domingo, 4 de noviembre de 2012

2012 Saber repetir


La historia tras la foto 

+ Siguente ronda de besos franco-alemanes y de presidentes desterrados


Tal vez nunca lo sabrá. Pero el 25 de julio de 2012, a las 17:44, alguien le tomó a Angela Merkel la foto de su vida. No la de su aparatoso descenso de la limusina, obra de algún fotógrafo profesional. Más bien la que sirve de portada de este blog, copyright @gemmacasa, privat.

En una misma tarde, casi a la misma hora  o apenas unos minutos después a Merkel se la podía sacar en descenso precario de la Minivan-VW, su vehículo oficioso en Bayreuth, o como una reina. Dependía del fotógrafo. O del momento.
 
Lo de esperar ante el teatro la llegada de los famosos había pasado por entonces a la historia. Los alrededores del teatro seguían siendo territorio compartido por el amado público mirón, ciudadanos de Bayreuth que suben a pasar la tarde, y la nube de medios luchando por su espacio. 
Foto Marc Müller dpa

Pero los imperativos de seguridad hacían inviable lo de estar esperando afuera hasta el último minuto, o sea, cuando entraban los famosos de verdad, y llegar a tiempo para plantarse en la butaca antes del clic-clac con que en la casa se bloquean las puertas a la hora marcada, ni un minuto más. El teatro construido por orden Richard no era precisamente de acceso fácil. Sus butacas están casi tan pegadas entre sí como en tiempos de Luis II, el Rey Loco. Hay que sortear empinadas escaleras, peldaños de madera que crujen al paso de quien las sube, más luego importunar a desconocidos compañeros de hilera, que no se sentarán hasta que no llegue el último ocupante de la hilera de butacas afectada. Forma parte del ritual atender al completo.

No, a Merkel ya no convenía esperarla para verla entrar ante el teatro, entre aplausos del amado público mirón y sonrisas de vuelta  al ciudadano o a las cámaras. De la sana convivencia entre mirones, ciudadanos y fotógrafos se había pasado a cordones de seguridad. Pero nada impedía -aún- a los visitantes con entrada verla cruzar, desde el interior del teatro, la puerta de acceso. 

En el minuto 44, de las 17 horas, del 25 de julio un rayo de sol la iluminó desde la espalda. Reflejos dorados sobre su medio perfil, la eterna media melena perfectamente peinada, saludando sonriente, como siempre en Bayreuth, con Joachim Sauer a su espalda. 

jueves, 1 de noviembre de 2012

Vía Efe. Vuelve Kohl, Hollande asume y Tsipras desafía


Kohl y Schäuble, aniversario entre fuego amigo

Gemma Casadevall
Foto dpa
Berlín, 25 sep (EFE).- El excanciller Helmut Kohl se reencontró hoy con la democracia cristiana alemana, en el 30 aniversario de su llegada al poder, y en ausencia de Wolfgang Schäuble, el exdelfín que dejó de hablarle por el escándalo de la financiación irregular en sus filas.
El patriarca de la Unión Cristianodemócrata Alemana (CDU) pisó por primera vez en diez años la sala del grupo parlamentario conservador, entre ovaciones de los presentes, encabezados por la canciller, Angela Merkel.
"Estoy de nuevo aquí, esta es mi casa", dijo el político, de 82 años, en el primer gran acto de los previstos en el aniversario del 1 de octubre de 1982 en que se convirtió canciller de Alemania, al que seguirá el jueves un homenaje en la Fundación Konrad Adenauer.
Entre los diputados presentes no estaba Schäuble -actual ministro de Finanzas-, lo que no hubiera dado pie a mayores comentarios -participaba en Helsinki en un foro sobre el euro-, si no fuera porque la cita se había programado como una oportunidad para cerrar el capítulo de "fuego amigo" entre ambos.

viernes, 4 de noviembre de 2011

2011 El Bayreuth que no fue

Foto David Ebener, dpa

La coalición y sus disgustos

+ de Utoya a la muerte de Horst Kasner, el Rojo


Merkel llegó ese año a Bayreuth como siempre. Sonriendo a Baviera. Como si la secuencia de cumbres, consultas bilaterales y cónclaves europeos le resbalaran. Como si entre sus aliados liberales no se estuviera cocinando un peligroso euroescepticismo; como si el "Nein" a los rescates griegos que saltaban desde la CSU bávara fueran cantos de pajaritos, apenas audibles bajo el fragor del "Tannhäuser" de Sebastian Baumgarten. 

Este año no había sido necesario esperar a julio para escribir sobre Bayreuth. Mucho antes, hacia febrero, para muchos de quienes nunca habían pasado por la verde colina ni escuchado Wagner desde las entrañas de su teatro -el mejor lugar del mundo para vivir sus óperas, suele decirse-, la palabra Bayreuth cobró de pronto presencia en los medios. No por asuntos relacionados con la temporada, sino por el chaparrón que se le vino encima a la coalición entre aliados naturales que dirigía Angela Merkel.

La Universidad de Bayreuth retiraba el título de doctor al ministro estrella de su coalición de centro-derecha, Karl-Theodor zu Guttenberg, en ese momento titular de Defensa. El aristócrata bávaro que señoreaba por el festival como si nada ni nadie pudiera hacerle sombra, de pronto quedó comprometido por sospechas de plagio en una tesis doctoral entregada a toda prisa, en 2007. Fuera de Alemania la cuestión podía parecer hasta exótica. En el gobierno de la canciller, científica y doctora, como su esposo, no cabían impostores. Guttenberg abrió la caja de los truenos en algo que no era un pecadillo menor, sino causa de dimisión.

El brillante político, nacido para renovar la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) y, tal vez, relevar a Merkel en la cancillería, caía con deshonor. Uno se lo imaginaba en traje de esgrima hundido en el fangal. Sobre la Universidad de Bayreuth planeaba, por extensión, la sospecha de regalar doctorados a nobles locales.

martes, 1 de noviembre de 2011

Vía Efe: Del tramposo Guttenberg al derrumbe de Guido


Guttenberg recurre al "factor humano" para explicar su presunto plagio

Gemma Casadevall


Foto dpa
Berlín, 23 feb (EFE).- El ministro alemán de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg, recurrió hoy al "factor humano" para explicar ante el Parlamento el presunto plagio en su tesis doctoral, cuestión que ha puesto en entredicho la credibilidad del político más popular del país y "estrella" del gobierno de Angela Merkel.
"Sí, cometí errores, graves errores que lamento. Pero no incurrí en plagio, ya que no hubo por mi parte intención de engañar", afirmó el ministro, en la interpelación parlamentaria convocada a instancias de la oposición socialdemócrata, verde y de La Izquierda.
Guttenberg, un aristócrata bávaro de 38 años y arquetipo de político de carrera intachable, compareció ante el hemiciclo con la cabeza más gacha de lo habitual para someterse a la pregunta de si sólo "olvidó" citar a sus fuentes o si, como apuntan los medios estos días, "volcó" textos de hasta diez páginas de autoría diversa.

jueves, 4 de noviembre de 2010

2010 Ratoncitos multicolor y tragedia a 313 Kms

Foto David Ebener dpa


Me costó encajar esa imagen. Angela Merkel, de pronto en "look casual" por Bayreuth. Formato veraniego, a medio camino entre su vestimenta habitual de trabajo -chaquetita de cualquier color y pantalón negro- y los trajes de gala que solía reservar para el festival.
Bayreuth estrenaba un "Lohengrin" en que Hans Neuenfels convertía al Caballero del Cisne en un cazador de ratones de colorines. Tal vez estaba Merkel avisada y había optado por tomárselo a broma?

Foto Bayreuth Festspiele
Pero no. No era esa la ligereza lo que costaba asimilar. Al menos no para aquellos que, como yo, calibraron que a Merkel no se le ocurriría acudir a una apertura de temporada, otra más en su colección de visitas dichas privadas, en medio de sacudida por la tragedia ocurrida la víspera en Duisburg, a 313 kms del teatro de Richard. La "Loveparade" había pasado de la decrepitud como macrofiesta del tecno a la tragedia precipitada por la chapuza o la avaricia administrativa.

En lo que a mi respecta, el primer urgente sobre el desastre de la "Loveparade" me había llegado al celular justo al bajarme del tren regional que me dejaba en Bayreuth, como todos los años, la víspera del estreno. Uno de esos momentos en que piensa que soltará el portátil en el hotel y se irá a cenar al bar preferido, sin prisas. 
 
El único túnel de acceso a la mayor fiesta "tecno" del mundo, invento alemán nacido en Berlín años atrás, se había convertido en una ratonera -con perdón- para la multitud de jóvenes atrapados en su interior. 21 muchachos murieron asfixiados o pateadas -entre ellos, dos muchachas españolas-. La noche que siguió a ese primer urgente fue una sucesión de llamadas a consulados, policía, colegas, etc. en busca de confirmaciones. Había dos víctimas españolas. Dos chicas, Clara y Marta, cuyos padres hatsta la noche anterior seguramente dormían tranquilos pensando que mandaron a estudiar a sus niñas a un país seguro. De pronto una llamada les rompió esa calma, mientras les llegaban imágenes más propias de una tragedia en un estadio de fútbol africado que de una fiesta de un país altamente desarrollado.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Vía Efe Adiós Wolfgang, Merkel empieza a sufrir

Murió Wolfgang Wagner, último patriarca del Bayreuth de Richard

Gemma Casadevall

Foto dpa

Berlín, 22 mar (EFE).- Wolfgang Wagner, nieto del compositor Richard Wagner, falleció a los 90 años en su casa de Bayreuth, dos años después de retirarse y tras más de medio siglo al frente del festival fundado por su abuelo unos 130 años atrás y por el que han desfilado las mejores batutas y las voces más hermosas del mundo.
El último patriarca de la saga Wagner falleció "plácidamente" el domingo, informó hoy su hija, Katharina Wagner, co-directora del festival junto a su hermana Eva desde 2008, en que cedió las riendas de un festival consagrado al culto a Richard.
Con la muerte del patriarca se pone fin a una era, marcada por el resurgimiento del festival que Winifred Wagner (la viuda de Siegfried Wagner, hijo del compositor) puso a los pies de Hitler y que, tras la Segunda Guerra Mundial, sus hijos Wolfgang y Wieland reflotaron hasta convertirlo en la cita más codiciada del año para los wagnerianos de todo el mundo.
Nacido en esa misma ciudad bávara, el 30 de agosto de 1919, Wolfgang Wagner dirigió Bayreuth -primero junto a su hermano, hasta la muerte de éste, en 1966- desde 1951 a agosto de 2008.
A lo largo de esta etapa pasaron por la "Verde Colina" batutas como las de Pierre Boulez y Daniel Barenboim y dúos mágicos, como el formado por Plácido Domingo y Waltraud Meier, quienes en 2000 encandilaron al exigente público bayreuthiano con su "Valkiria".

miércoles, 4 de noviembre de 2009

2009 Merkel, Guido, los Guttenberg, la reelección

Foto: @gemmacasa

Matrimonios estelares


De gris metálico, sonriente como siempre sobre la colina, acompañada de nuevo por los dos Sauer, padre e hijo, Joachim y Daniel. Merkel, junto a sus dos wagnerianos, irradiaba optimismo. A tres meses de las generales, en pos de la reelección. Y con la eurozona estallando.

Alemania había entrado en recesión, las cifras del desempleo empezaban a dispararse. Alemania empezaba también a atornillar a los socios del sur. Habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, los vagos del sur. Unos más que otros. A Merkel le había hecho parte del trabajo sucio de las reformas estructurales su antecesor, el socialdemócrata Gerhard Schröder. Exigía de sus socios reformas similares a la Agenda 2010, el programa que costó el puesto al excanciller y arruinó la credibilidad de la socialdemocracia alemana.

Pero a Bayreuth no se sube a mostrar enfados, sino aplomo. La verde colina había entrado en una nueva era. Katharina y Eva, el duo de biznietas, estrenaba su dirección bicéfala. A Katharina seguía envolviéndola el áurea de heredera natural. Contaba, además, con Christian Thielemann como batuta aliada. A Eva, de 64 años, se le dejaba la contabilidad de la empresa. Katharina, treinta y algo años menos, quedaba para la parte artística. Bayreuth reponía ese año unos “Maestros Cantores” que, en su estreno, dos años atrás, no gustaron. Puro kitch.

El plato fuerte de la temporada era un nuevo “Tristán” al que su responsable, Christoph Marthaler, había relegado a la impavidez. Otra ocasión para echar de menos el que había puesto en escena en esa misma casa, años atrás, Heiner Müller. El dramaturgo del este que entró en Bayreuth como azote de los viejos nazis que, según él, siguen desfilando por el teatro. El intruso de la Alemania comunista que se ganó la devoción eterna.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Vía Efe (II) Wahlkampf, reelección, el muro de las dos Angelas

Y tú, dónde estabas la noche en qué cayó el Muro?

Gemma Casadevall

Foto AP
Berlín, 8 nov (EFE).- "¿Y tú, dónde estabas cuando cayó el Muro?", es la pregunta recurrente estos días en Berlín ante el aniversario del 9 de noviembre de 1989, a la que ciudadanos de a pié y políticos dan respuestas tan diversas como lo fueron sus reacciones en una noche en la que nadie sabía lo que iba a pasar al minuto siguiente.A la canciller Angela Merkel no le importa admitir que no entendió que el comunicado leído a las 18.53 por el miembro del Politbüro, Günter Schabowksi, implicaba que podía pasar de inmediato al oeste, y se fue a la sauna, como todos los jueves.
Otros cuentan que se lanzaron sobre la Bornholmer Strasse, el primer paso fronterizo que levantó la barrera, para acabar abrazados al primer desconocido que se toparon. Y también están los que lloraron de emoción desde la lejanía.
La palabra más común, entre los que cruzaron y los que no, para definir la gran noche berlinesa es "Wahnsinn" -"la locura", en su sentido más emocional-, el entusiasmo colectivo nacido de la confusión, mientras ni los guardias fronterizos sabían si debían o no contener a quienes cruzaban al "otro lado".

domingo, 1 de noviembre de 2009

Vía Efe (I) del debut de Katharina a la jubilación de Wolfgang

Las Wagner se estrenan en Bayreuth y perpetúan el culto al bisabuelo

Gemma Casadevall

Bayreuth, 24 jul (EFE).- El Festival de Ópera Richard Wagner de Bayreuth abre mañana su temporada con "Tristán e Isolda", gala que generará la peregrinación anual de wagnerianos de todo el mundo y cuya atención se centra en el debut de cúpula bicéfala del festival: Katharina y Eva Wagner-Pasquier, el dúo de biznietas del compositor.
Katharina, de 31 años, y Eva, de 64, ambas hijas del patriarca Wolfgang Wagner, presidirán por primera vez juntas la apertura del festival sobre la "Verde Colina" de Bayreuth en que su bisabuelo mandó construir un teatro consagrado en exclusiva a sus óperas.
La edición número 98 del Festival se abre con el "Tristán" de Christoph Marthaler estrenado hace cuatro años, con Peter Schneider a la batuta y Robert Dean Smith -tenor de la casa- e Irene Theorin poniendo cuerpo y voz a la "Liebestod" de Isolda.
Seguirá los "Maestros Cantores de Nuremberg" con que Katharina se estrenó como directora escénica en la casa, en 2007, y completará el ciclo el "Anillo del Nibelungo" de Tankred Dorst, con Christian Thielemann al frente de la orquesta, en Bayreuth desde 2006.
Sobre la "Verde Colina" no se ha previsto, pues, novedad operística alguna capaz de eclipsar el imán mediático de las dos descendientes de Wagner, ahora co-directoras.
Ambas se personarán ante el viejo teatro donde Richard Wagner ofreció el primer festival, en 1876, para recibir un desfile de wagnerianos encabezados por la canciller Angela Merkel, incondicional en Bayreuth desde años antes de llegar al poder.
Será su gran debut como tándem hermanado, después de una larga guerra de sucesión en que Katharina y Eva compitieron entre sí y también contra una tercera descendiente, Nike, sobrina de Wolfgang, finalmente desbancada por sus primas.

martes, 4 de noviembre de 2008

2008 Ese escote verde

Foto: Marc Müller, dpa

Tres tormentas en ciernes

+ Sucesión en el templo, relevo bávaro, hecatombe europea


Angela Merkel escogió ese año un hermoso traje verde, con un escote moderado, pero algo más pronunciado de lo habitual en la canciller, al menos en Baviera. Parece que no había escarmentado con el revuelo causado por otro escote aún más generoso y profusamente difundido en los medios, por lo inhabitual en la discreta canciller, con que se habría presentado en la ópera de Oslo unos meses antes.

A su lado, el catedrático wagneriano de todos los años. En unos meses cumplirían su décimo aniversario como matrimonio formal. Se la veía feliz, casi radiante, a punto de completar los dos tercios de su primera legislatura como canciller y tres años después de convertirse en la primera mujer, y primer ser humano crecido en la Alemania comunista, al frente de la Cancillería de la primera potencia europea.

La temporada abría con un nuevo “Parsifal”. Se suponía que iba ser menos abucheado que el de su antecesor, el terrible Christof Schlingensief. Lo firmaba el noruego Stefan Herheim, quien prometía una nueva incursión en las esencias de Germania y el mito de Parsifal, lo que en el código de Bayreuth significa remover fantasmas del pasado. O colocar, por lo menos, algún soldado desfilante con resonancias nazis.

Todo se ceñía al orden establecido. Pero nada era como siempre. A Wolfgang Wagner no lo acompañaba ya, como cada año, la que había sido su mujer, parapetada y sonriendo a su lado para dar la bienvenida al mundo wagneriano, ante la puerta del teatro levantado por orden del abuelo Richard. Gudrun, veinte años más joven que el patriarca, había muerto el noviembre anterior tras casi tres décadas de recepciones y vida en común. Las fanfarrias llamarían al visitante, como todos los años, al término de cada entreacto. Mandarían los tres avisos prescriptivos para que el visitante deje la cerveza o el helado, con tiempo para la última visita a los servicios. Merkel y la cúpula de Baviera estaban ahí, también como cada año. Pero a Wolfgang le faltaba su puntal.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Vía Efe, la heredera Katharina, el rey Seehofer

 

Foto dpa


La CSU bávara cierra filas alrededor de Seehofer como único líder

Gemma Casadevall

Berlín, 8 oct (EFE).- La Unión Socialcristiana de Baviera (CSU) designó hoy como primer ministro bávaro a Horst Seehofer, ministro de Agricultura de la canciller Angela Merkel, en un intento por mostrar cohesión en torno a un líder único tras la pérdida de la mayoría absoluta en ese estado.
El grupo parlamentario bávaro de la CSU designó a Seehofer como sucesor de Günther Beckstein, quien anunció la semana pasada su dimisión tras la debacle sufrida en las elecciones regionales.
Seehofer, que alcanzó un 88,4 por ciento de los votos, será el nuevo hombre fuerte de esa formación, ya que además sucederá al presidente del partido, Erwin Huber, quien también anunció su retirada tras los comicios.
El dúo Huber-Beckstein asumió así las consecuencias de la fuerte pérdida de votos sufrida por la CSU en los comicios regionales de Baviera el pasado 28 de septiembre, en que la formación pasó del 60,7 por ciento que tuvo en 2003 -bajo el liderazgo único de Edmund Stoiber- al 43,4 por ciento.
Ambos llevaban apenas un año en sus respectivos cargos y su nombramiento había ido precedido de fuertes presiones internas para forzar el relevo de Stoiber, quien llevaba 14 años como jefe del gobierno y ocho al frente del partido.
Seehofer pretendió ya entonces convertirse en nuevo presidente de la CSU, pero fue derrotado por Huber en el congreso celebrado en septiembre de 2007.
En la derrota influyeron varios factores. Por un lado, Seehofer no era un político de peso en las estructuras de la CSU y su carrera ha discurrido más en Berlín que en Múnich, lo que para un partido identificado con las esencias bávaras era un déficit.
Por el otro, su candidatura fue impulsada por el propio Stoiber, lo que más que favorecerle le perjudicó.
Y, finalmente, en plena campaña por suceder a Stoiber, saltó la noticia de que una funcionaria del Bundestag esperaba un hijo suyo, el cuarto para el político, quien tras el consiguiente revuelo en la prensa popular asumió la paternidad pero regresó con su esposa.

domingo, 4 de noviembre de 2007

2007 El otro señor Sauer

Foto: Markus Führer, dpa

Asuntos de familia

+ Schröder, su currywurst y sus primas del este 

No voy a presumir de saber en qué momento a la comitiva del dúo Merkel-Sauer se le sumó un tercer miembro. Por entonces muchos ya habíamos dejado de referirnos al esposo de la canciller como “el fantasma de la ópera”. Al fin y al cabo, al catedrático Joachim Sauer no se le veía únicamente en Bayreuth. Acompañaba a su esposa a las cumbres de mayor rango, citas transatláticas u otros asuntos de cierto relieve. En la foto del Bayreutth inaugural de ese 2007 apareció, al menos para mi, un tercer miembro. Tenía aspecto de guardaespaldas. Un tipo discreto, que no sonreía a las cámaras mientras el matrimonio se sometía al tradicional saludo ante el teatro. Orgulloso, Joachim Sauer; cálida como sólo se la veía en Bayreuth, Angela Merkel. Detrás del matrimonio, ese tercer tipo, que obviamente no era un guardespaldas. Era otro Sauer, Daniel. Uno de los dos hijos del primer matrimonio del wagneriano catedrático. El vivo retrato de su padre, en realidad, corte de pelo y mirada incluida. Subía con ellos a la colina, cumplía con el desfile, un par de pasos por detrás de la canciller. No sé si 2007 fue su primer año en Bayreuth. Pero sí el primero en que le descubrí en las fotos de la inauguración.

La temporada se abría con una nueva producción de los “Maestros cantores”, dirigida por la biznietísima Katharina. La heredera natural de la casa, según los designios del patriarca Wolfgang, nacida de su segundo matrimonio con Gudrun, la consorte.

Nuevamente recordamos en los medios que los “Maestros” fue la ópera preferida de Hitler. Que su ministro de la propaganda, Joseph Goebbels, la encumbró a símbolo del “alma superior germánica”. Y que cuando los sucesores de Richard Wagner, y especialmente su nuera Winifred, pusieron el festival a los pies del “Führer” fue la obra que se representó ante oficiales, heridos de guerra y demás héroes. Una especie de premio a la hazaña. El estreno de Katherina cumplía con el ritual de ofrecer una versión con algo de escándalo precocinado, sus pinceladitas de simbología nazi y demás atributos de un festival que sabe sacar partido a lo más negro de su historia.

Merkel, Sauer y Sauer subieron a la colina. Los cronistas locales probablemente ya sabían que el tercero no era un guardaespaldas. Otros tardamos un poquito más.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Vía Efe: De Gudrun al centro de Merkel


Foto dpa


Murió Gudrun Wagner, esposa del patriarca y consorte en Bayreuth

Gemma Casadevall

Berlín, 28 nov (EFE).- Gudrun Wagner, esposa del patriarca del Festival de Opera de Bayreuth, Wolfgang Wagner, y madre de la presunta heredera de su imperio wagneriano, Katharina, murió hoy en esa localidad bávara, de cuyo famoso certamen era directora "consorte".
El propio patriarca comunicó hoy la muerte "absolutamente inesperada" de su mujer, de 63 años, con quien se casó en segundas nupcias en 1976.
"Profundamente conmocionado y en duelo silencioso, debo comunicar que mi amada esposa y estrecha colaboradora ha muerto esta mañana", informó Wagner, de 88 años, nieto del compositor Richard Wagner y director de su festival desde 1967.

sábado, 4 de noviembre de 2006

2006 La Cosima de los Estadios

Foto: alliance dpa

Besar a Klinsmann, a Chirac o a Zapatero


Angela Merkel se hizo esperar esta vez. Tras no perderse una apertura como ministra de Helmut Kohl, como líder de la oposición ni tampoco como candidata, la canciller optó por no alegrar la alfombra roja inaugural en el que era su primer año en el poder. Razones de agenda, se dijo. No se perdió gran cosa. Bayreuth abría la temporada con un “Holandés errante” que llegaba a su cuarta temporada. Tal vez ya la había visto y no le gustó. O no le gustó a su wagneriano catedrático, Joachim Sauer. O les gustó, pero no como para repetir paseo.

Bayreuth esperaba en los días siguientes el estreno de otro “Anillo”, firmado por el alemán Horst Dorst y con Christian Thielemann a la batuta. Pero el estreno de la tetralogía, con el director titular oficioso de la casa, tampoco atraería ese julio a los Merkel-Sauer. No por falta de fidelidad wagneriana, sino por agenda, se insistía. La visita anual quedó relegada a las semanas posteriores, ya en agosto, cuando la etiqueta y la presión mediática decrecieron. Merkel se podía permitir, incluso, acudir a Bayreuth apenas algo más cuidada que en una jornada de trabajo cualquiera. Como si se hubiera limitado a echarse un chal por encima del traje de oficina.

De pronto, todo era nuevo para la canciller. Fue una temporada de mucho estreno para la primera mujer al frente del poder en la primera potencia europea.

Estreno en las cumbres europeas, estreno en un eje franco-alemán, entonces de tándem con un presidente francés tan conservador como la canciller, pero con unas prácticas tal vez poco frecuentes para la hija del pastor protestante de Templin, esa parroquia en el este alemán. Jacques Chirac sabía del impacto mediático de su exhibición de “savoir faire” versallesco. La parte francesa del eje besaba la mano a la parte alemana. Nunca visto, obviamente.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Vía Efe, Nuestra WM, la de los felices



Foto: alliance/dpa

Duelo entre dos mascotas oficiosas: Merkel y Maradona

Gemma Casadevall

Berlín, 29 jun (EFE).- El partido de mañana entre Alemania y Argentina, para muchos con rango de final, dará ocasión para medir las fuerzas entre dos mascotas oficiosas: la canciller Angela Merkel y el ex-futbolista Diego Armando Maradona.
El duelo sobre el terreno no será el único que se verá en el estadio olímpico de Berlín: ahí estarán, frente a frente, la afición que mejor canta del Mundial, la argentina, frente a otra que aprende a cantar, recién liberada de su rigidez, la alemana.
El "Vamos, vamos, Argentina" estará en clara minoría numérica -unos 10.000, tal vez hasta 15.000 aficionados-, mientras que el resto del estadio, con 73.000 plazas, será alemán.
Pero la selección de José Pekermann tiene asegurado el vigoroso volteo de camisetas, al son del "Olé, olé, olá... Argentina, cada día te quiero más", animado por el también incombustible Maradona.
Los "Klinsi-Jungs" -muchachos de Jürgen Klinsmann- no tienen una mascota tan vistosa como los "Peke-Boys" y tampoco suena tan bien canción característica, "Ohne Holland, wir fahren nach Berlín" -"Vamos a Berlín sin Holanda", síntesis de la rivalidad con el país vecino al que no quieren en la final, el 9 de julio-.
Más que un canto animoso parece una consigna política y hasta marcial, de la misma manera que su palco en este Mundial procede de ese ámbito, concretamente de Cancillería, y encima es novata.
Merkel ha tenido que poner empeño en demostrar que sabe algo de fútbol y, por más tesón que le ponga, tampoco se la ve desgañitándose como hubiera hecho su antecesor, Gerhard Schroeder.
Merkel no jugó de niña al fútbol en la calle -era un nulidad en deportes-, al contrario que Diego Armando y el ex-canciller.
La canciller sabe dibujar sobre el papel el esquema de un fuera de juego, como se encargó de demostrar a los lectores del popular "Bild", hace unos meses. Pero sigue poniéndose en duda, al fin y al cabo es mujer, que lo distinga en directo.
Pero ahí está ella: en el palco, aplaudiendo, sufriendo y vitoreando. En la inauguración tanteó, con poco salero, pero devoción, los ritmos del espectáculo -de folclore bávaro a hip-hop.

viernes, 4 de noviembre de 2005

2005 El souflé no pinchó




El lamparón rosa

+ El elefante Schröder, los tres hitos de Merkel

Las miradas de todo Bayreuth se clavaron en la apertura de esa temporada en Angela Merkel. No solo porque ese año ascendía a la colina, por fin, como candidata a la cancillería -primera mujer, crecida en la Alemania comunista, protestante, a los 51 años, etc-. También por el inoportuno lamparón en su traje de gala rosa. Un color arriesgado, a finales de mes de julio en que puede hacer mucho calor y, por tanto, se suda. El lamparón en la axila de la candidata a canciller era visible desde todos los ángulos.

Bayreuth es una mezcla de élite y provincianismo como solo puede darse en esa ciudad bávara. Los jardines que rodean al teatro se convierten todos los años, salvo tormenta, en picnic compartido entre los asistentes al festival y los mirones. Los que no pasan los entreactos en el restaurante Steigenberger o chiringuitos vecinos meriendan sobre la hierba, champagne francés incluido en la cesta de exquisiteces preparada en el hotel de lujo, bajo la mirada de los ciudadanos que subieron, de nuevo, a la montañita solo para ver quién entra y cómo va.

Por entonces la convivencia era casi perfecta. La vigilancia policial era discreta, sin aparatosos controles de seguridad, apenas una valla de protección entre el desfile vip y los mirones. El lamparón de la candidata no escaparía a las miradas, menos aún a los objetivos de las cámaras que, año a año, captaban llegadas, vestidos, sonrisas y saludos de los Wagner a sus visitantes, en perfecta formación ante su teatro. Ese año se había incorporado Patti Smith, fotógrafa y comentarista del universo wagneriano para "Die Zeit".
Foto: dpa


El estreno de la temporada era un “Tristán” de Christoph Marthaler para el que la ortodoxia había precocinado ya su abucheo inaugural. La mezzosoprano sueca Nina Stemme tenía que hacerse perdonar no ser Waltraud Meier. La mezzo bávara era irrecuperable para el fue su festival de cabecera mientras siguiera bajo el dominio del viejo Wolfgang Wagner. La Isolda perfecta no regresaría, como tampoco lo haría la batuta de Daniel Barenboim ni tantos otros grandes, empeñados en pasear su amor a Richard Wagner por todo el mundo, menos por la verde colina.


martes, 1 de noviembre de 2005

Vía Efe. Los Sauer de Templin

El irresistible ascenso de una líder atípica

Foto: Bogumil Jeziorski, AFP, 1989

Gemma Casadevall 

Berlín, 16 sep (EFE).- La candidata conservadora a la Cancillería Angela Merkel es una personalidad atípica en la alta política alemana: sin talento mediático, más racional que emotiva y titubeante en las grandes ocasiones.
El domingo podría convertirse en el primer Canciller del Este y en la primera mujer que toma las riendas de Alemania, quince años después de haber dejado la Física en un atípico camino al poder.
Su fuerte es la perseverancia, la capacidad de aprender y una sonrisa que le ilumina el rostro y rompe su envarada timidez. Su punto flaco, la dificultad para transmitir optimismo y aplomo, dos cualidades que le sobran a su rival, Gerhard Schröder.
Desde que la Unión Cristianodemócrata y la Unión Cristianosocial de Baviera (CDU/CSU) la proclamaron candidata, el pasado mayo, pisó el acelerador de la metamorfosis iniciada con la caída del Muro.
Para muchos alemanes, sigue siendo una incógnita. En parte por su reserva respecto a su vida privada; en parte porque su biografía muestra un perfil de contornos difusos.
Nació en Hamburgo, en 1954, como Angela Dorothea Kasner, la hija de un pastor protestante que, unas semanas después, se fue a servir a una pequeña parroquia del Este. Emigró con los suyos de la vida occidental a la RDA, donde un religioso no era bien visto.
Nunca fue una "familia típica" del este. Recibían paquetes del oeste, a diferencia de otras niñas Angela vestía tejanos y tenían unos privilegios que sus vecinos no podían permitirse.
Su primera gran conmoción fue la construcción del Muro, el 13 de agosto de 1961. Con la cimentación de la Guerra Fría acabaron los viajes a Hamburgo para visitar a la familia que dejaron ahí.
Los biógrafos la retratan como una escolar aplicada, la primera de la clase, sin ser repelente. No hay unanimidad sobre el papel de su padre, que se mantuvo entre la crítica y la adaptación al régimen y del que no se descarta una corta relación con la Stasi (servicios secretos de la RDA).
Angela no fue nunca la más bonita, pero gozó de una independencia que otras compañeras no tenían. Eligió estudiar Física, lo que le permitió vivir lejos de su familia -en Leipzig y en Berlín-.
Se casó con 23 años con Ulrich Merkel, un compañero de estudios. Un matrimonio que "simplemente ocurrió", "porque todos lo hacían entonces", como ha explicado, y del que no tuvo hijos.

jueves, 4 de noviembre de 2004

2004 El tango va por dentro

Foto: Peter Roggenthim, dpa


Llegando a los cincuenta

+ Los lobos nunca descansan

Se la veía bien este año? Sí, se la veía bien este año. De rojo “tango”, como lo definió la prensa especializada -“Brigitte”-, combinado con el negro. De nuevo, escote y brazos al aire, con un estratégico chal igualmente tanguero. Una prenda que ayuda a sentirse segura a una mujer que acababa de cumplir 50 años. Estaba guapa, como puede estarlo alguien que sabe que no lo es, pero tiene la inteligencia suficiente para no pretender serlo.

El estreno de la temporada era el “Parsifal” de Christof Schlingensief, un eterno peter pan revoltoso. Uno de esos nombres a los que se invita a estrenar en Bayreuth tras varias provocadoras performances para reivindicarse como festival tan devoto del riesgo como del culto a Richard Wagner, su razón de ser.

Schlingensief debutaba al frente de una ópera, encima de Wagner, encima en Bayreuth. Se colocaba el siguiente sello tras haberse labrado ya una buena reputación de chico malo, azote de la CDU en tiempos de la era Helmut Kohl. Había llamado la atención en la documenta de Kassel, un sitio donde casi todo el mundo acude a provocar y hay una férrea competencia por ser el más peor. Fue en 1997. Consistió en plantar unos monigotes alusivos a Kohl, al que se invitaba a “asesinar”. En otra ocasión convocó chapuzones colectivos en el lago de Contanza, con intención de que el oleaje llegara hasta la villa de veraneo de los Kohl. Y llevó a escena en Berlín un “Hamlet” interpretado por neonazis arrepentidos.

Bayreuth le esperaba con ganas de pataleta. La líder de la CDU acudía en traje tanguero.

lunes, 1 de noviembre de 2004

Vía Efe: Los sonidos de la Wahnfried Haus


La casa de los Wagner, historia de la discografía a través de Bayreuth

Gemma Casadevall


Bayreuth, 10 ago (EFE).- La casa-museo de Richard Wagner evoca la historia de la discografía en una exposición que recoge un siglo de grabaciones en Bayreuth, a pesar del rechazo con que el bastión wagneriano recibió el invento de Edison. "Huellas sonoras: cien años de Festival de Opera en discos" es el título de la muestra, planteada como un paseo audiovisual que arranca de la grabación pionera salida de Bayreuth, en 1904, con la voz del barítono Theodor Bertram para "El oro del Rin".
Junto a objetos históricos, como un fonógrafo de Thomas Edison de 1898, la exposición invita al visitante a escuchar las voces de entonces. Basta con pulsar un botón en los pilares sonoros repartidos por la casa, que reproducen fragmentos de aproximadamente un minuto de esos testimonios en audio.

martes, 4 de noviembre de 2003

2003 Ni canciller ni derrotada

Foto: Markus Fûhrer, dpa

El premio de la renuncia 

+ Y Schröder subió al templo


La gran renuncia valió la pena. El 25 de julio de 2003, Angela Merkel ascendió de nuevo al templo. El patriarca Wolfgang Wagner recibió como siempre a la farándula y a la elite política ante la puerta de su teatro. Se mantenía el pulso sucesorio entre la dinastía. Se estrenaba un “Holandés errante” que no pasaría a la historia. A Merkel la recibía un Edmund Stoiber pletórico y que al parecer no guardaba rencor a nadie, pese a no haber logrado el objetivo de convertirse en el primer líder bávaro en la Cancillería federal alemana.

A Merkel se la veía tan feliz como siempre sobre la colina. Obviamiente no se había convertido en la primera mujer en el poder en Alemania. Pero no había caído derrotada ante el animal político superior que era Gerhard Schröder. El canciller socialdemócrata había ganado por la mínima y había conseguido la reelección gracias al empuje de sus socios, los Verdes.

Los conservadores podían seguir regenerándose; los socialdemócratas, presumiendo con su reelección. Tal vez la mente analítica Merkel iba calibrando todo eso. Por eso se la veía feliz en su vestido verde, brazos al aire, escote abierto, de nuevo junto al catedrático de todos los años. Nadie cuestionaba la devoción wagneriana de Joachim Sauer; tampoco las dotes para el cálculo de su esposa, la líder de la oposición.

sábado, 1 de noviembre de 2003

Vía Efe: la DGB también canta

Bayreuth, con entrada reservada al sindicalismo

Gemma Casadevall 






Berlín, 8 ago (EFE).- La colina de Bayreuth, sobre la que Richard Wagner hizo levantar un teatro a su medida, se llena cada temporada de un público que no encaja exactamente con el cliché de este festival de opera: los sindicalistas, que desde hace medio siglo son espectadores exclusivos de dos funciones.

Siguiendo esa tradición, y por extraño que parezca en un teatro que abre sólo para treinta galas anuales y con listas de espera de diez años por entrada, el telón se alzará exclusivamente para la clase sindical en dos sesiones en esta temporada -el próximo domingo y el siguiente.
El "Holandés errante", único estreno del año en Bayreuth, y "El crepúsculo de los dioses" son las piezas reservadas a los sindicatos, con el mismo elenco y las mismas batutas -Marc Albrecht y Adam Fischer- por las que otros fieles "peregrinos" a Bayreuth habrán guardado pacientemente turno o buscado fortuna en la reventa.
"Es una larga tradición, entroncada con la idea por la que Wagner inauguró el primer festival, en 1876: abierto al pueblo y para todas las clases sociales", explicó a EFE Ursula Leibinger-Hasibether, historiadora y casi cronista del certamen.
"El arte para el pueblo: esa fue y debe ser la consigna", apunta asimismo Elisabeth Kugler, administradora ya retirada de la Confederación Alemana de Sindicatos (DGB) de Baviera, que durante décadas gestionó el contingente de entradas reservadas a ese fin.

lunes, 4 de noviembre de 2002

2002 Desayuno con Karin y Edmund Stoiber


Un quimono, una renuncia y el diluvio

+ El imbatible impermeable de Schröder



La temporada 2002 parecía pre-cocinada para el máximo morbo político. El canciller Gerhard Schröder, un socialdemócrata más de fútbol y curriwurst que de Wagner, había anunciado su visita. La asistencia de Angela Merkel, líder de la oposición, se daba por descontada, lo mismo que la del líder bávaro, Edmund Stoiber, así como la del jefe del grupo parlamentario conservador, Friedrich Merz, enemigo interno de casi todo el mundo, tal vez incluso de sí mismo.

Se estaba en pre-campaña. A Schröder se le esperaba en Bayreuth porque su amigo Jürgen Flimm le había invitado a ver su “Anillo”. A Merkel, porque para entonces formaba parte ya del desfile anual de wagnerianos de todos los años. A Stoiber, en tanto que máximo líder bávaro y, además, candidato a derrotar a Schröder en las elecciones del 22 de septiembre. A Merz, por ser Merz.

La aparatosa dimisión del ministro de Defensa Rudolf Scharping apeó a última hora a Schröder del conjunto. Scharping se había convertido en una incomodidad persistente para el canciller. Un año atrás había rozado ya el barranco a raíz de un reportaje del ministro y su novia, la condesa Kristina Pilati. Aparecían haciéndose carantoñas como dos adolescentes en una piscina de Mallorca mientras en Berlín se hablaba de mandar tropas a Macedonia. Ahora el problema no eran ya los chapuzones del socialdemócrata con la aristócrata, sino unos engorrosos honorarios cobrados por dar unas conferencias como ministro.

Schröder, que en esa primera legislatura había despedido ya a siete ministros, fulminó a Scharping. Faltaban dos meses para las generales y tenía los sondeos en contra. Canceló su visita a Bayreuth mientras achicaba las aguas de la tormenta política.

Los focos de Bayreuth se plantaron en Merkel y Stoiber. La líder conservadora se había saltado sus hábitos monocromáticos y se presentó con una especie de quimono multicolor. Una prenda arriesgada, por expresarlo en términos diplomáticos, más teniendo en cuenta que en la colina la recibiría la esbelta Karin Stoiber, impecable como siempre y acorde a los cánones bávaros.

El quimono de Merkel no era un desafío, sino una muestra de su proverbial sangre fría o tal vez un amuleto. Llevó esa misma pieza en 1994, entonces como ministra de Kohl y entonces con su "compañero sentimental", el profesor Sauer. Me gusta pensar que ese fue su primer año en Bayreuth, probablemente porque también fue el de mi primera ascensión al templo.
Foto: red

Envuelta en su emblemático quimono, Merkel llevaba en ese julio de 2002 cinco meses respaldando plenamente a Stoiber como candidato del bloque conservador a la Cancillería. Todo el mundo sabía que al respaldo pleno actual había precedido una conjura contra ella de los hombres fuertes del partido y finalmente su renuncia. Simplemente, nadie la creía capaz de imponerse al animal político teóricamente superior que era Schröder.

El año se había abierto con una especie de encerrona masculina en la cúpula de la CDU, simplificada en los medios bajo el término de “golpe” contra Merkel.

El 6 de enero, la líder de la CDU aún afirmaba públicamente que quería ser ella quien luchase por recuperar la Cancillería para los conservadores en las generales de ese año; el 11 de enero acudió a un desayuno privado que luego los cronistas y biógrafos de referencia calificarían de legendario. Fue en Wolfratshausen, la casa familiar de los Stoiber. Merkel salió de ahí con los ojos llorosos, según algunos medios; con aplomo, según otros. Renunció a su derecho más o menos natural a luchar por la candidatura, a cambio de que lo hiciera el líder de su hermanada Unión Socialcristiana bávara (CSU). 

Aparentemente, a Stoiber sí le consideraban los hombres de la CDU capacitado para ganar a Schröder. Aparentemente, nadie o casi nadie atendió a la voz de otro que reclamaba para sí el puesto, Merz. Tan de la CDU como Merkel, pero hombre y por tanto capaz de derrotar al animal socialdemócrata teóricamente superior.

viernes, 1 de noviembre de 2002

Vía Efe: Abucheos, mecenas fugaces y otros rituales

Guerra de aplausos y ovaciones al "Tannhäuser" de Arlaud

Gemma Casadevall

Bayreuth (Alemania), 26 jul (EFE).- El Festival Richard Wagner arrancó con una apasionada "guerra" entre abucheos y ovaciones que recibió el estreno del "Tannhaeuser" de Philippe Arlaud y Christian Thielemann, cuya magia escénica no podía ocultar los déficits de dirección e interpretación de un producción algo fría y "de diseño".
El templo wagneriano vibró anoche en la apertura del Festival, no sólo con el espectáculo de luces que puso en escena Arlaud o la precisión aplicada por Thielemann a la batuta, sino también por el vigor con que uno y otro sector de público expresó su entusiasmo o decepción ante el único estreno de la temporada.
Arlaud demostró una vez más su capacidad de crear espacios y reflejar estados de ánimos a través de sus juegos de luces, de transformar volúmenes y transmitir conflictos con su luminotecnia, y fascinó a algunos con una puesta en escena muy francesa, que limaba asperezas a la rigidez wagneriana.
Thielemann, una vez más, hizo alarde de ese perfeccionismo que le ha hecho convertirse, en solo tres temporadas en ese festival, en niño mimado del público más exigente del mundo en cuanto al culto a Wagner se refiere.

domingo, 4 de noviembre de 2001

2001 Digno de Wagner


El amable viejecito Wolfgang

+ Hannelore Kohl

Está feo hablar mal de quien te abrió la llave del templo. Mi entrada de acceso a Bayreuth se la debía a Wolfgang Wagner, el iracundo nieto, patriarca, mandamás de la casa, uno de cuyos ataques de ira precipitó el adiós al festival de Waltraud Meier. Fue en la temporada anterior, la del dúo insuperable -por voces, por imán mediático, por todo- con Plácido Domingo, en "La Valquiria" de Jürgen Flimm y Giusseppe Sinopoli.

Foto: alliance dpa
A Wolfgang le debía y seguramente seguiré debiendo mi presencia en Bayreuth. El terrible cascarrabias era también el amable viejecito que facilitó su primera entrada a una corresponsal española, algo perdida por la casa, con la que se topó paseando por los jardines -mi antecesora en el puesto-. De ella heredé el derecho a pedir la mía sin que me remitieran al final de la cola.
En Bayreuth nada funciona como en el resto del mundo. No hay acreditaciones, sino entradas para prensa, cada una de las cuales se suplicaba debidamente por correo postal. Mi antecesora en la corresponsalía se topó con el patriarca unos años atrás paseando por sus jardines. Se tenía entrada. El mandamás se apiadó, ordenó a su oficina que le buscaran una; entró y desde entonces ya no tuvo que suplicar más. Ni ella, ni su sucesora en esa corresponsalía, heredera natural de la entrada original desde 1994. Todo en Bayreuth respondía a algún tipo de derecho sucesorio.


Por primera vez en años, este 2001 no estaría ya sobre la verde colina Waltraud Meier. La más preciada mezzosoprano de Bayreuth, tan bávara como el festival, se había despedido de la casa la temporada anterior acusando a Wolfgang de tirano. El portazo seguía resonando. Tampoco estaba ahí Plácido. Sustituía al dúo perfecto Robert Dean Smith y Violeta Urmana. La batuta la llevaría Adam Fischer, ya que Sinopoli había muerto.

No había estreno para la apertura, sino una reposición de los "Maestros Cantores" de 1996. Una producción más bien rutinaria, como solía ocurrir con las que asumía personalmente Wolfgang y con el leal Christian Thielemann a la batuta. Qué podía salir mal. Se cumplían 125 años del estreno del primer "Anillo" en el teatro que Richard Wagner mandó construir con el dinero de Luis II de Baviera. Y medio siglo de la refundación del festival, en 1951, bajo custodia aliada y obviamente estigmatizado por los años de sumisión a Adolf Hitler. Wolfgang y su hermano Wieland, a quienes Hitler dio trato de sobrinos, fueron los encargados de refundarlo. Desde la muerte de Wieland, en 1966, el nieto superviviente, mandamás iracundo o anciano adorable, llevaba sus riendas en solitario.


Plácido, en papel

"No hay nada peor para todos los interesados que preguntarse los unos a los otros, en voz alta o por lo bajo: ¿cuándo se marchará de una vez el tipo? Una historia trágica, esa despedida. Digno de Wagner", opinó desde el semanario "Der Spiegel" Plácido Domingo. El tenor español hurgaba en la llaga, en un año sin estrenos, sin dúos de altura, con aniversarios redondos y el telón de fondo de la guerra sucesoria sin resolver. Se enfrentaban de nuevo el continuismo -la esposa-secretaria, Gudrun- y la sobrina rebelde, Nike. Katharina, la legítima, era demasiado joven. 


De pronto, Hannelore

Digna de Wagner era también la tempestad incesante sobre la Unión Cristianodemócrata (CDU). Angela Merkel acudía a su segunda temporada en Bayreuth como presidenta del partido de Konrad Adenauer. Esta claro que no lo hacía por imperativo de su cargo. A Helmut Kohl nunca se le había ocurrido intentar sentarse en una de las 1.925 incómodas butacas del viejo teatro para escuchar nueve horas de "Anillo" wagneriano.

jueves, 1 de noviembre de 2001

Vía Efe: Nike y un hermoso Lohengrin

Foto: Bayreuth Festspiele

Bayreuth se divierte con los "Maestros" y olvida la etiqueta

Gemma Casadevall


Bayreuth (Alemania), 26 jul (EFE).- Los wagnerianos no sólo se divirtieron con "Los maestros cantores de Núremberg", sino que también olvidaron la rigurosidad de la etiqueta en la inauguración del Festival de Opera Richard Wagner, que fue una gala redonda de conjunción de voces y juego escénico La opera más popular del repertorio de la casa convirtió la apertura del certamen, la noche del miércoles, en una fiesta, rematada por una ovación con rango de homenaje a Wolfgang Wagner, nieto del compositor y director del festival.
La historia de amor entre el "aprendiz de cantor" Walther von Stolzing -Robert Dean Smith- y Eva -Emily Magee- tuvo proporción de gran espectáculo y los wagnerianos coronaron a su primer "héroe" de la temporada: Robert Holl, que bordó el papel de Hans Sachs.