La esposa de Wagner fue ingresada hace unos días en una clínica de Bayreuth para una operación, de la que aparentemente se recuperó sin complicaciones, pero la madrugada pasada falleció.
Gudrun ejercía una especie de dirección "consorte" en Bayreuth aparentemente a la sombra del patriarca, quien había delegado parte de sus funciones a causa de su avanzada edad.
Sin embargo, según los círculos wagnerianos el poder de Gudrun iba más allá de la mera dirección consorte, especialmente en lo que concierne a la sucesión al frente de Bayreuth.
En la batalla por el relevo a Wolfgang se barajaban desde hace años tres nombres de mujer: Katharina, Nike Wagner, sobrina del patriarca e hija de su hermano Wieland, y Eva Wagner-Pasquier, primogénita del director, fruto de su primer matrimonio con Ellen Drexel.
Teóricamente, Gudrun tenía como cometido sujetar bien las riendas, en caso de fallecimiento de Wolfgang. Paradojas del destino, su muerte hoy trastoca esos planes y podría precipitar el debate latente sobre la sucesión en Bayreuth.
Gudrun, nacida en 1944 en Prusia Oriental, hizo estudios de secretaria y traductora y fue así como asumió un puesto en la administración del Festival de Bayreuth, a principios de los 60.
De ahí pasó al puesto de responsable de relaciones con la prensa y en 1976 se casó con Wolfgang, divorciado entretanto de su primera esposa. En 1978 nació Katharina.
La constelación Gudrun-Wolfgang-Katharina se ha consolidado en los últimos años como la soberana absoluta en la verde colina de Bayreuth, por encima de las reclamaciones de Eva y Nike, proscritas por el patriarca de todo derecho.
En 2001, cuando el patronato rector del Festival trató de presionar sobre la dirección de Bayreuth para precipitar la sucesión, Wolfgang quiso que el relevo fuera a favor de Gudrun, pero el gremio lo rechazó.
El patronato votó a favor de Eva Wagner-Pasquier, a lo que Wolfgang respondió argumentando que su contrato como director es vitalicio y que no dimitía.
La cuestión es desde entonces recurrente y es el tema dominante desde hace años en las aperturas de temporada en el elitista festival, consagrado en exclusiva en el culto a Richard Wagner. EFE gc/rz/cat
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Merkel no quiere intrusos en "su" centro ni en el modelo de sociedad cristiano
Hannover (Alemania), 3 dic (EFE).- La canciller alemana, Angela Merkel, reclamó el centro como exclusivo de sus filas conservadoras, no de sus socios socialdemócratas, y dejó claro que no admitirá intrusos ni en política exterior ni en una sociedad cristiana, donde dijo que "los minaretes no deben ser más altos que las iglesias".
La Unión Cristianodemócrata Alemana (CDU) es el único partido que "entiende y defiende" la economía social de mercado y por tanto los intereses del "amplio espectro" de la sociedad, dijo Merkel, ante el XXI congreso ordinario de la formación que preside, en Hannover.
"Aquí está el centro y sólo aquí", enfatizó ante los 1.000 delegados, reunidos para aprobar el nuevo programa de la formación, el tercero de su historia, con el que pretende redefinirse sus esencias y afrontar los desafíos futuros.
Dijo que su socio, el Partido Socialdemócrata (SPD), "quiso conquistar el nuevo centro" bajo Gerhard Schröder, pero entretanto ha abandonado algo que "de todos modos no era suyo" para entrar de nuevo en un espacio que "bastante daño hizo ya en este país", el socialismo.
El SPD ha entrado en un terreno peligroso, dijo, ya que incluyó de nuevo el término socialismo democrático en su programa, aprobado en el congreso de octubre.
"El socialismo ha hecho ya suficiente daño a este país. No queremos más socialismo (...) El socialismo acaba en totalitarismo, se quiera o no", remató Merkel, crecida en territorio de la extinta República Democrática Alemana (RDA), ante los delegados que aprobaron luego la moción que marca las distancias respecto al SPD.
La CDU es el partido de la "economía social de mercado" y el motor de los avances logrados por Alemania, como el descenso del desempleo y el saneamiento presupuestario. Hay que mantener el rumbo, dijo, en lugar de modificar unas reformas que han empezado a dar sus frutos.
La canciller y presidenta de la CDU demostró así que una cosa es compartir gobierno y otra dejarse arrebatar lo que considera propio. Los logros de los dos años de gestión se deben a la CDU, dijo, con el aplomo de quien sabe que sus filas están bajo control.
"A Alemania le va mejor tanto en lo económico como en lo social y ello se debe a lo que hemos hecho nosotros", dijo Merkel. "Y si no nos lo decimos nosotros, nadie nos los dirá".
La línea de su política exterior también la define ella, dijo, y no acepta críticas de su ministro de Exteriores, el socialdemócrata Franz Walter Steinmeier, quien recientemente le reprochó dañar las relaciones con China a raíz de su entrevista con el Dalai Lama.
Las tensiones entre Merkel y su ministro se han repetido desde que éste asumió el cargo de vicecanciller -hace unas semanas, tras la dimisión de Franz Müntefering-, en parte porque se atribuyen a Steinmeier aspiraciones a ser candidato del SPD a la cancillería.
Merkel, fiel a su principio de hablar para un espectro lo más amplio posible, asumió como propios ámbitos "tradicionales" de la izquierda, como los ataques al empresariado.
La líder conservadora se llevó la máxima ovación de su discurso con su apostolado en contra de los sueldos desproporcionados de algunos empresarios y banqueros, especialmente cuando aludió a la práctica de países como Suiza y aludió, de nuevo, a una de las ocupaciones como asesor de Schröder en ese país.
"¿Por qué hay que colmar de dinero a quien fracasa en toda línea?", dijo Merkel, con la vista puesta en los empresarios que cobran altos sueldos, mientras su compañía da magros resultados.
La líder de la CDU dijo que un principio de la economía social de mercado es evitar desequilibrios y habló de la necesidad de crear una "regulación inteligente" de los mercados financieros.
Segura de sí misma y custodiada por los líderes de los "Länder" gobernados por los conservadores -once, de los 16 existentes-, Merkel desgranó las líneas maestras del nuevo programa de la CDU.
La CDU es un partido "conservador y cristiano", que fomenta el diálogo entre todas las confesiones y culturas, siempre que éstas respeten el "marco constitucional" alemán.
"Una mezquita no puede ser demostrativamente más alta que una iglesia", dijo, así como que es tarea del Estado de derecho alemán combatir prácticas como los matrimonios forzosos en el colectivo musulmán.
"Alemania es un país de integración. Pero integración significa voluntad y disposición a integrarse", dijo, cuestión en la que es indispensable "un conocimiento suficiente del idioma", enfatizó. EFE gc/jcb/lab