgo de incendio, especialmente en la región que envuelve Berlín, donde se prohibieron preventivamente las tradicionales hogueras de Semana Santa.
Si la situación vivida en el año pasado fue alarmante, por unas máximas insólitas en ese país centroeuropeo y por la ausencia de precipitaciones, el invierno tampoco logró revertir la situación, pese a las copiosas nevadas caídas en Baviera y parte del sureste, pero no en el conjunto del país.
"El estado de la vegetación en muchas regiones de Alemania es mucho peor que el año pasado", prosiguió el experto del DWD, cuyas advertencias siguen a las emitidas estos días por los servicios forestales y cuerpos de bomberos, que reclaman refuerzos de dotaciones y efectivos.
El propio DWD cerró 2018 con un balance demoledor, emitido el pasado diciembre, en que se vaticinaban sequías frecuentes y otras inclemencias extremas como consecuencia del cambio climático.
Ahí se advertía de que el cómputo de precipitaciones registradas en Alemania fue apenas el 60 % de lo habitual en ese país y de que los meses calificables de "secos" se extendieron de abril a noviembre,
Fue el año más cálido desde que empezaron a registrarse mediciones sistemáticas, en 1881, con una temperatura media de 10,5 grados.
Al cierre del año, uno de los "medidores" más comúnmente repetidos en los medios, como reflejo de la dramática situación, era la desastrosa cosecha de la patata, la peor en 30 años.
La alarma se ha trasladado ahora a los estragos causados en los bosques por la sequedad del suelo y por la proliferación de la denominada cucaracha de la corteza, un insecto cuya población explotó con las altas temperaturas del año pasado y que además ha sobrevivido con éxito al benigno invierno.
La cucaracha de la corteza devoró el año pasado 500 millones de árboles jóvenes e hizo caer a mínimos el precio de la tala, ya que la madera afectada por estas poblaciones es inservible o de baja calidad.
Alemania, país con 11,4 millones de hectáreas de bosques -un 32 % de su superficie total-, teme por el futuro de su riqueza forestal, no solo por los efectos económicos sobre el sector maderero.
La llamada "muerte de los bosques", durante los años ochenta un motivo de alarma nacional derivada de las altas emisiones contaminantes y el crecimiento industrial, se dio por más o menos dominada hacia 2002, entonces bajo el Gobierno socialdemócrata-verde del canciller Gerhard Schröder.
El cambio climático es ahora el gran enemigo global para una mayoría de los alemanes, lo que se traduce en las masivas manifestaciones todos los viernes de decenas de miles de escolares, seguidores de la activista sueca Greta Thunberg.
La plana mayor de la política alemana, desde la canciller Angela Merkel, de la Unión Cristianodemócrata (CDU), hasta el presidente del país, Frank-Walter Steinmeier, exlíder socialdemócrata, han mostrado su comprensión hacia ese movimiento.
La formación política emergente no son ni los conservadores de Merkel, pese a defender su posición de primera fuerza a escala nacional, ni menos aún sus socios socialdemócratas, en persistente caída de electorado, sino los Verdes.
Los ecopacifistas viven un consolidado auge y se sitúan en intención de voto en segunda posición a escala nacional, mientras su líder, Robert Habeck, compite con Merkel en la consideración de político mejor valorado del país, un año después de haber asumido la dirección del partido. EFE
gc/jam/si
(foto) (vídeo)
De no haber comicios anticipados, la cita con las urnas será en septiembre de 2021. Si la formación del siguiente gobierno se prolonga, algo nada inusual en Alemania, Merkel seguiría en el poder en funciones.
El marcador entró en esos dos años menos cuatro días. A la "groko" se la ha dado muchas veces por muerta; pero lo cierto es que cruzó ya el ecuador de la presente legislatura.
VEINTE AÑOS DE "EMANCIPACIÓN"
Mientras "Bild" echa cuentas sobre el incierto récord que le falta a quien ya acumula muchos hitos, el diario "Süddeutsche Zeitung" recuerda otro aniversario: los 20 años desde que Merkel sentenció el fin de la "era Kohl".
Fue el 22 de diciembre de 1999, en una columna publicada en "Frankfurter Allgemeine Zeitung" -la FAZ, arquetipo de la prensa conservadora seria. Merkel, entonces secretaria general de la Unión Cristianodemócrata (CDU), llamaba al partido a emanciparse de Kohl.
Unas semanas antes había estallado el escándalo de las cuentas secretas del partido. La CDU llevaba un año en la oposición; la cancillería la ocupaba el socialdemócrata Gerhard Schröder en coalición con los Verdes.
Kohl, tras 16 años en el poder y 25 al frente de la CDU, acaparaba de pronto titulares no como el canciller de la reunificación, sino como el responsable de un sistema de cajas negras del partido. Un escándalo que salpicó a quien era su delfín y sucesor al frente de la CDU, Wolfgang Schäuble.
Cuatro meses después de su artículo, Merkel se convirtió en la primera mujer al frente de un partido acostumbrado a patriarcas como Adenauer o Kohl. EFE
gc/rml
AKK, ante una reválida cuesta arriba
Gemma Casadevall
Fue el 22 de diciembre de 1999, en una columna publicada en "Frankfurter Allgemeine Zeitung" -la FAZ, arquetipo de la prensa conservadora seria. Merkel, entonces secretaria general de la Unión Cristianodemócrata (CDU), llamaba al partido a emanciparse de Kohl.
Unas semanas antes había estallado el escándalo de las cuentas secretas del partido. La CDU llevaba un año en la oposición; la cancillería la ocupaba el socialdemócrata Gerhard Schröder en coalición con los Verdes.
Kohl, tras 16 años en el poder y 25 al frente de la CDU, acaparaba de pronto titulares no como el canciller de la reunificación, sino como el responsable de un sistema de cajas negras del partido. Un escándalo que salpicó a quien era su delfín y sucesor al frente de la CDU, Wolfgang Schäuble.
Cuatro meses después de su artículo, Merkel se convirtió en la primera mujer al frente de un partido acostumbrado a patriarcas como Adenauer o Kohl. EFE
gc/rml
AKK, ante una reválida cuesta arriba
Gemma Casadevall
| Foto @gemmacasa |
Leipzig (Alemania), 21 nov (EFE).- La Unión Cristianodemócrata
(CDU) abre mañana viernes en Leipzig (este de Alemania) un congreso
federal marcado por las presiones sobre su líder, Annegret
Kramp-Karrenbauer, fuertemente cuestionada un año después de haber
tomado el relevo de la canciller, Angela Merkel.
"Tenemos que concentrarnos sobre todo en los contenidos", afirmó AKK, como se conoce a Kramp-Karrenbauer, al canal de televisión n-tv y ante la pregunta de si no debería decidirse ya la candidatura del bloque conservador para las elecciones de 2021.
La líder de la CDU y ministra de Defensa lleva días respondiendo de forma parecida a esa pregunta. Despejar la llamada "K-Frage" -o cuestión de la candidatura- no está en el orden del día, sino que su propósito es decidirlo en 2020. Pero no puede descartarse que surja en Leipzig a petición de los delegados.
La atención de la primera jornada, que se abrirá con un discurso de Merkel, está centrada en el duelo dialéctico entre AKK y Friedrich Merz, representante del ala más derechista de la CDU, que en 2018 perdió por una diferencia mínima la lucha por la sucesión.
"Tenemos que concentrarnos sobre todo en los contenidos", afirmó AKK, como se conoce a Kramp-Karrenbauer, al canal de televisión n-tv y ante la pregunta de si no debería decidirse ya la candidatura del bloque conservador para las elecciones de 2021.
La líder de la CDU y ministra de Defensa lleva días respondiendo de forma parecida a esa pregunta. Despejar la llamada "K-Frage" -o cuestión de la candidatura- no está en el orden del día, sino que su propósito es decidirlo en 2020. Pero no puede descartarse que surja en Leipzig a petición de los delegados.
La atención de la primera jornada, que se abrirá con un discurso de Merkel, está centrada en el duelo dialéctico entre AKK y Friedrich Merz, representante del ala más derechista de la CDU, que en 2018 perdió por una diferencia mínima la lucha por la sucesión.
AKK, HEREDERA DE LOS ENEMIGOS INTERNOS DE MERKEL
Merz se propone dirigirse a los delegados no se sabe a ciencia
cierta con qué intención, más allá de demostrar que no ha desistido
en su empeño de marcar la línea del partido.
En opinión de Merz, la definición de la candidatura a la Cancillería no puede quedar sólo en manos de la cúpula, sino que debe someterse a las bases, como hace el cogubernamental Partido Socialdemócrata (SPD).
AKK heredó de Merkel no solo las riendas del partido, sino también a algunos sus enemigos -el llamado "Pacto Andino", surgido en tiempos de Helmut Kohl y formado por hombres fuertes del partido.
A fuerza de sangre fría logró Merkel imponerse sobre esos rivales a lo largo de los 18 años que dirigió el partido. La mayoría de ellos -incluido Merz- quedaron arrinconados o fuera de la cúpula del partido.
Otros resistieron dentro, como el exministro de Finanzas y ahora presidente del Parlamento, Wolfgang Schäuble, impulsor el año pasado de la candidatura de Merz.
En opinión de Merz, la definición de la candidatura a la Cancillería no puede quedar sólo en manos de la cúpula, sino que debe someterse a las bases, como hace el cogubernamental Partido Socialdemócrata (SPD).
AKK heredó de Merkel no solo las riendas del partido, sino también a algunos sus enemigos -el llamado "Pacto Andino", surgido en tiempos de Helmut Kohl y formado por hombres fuertes del partido.
A fuerza de sangre fría logró Merkel imponerse sobre esos rivales a lo largo de los 18 años que dirigió el partido. La mayoría de ellos -incluido Merz- quedaron arrinconados o fuera de la cúpula del partido.
Otros resistieron dentro, como el exministro de Finanzas y ahora presidente del Parlamento, Wolfgang Schäuble, impulsor el año pasado de la candidatura de Merz.
"HABLAR" O NO CON LA ULTRADERECHA
La "K-Frage" es uno de los temas complejos que planean sobre AKK,
quien además de no haberse consolidado como líder de la CDU tiene en
su contra las encuestas de opinión. Un 70 % de los ciudadanos no la
considera apta para la Cancillería alemana, según un reciente sondeo
de la televisión pública ZDF.
Otras cuestiones peligrosas para su liderazgo son las opiniones surgidas en el partido a favor de abrir un diálogo con la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), tercera fuerza a escala nacional y segunda en el este del país.
AKK ha recordado estos días la resolución del anterior congreso que descarta como socio de coalición o aliado político a la AfD, además de a La Izquierda.
Se espera que el tema se plantee de nuevo en Leipzig, ciudad del "Land" de Sajonia, en cuyas últimas elecciones regionales la AfD se disparó a la segunda posición con el 27,5 % de los votos.
Otras cuestiones peligrosas para su liderazgo son las opiniones surgidas en el partido a favor de abrir un diálogo con la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), tercera fuerza a escala nacional y segunda en el este del país.
AKK ha recordado estos días la resolución del anterior congreso que descarta como socio de coalición o aliado político a la AfD, además de a La Izquierda.
Se espera que el tema se plantee de nuevo en Leipzig, ciudad del "Land" de Sajonia, en cuyas últimas elecciones regionales la AfD se disparó a la segunda posición con el 27,5 % de los votos.
HUAWEI, EL PULSO CON LA LÍNEA DE LA CANCILLER
Otra relación controvertida, a ojos de un sector de los delegados
de la CDU, es la que el gigante tecnológico chino Huawei pretende
tejer con Alemania. Un grupo de diputados conservadores pretende que
se le excluya de la red 5G, por temor al espionaje chino.
Esa línea está más cerca de la del presidente de EEUU, Donald Trump, que de la defendida por la canciller, quien teme las consecuencias de una guerra comercial sobre los empresarios alemanes presentes en China.
Esa línea está más cerca de la del presidente de EEUU, Donald Trump, que de la defendida por la canciller, quien teme las consecuencias de una guerra comercial sobre los empresarios alemanes presentes en China.
MERKEL, EN LA RECÁMARA
El congreso de Leipzig será, por lo demás, una experiencia nueva
para muchos de los 1001 delegados del partido. Durante sus 18 años
de liderazgo, Merkel fue la figura directriz desde el minuto 0 de
cada congreso hasta su cierre, con el himno nacional.
El congreso de 2018 marcó las diferencias, ya que Angela Merkel cedió el protagonismo a los aspirantes a sucederla y, una vez elegida, a AKK.
Para Leipzig se ha previsto un discurso de apertura a la canciller. Le seguirá la intervención de la presidenta electa de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, antecesora de AKK como ministra de Defensa.
Ambas son las figuras más destacadas de la CDU a escala internacional. Desde la perspectiva alemana, hay expectación ante el discurso, el sábado, del líder de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), Markus Söder.
La "K-Frage" es no es cuestión que atañe únicamente a la CDU. Afecta también a la CSU, con la que tradicionalmente se consensúa el candidato único para el bloque conservador.
Si AKK no logra imponerse como líder y el partido opta por evitarle el bofetón de designar a otro, la partida podría resolverse a favor de Söder. EFE
gc/jam/psh
El congreso de 2018 marcó las diferencias, ya que Angela Merkel cedió el protagonismo a los aspirantes a sucederla y, una vez elegida, a AKK.
Para Leipzig se ha previsto un discurso de apertura a la canciller. Le seguirá la intervención de la presidenta electa de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, antecesora de AKK como ministra de Defensa.
Ambas son las figuras más destacadas de la CDU a escala internacional. Desde la perspectiva alemana, hay expectación ante el discurso, el sábado, del líder de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), Markus Söder.
La "K-Frage" es no es cuestión que atañe únicamente a la CDU. Afecta también a la CSU, con la que tradicionalmente se consensúa el candidato único para el bloque conservador.
Si AKK no logra imponerse como líder y el partido opta por evitarle el bofetón de designar a otro, la partida podría resolverse a favor de Söder. EFE
gc/jam/psh
La Izquierda salva los comicios del este alemán frente al empuje ultra
Gemma Casadevall
| Foto @gemmacasa |
Berlín, 27 oct (EFE).- La Izquierda alemana ganó las elecciones regionales de Turingia (este de Alemania), aupada por el voto útil y como contrapeso al empuje de la ultraderecha en esa zona del país, cuyo electorado castigó de nuevo a la coalición de la canciller, Angela Merkel.
El partido izquierdista del primer ministro del "Land", Bodo Ramelow, mejoró tres puntos sus resultados de 2014 y logró un 31 % de los votos, según los datos de la autoridad electoral, escrutados 2.961 de los 3.017 colegios electorales.
La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) se disparó al 23,5 % -más del doble que lo obtenido cinco años atrás- comandada por Björn Höcke, representante del ala más radical y cercana al neonazismo.
La conservadora Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, primera fuerza en el "Land" durante años, cayó al 21,8 % -un desplome del 11 %- y el Partido Socialdemócrata (SPD), el socio de gobierno de la canciller en Berlín, quedó en el 8,2 % -cuatro puntos menos respecto a entonces-.
Para La Izquierda es un éxito, cinco años después de haberse colocado por primera vez al frente de un gobierno regional, aliado con socialdemócratas y verdes. Ahora agrandó esa victoria, lo que se atribuye a la buena gestión de Ramelow, pero también a la movilización del voto contra la AfD.
El líder izquierdista tiene ante sí una compleja tarea para formar gobierno, debido a la debilidad del SPD y a que los Verdes no lograron despegar por encima del 5,1 % -dos puntos por encima del Partido Liberal (FPD), que quedaría finalmente fuera de la cámara.
No hay una mayoría clara para otras constelaciones, por lo que probablemente Ramelow deberá gobernar en minoría. Lo único categóricamente descartado es una alianza o cooperación externa con la AfD, partido al que el resto de formaciones del espectro parlamentario alemán mantienen políticamente arrinconado.
Las regionales de Turingia cerraron un año electoral en que los partidos de la coalición de Merkel, tanto conservadores como socialdemócratas, han sufrido duras pérdidas, mientras que la ultraderecha ha arrollado en su versión más radical y en el este.
En los comicios celebrados el pasado septiembre en Brandeburgo, el "Land" que envuelve Berlín, los socialdemócratas se mantuvieron por poco como primera fuerza, mientras que la AfD se alzó con un 23,5 %.
También en septiembre, pero en Sajonia, la CDU sufrió para conservar el primer puesto ante una extrema derecha comandada por su ala más radical, que logró un 27,5 %.
Estos resultados en esos "Länder" del este contrastan con la media de la AfD a escala nacional -un 12,6 % en las generales de 2017 o un 10,2 % en las europeas del pasado mayo-.
Son un toque de alerta sobre el descontento en esa mitad del país, a punto de cumplirse 30 años de la caída del muro de Berlín, en noviembre de 1989, y la posterior incorporación de lo que fue territorio comunista en la República Federal de Alemania (RFA).
El reverso de la moneda al debilitamiento entre la coalición de Merkel fueron, hasta ahora, los Verdes. Quedaron en segunda posición en las europeas, tras los conservadores, y fueron subiendo puestos en el este, territorio que les había sido adverso.
En Turingia no han logrado mantener esa tendencia, en medio de la polarización del voto entre izquierdistas y ultras, lo que además de complicar las cosas a Ramelow deja en suspenso al ascenso verde.
Brandeburgo y Sajonia quedaron abocados a tripartitos entre la CDU, SPD y Verdes -sea de liderazgo conservador o socialdemócrata-, fórmula conocida como "coalición Kenia" por identificarse a esos partidos con los colores de la bandera del país africano.
A escala regional, Alemania ofrece un rico repertorio de constelaciones que en el pasado parecían impensables, como la que en el próspero Baden-Württemberg lideran los Verdes con la conservadora CDU como socio menor.
Son muchas las variedades y denominaciones -Jamaica, Semáforo o la mencionada Kenia, alusivas todas a los colores de los partidos-. Tal vez de Turingia surja la nueva alianza inexplorada o un gobierno en minoría.
La única formación no presente en ninguna variante es la AfD, excluida como aliado a escala federal como regional. EFE
gc/psh
(foto)
Alemania, ante un terror ultra que nunca dejó de existir, solo se transformó
Gemma Casadevall
La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) se disparó al 23,5 % -más del doble que lo obtenido cinco años atrás- comandada por Björn Höcke, representante del ala más radical y cercana al neonazismo.
La conservadora Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, primera fuerza en el "Land" durante años, cayó al 21,8 % -un desplome del 11 %- y el Partido Socialdemócrata (SPD), el socio de gobierno de la canciller en Berlín, quedó en el 8,2 % -cuatro puntos menos respecto a entonces-.
Para La Izquierda es un éxito, cinco años después de haberse colocado por primera vez al frente de un gobierno regional, aliado con socialdemócratas y verdes. Ahora agrandó esa victoria, lo que se atribuye a la buena gestión de Ramelow, pero también a la movilización del voto contra la AfD.
El líder izquierdista tiene ante sí una compleja tarea para formar gobierno, debido a la debilidad del SPD y a que los Verdes no lograron despegar por encima del 5,1 % -dos puntos por encima del Partido Liberal (FPD), que quedaría finalmente fuera de la cámara.
No hay una mayoría clara para otras constelaciones, por lo que probablemente Ramelow deberá gobernar en minoría. Lo único categóricamente descartado es una alianza o cooperación externa con la AfD, partido al que el resto de formaciones del espectro parlamentario alemán mantienen políticamente arrinconado.
Las regionales de Turingia cerraron un año electoral en que los partidos de la coalición de Merkel, tanto conservadores como socialdemócratas, han sufrido duras pérdidas, mientras que la ultraderecha ha arrollado en su versión más radical y en el este.
En los comicios celebrados el pasado septiembre en Brandeburgo, el "Land" que envuelve Berlín, los socialdemócratas se mantuvieron por poco como primera fuerza, mientras que la AfD se alzó con un 23,5 %.
También en septiembre, pero en Sajonia, la CDU sufrió para conservar el primer puesto ante una extrema derecha comandada por su ala más radical, que logró un 27,5 %.
Estos resultados en esos "Länder" del este contrastan con la media de la AfD a escala nacional -un 12,6 % en las generales de 2017 o un 10,2 % en las europeas del pasado mayo-.
Son un toque de alerta sobre el descontento en esa mitad del país, a punto de cumplirse 30 años de la caída del muro de Berlín, en noviembre de 1989, y la posterior incorporación de lo que fue territorio comunista en la República Federal de Alemania (RFA).
El reverso de la moneda al debilitamiento entre la coalición de Merkel fueron, hasta ahora, los Verdes. Quedaron en segunda posición en las europeas, tras los conservadores, y fueron subiendo puestos en el este, territorio que les había sido adverso.
En Turingia no han logrado mantener esa tendencia, en medio de la polarización del voto entre izquierdistas y ultras, lo que además de complicar las cosas a Ramelow deja en suspenso al ascenso verde.
Brandeburgo y Sajonia quedaron abocados a tripartitos entre la CDU, SPD y Verdes -sea de liderazgo conservador o socialdemócrata-, fórmula conocida como "coalición Kenia" por identificarse a esos partidos con los colores de la bandera del país africano.
A escala regional, Alemania ofrece un rico repertorio de constelaciones que en el pasado parecían impensables, como la que en el próspero Baden-Württemberg lideran los Verdes con la conservadora CDU como socio menor.
Son muchas las variedades y denominaciones -Jamaica, Semáforo o la mencionada Kenia, alusivas todas a los colores de los partidos-. Tal vez de Turingia surja la nueva alianza inexplorada o un gobierno en minoría.
La única formación no presente en ninguna variante es la AfD, excluida como aliado a escala federal como regional. EFE
gc/psh
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Alemania, ante un terror ultra que nunca dejó de existir, solo se transformó
Gemma Casadevall
Berlín, 11 oct (EFE).- El ataque antisemita de Halle (este de Alemania) sacó de nuevo a colación la existencia de un terror ultraderechista alemán que nunca dejó de existir, pero que se transformó en réplica del supremacismo internacionalizado.
Solo la impericia de Stephan Balliet, el ultraderechista de 27 años autor del atentado, evitó una masacre en un templo judío de Alemania, país comprometido con el deber de no olvidar el horror del Holocausto.
No logró franquear la puerta de la sinagoga, sus armas le fallaron, tampoco estalló un artefacto de fabricación casera y, además, sus dos víctimas mortales no eran ni judíos ni inmigrantes, como pretendía.
"Soy un completo perdedor", reconoce Balliet, al final del vídeo de 35 minutos que iba transmitiendo con una cámara de vídeo en su casco. Con ella captó el momento en que mata a una mujer que le interpeló ante el templo y también cuando disparó una y otra vez contra al cliente de un local de comida turca.
La frase es en un inglés algo precario; su intención es clara: crear imitadores, como él mismo pretendió serlo del supremacista australiano que mató a 50 personas en su atentado contra dos mezquitas en Christchurch.
"No es una sorpresa esta nueva dimensión del terror ultraderechista en Alemania", apunta Jan Rathje, politólogo de la Fundación Amadeu Antonio, creada en memoria de un joven angoleño asesinado por los neonazis en 1990.
El neonazismo alemán tiene sus redes, plataformas para comunicarse, anunciar su siguiente acción o difundirla en directo, afirma Rathle. Ya no se rige por estrictos esquemas "clásicos" del ultraderechismo germano, sino que trata de globalizar sus actos.
La Fundación Amadeu Antonio tiene documentados 169 muertos a manos de la ultraderecha desde la reunificación alemana en 1990. El Gobierno cifra en "al menos 84" esa cifra de víctimas mortales.
La plana mayor de la política alemana, desde la canciller Angela Merkel hasta el presidente Frank-Walter Steinmeier, expresaron estos días su horror ante lo que "hubiera" podido ocurrir en Halle. El ministro del Interior, Horst Seehofer, afirmó que la lucha contra el terror ultra es el gran desafío al que se enfrenta el país.
El número de ultraderechistas identificados por el espionaje de Interior ha subido de modo continuado en los últimos cinco años. En 2018 eran 24.100, de los cuales la mitad están fichados como "dispuestos a la violencia".
Fundaciones como la dedicada a Amadeu Antonio, consagradas a apoyar a las víctimas de la violencia ultra, recuerdan que, frente a las condenas de estos días, está la realidad de los recortes infligidos en las ayudas públicas a sus proyectos.
No es la primera ni la más mortífera sacudida que el neonazismo asesta a la clase política. En 2011, Merkel asoció por primera vez el término terrorismo a la ultraderecha. Había salido a la luz el trío "Clandestinidad Nacionalsocialista" (NSU), que entre 2000 y 2007 mató impunemente a nueve inmigrantes, siempre con la misma pistola, sin que se investigase un posible móvil racista o vínculo entre esos crímenes.
"Una vergüenza para Alemania", admitió entonces la canciller, en medio del cúmulo de negligencias policiales. La existencia de la NSU salió a la luz a raíz del suicidio de dos de sus miembros. La sospecha de a cuántos otros asesinatos ultras se dio carpetazo sin la debida investigación planea desde entonces.
Dos años después del asesinato del angoleño Amadeu António, golpeado hasta la muerte por un grupo neonazi, y coincidiendo con la llegada de centenares de miles de refugiados de los Balcanes, Alemania se vio sacudida por una oleada de ataques xenófobos.
En agosto de 1992, grupos de jóvenes y otros vecinos acosaron durante casi una semana un albergue de vietnamitas de Rostock (este), que acabó pasto de las llamas. Unos meses después, tres turcas murieron en un ataque incendiario de neonazis a su casa de Mölln (norte); en 1993, otras cinco turcas murieron entre las llamas mientras dormían, en Sölingen (oeste).
En 1994, una sinagoga ardiendo, en Lübeck (norte), en otro incendio provocado por las ultras, devolvió a Alemania imágenes que parecían erradicadas desde la capitulación del Tercer Reich.
A más tardar en 2011, con el desmantelamiento de la NSU, quedó clara la existencia de un entramado ultra, asesino, racista y organizado.
La penúltima señal de alarma fue el asesinato a sangre fría, el pasado julio, del político local Walter Lübcke, defensor de la acogida de refugiados. Su asesino era Stephan Ernst, un neonazi de 45 años.
Considerarlos lobos solitarios es un simplismo peligroso, afirma Elmar Thevessen, experto en terrorismo de la televisión pública ZFD. Todos ellos forman parte de un "movimiento supremacista internacional", advierte. EFE
gc/jam/si
Bayreuth honra a Wolfgang Wagner, director de un templo anacrónico y genial
Gemma Casadevall
Bayreuth (Alemania), 29 jul (EFE).- Bayreuth recupera con una exposición la figura de Wolfgang Wagner (1919-2010), artífice de la refundación tras el nazismo del Festival Richard Wagner, una cita en la que conviven anacronismo y rompedoras producciones.
El centenario del nacimiento de Wolfgang Wagner, el tercer hijo de Siegfried y Winifred Wagner y nieto del compositor alemán, se cumple el 30 de agosto próximo, pero para entonces la temporada del festival habrá terminado, por lo que se decidió avanzar los honores.
"Der Prinzipal" -"El Director"- es el título de la exposición que le dedica el Museo Richard Wagner de Bayreuth, la ciudad de provincias donde el músico decidió, bajo el mecenazgo de Luis II de Baviera, "El Rey Loco", levantar un teatro para sus óperas.
Que casi siglo y medio después de celebrarse ahí el primer festival -en 1876-, sobre su Verde Colina se siga escuchando sólo Wagner se debe en parte a las normas de Wolfgang, como también que ese culto en exclusiva se combine con producciones arriesgadas.
Wolfgang Wagner tomó las riendas del festival en 1951, entonces junto a su hermano Wieland y, a la muerte de éste, en 1966, las llevó en solitario hasta 2008, cuando tras un largo pulso sucesorio las traspasó a sus hijas, Katharina y Eva Pasquier-Wagner.
Fueron más de cincuenta años decisivos para Bayreuth, un festival que los aliados tomaron en "custodia" tras la II Guerra Mundial y estigmatizado por los años en que Winifred Wagner, una británica ferviente adoradora de Adolf Hitler, lo puso a los pies del nazismo.
La exposición recuerda esa sumisión, así como el hecho de que Wolfgang fue para el dictador algo así como un sobrino, que paseó con él y sus oficiales por los jardines que envuelven el teatro.
Se dedica al capítulo una breve introducción, pero quien quiera saber más de esa servidumbre tiene en el edificio contiguo, en la Casa Siegfried Wagner, una exposición permanente que no ahorra detalles.
A través de monitores multimedia, se recuerda el recalcitrante antisemitismo de Richard Wagner, razón para que Hitler viera sus óperas como la sublimación musical del ideario nazi.
También se apunta a que la saga familiar se comportó como una secta, celosa guardiana de sus esencias, elemento aún vigente para los wagnerianos más leales que año a año acuden a Bayreuth.
Wolfgang hizo algo más que perpetuar el culto al compositor: abrió Bayreuth a producciones arriesgadas, que a menudo el público más ortodoxo recibió con feroces abucheos.
La ira de ese sector cayó sobre el "Anillo del Nibelungo" de Patrice Chéreau y Pierre Boulez, en 1976, para quedar en los años siguientes elevada a la categoría de legendario.
Históricos fueron algunos ataques de cólera de Wolfgang, de resultas de los cuales abandonaron el templo figuras como la mezzosoprano bávara Waltraut Meier, en 2000.
Meier regresó a Bayreuth la temporada pasada y este año estuvo de nuevo ahí, para el concierto dedicado a Wolfgang Wagner, la víspera de la apertura del festival, donde fue aclamada como una heroína.
Katharina Wagner, desde hace tres años directora en solitario del festival, ha seguido la receta de Wolfgang.
No logró franquear la puerta de la sinagoga, sus armas le fallaron, tampoco estalló un artefacto de fabricación casera y, además, sus dos víctimas mortales no eran ni judíos ni inmigrantes, como pretendía.
"Soy un completo perdedor", reconoce Balliet, al final del vídeo de 35 minutos que iba transmitiendo con una cámara de vídeo en su casco. Con ella captó el momento en que mata a una mujer que le interpeló ante el templo y también cuando disparó una y otra vez contra al cliente de un local de comida turca.
La frase es en un inglés algo precario; su intención es clara: crear imitadores, como él mismo pretendió serlo del supremacista australiano que mató a 50 personas en su atentado contra dos mezquitas en Christchurch.
"No es una sorpresa esta nueva dimensión del terror ultraderechista en Alemania", apunta Jan Rathje, politólogo de la Fundación Amadeu Antonio, creada en memoria de un joven angoleño asesinado por los neonazis en 1990.
El neonazismo alemán tiene sus redes, plataformas para comunicarse, anunciar su siguiente acción o difundirla en directo, afirma Rathle. Ya no se rige por estrictos esquemas "clásicos" del ultraderechismo germano, sino que trata de globalizar sus actos.
La Fundación Amadeu Antonio tiene documentados 169 muertos a manos de la ultraderecha desde la reunificación alemana en 1990. El Gobierno cifra en "al menos 84" esa cifra de víctimas mortales.
La plana mayor de la política alemana, desde la canciller Angela Merkel hasta el presidente Frank-Walter Steinmeier, expresaron estos días su horror ante lo que "hubiera" podido ocurrir en Halle. El ministro del Interior, Horst Seehofer, afirmó que la lucha contra el terror ultra es el gran desafío al que se enfrenta el país.
El número de ultraderechistas identificados por el espionaje de Interior ha subido de modo continuado en los últimos cinco años. En 2018 eran 24.100, de los cuales la mitad están fichados como "dispuestos a la violencia".
Fundaciones como la dedicada a Amadeu Antonio, consagradas a apoyar a las víctimas de la violencia ultra, recuerdan que, frente a las condenas de estos días, está la realidad de los recortes infligidos en las ayudas públicas a sus proyectos.
No es la primera ni la más mortífera sacudida que el neonazismo asesta a la clase política. En 2011, Merkel asoció por primera vez el término terrorismo a la ultraderecha. Había salido a la luz el trío "Clandestinidad Nacionalsocialista" (NSU), que entre 2000 y 2007 mató impunemente a nueve inmigrantes, siempre con la misma pistola, sin que se investigase un posible móvil racista o vínculo entre esos crímenes.
"Una vergüenza para Alemania", admitió entonces la canciller, en medio del cúmulo de negligencias policiales. La existencia de la NSU salió a la luz a raíz del suicidio de dos de sus miembros. La sospecha de a cuántos otros asesinatos ultras se dio carpetazo sin la debida investigación planea desde entonces.
Dos años después del asesinato del angoleño Amadeu António, golpeado hasta la muerte por un grupo neonazi, y coincidiendo con la llegada de centenares de miles de refugiados de los Balcanes, Alemania se vio sacudida por una oleada de ataques xenófobos.
En agosto de 1992, grupos de jóvenes y otros vecinos acosaron durante casi una semana un albergue de vietnamitas de Rostock (este), que acabó pasto de las llamas. Unos meses después, tres turcas murieron en un ataque incendiario de neonazis a su casa de Mölln (norte); en 1993, otras cinco turcas murieron entre las llamas mientras dormían, en Sölingen (oeste).
En 1994, una sinagoga ardiendo, en Lübeck (norte), en otro incendio provocado por las ultras, devolvió a Alemania imágenes que parecían erradicadas desde la capitulación del Tercer Reich.
A más tardar en 2011, con el desmantelamiento de la NSU, quedó clara la existencia de un entramado ultra, asesino, racista y organizado.
La penúltima señal de alarma fue el asesinato a sangre fría, el pasado julio, del político local Walter Lübcke, defensor de la acogida de refugiados. Su asesino era Stephan Ernst, un neonazi de 45 años.
Considerarlos lobos solitarios es un simplismo peligroso, afirma Elmar Thevessen, experto en terrorismo de la televisión pública ZFD. Todos ellos forman parte de un "movimiento supremacista internacional", advierte. EFE
gc/jam/si
Bayreuth honra a Wolfgang Wagner, director de un templo anacrónico y genial
Gemma Casadevall
| Foto @gemmacasa |
Bayreuth (Alemania), 29 jul (EFE).- Bayreuth recupera con una exposición la figura de Wolfgang Wagner (1919-2010), artífice de la refundación tras el nazismo del Festival Richard Wagner, una cita en la que conviven anacronismo y rompedoras producciones.
El centenario del nacimiento de Wolfgang Wagner, el tercer hijo de Siegfried y Winifred Wagner y nieto del compositor alemán, se cumple el 30 de agosto próximo, pero para entonces la temporada del festival habrá terminado, por lo que se decidió avanzar los honores.
"Der Prinzipal" -"El Director"- es el título de la exposición que le dedica el Museo Richard Wagner de Bayreuth, la ciudad de provincias donde el músico decidió, bajo el mecenazgo de Luis II de Baviera, "El Rey Loco", levantar un teatro para sus óperas.
Que casi siglo y medio después de celebrarse ahí el primer festival -en 1876-, sobre su Verde Colina se siga escuchando sólo Wagner se debe en parte a las normas de Wolfgang, como también que ese culto en exclusiva se combine con producciones arriesgadas.
Wolfgang Wagner tomó las riendas del festival en 1951, entonces junto a su hermano Wieland y, a la muerte de éste, en 1966, las llevó en solitario hasta 2008, cuando tras un largo pulso sucesorio las traspasó a sus hijas, Katharina y Eva Pasquier-Wagner.
Fueron más de cincuenta años decisivos para Bayreuth, un festival que los aliados tomaron en "custodia" tras la II Guerra Mundial y estigmatizado por los años en que Winifred Wagner, una británica ferviente adoradora de Adolf Hitler, lo puso a los pies del nazismo.
La exposición recuerda esa sumisión, así como el hecho de que Wolfgang fue para el dictador algo así como un sobrino, que paseó con él y sus oficiales por los jardines que envuelven el teatro.
Se dedica al capítulo una breve introducción, pero quien quiera saber más de esa servidumbre tiene en el edificio contiguo, en la Casa Siegfried Wagner, una exposición permanente que no ahorra detalles.
A través de monitores multimedia, se recuerda el recalcitrante antisemitismo de Richard Wagner, razón para que Hitler viera sus óperas como la sublimación musical del ideario nazi.
También se apunta a que la saga familiar se comportó como una secta, celosa guardiana de sus esencias, elemento aún vigente para los wagnerianos más leales que año a año acuden a Bayreuth.
Wolfgang hizo algo más que perpetuar el culto al compositor: abrió Bayreuth a producciones arriesgadas, que a menudo el público más ortodoxo recibió con feroces abucheos.
La ira de ese sector cayó sobre el "Anillo del Nibelungo" de Patrice Chéreau y Pierre Boulez, en 1976, para quedar en los años siguientes elevada a la categoría de legendario.
Históricos fueron algunos ataques de cólera de Wolfgang, de resultas de los cuales abandonaron el templo figuras como la mezzosoprano bávara Waltraut Meier, en 2000.
Meier regresó a Bayreuth la temporada pasada y este año estuvo de nuevo ahí, para el concierto dedicado a Wolfgang Wagner, la víspera de la apertura del festival, donde fue aclamada como una heroína.
Katharina Wagner, desde hace tres años directora en solitario del festival, ha seguido la receta de Wolfgang.
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También la biznieta recibió una tormenta de abucheos en 2007, con su versión de "Los Maestros Cantores de Núremberg". Clamorosos también fueron los recibidos por el primer "Anillo" bajo su gestión, el que dirigió Frank Castorf; entre sus grandes aciertos está la incorporación como director musical titular de Christian Thielemann.
Con Katharina se estrenó con éxito este año el "Tannhäuser" de Tobias Kratzer, profuso en drag-queens, drones y humor. La siguiente gran prueba para la heredera será el "Anillo" que se estrenará en 2020, con el finlandés Pietari Inkinen a la batuta y el austriaco Valentin Schwarz como director escénico.
Una apuesta joven y arriesgada, para un festival sobre el que se agolpan desafíos logísticos: la ola de calor que, por segunda edición consecutiva, azotó la apertura de Bayreuth este año puso a los wagnerianos al borde de lo humanamente soportable.
De Bayreuth está proscrito el aire acondicionado por razones acústicas y sus 1.400 escuetas butacas -pese a alguna mejora- son casi tan incómodas como en tiempos de Luis II de Baviera o Hitler.
"En Bayreuth reflexionamos cuidadosamente cualquier innovación. Todo a su debido tiempo", es la respuesta de su departamento de prensa, donde se recuerda que hace unos pocos años se incorporó la venta de entradas online y que este año funciona incluso sin problemas un "wifi" gratis en la Colina Verde. EFE
gc/jpm/lml
(foto) (audio)
Andrea Nahles, la combativa líder socialdemócrata, tira la toalla
Gemma Casadevall
Con Katharina se estrenó con éxito este año el "Tannhäuser" de Tobias Kratzer, profuso en drag-queens, drones y humor. La siguiente gran prueba para la heredera será el "Anillo" que se estrenará en 2020, con el finlandés Pietari Inkinen a la batuta y el austriaco Valentin Schwarz como director escénico.
Una apuesta joven y arriesgada, para un festival sobre el que se agolpan desafíos logísticos: la ola de calor que, por segunda edición consecutiva, azotó la apertura de Bayreuth este año puso a los wagnerianos al borde de lo humanamente soportable.
De Bayreuth está proscrito el aire acondicionado por razones acústicas y sus 1.400 escuetas butacas -pese a alguna mejora- son casi tan incómodas como en tiempos de Luis II de Baviera o Hitler.
"En Bayreuth reflexionamos cuidadosamente cualquier innovación. Todo a su debido tiempo", es la respuesta de su departamento de prensa, donde se recuerda que hace unos pocos años se incorporó la venta de entradas online y que este año funciona incluso sin problemas un "wifi" gratis en la Colina Verde. EFE
gc/jpm/lml
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Andrea Nahles, la combativa líder socialdemócrata, tira la toalla
Gemma Casadevall
Berlín, 2 jun (EFE).- La combativa Andrea Nahles tiró este domingo la toalla como líder del Partido Socialdemócrata alemán (SPD), un año después de asumir la jefatura de una formación que en menos de veinte años ha vivido diez relevos en su presidencia sin frenar su sangría de electorado.
Nahles, puntal de la gran coalición con el bloque conservador de la canciller Angela Merkel, formalizará este lunes su dimisión ante la cúpula del SPD, como líder y jefa del grupo parlamentario.
Llevaba apenas un año y tres meses en el cargo, que asumió tras la renuncia de Martin Schulz, último candidato del partido a luchar por la Cancillería, en 2017, y que de gran esperanza de reflotar a la socialdemocracia pasó a hundirla en su mínimo histórico en unas elecciones generales.
Del 20,5 % obtenido entonces por Schulz cayó el SPD en las pasadas europeas al 15,8 %, siguiente mínimo histórico a escala nacional, y se vio rebasado incluso como segunda fuerza por los Verdes.
Nahles felicitó a la formación ecologista, avanzó la elección como jefa del grupo parlamentario para este martes, teóricamente con intención de ganarla, pero este domingo cedió al peso de tanta presión.
De 48 años y exlíder de las juventudes socialdemócratas (los "Jusos"), Nahles asumió el cargo en 2018 con el propósito de reformar al partido desde su posición de alguien que conoce muy bien a sus bases.
La nueva presidenta vivió en directo cada una de las crisis de la formación, desde la escisión provocada en 1998 por Oskar Lafontaine, quien abandonó el partido para fundar La Izquierda, hasta la erosión de electorado acentuada por las legislaturas en gran coalición bajo Merkel.
Se convirtió así en la mujer al frente del SPD lo que completó el dominio femenino de los partidos alemanes que se han alternado el poder en Alemania: Merkel, líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU) desde el 2000, pasó las riendas del partido a Annegret Kramp-Karrrenbauer, el pasado diciembre; el SPD colocaba a una mujer al frente de la formación por primera vez en sus 150 años de historia.
Hasta llegar a la presidencia, la energética Nahles ha recorrido un largo camino, incluida la prórroga vivida desde su designación por unanimidad de la ejecutiva del partido, en febrero de 2018.
Su rápida nominación para relevar a Schulz, que renunció al cargo tras aceptar a regañadientes reeditar la gran coalición, desató críticas de las bases, recelosas de una solución desde arriba a la enésima crisis del partido.
Como ministra de Trabajo en la anterior coalición se apuntó un logro de sello socialdemócrata, la implantación de un salario mínimo interprofesional en un país rico donde avanza la precariedad social.
Sus relaciones con Merkel no siempre fueron fáciles, pero la canciller valoraba su capacidad de trabajo, mientras que Nahles estimaba en la jefa de Gobierno el valor de la perseverancia.
Nacida en junio de 1970 en Mendig, en Renania-Palatinado (oeste), filósofa y filóloga de formación, ingresó en el SPD en 1988 y se convirtió en líder de los "Jusos" en 1995.
Militó en el ala izquierda de Lafontaine, aunque no le siguió cuando éste abandonó la jefatura del SPD y el Ministerio de Finanzas para fundar su propio partido.
Su momento más difícil fue en 2005, cuando precipitó la caída del entonces presidente del SPD, Franz Müntefering, leal al centrista Gerhard Schröder y obligado a renunciar al imponerse ella como secretaria general en lugar del candidato auspiciado por el aparato.
Nahles se arrepintió, al borde de las lágrimas, de haber derribado a su jefe, a lo que siguió su renuncia a ocupar el cargo.
Alcanzó la vicepresidencia del partido en 2017. A partir de ahí, desde ese cargo o como jefa del grupo parlamentario, Nahles ha sido una "jefa en la recámara" para un partido que, desde el adiós de Lafontaine, ha conocido nueve relevos en su presidencia.
En lo privado es tan combativa como en lo político: a los 16 años sufrió una grave lesión practicando deporte, que le dejó una notoria cojera, y su frente está atravesada por una cicatriz resultado de accidente en coche, que no le quitó su pasión por la velocidad.
Es madre de una niña de seis años, de cuyo padre está separada. EFE
gc/jam/lab
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Alemania pasa de ansiar el sol a temer por sus bosques
Gemma Casadevall
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Berlín, 24 abr (EFE).- Los alemanes, ciudadanos habitualmente ansiosos de sol, empiezan a alarmarse ante las altas temperaturas de esta primavera, mientras los meteorólogos pronostican ya otro verano de sequía extrema y crece el temor por el futuro de sus bosques.
Las imágenes de alemanes al sol, en pleno abril, a 26 grados centígrados y en su propio país -no en uno de sus destinos vacacionales preferidos del Mediterráneo- fue el lado hermoso de la moneda durante el receso vacacional de Semana Santa.
Menos hermosos fueron este miércoles los pronósticos del Servicio Alemán de Meteorología (DWD), que prevén otro verano de sequía extrema, tras haberse batido el año pasado máximas récord -de 38,9 grados centígrados- y de haber vivido un invierno benigno.
"De persistir la escasez de precipitaciones en los próximos meses, el verano puede ser incluso más seco que el de 2018", advirtió el director del departamento agrícola del DWD, Udo Busch.
El déficit en precipitaciones caídas el año pasado se estima en 200 o hasta 300 litros por metro cuadrado, según ese departamento, lo que ha dejado el suelo reseco, de modo que aunque llueva copiosamente en los próximas semanas no alcanzará para la regeneración del subsuelo.
En este receso vacacional de primavera, pero a temperaturas estivales, se activaron las alertas por riesgo de incendio, especialmente en la región que envuelve Berlín, donde se prohibieron preventivamente las tradicionales hogueras de Semana Santa.
Si la situación vivida en el año pasado fue alarmante, por unas máximas insólitas en ese país centroeuropeo y por la ausencia de precipitaciones, el invierno tampoco logró revertir la situación, pese a las copiosas nevadas caídas en Baviera y parte del sureste, pero no en el conjunto del país.
"El estado de la vegetación en muchas regiones de Alemania es mucho peor que el año pasado", prosiguió el experto del DWD, cuyas advertencias siguen a las emitidas estos días por los servicios forestales y cuerpos de bomberos, que reclaman refuerzos de dotaciones y efectivos.
El propio DWD cerró 2018 con un balance demoledor, emitido el pasado diciembre, en que se vaticinaban sequías frecuentes y otras inclemencias extremas como consecuencia del cambio climático.
Ahí se advertía de que el cómputo de precipitaciones registradas en Alemania fue apenas el 60 % de lo habitual en ese país y de que los meses calificables de "secos" se extendieron de abril a noviembre,
Fue el año más cálido desde que empezaron a registrarse mediciones sistemáticas, en 1881, con una temperatura media de 10,5 grados.
Al cierre del año, uno de los "medidores" más comúnmente repetidos en los medios, como reflejo de la dramática situación, era la desastrosa cosecha de la patata, la peor en 30 años.
La alarma se ha trasladado ahora a los estragos causados en los bosques por la sequedad del suelo y por la proliferación de la denominada cucaracha de la corteza, un insecto cuya población explotó con las altas temperaturas del año pasado y que además ha sobrevivido con éxito al benigno invierno.
La cucaracha de la corteza devoró el año pasado 500 millones de árboles jóvenes e hizo caer a mínimos el precio de la tala, ya que la madera afectada por estas poblaciones es inservible o de baja calidad.
Alemania, país con 11,4 millones de hectáreas de bosques -un 32 % de su superficie total-, teme por el futuro de su riqueza forestal, no solo por los efectos económicos sobre el sector maderero.
La llamada "muerte de los bosques", durante los años ochenta un motivo de alarma nacional derivada de las altas emisiones contaminantes y el crecimiento industrial, se dio por más o menos dominada hacia 2002, entonces bajo el Gobierno socialdemócrata-verde del canciller Gerhard Schröder.
El cambio climático es ahora el gran enemigo global para una mayoría de los alemanes, lo que se traduce en las masivas manifestaciones todos los viernes de decenas de miles de escolares, seguidores de la activista sueca Greta Thunberg.
La plana mayor de la política alemana, desde la canciller Angela Merkel, de la Unión Cristianodemócrata (CDU), hasta el presidente del país, Frank-Walter Steinmeier, exlíder socialdemócrata, han mostrado su comprensión hacia ese movimiento.
La formación política emergente no son ni los conservadores de Merkel, pese a defender su posición de primera fuerza a escala nacional, ni menos aún sus socios socialdemócratas, en persistente caída de electorado, sino los Verdes.
Los ecopacifistas viven un consolidado auge y se sitúan en intención de voto en segunda posición a escala nacional, mientras su líder, Robert Habeck, compite con Merkel en la consideración de político mejor valorado del país, un año después de haber asumido la dirección del partido. EFE
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